INTRODUCCION



"Tanto si piensa que puede, como si piensa que no puede, de cualquier modo está en lo cierto" Henry Ford


Montañista amigo, con el conocimiento, lo difícil o desconocido se vuelve fácil y accesible.¡Que poca información teníamos en la decada del 90 y años posteriores, de muchas de las más altas montañas de Argentina y Chile! Algunas veces ascendimos una cumbre que no era la principal y otras tuvimos que dejar la expedición como mera exploración al recién poder determinar, ya al fin de la misma, por donde se debería haber accedido o ascendido! Y VOLVER.Durante años fui informando de los resultados de las expediciones que realizabamos y las he juntado en este blog.Espero te sirvan mis relatos.

Jaime Suárez
jaimesuarezgonzalez@gmail.com

14 octubre, 2008

VOLCANES EN GUATEMALA









PACAYA 2.552 m

El volcán Pacaya de 2.552 metros de altura se encuentra en el departamento de Guatemala, muy cercano a la ciudad capital. Es un complejo volcánico en el que sobresalen dos conos, uno de ellos activo.
Éste se ha mantenido en constante actividad durante los últimos 25 años, habiéndose producido durante nuestra estadía y ascensión un aumento de la misma que motivó fuera declarado en situación de alerta.

El 3 de Junio de 1995 salimos desde la capital de Guatemala, hacia la cumbre del Pacaya, un grupo formado por miembros de la Federación Nacional de Andinismo de Guatemala, la Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada, la Federación de Andinismo de Chile, el entonces Mayor José H. Hernández del Ejército Argentino y el que suscribe. Nos trasladamos en un ómnibus de la Federación de Andinismo de Guatemala hacia el sur y luego de más de 35 kilómetros y de atravesar caminos de terracería llegamos a la aldea de San Francisco de Sales, situada al lado noroeste del volcán, donde quedó el vehículo. El volcán debe su nombre a la población cercana de San Vicente Pacaya. La pacaya es un palmito comestible (su nombre proviene del quiché) que abundó en la región.

Desde la localidad donde arribamos –en la que se notaba cierto nerviosismo- observamos las arrítmicas erupciones del volcán, que desde su cono activo emitía constantes bocanadas de fuego y piedras incandescentes, que por instantes cubrían a un amplio sector de su falda, de luminarias rojizas que luego pasaban al negro humeante.
Partimos desde el pueblo y luego de atravesar durante una hora una tupida zona selvática, llegamos al lugar denominado “la meseta”; en una parte un poco más plana. Arriba de la misma se observa un sitio llamado “monumento” en que se suele observar mejor las erupciones. Mirando hacia la parte inferior de este lugar, hacia sus costados, se podía apreciar un largo perfil, desnudo de vegetación en algunos casos, y en otros, flora destruida por la acción del calor de la lava volcánica en su paso. Desde “el monumento” continuamos cumbreando filos hasta acceder al pie del cono “no activo” por llamarlo de alguna manera. Allí ya pisamos restos de escoria, mezclada entre la arena y las rocas, que junto a restos de lava apagada dificultaban nuestra ascensión, por lo que recién al cabo de media hora pudimos llegar a la cumbre.
Estábamos en la cota de los 2.552 metros, en la cumbre del cono inactivo, gemelo en estas circunstancias del activo cráter que se encuentra a su lado. El eruptivo en algún momento de sus erupciones termina “explotando” bajando dramáticamente su altura, la que luego va recuperando paulatinamente al irse depositando material erupcionado, que centímetro a centímetro lo hace volver a subir.
La actividad fumarólica es fuerte, constante y explosiva, con lanzamientos de escoria incandescente hasta grandes alturas que caen sobre el mismo cráter o en los alrededores.

Volcán Pacaya


Mientras observamos y fotografiábamos toda esa actividad y belleza natural nos vemos obligados, por un aceleramiento y mayor fuerza del proceso eruptivo, a descender urgentemente. El Pacaya, una de sus jorobas en erupciónHabía comenzado a caer material ígneo, piedras y cenizas muy cerca nuestro. Encaramos el camino de descenso más directo alejándonos de los trazos de fuego que emanaban del volcán. Nuestras linternas frontales trazaban nervioso zigzagueo entre las escorias y restos de troncos quemados y aún erguidos, hasta por fin llegar al bosque y al pueblo. Pero ahora sólo acompañados por los ruidos de las erupciones del Pacaya. Algo de equipo quedó en el camino, pero nadie dijo nada. Fue una suerte haber salido sin rasguños de esta aventura. Fue un regreso bastante conversado y casi sin bromas.






ACATENANGO 3.975 m

Se Encuentra ubicado entre los departamentos de Chimaltenango y Sacatepéquez, cercanos a Antigua Guatemala. Está constituido también por dos picos, siendo el pico sur la cumbre principal con 3.975 metros, mientras que el pico norte, denominado Yepocapa o Tres Marías, tiene 3.800 metros. Es el tercer volcán de Guatemala por su altura.
El mismo grupo y entidades que subieran el Pacaya, partió el 5 de Junio nuevamente desde la capital de Guatemala, por la carretera Panamericana al Occidente, hacia Antigua, siguiendo luego hacia el pequeño poblado de Soledad, el que dista a unos 70 km. del punto de partida.
Este volcán es visible en días claros desde la capital y es uno de los más hermosos de este país centroamericano. Tiene en sus faldas sembradíos de maíz, habas, arvejas y a medida que se asciende comienza el bosque tropical que incluye pinos, ya que se va convirtiendo en una montaña fría y húmeda.



Atravesamos durante casi una hora diversos plantíos donde imperaba el maíz y que eran superficies ganadas al bosque, el que pronto encontramos. Atravesarlo fue una lenta tarea ya que se caminaba por un estrecho sendero que a veces era cubierto por la vegetación. Por fin llegamos, dos horas más tarde, a una meseta natural rodeada de pinos, donde por lo avanzado de la tarde se convirtió en el lugar ideal para el armado de nuestro campamento. Este sitio se conoce como “El Conejo”.
Pernoctamos con algún que otro inconveniente que no viene al caso de este relato.
A la mañana siguiente, bien temprano, iniciamos el ascenso hacia la cumbre. Se siguió atravesando el bosque durante más de una hora y media, hasta que comenzaron a aparecer claros en la vegetación que nos daban la indicación que pronto desaparecería ésta. Media hora más tarde y ya pisando arena volcánica llegamos a la primer cumbre, el Yepocapa, con sus 3.800 metros, donde pudimos apreciar desde su cruz de cumbre y mirando el objetivo, los impresionantes cráteres que descansan en la falda de la principal cumbre del Acatenango.

Ése cono, de impresionante vista, fue cubierto por materiales arrojados por su vecino el volcán Fuego. Hacia la cima principal nos dirigimos, pasando, apenas bajada un poco la primer cumbre, junto a un refugio de la Federación de Guatemala.
En 40 minutos más superamos los 176 metros de diferencia de altura y el aproximado kilómetro de distancia que nos separaba del objetivo, llegando a la cruz de cumbre del Acatenango.




La vista desde allí era realmente impresionante, pudiendo apreciarse casi toda la cadena volcánica, inclusive las cimas que comparte frontera con México, también al volcán Fuego y al anteriormente ascendido Pacaya.
La cima se observa como un cráter cubierto, probablemente también por el vecino Fuego, denominada “El Boquete” . Luego de permanecer mucho tiempo en la cumbre, bajamos rodeando los cráteres y unas tres horas más tarde nos encontrábamos sobre el camino de tierra esperando que viniese el micro de la Federación de Andinismo a buscarnos.
Quedaba, al menos en nosotros los argentinos, toda una nueva y peculiar concepción en cuanto a ascensiones, que no habíamos siguiera imaginado, a pesar de haber accedido a cumbres en México y Ecuador. En montañas comprendidas entre los 3.000 y 4.000 metros, habíamos pasado de verdes campos a zonas cultivadas,
a atravesar espesos y casi vírgenes bosques tropicales con toda su característica flora y fauna, luego a terrenos de sedimentación volcánica de dificultoso ascenso, hasta por fin llegar a cumbres cráteres con emanaciones y a veces son situaciones de mucho peligro por las erupciones.
Lo importante era saber que cada metro que ascendemos en un país americano es un paso más para la integración de nuestro continente y un valor más en nuestro entorno en la lucha por la defensa del medio ambiente.


Si van a Guatemala...¡No dejen de ir a TIKAL!!!



HUAYNA POTOSI

Huayna Potosí - Bolivia


HUAYNA POTOSI
6.088 m


por Jaime Suárez

Corría mayo de 1996 y nos encontrábamos en Bolivia miembros del Club Andinista Mendoza, junto con varios amigos de federaciones americanas y de la española de montaña.



La Paz - Bolivia. Foto Luis Mut


Realizamos, aunque ya la altura de La Paz -3.650 m- lo había logrado, una aclimatación ascendiendo los cerros Chacaltaya -5.300 m- donde se encuentra una bella y altísima pista de esquí, con cada vez menos glaciar- y La Paloma (5.390 m).
Al día siguiente partiríamos bien temprano, en un vetusto micro, para acometer el ascenso al Huayna Potosí (en aymará significa joven cerro) en una expedición que nos demandaría dos días. Había escuchado otra definición que significaría joven tronador, tal vez en quechua.
Arribamos al refugio existente en la base del Huayna Potosí, junto a un precioso lago de deshielo, donde nos recibió el amigo boliviano y gran montañista, Hugo Berríos.
Pronto, luego de las consabidas indicaciones, partimos en una cansina fila india, cresteando un sendero a la vera de glaciares, y luego sobre ellos, hacia el que sería nuestro primer campamento en el Campo Argentino, a los 5.200 metros de altura.
Allí armamos nuestras tiendas. Y preparamos comida y bebidas para recuperar fuerzas. Luego de un apacible descanso, partimos a la madrugada del día siguiente, con las linternas frontales encendidas, para acometer la cumbre. Poco a poco fuimos tomando altura. Superamos dos pasos un poco delicados y tras un largo transito que rodeó algunas profundas oquedades en el hielo, alguna de las cuales mostraba superpuestas capas y estratos de hielo de muchos pasados años, tras cinco horas, y siempre sobre nieve, usando cuerdas y grampones en muchas oportunidades, llegamos a la cima.




Huayna Potosí, ascendiendo...


Hubo algunas caras insatisfechas al ver que había un “poco” más de hielo hacia un sector más alto. Una larga y afilada cornisa proyectaba la cumbre hacia un sector de absoluto vacío. No dudamos en encararla. Bajo el musical sonido del clavado de nuestras piquetas, y los gritos dando seguridad con la soga, llegamos hasta el punto en que ya no se podía continuar al bajar la fina cresta de hielo hacia el lado opuesto.
La vista de montañas en los 360° y con nevadas y lejanas cordilleras, era total. El paso de un avión a hélice en el valle, por los 5.000 metros de altura y del que contemplábamos su techo, no dejó de darnos idea de la magnitud de altura a la cual nos encontrábamos.
Estábamos en la cumbre del Huayna Potosí, a sus 6.088 metros, pero los abrazos serían al regresar al sector anterior, un poco más seguro en cuanto a espacio. Así lo hicimos con Jordi, Joan, Tato, Daniel y varios camaradas más.





Cumbre del Huayna Potosí 6.o88 m - 1996



Ahora el regreso, con tanto cuidado como el ascenso.
¡Cómo me gustaría saber hoy, 12 años después, el estado de toda esa masa de hielo y nieve cumbrera! ¡Se nos está derritiendo nuestro bello planeta!

Lamenté haber sacado pocas fotos, pero si realicé una filmación de todo el ascenso. Quedan más comentarios en ella.




Jaime Suárez

EL CONDOR





NEVADO VOLCÁN EL CONDOR


Objetivo bien claro

Todavía estaban en mi memoria los gratos recuerdos de la cumbre del San Francisco, en Abril del 2006, donde pude repetir satisfactoriamente la misma foto que sacó Walter Penck del Inca Huasi en el año 1913, y luego, tras llenar el libro de cumbre y sólo presionados por un suave, aunque bastante frío viento, apreciar mirando hacia el Norte como a 34 kilómetros de distancia florecía el Nevado Cóndor con sus 6.400 m., tachonadas sus bellas crestas por algunos glaciares, y en el mismo sentido, hacia su derecha, el volcán Peinado de 5.741 metros, a unos 36 km. de distancia. Dos volcanes con muy diferentes y definidos perfiles que se esconden a la vista normal de los que transitan la montaña, salvo que se ascienda alguna cumbre cercana. Montañas de las que hay muy poca información y que fijé en mi mente como un próximo objetivo.
En noviembre del 2007 me llamó mi compañero de varias cumbres, Hans Siebenhaar, diciéndome:
- ¿Te interesa ir al Condor? ¡Tengo WP y datos de Alexander Von Gotz y Henri Barret!. Contesté que si de inmediato. La propuesta venía como anillo al dedo. Con Alexander ambos habíamos compartido la expedición al General Belgrano y nos habíamos cruzado comprobantes en numerosas cumbres de Los Andes, sus datos merecían toda nuestra confianza.
Pronto discutimos la expedición, trazamos el cronograma de ascenso y fijamos la fecha de salida para el 19 de Enero del 2008. El objetivo había sido establecido.

La partida:

Partimos desde Mendoza cargando en nuestros vehículos, aparte del equipo de montaña, un juego doble de ruedas, un bidón de 20 litros extra de gasoil y otro conteniendo kerosene para utilizar como anticongelante del combustible. Habíamos considerado que las camionetas quedarían sobre los 4.800 metros de altura y las posibilidades de congelamiento de los líquidos eran muy altas.

Pastos Largos

Tras 10 horas de marcha y de haberse anexado a la expedición en Fiambala, Magguy y Lis, las directoras del museo de montaña “Los Seismiles”, con todo su equipo de altura que incluía bidones con agua, llegamos al atardecer a Pastos Largos, frente a Las Coipas, donde se ingresa hacia el Oeste para acceder al Pissis. Allí quedaríamos esa noche.
Aclimatar la primera noche sobre los 3.100 metros es siempre muy conveniente. Este viejo y bastante destruido refugio, que tanto sirviera en el pasado cuando se trasladaba ganado a Chile, se encuentra muy descuidado y es usado por pescadores, en su mayoría furtivos. Había llovido mucho la semana anterior y el estado de la construcción era calamitoso. Preferimos como en anteriores expediciones armar las carpas.

Las Grutas

El día domingo 20 a las 10 horas, luego del desayuno, emprendimos la salida hacia Las Grutas. Allí, sobre los 4.000 metros aprovecharíamos para aclimatar dos noches. Al llegar y contemplar recortados contra el azul del cielo las nevadas siluetas de Inca Huasi y el San Francisco, no pude menos que echar a volar los recuerdos: La primera vez que estuve en este sitio fue en 1991 transitando por huellas y largos arenales donde muchas veces se nos quedó el vehículo. Tomó todo un día acceder desde Tinogasta. Llegar al lugar y admirar por primera vez esas montañas se convirtió en un recuerdo imborrable. Esa noche vivaqueamos en una oquedad al lado de una incipiente construcción de vialidad. Todo muy solitariamente ya que recién era ocupado el lugar, tanto por gendarmería como por vialidad provincial a mediados de noviembre. ¡Pero como van cambiando las cosas!. Hoy en día, con el transcurso de los años, se llega a Las Grutas en pocas horas y allí se cruzan numerosos montañistas y expediciones nacionales e internacionales que pernoctan y aclimatan en el estratégico y cómodo refugio que tiene Vialidad. Y sin sorpresa alguna aprecie como siguen creciendo las construcciones en derredor, aunque también sin sorpresa puede ver como acceder al teléfono que existe es casi imposible, nunca pude hablar, por una razón u otra, lo que es una verdadera pena.

Hicimos los controles de acceso en Gendarmería, conformamos el peculiar documento que parece ser un deslinde de responsabilidades y no termino aún de entender a pesar de haberlo firmado mucho más de unas decena de veces y tener experiencia en rescates. Una vez más nos acomodamos en los bunker-refugio que por un muy módico precio diario pone la D.P.V. de Catamarca a disposición del viajero. Suele haber, en caso de necesidad, aprovisionamiento de combustible. Luego un tardío almuerzo a los 4.000 metros de altura y después, entre bromas, nos acomodamos junto a varios andinistas más en los cómodos colchones que tienen las literas para una reparadora siesta. Antes de la cena coordinamos los objetivos para el día siguiente.
Esa tarde regresaron de ascender el San Francisco, dentro de una expedición española, Mariano Muñoz y Cristina Pampillon, junto con Omar, todos ellos viejos compañeros de pasadas expediciones y ascensiones. Fue muy grato recordar épocas pasadas.
Antes de la noche aprovechamos para verter a los litros de gasoil que calculamos teníamos en nuestros tanques, un 10% de kerosene. Era la mejor forma de proteger el combustible de las bajas temperaturas que tendríamos a partir esa noche.
El día siguiente, lunes 21, lo aprovechamos para lograr aclimatación. El resto del grupo se atrevió a un ascenso al Falso Morocho y yo a inspeccionar las antiguas ruinas indígenas de la zona y la nueva edificación de las termas cercanas.

Aproximando al Objetivo

La zona de Los Andes a la que nos dirigíamos está tachonada por multitud de volcanes que caracterizan una especial geografía. Algunos rondando los 6.500 metros de altura, cubiertas sus cumbres por nieve y glaciares; otros menores a 6.000 de extraña y cónica belleza y con pronunciadas coladas de escoria. Las cenizas y aportes volcánicos de todos ellos formaron grandes extensiones horizontales con tolerables desniveles que transitaríamos, y donde inexorablemente aparecen grandes salares, salinas, lagunas saladas y termas.
Salimos hacia El Cóndor el martes 22 a las 10,15 horas, despidiéndonos de nuestros viejos y nuevos amigos. Tras transitar por asfalto unos 14 km. desde Las Grutas, llegamos al punto S26°52´0152 y O68°14´110, caracterizado porque frente a ése lugar de ingreso hay una señal vial muda, y a partir de ahí, sobre una marcada huella iniciamos la marcha hacia el norte. La vista del Dos Conos y más adelante mirar la parte de atrás del Bertrand, tan diferente a la que se contempla desde Las Grutas, entretenía el viaje. Pronto comenzamos a admirar a el Peinado y el Cóndor. La buena huella pronto acabó ante una pronunciada y abrupta bajada hacia las lagunas sólo marcada por aisladas huellas de cubiertas. A las 13,30 iniciamos ése descenso, que no fue muy complicado y 15 minutos después estábamos parados entre ambas, a los 4.000 metros de altura, sacando fotografías. La Amarga, la mayor al norte, es de tono gris-marrón y le endilgan contenido de cianuro por pasadas actividades mineras. A pesar de ello se apreciaban en ella varios flamencos deslizándose con ceremonial movimiento. La otra, mucho más pequeña y de color turquesa se encuentra al sudoeste de la primera, separada por el plano y no muy ancho terraplén donde estábamos detenidos. Pero el tamaño de su superficie turquesa no impedía que se reflejara El Cóndor en ella, aunque borrosamente por el movimiento del agua por el viento. Ambas contorneaban sus perímetros con una fina franja de escarcha en sus orillas. A 7 km. en sentido Este de esta laguna se encuentra la cumbre del Peinado y a 18 km. en sentido Oeste, la cumbre de El Cóndor.



Cruzando en medio de las lagunas enfilamos hacia el Cóndor por una huella poco acentuada que se dirige hacia el empalme para el regreso a Las Grutas o hacia Antofagasta de la Sierra. Catorce kilómetros más adelante, en la posición S26°35´034 y O68°18´875 y a casi 4.400 metros de altura iniciamos, saliendo de esa huella, el ingreso directo hacia donde armaríamos el campamento base. Tres kilómetros y medio más adelante y ya sobre los 4.800 metros de altura, introduciéndonos en una amplia abertura que dejaban dos cordones pequeños montañosos, buscamos el mejor lugar posible y lo encontramos muy pronto en una zona un poco más plana y algo protegida.

Campamento Base 120

Antes de la 1 de la tarde habíamos llegado al que sería nuestro campamento base. Poco más de dos horas y media habíamos necesitado para transitar por una tolerable huella los poco más de 60 km. que nos separaban de Las Grutas. Estábamos en la posición S26°36´172 y O68°18´755, y a la nada despreciable altura de 4.838 metros. Y si bien esta altura nos aproximaba más a la cumbre, los vehículos quedaban muy expuestos a las extremas bajas temperaturas del amanecer. Colocamos las camionetas con el frente hacia las rocas y envolvimos el filtro de combustible, algunas cañerías y la batería con aislante y pedazos de manta. Tanto como coronar la cumbre, queríamos preservar el regreso.

Pasaríamos en este campamento la noche del día de llegada y la del día siguiente, por lo que armamos una carpa estructural grande que nos daría comodidad para aclimatar y dormir. En poco más de media hora estaba lista y habitable. La inauguramos comiendo un sabroso melón dentro de ella y poniendo a resguardo otro para el día de regreso de la cumbre.
El nombre del “campamento base 120” brotó como una reflexión nocturna de los dos “algo”más viejos integrantes de la expedición, y fue bastante fácil el bautizo, sólo hubo que sumar las edades que ambos tendríamos dentro de poco tiempo más.
Al día siguiente, miércoles 23 lo dedicamos a estudiar la ruta de ascenso. Hans quería acercarse al campamento base que había hecho Alex, más de 100 metros arriba, casi a los 5.000 y donde llegó utilizando un vehículo naftero. Llegamos también en ese pequeño ascenso de aclimatación hasta los 5.150 metros de altura, lugar preciso en que comenzaba el piedrerío que de menor a mayor tamaño caracterizaría la ruta. Regresamos para preparar el equipo de montaña que a partir del día siguiente nos acompañaría en la escalada y en esos nerviosos preparativos muy pronto nos encontró el anochecer. Cenamos cómodamente sentados en banquitos, con buena luz y con una improvisada y práctica mesa. Ya se acabarían las comodidades a partir del día siguiente.

Campamento Alex – 1 de altura

El jueves 24 empezó el ascenso propiamente dicho. El objetivo sería llegar hasta el campamento 1 utilizado por Alexander que se encontraba por encima de los 5.500 metros de altura. Tendríamos por delante un desnivel de más de 700 metros. Salimos pasadas las 9 y media con todo el equipo, comida para los días de expedición y unos 4 litros de agua cada uno ya que no sabíamos si hallaríamos nieve para derretir. Sumaba también en mi mochila los grampones, una lata de duraznos en almíbar (cuando era más joven llevaba dos) y la carpa. Era mucho peso ya para mí para ése desnivel.
Como pudimos observar el día anterior, sobre los 5.150 metros comenzó a interponerse en nuestro camino un acarreo de piedras que a medida que ascendíamos aumentaban paulatina, inexorable y proporcionalmente su tamaño. No era nada fácil en el mar de piedras encontrar la ruta precisa y debimos hacer continuas correcciones de marcha en la pétrea marea. Pasadas las 16 horas y previo a un nuevo y brusco desnivel, también absolutamente tachonado de piedras, un mal movimiento por el cansancio y la consecuente inclinación de la pesada mochila me produjo un fuerte dolor muscular al costado, que me comenzó a acompañar. Un poco más arriba Magguy trasladó el peso de la carpa que llevaba a su mochila. Por suerte pronto encontramos unas lenguas horizontales tapizadas con arena gruesa.
Era un lugar ideal para un campamento y coincidía con el WP que Alex le suministrara a Hans. Fueron casi 7 horas de pesado ascenso que darían el nombre a nuestra ruta, “ruta de los martirios”. No creo que fuera para menos, la combinación de llevar tanto peso, unido a trabajar continuamente sobre piedras nos condicionó a poner ese nombre. La posición del campamento 1, que llamaríamos “Alex”, es S26°37´222 y O68°20´299 y su altura 5.574 metros. No creo que exista en los alrededores mejor lugar para el campamento uno de altura. Inclusive muy cerca florecía un grupo de penitentes que nos permitió reponer el agua gastada y dejar algo para la vuelta. Habíamos recorrido en un desnivel de casi 750 metros 3.150 m. de distancia. No separaban unos 850 metros de desnivel hasta la cumbre y una distancia de casi 3 kilómetros. Era mucho trabajo sobre un pesado terreno de ascenso tratar de encarar la cumbre en una jornada. Habíamos previsto en nuestro cronograma un segundo campamento que nos daría el día de ataque a la cumbre la posibilidad de salir y regresar con sol. Moverse en la oscuridad en este tipo de laderas un grupo de varios andinistas puede ser muy riesgoso, por más buena linterna que se lleve.
Luego de armar las carpas devoramos entre los cuatro la “pesada” lata de duraznos en almíbar. Reposamos un poco el cansancio, para luego seguir comiendo algo más y nos “preparamos mentalmente”, mientras seguimos descansando, para cenar cerca de las 20 horas y después dormir todo lo que se pudiera. El ánimo del grupo era estupendo, y algunas desafinadas canciones se escucharon esa noche desde la carpa de las mujeres y la de los hombres.

Campamento 2 de altura

El viernes 25, dejando algunas cosas que consideramos peso de más y racionando lo mejor posible la comida para los días restantes del ascenso, partimos con buen sol, pasadas las 10 de la mañana, a la búsqueda de un segundo campamento de altura. Florecían ante nosotros dos abruptas crestas, por supuesto con abundantes grandes piedras. Una a la izquierda de color gris y otra a la derecha de amarronado tono. Encaramos resueltamente la gris y poco a poco y piedra a piedra fuimos ascendiendo. Era sumamente trabajoso pero nos gratificaba la idea de que no sería un día largo, ya que la idea era buscar un lugar de campamento por los 5.800 metros de altura y no más. Cerca de la una de la tarde, dos horas y media después de la partida, encontramos dos pequeños lugares bastante aceptables para armar el campamento 2 de altura, que necesitaban muy poca nivelación. La posición S26°37´441 y O68°20´504 y la altura 5.799 metros. No creímos poder encontrar, aunque las carpas quedaron separadas por piedras, otro lugar mejor, y luego al día siguiente lo corroboraríamos. Teníamos unos manchones de nieve bastante cercanos metidos entre las rocas, y a la tarde pudimos obtener, aunque un poco trabajosamente, agua de deshielo que discurría entre las piedras.
El campamento 2 era un balcón desde donde admirábamos al Peinado y las lagunas, pudiendo ver también la carpa y las camionetas a lo lejos, y el lugar del campamento Alex, del que nos separaban apenas unos 540 metros y sólo 225 metros de desnivel. Pero estábamos mucho más cerca de la cumbre, aproximadamente a 2.500 metros de distancia y a poco más de 600 metros de diferencia de altura. Y a los 5.800 todavía se duerme bien.

Hacia la cumbre

El sábado 26 de enero era el día de cumbre. Desayunamos temprano y enfundados en las bolsas de dormir. Luego procedimos al lento proceso de vestimenta cargando posteriormente en la mochila un litro de agua, comida de cumbre, la parka, el pantalón impermeable, los mitones y los grampones. Por fin podía sentir mi mochila realmente liviana. A las 8 y media de la mañana cerramos las carpas, que esperarían nuestro regreso, y partimos. El comienzo fue trabajoso, especialmente al dirigirnos hacia la derecha para ingresar al cauce formado por la unión de cordones rocosos que descendían de los sectores más altos.





Debimos con mucho cuidado y evitando perder altura, alcanzar un nivel superior a partir del cual se hizo un poco más cómodo el ascenso. Comenzamos por fin a pisar nieve. Casi dos horas después continuábamos por ese cauce a cuya izquierda teníamos escalonadas crestas nevadas a cuyo final se encontraba el sector de cumbre, y a la derecha lomadas que iban perdiendo importancia a medida que al ascender superábamos su nivel.
A las 11 y media paramos, ya alcanzados los 6.100 metros para un descanso y llevar agua y alguna fruta a la boca. Pronto divisamos el nevado collado que separaba los cráteres sur y norte, principales cúspides de esta gran montaña. Hans, siguiendo los puntos de Alex encaró resueltamente hacia el Norte . Para subirlo mejor debimos colocar los grampones y hacer zigzageos ascendentes sobre el glaciar que tapizaba la cima. Pasadas las 14 horas superamos los 6.300 metros de altura y finalmente a las 15 horas nos reuníamos en la más alta formación rocosa que por sobre los 6.400 metros sobresalía en el sector sur del cráter norte.
A grandes rasgos, estos dos grandes sectores de cumbre, el norte y sur, están conformados por labios-cumbres que rodeaban sus pronunciados aunque ocluidos cráteres. Aunque hay en este nevado, distribuidos en niveles inferiores, más cráteres. Miramos preocupados y detenidamente la altura del que teníamos al Sur, y visualmente lo vimos a la altura del que hollábamos, y como a unos 500 m de distancia. Estaba muy parejo todo. De haber diferencias de altura, serían muy pocos metros. Eran notorias las amarillentas manchas de azufre en la ladera de acceso a él, que teníamos enfrente.
jaime suárez


La cumbre sur del Volcán El Cóndor desde “Museo Seismiles”

Magguy y Lis buscaron afanosamente comprobantes en la mayor altura de la torre de rocas. Sabíamos que Henri Barret había subido ambas cumbres, el 1966 la Sur y en 2002 la Norte; a la que también llegó -por fotografía que después pude ver- Alex Von Gotz con otro alemán. Pronto sentimos con Hans gritos alborozados; las chicas habían encontrado el comprobante de la expedición de Glass y Bracali, de enero del 2007, donde indicaban que se dirigirían también hacia la cumbre sur. Pusieron nuestro comprobante que fue un pedazo de tela con todos nuestros nombres. Nuestra expedición era la cuarta en ascender este sector de El Cóndor y para diferenciar más esta cumbre de la otra la bautizamos con el nombre de “Museo Seismiles”, en el afán de difundir más el gran esfuerzo que por las actividades de montaña, hacían nuestras jóvenes acompañantes.
Leímos los GPS que alcanzaban, este 26 de Enero de 2008 en la posición de cumbre S26°37´558 y O68°21´833, los 6.430 metros. Hacia el Sur a 20 kilómetros el Falso Azufre, y el Inca Huasi a 45 kilómetros. Hacia el Sudoeste, a 30 kilómetros, era apreciable casi completamente la Laguna Verde de Chile, y tras ella el Ojos. En sentido Norte el Antofalla resaltaba claramente su níveo perfil a 130 kilómetros de distancia. Y así nos seguimos deleitando con el inigualable paisaje que brinda una cumbre, mientras con alborozo intercambiábamos comentarios y algunos conversábamos con nosotros mismos.

Regreso...

Habían sido unas siete horas de trabajoso ascenso para llegar a la cumbre, y debíamos volver. Cuarenta minutos después de haberla alcanzado iniciamos el regreso, desandando las huellas dejadas primero, y el recuerdo de las grandes piedras y puntos de referencia, después. A las 20,30 estábamos abriendo las carpas que nos esperaban en el campamento 2. Fueron 12 horas de continua actividad y emociones. Correspondía un te caliente, una comida para recuperar energías y un buen descanso.
Al día siguiente, lunes 27, sin ningún tipo de apuro y luego de desarmar el campamento, partimos hacia el campamento base 120. Teníamos un desnivel de casi 1.000 metros y nos separaba una distancia de poco más de 3 y medio kilómetros. Nos esperaban un maduro y oloroso melón y cuatro latas de cerveza para festejar, pero también desarmar la carpa y la intriga de poder hacer arrancar los vehículos, luego de pasar varias noches con temperaturas bajo cero.
Y luego el retorno, con rumbo hacia Antofagasta de la Sierra. Pero esa es otra larga historia.


Jaime Suárez
Enero 2008




Expedición realizada desde el 19 al 30 de Enero de 2008.
Fecha de cumbre: 26 de enero de 2008.
FICHA DE ASCENSO:
VOLCÁN NEVADO EL CONDOR (Catamarca – Argentina)
6.430 m. por GPS
Integrantes de la expedición:
Magguy Acevedo, Lis Sable, Jaime Suárez, Hans Siebenhaar.

Cumbre alcanzada:
Cumbre Norte (Museo Seismiles). Una de las dos principales cumbres. Está también la sur un poco más alta tal vez. Son las principales cúspides que, en torno a cráteres ocluidos por piedras y nieve, sobresalen en este nevado.

Altitud cumbre alcanzada:
Oficial 6.373 m.s.n.m. IGM 6.430 m. por GPS. sobre el nivel del mar.

Ruta:
Vertiente oriental, denominada “ruta de los martirios, por lo trabajoso de la misma.

Ubicación:
Esta montaña se encuentra en el noroeste de la provincia de Catamarca, en territorio argentino, en la posición 26°37´559 Sur y 68°21´ 833 Oeste.

Época más adecuada de ascenso:
Prácticamente la mejor época va de Octubre a Marzo. Por estar en zona aún bastante inaccesible no es conveniente toparse en el desarrollo de la expedición con ninguna nevada.

Dificultad:
De alta montaña. Es imprescindible una buena aclimatación y también experiencia previa en altura, en marcha a gran altitud y conocimiento de Los Andes. Hay que llevar grampones, ya que se presentan glaciares en la ruta.

Equipo:
Tienda de altura. Hornillo y combustible o gas suficiente. Abrigo de Alta Montaña. Parka y bolsa de dormir de altura. Guantes y mitones, zapatos dobles, grampones, bastones, gorro, gafas U.V., GPS. Llevar agua abundante considerando donde se hagan los campamentos de altura.

Acceso:
Ya en la provincia de Catamarca, se arriba por la ruta al Paso San Francisco - ruta 45 - hasta el control de Gendarmería en el Paso Fronterizo de Las Grutas. Se amplían detalles en el relato.

ASCENSO A EL CONDOR – Cumbre Museo Seismiles
26-1-08 – CATAMARCA – ARGENTINA - Datum,WGS 84
Cumb. MUSEOSEISMILES -26,37.559,-68,21.833,






OJOS DEL SALADO

Ojos del Salado, desde la cumbre del Walter Penck


EXPEDICIÓN AL OJOS DEL SALADO

1991

(relato, y película filmada, en preparación)






GEMELOS

El Gemelos desde el campamento base


GEMELOS

6.196 m.s.n.m.

Realizada desde el 3 al 10 de Febrero de 2005
Ubicación:
Esta montaña, se encuentra en la República Argentina, en la provincia de La Rioja, en la posición S 27°51´416 y O 068°54´586.
Altitud:
Por GPS, 6.147 m sobre el nivel del mar; por mapa del IGM, 6.196 m.
Fecha de cumbre:
9 de Febrero de 2005.
Nombre de la Ruta:
Gladiadores.
Ascensos:
Nuestra expedición fue el 3° ascenso que coronó esta cumbre, Johan Reinhard –EEUU- y Alexander Von Götz –Alemania- fueron los anteriores; y se constituyó en la primera nacional.
Época más adecuada de ascenso:
Noviembre a Febrero.

De alta montaña. Imprescindible buena aclimatación. También experiencia previa en altura, en marcha a gran altitud y muy buen conocimiento de Los Andes. Se presenta dificultad al ascender los últimos 200 metros de altura del morro de cumbre. Hay que llevar grampones, aunque no se usen, ya que según el año por una nevada imprevista al inicio o fin de temporada se presentan glaciares en la ruta, especialmente al final. Es fundamental la buena aclimatación.
Equipo:
Tienda de altura. Hornillo y combustible o gas suficiente. Abrigo de Alta Montaña.
Parka y bolsa de dormir de altura, zapatos dobles, grampones, bastones. GPS.
Agua:
Hay que llevar al menos, en el vehículo, 10 litros de agua por persona.
Acceso:
Ya en la provincia de La Rioja, se arriba hasta la Laguna Brava, desde allí hasta el Río Salado, desde donde se enfilará paralelo a él hacia el Norte. Los detalles de acceso e itinerario se citan en el relato.

Objetivo Gemelos....

Los Gemelos, nombre que seguramente no verán figurando en ningún mapa, se encuentran en la provincia de La Rioja, a casi 10 kilómetros al sur de la frontera con Catamarca y a 20 kilómetros al este de la frontera con Chile. Forman parte de las cumbres casi ignotas que aún quedan en nuestro país. Son dos conos casi semejantes, el Norte y el Sur, separadas sus cumbres por un kilómetro y medio de distancia. La Norte, que es la más alta, tiene unos 50 metros más que la sur, y posee a su norte una antecumbre 100 metros más baja de la cual esta separada por un collado que desde los 5.950 metros desciende con glaciares hacia los costados este y oeste. Desde la parte superior de este collado se accede a la cumbre.
Gemelos es el final de la Sierra del Veladero. Esta sierra nace más arriba de la Laguna Brava y se extiende de Sur a Norte por unos 26 kilómetros. De este sistema la cumbre del Veladero, el Reclus y Gemelos son las principales montañas, pero a pesar del mapa, parecieran estas dos últimas ser independientes de la Sierra.
Se propuso como objetivo, considerando que era una montaña con poquísimas ascensiones dentro de una zona muy virgen aún en exploraciones. El único impedimento que veíamos era tener que dejar seguramente las camionetas por varios días en alturas cercanas a los 5.000 metros con los consiguientes problemas ocasionados por el frío en los líquidos y combustibles.
Partimos desde Mendoza a La Rioja, el Jueves 3 de Febrero a las 8 horas y al mediodía almorzábamos en Villa Unión, donde llenamos totalmente los tanques de combustible. Desde allí seguimos el asfalto hasta Vinchina y luego por camino consolidado, con trazos de asfalto, hasta llegar al puesto de control de la Reserva de la Laguna Brava, en Alto Jagüe, donde una vez más Don Cirilo Urriche, tras los pertinentes y afectuosos saludos, procedió a cobrarnos el ingreso al parque. Era de 15 pesos por vehículo y 10 por cada persona transportada. Igual siempre es conveniente consultar por variaciones que se pudieran producir.

Es agradable contemplar poco antes de llegar a Alto Jagüe, la magnitud de la bella silueta del Bonete Chico ( 6.759 m) hacia el noroeste, y poco más adelante, mirando hacia el Sudeste, el níveo perfil del Famatina y su principal cumbre el General Belgrano de 6.107 m.

Pasadas las 17 horas arribamos al refugio de El Peñón, inevitable lugar en el que a sus 3.600 metros de altura comienza la aclimatación de la expedición. Armamos nuestras carpas en un costado del refugio, respetando una lógica distancia con las tumbas existentes de las que ya no queda vestigio visible, que las indiquen. Prendimos y alimentamos un pequeño fogón en el interior de la vieja construcción y procedimos a preparar una suculenta cena. A la mañana pudimos apreciar, cercano a nuestras carpas, un zorro de precioso y brillante pelaje buscando comida.
Cerca de las diez partimos hacia la Laguna Brava. Una vez en ella nos arrimamos a su borde para tratar de acceder, a los restos del avión que en ella aterrizó años atrás, y que se encuentra casi en la parte opuesta. Pero el nivel del agua salada que nos llegaría hasta las rodillas, nos desanimó. Continuamos viaje pasando frente al refugio de la Laguna Brava (del destapadito), contemplamos la majestuosidad del Bonete, el Pissis, el Reclus y la Sierra del Veladero, luego superamos el refugio del Veladero (S 28°13´467 y O 68°55´263, 4.395 metros ), hasta finalmente llegar al de Barrancas Blancas, donde pensábamos pernoctar, pero un ofrecimiento de los operarios de un cercano obrador, a quienes habíamos ayudado en una reparación liviana de su camioneta, nos permitió dormir bajo muy buen techo. Nuestra posición S 28°10´416 y O 69° 08´692, la altura 4.050 metros, casi unos 500 mas alto que el Peñón, nos venía muy bien para nuestro plan de aclimatación. Como siempre, una vez ubicados en un campamento, procedemos luego a paseos y ascensiones en los alrededores. Más tarde fue muy agradable disfrutar de una buena cena, que pudimos preparar cómodamente y de la hospitalidad que nos fue brindada. Partiríamos a la mañana siguiente al encuentro del Río Salado.

Salimos al día siguiente a las 9,30 horas, poco más allá de 8 kilómetros llegamos al Río Salado, comenzando nuestro rumbo hacia el norte siguiendo su cauce. En la posición S 28°03´457 y O 69° 09´419 por sobre los 4.140 metros y a poco más de siete kilómetros de haber seguido el río encontramos el desvío que tras unos cinco kilómetros de marcha, hacia el oeste, no ubicó en el “volcancito”. S 28°01´380 y O 69° 10´994, en los 4.210 metros.
jaime suarez
El Volcancito

Esta formación es este resultado de una curiosa y constante erupción de agua que ha ido forjando a lo largo de muchísimos años esta forma cónica similar a un volcán. Fluye en su centro y hacia la superficie, seguramente con alguna temperatura, pero al llegar el agua a la orilla no se puede apreciar calor alguno. No se ve el fondo, que se adivina sumamente profundo.
Retornamos a la posición del desvío y encaramos nuevamente nuestra marcha al norte. Muy pronto nos separamos del cauce del Río Salado y avanzamos entre montañas que nos separaban del río por un lado y del límite con Chile por el otro. Antes de la Quebrada Seca Norte comenzamos a ver hacia el Este los perfiles de la parte de atrás del Veladero, el frente oeste del Reclus y Gemelos
jaime suárez
jaime suarez

Gemelos, desde la huella paralela al Rio Salado


y la pared sur del Pissis. Continuamos nuestro avance por una huella con alguna que otra dificultad causada por aluviones hasta llegar a S 27°48´172 y O 69°02´640, en los casi 4.600 metros donde desviamos rumbo a Gemelos, cruzando los flacos hilos superficiales que conforman en esa planicie el río Salado. De haber continuado la ruta hubiésemos salido al Valle Ancho, para pasar por la faz norte del Pissis y terminar saliendo en Las Coipas, sobre la ruta al Paso San Francisco, ya en Catamarca.

El campamento base
Desde ahí un abrupto ascenso, en el que debimos utilizar el bloqueo y todas nuestras mañas de manejo. Pronto estuvimos en los 4.700 metros sobre piedras flojas y ripio que nos hacían derrapar, hasta que ya sobre una mejor superficie alcanzamos los 4.900 metros. Buscamos desde allí una buena zona descendiendo unos metros hasta un extinguido cañadón o cauce, que descendía de mayor altura, entre dos amplios hombros rocosos. Era el lugar ideal para ubicar nuestro campamento base. La posición 27°47´828 y O 68°59´352, sobre los 4.870 metros, a cinco kilómetros y medio del desvío y a casi once de la cumbre que intentaríamos. Habíamos demorado cuatro horas en llegar.
Armamos una carpa estructural grande que nos daba cabida a todos, ya que pasaríamos dos noches en el lugar y queríamos estar lo más cómodos que fuera posible. En un campamento base, a casi 4.900 metros de altura, solos ante todo y muy lejos de cualquier pueblo o posibilidad de ayuda, es importante mantener una buena comunicación y ánimo. Comimos muy bien, nos hidratamos suficientemente y no pudimos dejar de admirar esa noche un resplandeciente y lechoso cielo colmado de miles de estrellas. Se ven muchísimo mejor que en cualquier ciudad o lugar a nivel del mar. No dejó de preocuparnos la gran cantidad de rayos que se veían muy distantes en alturas inferiores a la nuestra, y casi en todo nuestro alrededor. Esa noche escuchando radio nos enteramos de lluvias muy fuertes en muchas ciudades del país.

Nunca dejaré de resaltar la importancia del adecuado control de los líquidos de las camionetas. A pesar de ser verano, sobre los casi 5.000 metros las temperaturas pueden llegar, especialmente en la hora previa al amanecer, fácilmente a los 20° bajo cero. En nuestra carpa la primera noche llegó a los 12° bajo cero según registraba el termómetro exterior añadido al cierre relámpago de la carpa. Por lo tanto el agua debe estar con el suficiente anticongelante al igual que el gas-oil, el que precipita la parafina e impide el arranque. Desconectar la batería, protegerla con alguna manta especial y resguardar del viento frío al radiador, tapándolo cuanto más se pueda, ayuda más de lo que pudiera suponerse. Cuidado con los arranques prolongados que restan vida a la carga eléctrica y si es necesario esperar a las horas de mayor calor para arrancar el vehículo. Lógicamente, ir en un solo vehículo es exponerse a no regresar. Llevar un juego de cables para conectar baterías.
El domingo 6 teníamos pensado realizar un porteo con los vehículos hasta los 5.500 metros de altura, donde estableceríamos el campamento 1 y regresar al Campamento Base para poder partir el día lunes “ligeros de equipaje”. Las lenguas de penitentes que existían más adelante nos impidieron hacerlo. Ascendimos cerros cercanos para aclimatar mejor y decidimos partir el lunes 7 hacia el Campamento Uno, continuando el plan original, pero con todo el peso a nuestras espaldas. Disfrutamos esa noche de una pequeña nevada.

Hacia el campamento uno
Partimos a las 8 y media, con el equipo, carpas y la comida. El sol había empezado media hora antes a dispersar sus rayos sobre un fino manto que había dejado la nieve. Caminamos pesadamente por dos kilómetros y ascendiendo poco más de 100 metros en dirección a nuestra montaña. Un pequeño alto. Cinco kilómetros adelante y habiendo ascendido casi 350 metros mas, apareció un ancho glaciar de altos penitentes de debíamos franquear, no sin cierto grado de dificultad por sus filos y dureza. Nos tomó un tiempo y debimos al final del mismo descansar un buen rato. Seguimos ascendiendo por más de un kilómetro y medio y llegamos a los 5.427 metros y al lugar donde fijaríamos nuestro campamento uno de altura. Buscamos el resguardo de unas grandes piedras que nos protegieran del viento y armamos las carpas. Al día siguiente intentaríamos coronar la cumbre. Fueron unas siete horas de marcha y ascenso. El tiempo parecía mejorar. Nos hallábamos en S 27°49´854 y O 6°54´392, a poco más de 700 metros de desnivel y casi 3 kilómetros de distancia del punto que habíamos presupuestado como el de cumbre.


Hacia nuestra montaña...
Las distancias y alturas que manejamos nos posibilitaban intentar la cumbre con un solo campamento de altura y también partir una vez que el sol hubiera aparecido. Eso nos evitaba pasar fríos innecesarios. Salimos el martes 8 nuevamente a las ocho y media de la mañana dejando armadas y bien cerradas las carpas. Llevamos un litro de agua y comida liviana de marcha que incluía algunos caramelos. Luego de cruzar tres glaciares de penitentes, esta vez más pequeños, encaramos el ascenso longitudinalmente por dos largos y pronunciados acarreos, ubicados en la faz norte de la montaña. Por lo trabajoso que resultaba el esfuerzo Hans bautizó la ruta como “de los gladiadores”. El último acarreo nos proyectó a los 5.890 metros. Luego apareció el suave glaciar que descendía del collado que separaba la cumbre norte de su antecumbre, tapizado de una regular superficie que nos permitió colocarnos sin dificultad cincuenta metros más arriba. Habíamos llegado al punto más alto del collado. Encaramos rápidamente a la cumbre norte sobre piedras de buen tamaño que facilitaban el ascenso, a pesar de la inclinación. El esfuerzo se acrecentaba por la altura. Fueron casi doscientos metros de arduo trabajo, pero al final coronamos cuatro personas la cumbre más alta del Gemelos. Eran las 14,30 horas, había sido un esfuerzo de 6 horas desde la partida, pero podíamos ya contemplar toda la belleza de esa parte de la montaña Argentina.
La que Hans denominó ruta Gladiadores había comenzado en el Campamento Uno de altura avanzando de norte a sur sobre la pared norte de esta montaña y sobre la zona de acarreos, luego ascendiendo sobre la pared noreste formada por el glaciar y el cono final.
Ante nuestros ojos sobresalía la pared sur del Pissis que exhibía sus cumbres, su glaciar y en medio de éste el cono de la cumbre Cardenal Samore. Hacia el sur la cumbre unos 50 metros más baja del Gemelos Sur. Más lejos el Reclus y más allá el Veladero. Hacia el este el Bonete Grande y los bordes del cráter de la Caldera del Inca Pillo. Al sud-este toda la mole del Bonete Chico.
Lejos hacia el norte, superando el perfil y entorno del Pissis, el Tres Cruces, el Tres Quebradas, la punta del Walter Penck, los picos que forman el cráter del Nacimiento y la inconfundible silueta del Inca Huasi.
Era un maravilloso espectáculo que disfrutamos por el buen día que nos había tocado de cumbre. Fotos, recoger el testimonio de la expedición de Alexander, que fue la segunda en hacer cumbre, felicitar a Susana por ser la primera mujer y el orgullo de haber sido la primer expedición argentina en coronar esa montaña.


Jaime, Oscar y Hans en la cumbre. Al fondo pared Sur de Pissis



Pasadas las 15 horas comenzamos el retorno. A cada metro bajado, un poco más de oxígeno llenaba nuestros cansados pulmones. Pronto bajamos el glaciar. Los largos y trabajosos acarreos resultaron ahora fáciles de descender y tras tres horas estábamos arribando al campamento uno. A dormir y al día siguiente el objetivo sería llegar a los vehículos, desarmar el campamento base, arrancar nuestras camionetas e iniciar el largo retorno .
Al pasar por la Laguna Brava vimos que, por las tormentas, había aumentado la cota de agua, y lucía orgullosa ahora un mayor tamaño y profundidad.
Comenzaba nuevamente un regreso, que quiera Dios sea el inicio de otra aventura de montaña.

Jaime Suárez
Febrero 2005
jaime suarez

TUPUNGATO





TUPUNGATO

ENCUENTRO EXPEDICIONES INTERNACIONALES EN HITO FRONTERIZO Y CUMBRE, POR LOS 500 AÑOS DEL DESCUBRIMIENTO DE ÁMERICA Y ENCUENTRO DE CULTURAS - 1992
(en preparación, relato y filmación realizada)




Jaime Suárez

MERCEDARIO

MERCEDARIO



Mercedario, desde la Pampa del Leoncito




Expedición Internacional realizada al declararse al año 1993 AÑO INTERNACIONAL DE LA CORDILLERA DE LOS ANDES.



MERCEDARIO

"Cincuenta y nueve años después, y un día antes ..."

por Jaime Suárez


Concluyó con especial éxito la Expedición Internacional organizada por la Unión Panamericana de Asociaciones de Montañismo(U.P.A.M.), la Federación Mendocina de Andinismo y Gendarmería Nacional.


Cito estas bellas palabras de Don Antonio BEORCHIA NIGRIS, de su libro “El enigma de los Santuarios Indígenas de alta montaña” , con relación al Mercedario:
...”No existe una montaña igual a otra, del mismo modo que no podremos hallar dos personas idénticas. Hay montañas bellas; las hay imponentes, esbeltas, macizas, romas, toscas, ásperas, salvajes; pero también las hay suaves y blancas como una novia; las encontrareis coloridas y alegres, o grises y mustias; amenas y hospitalarias, o agresivas, hasta asesinas. Es decir, tan variadas en su aspecto y “personalidad” como pueden serlo los hombres entre sí. A nuestro Mercedario podríamos definirlo como “majestuoso”, porque así es de inmenso, macizo, soberbio...”

El Mercedario era llamado Pichiregua por los indios que habitaban las zonas de Calingasta y Ligua por los indios araucanos. Fue bautizado Mercedario por el explorador y geógrafo Pissis. Fue coronado, modernamente, por primera vez, por los polacos Victor Ostrowski, Adam Karpinsky, Esteban Daszynski y Esteban Osiecki, el 18 de enero del año 1934.

Cada año, la Federación Mendocina de Andinismo, al igual que otras federaciones americanas, presenta proyectos de ascensiones y escaladas a la comisión directiva de U.P.A.M.E. En el año 1992, fue aprobada y seleccionada por la Asamblea Ordinaria de este organismo reunida en México, la ascensión a partir del 11 de Enero de 1993 del monte Mercedario, ubicado en San Juan, Argentina, en conmemoración de dedicarse el año 1993 “AÑO INTERNACIONAL DE LA CORDILLERA DE LOS ANDES” Y a que se reuniría la Unión Internacional de Asociaciones de Alpinismo (U.I.A.A.) en Octubre de dicho año en Santiago, Chile.

Una vez más contó con la inestimable colaboración y apoyo de Gendarmería Nacional, por medio de su Escuadrón 27 de Punta de Vacas y la Patrulla de Rescate, con quienes ya habíamos ascendido el Tupungato el año anterior, para la organización de esta expedición.
Durante Noviembre y Diciembre de 1992 se fueron inscribiendo para esta ascensión andinistas de la Federación Mexicana de Excursionismo y Montañismo, club de Exploraciones México, Federación Española de Montañismo, club de Montaña San Agustín (Palencia, España), club de Montaña U.E.C. (Barcelona, España), club E.I.G.E.R. (Murcia, España), Federación Andinismo de Chile, club Andino Patrulla Excursionista Aguila Azul (Chile), Universidad de Río Cuarto, Universidad de Buenos Aires, Club Andinista Mendoza, Andes Talleres Sport Club, club Universitario de Andinismo (U.N.C.), club Alpino Italiano y Coop. Inti Natura.

Nos reunimos todos y partió la expedición integrada por 37 andinistas desde Uspallata el 11 de Enero, hacia Barreal en San Juan, por la precordillera y atravesando a bordo de los fiables Unimog, la Pampa del Leoncito, luego internándose hacia el Oeste hasta un poco más allá de Casa Amarilla, al pie de la cordillera. Al día siguiente con parte de la carga en mulas, se ascendió 765 metros hasta hacer campamento en la zona de las veguitas a 2766 m. y al pie del arroyo que baja, filtrado, de la Laguna Blanca.
Muy temprano el día 13 se inició el ascenso de los 925 m. en donde se haría el próximo campamento, ya a 3700 m., lugar desde el cual regresarían las mulas. que habían colaborado con la carga. Siete días más tarde volverían a buscarnos.

El amanecer del día 14 nos encontró a los andinistas subiendo con toda la carga en sus mochilas por la "Cuesta Blanca", un glaciar de fuerte desnivel de más de 300 mts. de altura (hoy desaparecido), llegando más tarde a una hollada protegida por montes circundantes del mismo Mercedario, llamado Pircas de Indios, a 5000 m. de altura y siendo las 17 horas. El día 15 se lo dedicó, para nivelar al grupo, a la aclimatación en dicho lugar. Aquí es donde pueden observarse varias pircas incas derruidas, que a toda costa se deben preservar y no tocar. Se recobraron fuerzas y se aprovechó el agua que corría por debajo de las piedras, para la hidratación del grupo.

El día 16 se retomó el ascenso bien temprano. Unos 100 metros más arriba de Pirca de Indios y sobre la cresta camino a la cumbre apareció otra pirca derruida que parecía un atalaya, puesto que de ella se dominaba todo el entorno a muchos kilómetros de distancia, por lo que apreciábamos la Pampa del Leoncito y el brillo de la cúpula del observatorio astronómico que cerca de ella se encuentra.
Se cruzó luego el inicio del glaciar del Caballito y la hollada del Mercedario, donde se rindió homenaje al Comandante de Gendarmería Marchesi cuyas cenizas descansan en un solitario nicho a más de 5400 metros de altura en un sitio solo pisado por andinistas. Se prosiguió, castigados por un implacable viento blanco, hasta el "Diente" a aprox. 6000 m., donde se instaló el campamento de salida a la cumbre.
Hacia allí se partiría al día siguiente, siendo una noche de poco y molestoso sueño por la altura, el frío-imperante y el nerviosismo de "cumbre". ­
Finalmente llego la mañana del día 17 y a las 8 horas empezaron a partir los primeros escaladores rumbo a la cima del Mercedario. En las zonas de sombra que aún no eran tocadas por los rayos del sol, el frío se hacía sentir en manos y pies a pesar del abrigo especial, después el movimiento y el sol normalizaron la temperatura de los cuerpos.
Cuatro horas después de la salida, previo ascender numerosas falsas cimas, se alcanzaba la cumbre del Mercedario, contemplando desde ella la hermosura de toda la Cordillera Central, con el imponente Aconcagua, al Sur, Donoso, y Ansilta al Norte, la Pampa del Leoncito al Este y la línea del océano Pacífico al Oeste.
Veintidós personas alcanzaron ese día los 6770 metros de altura de la 4° cumbre de Occidente, no recordándose referencia alguna en que un grupo tan numeroso coronara esta cima.


Mercedario, una parte del grupo en la cumbre.


Se conmemoraba un nuevo aniversario, ese mismo día, del Escuadrón 27 de Gendarmería Nacional y su cambio de Comandante, y agradecimos muy especialmente al Comandante Principal Juan Antonio Torá por su apoyo al andinismo americano, esa fue también la primera ascensión oficial correspondiente a la declaración del Año Internacional de la Cordillera de los Andes (UPAME, UIAA).
La expedición no estuvo exenta de inquietudes, a los 6000 m. se declaró un edema cerebral a uno de los integrantes, quien luego de una larga noche de ser asistido por médicos de la expedición, y tras organizarnos por grupos para la evacuación, fue bajado hasta los 3000 m. de altura, al refugio de Fabricaciones Militares, desde donde un helicóptero de Gendarmería lo trasladó hasta Barreal, donde fue dado de alta al día siguiente.
Cito aquí el relato de dicha situación, por parte del apreciado montañista español, José Mijares:, con pequeñas acotaciones “...Sin embargo nuestra alegría se cortó súbitamente cuando vimos que uno de los miembros argentinos de la expedición que se quedó en El Diente, estaba muy enfermo. El médico diagnosticó edema cerebral, había perdido la conciencia y ya no podía salir de la tienda ni para orinar. Su aspecto, lamentable, alarmó a todo el campamento; si no se descendía de inmediato, esa noche podría ser la última. Quedaban apenas dos horas para el anochecer y bajar un peso muerto de 80 kilos no es tarea fácil para gente agotada. Nos organizamos por grupos, el jefe de la expedición, junto a tres compañeros y yo bajaríamos hasta el campo base a 3.800 m., lugar desde el cual podríamos avisar por radio al helicóptero militar. Otro grupo descendería a Pirca de Indios para esperar el relevo al día siguiente y seguir descendiendo al enfermo, si era capaz de superar aquella terrible noche. El resto, apenas cuatro hombres y el médico, atenderían al enferme todo una larguísima noche, que , según nos relataron más tarde fue lo más difícil de sus vidas. Entretanto nuestro médico Gustavo Irusta, experimentado andinista, le administraba corticoides. Al amanecer el enfermo estaba un poco mejor. Llevaban 48 horas a 6.000 m., sin dormir y con todo el esfuerzo acumulado por toda la actividad, y a pesar de todo descendieron sobre sus hombros al enfermo. Mariano Muñoz los estaba esperando en Pirca de Indios junto con otros compañeros para hacer el relevo y tenía preparada la comida y las tiendas donde descansaría el grupo. Sin perder un minuto, cargaron sobre hombros nuevos al enfermo, hasta los 4.000 m. En dicho lugar los esperaba con una mula lista...”
El helicóptero de Gendarmería, a pesar que había llegado, no quiso operar, por una serie de “justificaciones” hacia Pirca de Indios. Subimos inmediatamente al enfermo en la mula que teníamos preparada y poco a poco y paso a paso, en un suave descenso por la ventaja la diferencia de altura, que ayudaba, fue recobrándose.
Llegamos al refugio de fabricaciones militares, donde nos albergó un grupo de sanjuaninos que lo ocupaba y luego de acomodarlo en mi bolsa de dormir, paso una mejor noche. A la mañana siguiente, y sumamente facilitadas las cosas, llegó a este sitio el helicóptero y desde allí lo llevó al hospital de Barreal. Hay filmación de esta última etapa por mi parte.
Un día después llegaron al campo base Gustavo y su grupo completamente exhaustos y ávidos de noticias. Fue un excelente trabajo de equipo para salvar la vida de un hombre, que hubiera muerto sin esa coordinación.
Sigue contando José Mijares: “ El camión de Gendarmería nos recogió de nuevo junto a Barreal, donde esperábamos al enfermo recuperado. En la ciudad la expedición ya era noticia, y nosotros, almorzando en el bar del pueblo, esperábamos al enfermo, que apareció como un fantasma, dirigiéndose tambaleante para abrazar al médico. Sin poder contenernos por la emoción, empezamos a aplaudir y a proferir vivas. Venía del más allá...”

Cincuenta y nueve años y un día antes que la primera expedición, de los polacos, habíamos llegado a la cumbre de esta preciosa y enigmática montaña. Fue una excelente e importante experiencia para los andinistas de diferentes latitudes y países, que día a día colaboran para acrecentar el interés por esta actividad.




Jaime Suárez
1993






Cerro Mercedario, hacia Pirca de Indios




Cumbre Mercedario, con Mariano Muñoz


jaime suarez

13 octubre, 2008

VOLCÁN BARÚ

VOLCÁN BARÚ, ATALAYA DE PANAMÁ

Volcán Barú, tapado por nubes

Este bello país de Centroamérica, - que limita con Colombia al Sur y con Costa Rica al Norte - se encuentra a 7 horas de vuelo desde Argentina. Era el próximo destino de nuestros objetivos de montaña. Primero la reunión de la Unión Panamericana de Asociaciones de Montañismo y Escalada, que trataría temas relacionados a esas actividades, incluido un Congreso de Ecología de Ecosistemas de Montaña, y luego la ascensión al Volcán Barú, que con sus 3.475 metros es la mayor altura de Panamá.
La ciudad de Panamá, es la capital y mayor ciudad de esta república. Se extiende por varios kilómetros a lo largo de la bahía de Panamá, en la Costa del Pacífico. Luego de reunirnos los delegados del continente a las pocas horas de llegar a esta metrópoli, es inevitable destinar medio día para ir a visitar el famoso Canal, que en una longitud de aproximados 80 Km conecta el Mar Caribe (lado Atlántico) con el Océano Pacífico, en uno de los puntos más angostos de América Central. Esta obra de la ingeniería de inicios del siglo 20, fue inaugurada el 15 de Agosto de 1914. No dejan de impresionar, distribuidas en su largo, el sistema de 3 esclusas, de dos vías cada una, que elevan unos 26 metros a los barcos sobre el nivel del mar, para bajarlos nuevamente al otro lado del istmo. Desde el 31 de Diciembre de 1999 la República de Panamá asumió la responsabilidad total del canal.

A Panamá la atraviesan longitudinalmente de Oeste a Este dos sistemas montañosos que forman una región de colinas y valles cubiertos de espesa vegetación, y dan formación a numerosos ríos y arroyos que desembocan en los dos océanos. Mientras que en Argentina gozamos de 4 estaciones bien definidas, en esta parte del mundo existen prácticamente un invierno y un verano, y la gran diferencia parece ser solamente que en “verano” (Mayo a Noviembre) es la época de las lluvias (estación húmeda), no lloviendo consecuentemente en “invierno” (estación seca). El clima tropical húmedo provoca temperaturas que superan los 20° al amanecer y oscilan por los 35° al mediodía. Durante nuestra estadía - junio - a pesar de pasar mucho calor casi no se vio el sol panameño, que prácticamente estuvo tapado por nubes que dejaban caer lluvia en las horas de mayor temperatura.

El 23 de Junio, luego de almorzar, partimos desde la Capital, pasando el Puente de las Américas que une las costas del Canal que dan al Pacífico, e internándonos por la Carretera Interamericana, que conecta Panamá con el resto de Centroamérica, pasamos las localidades de Santa Clara, Río Hato, Pueblo Nuevo y Antón e ingresamos en la Provincia de Coclé hasta Penonomé. En el desvío, que desde Penonomé conduce hacia Sonadora, nos dirigimos hacia nuestro destino que sería el “hotel resort ecológico” Posada del Cerro de la Vieja, a unos 30 kilómetros de distancia. Pasamos pueblos como Churuquita y Caimito, donde en este último finalizó el pavimento y comenzó un difícil camino de tierra, que nos permitió llegar a la Posada. Este estupendo complejo turístico, ubicado en la posición 8°39´56,2N y 80°12´04,2O y a los 420 metros de altura sobre el nivel del mar, está rodeado de ríos y cascadas y cuenta también con un mirador de pájaros y mariposas, baños de lodo, y un curioso cerro en su cercanía, (Cerro de la Vieja) que le da el nombre. Nos alojamos en cómodas cabañas techadas a la usanza de las de los primitivos nativos de la región, perfectamente armados con hojas de palmera solapadas. Desde nuestras habitaciones podíamos observar que estábamos rodeados de una espesa selva que se perdía en un horizonte tachonado de montículos y desniveles también selváticos. En nuestros traslados hasta el centro de reuniones teníamos ocasión de ver alguna iguana verde, camaleones y variedad de insectos y pájaros de coloridos plumajes, todos ellos muy raros para muchos de nosotros.
La tarde del último día de nuestra estadía en el lugar, y preparándonos para la expedición al Volcán Barú, partimos a las 16,30 a ascender el cercano Cerro de la Vieja. Durante el trayecto primero descendimos a una depresión, en los 360 metros, sobre la que se erguía hacia el cielo nuboso, con un abrupto y verde desnivel de 140 metros, el Cerro de la Vieja. Luego subimos entre la selvática maleza por una estrechísima y barrosa huella que la hería y que continuamente desaparecía.

Cerro de la Vieja, en pleno ascenso

La pendiente era sumamente pronunciada por lo que había que agarrarse a lianas y ramas que se nos cruzaban en el camino, y muchas veces para ascender meter la bota entre hojarasca y raíces, con el consiguiente miedo de no tocar o pisar una serpiente, de las que sabíamos había numerosa existencia y variedad.



Cerro de la Posada de la Vieja


Por suerte el ascenso fue rápido. En 30 minutos estábamos en la cumbre, a los 500 metros de altura sobre el mar. La festejamos, a pesar de la tenue lluvia que había comenzado, disfrutando una total y verde vista del entorno que incluía los techos de las edificaciones de nuestra cercana posada. Pronto iniciamos el regreso, con el mismo cuidado que con el ascenso pero sin poder evitar resbalar varias veces por la humedad del inclinado suelo. Por suerte teníamos en todo momento donde asirnos.

Al día siguiente, algunos delegados partirían a la capital, para regresar a sus países, pero otros de Argentina, Brasil, España, El Salvador, Guatemala, México y Panamá, formando un grupo de montañistas abordaríamos, a las siete de la mañana, una “chiva” –especie de colectivo de dos largos asientos laterales y donde no se puede parar una persona- hasta Penonomé. Esta localidad debe su nombre, - nos explicó Ghunter, del Grupo de Actividades de Montaña de Panamá - a un indio llamado Nomé, que murió tristemente, tras perder a su amada en manos de un conquistador, quedando para los indígenas su alma en pena. Consecuentemente era la zona en que penó Nomé, y así trascendió hasta nuestros días la denominación del lugar. Desde allí empalmaríamos para continuar por la Carretera Panamericana, con rumbo a Costa Rica, hasta la ciudad de David.

A pesar de encontrarnos en la Carretera Panamericana no conseguíamos un micro de línea que tuviera las nueve plazas que necesitábamos. Debimos pactar en la terminal local, tras largas negociaciones, con el dueño de un pequeño micro que por 250 dólares nos trasladaría, incluido el retorno a Panamá, hasta la zona del volcán. Con el afán de no perder la oportunidad de concretar la expedición olvidamos considerar el tamaño del vehículo. Lo comprendimos en las horas de viaje al no poder estirar las piernas. Salimos por fin y tras una hora paramos en Santiago para almorzar. Continuando luego hasta David, la Capital de la provincia de Chiriquí, cerca ya de Costa Rica. Llegamos al límite de la ciudad y comenzamos un desvío en sentido Norte, pasando por Los Algarrobos, Dolega y finalmente, tras contemplar al fondo del horizonte la imponencia del Barú enmarcado en nubes, a Boquete. Allí pernoctaríamos en el Estadio “Los Naranjos”, centro deportivo que es orgullo de este pueblo. Desde la salida de Penonomé habíamos demorado casi 5 horas y nos sentíamos como sardinas en lata.

Boquete es un lugar de los llamados “cargados de energía”. Se encuentra a los 1.085 metros de altura del mar, lo que le da características especiales. Goza de un clima fresco y agradable. Abundan los jardines con multicolores flores. A mi criterio, y disculpándome por la rápida comparación, una “pequeña Suiza Centroamericana”. Sus casas con mezcla arquitectónica que pretende ser uniforme y sus calles con desnivel, se mimetizan con gracia dentro de un verde y nuboso entorno rodeado por ríos y arroyos, que tutela a su fondo el inactivo Volcán Barú. Hay mucho turismo y se denota movimiento en nuevos y modernos negocios, que se mezclan con los tradicionales del pueblo. Boquete es también un centro - el cuarto en importancia del planeta - al que acuden muchos jubilados pudientes del primer mundo a vivir tranquila y apaciblemente sus años de retiro.
Acomodamos las mochilas en nuestro alojamiento y volvimos al pueblo para tomar un chocolate caliente en “La Casona Mexicana”, que resultó más que especial ya que lo saboreamos mientras por la ventana veíamos caer una tenue y agradable llovizna. Luego a enviar unos correos electrónicos, comprar una radio portátil (el representante de la Federación de Brasil quería escuchar el partido que al día siguiente tendría su país con Alemania por el Mundial de Fútbol), recorrer la plaza y calles principales, y regresar para acostarnos bien temprano ya que el plan de ascenso al Barú requería comenzar la subida a la una de la madrugada, para evitar en lo posible el calor agotador y poder regresar al día siguiente a la noche a Panamá capital.

Nos habíamos acomodado en un sector del estadio deportivo, dedicado a hospedar delegaciones, que se encuentra separado de la pista de juego por un pequeño pasillo, techado por las tribunas. A las 10 estábamos tendidos en nuestras literas cuando sorpresivamente comenzó un partido de Basquet que originaba gritos, sonidos de bombos y estridentes pitidos que no nos permitió descansar prácticamente nada. Coincidió el final del evento deportivo con nuestros preparativos para salir. El agotador viaje, unido al pésimo descanso no nos hacía sentir con ganas de ascender ninguna montaña.
Pasada la una de la madrugada subimos con el vehículo hacia la zona del Volcán. A las 1,30 horas éste nos dejó a los 1.670 metros de altura puesto que no había ya condiciones de camino para un vehículo normal. Bajo la tenue luz de una luna en cuarto menguante y rodeados por todos lados de sombras, cargamos nuestras mochilas pequeñas a la espalda y en grupo cerrado comenzamos a subir. Doscientos metros más arriba se encontraba el acceso al Parque y un cartel que oscuramente rezaba “ Volcán Barú 13 Km” Entre bostezos, y algún que otro incontrolado cierre de ojos por el sueño comenzaban las primeras horas de nuestra pesada subida. A las dos y media de la mañana superamos la cota de los 2.000 metros, a las cuatro la de los 2.500, faltando aún 7, 5 Km de camino hasta la cumbre.
Las linternas frontales iluminaban la serpenteante senda tachonada de grandes piedras y largos pozos producidos por socavones de torrentes al bajar de altura, por lo que debíamos tener mucho cuidado en no tropezar o caer. A las cinco y media de la madrugada estábamos en los 3.000 metros, con aún 4,5 kilómetros por delante y ya vislumbrábamos árboles y espesura a nuestro derredor. A las seis y media pasamos los 3.200 metros, y nuestros ojos podrían apreciar la vegetación del bosque tropical húmedo que comenzaba a tener menor altura. A la cumbre aún restaba un kilómetro y medio. Recién a las siete y cuarto de la mañana coronamos el sector de pre-cumbre de este inactivo volcán en que se encuentran las antenas de los principales canales y radios de Panamá. La altura 3.451 metros. Una tenue lluvia y un helado viento no impidieron que acurrucados buscásemos en las mochilas todo alimento posible. Había que desayunar para calmar el agotamiento y el cansancio. Olavo estaba prendido de la radio escuchando entusiasmado como Brasil ganaba el mundial de fútbol. Todos lo felicitamos casi como si él hubiera jugado también.
Ya con algo en el estómago nos dirigimos en medio de la llovizna hacia la verdadera cumbre, unos cien metros más adelante. Superamos dos promontorios rocosos y pronto nos encontramos en la gran cruz que indica la cumbre. La altura 3.475 metros y la posición 8°48´551N y 82°32´555º.



Cumbre del Volcán Barú


Pero notábamos que no nos faltaba el aire. En nuestras montañas a los casi 3.500 metros de altura se manifiesta ya el apunamiento, especialmente cuando han sido alcanzados con mucha rapidez. Aquí no nos sucedía, pero el frío que producía el viento cargado de humedad y que fluía de un océano a otro, nos hacía enrojecer los dedos de las manos y convertir en torpe nuestro trabajo con ellas. Habíamos pasado de un sofocante calor a un insospechado e insoportable frío. No podríamos quedarnos mucho tiempo mirando el paisaje. Desde esta cumbre se contemplan perfectamente los dos océanos, el Atlántico y el Pacífico. Pero la danza de nubes del norte nos impidió ver el Atlántico y sólo nos permitió como una brumosa aunque azul línea en la distancia, ver el Pacífico. Sacamos las fotos de rigor y a las ocho de la mañana comenzamos el regreso hacia el punto de partida, donde nos recogería a las 12 horas el micrito. Demoramos cuatro largas y cansadoras horas en bajar que no nos impidió contemplar con admiración la abundante vegetación de esta montaña, y a la distancia al pueblo de Boquete que se estiraba elegantemente, unos mil metros más abajo, por todo un verde valle techado parcialmente por movedizas nubes.
El guardaparque al vernos llegar no dejó de regañarnos por subir de noche y de hablarnos sobre los peligros que eso involucraba tanto al poder perdernos como por los reptiles, jaguares y pumas que habitan la selva de esa zona. Nos entendió cuando le explicamos que avanzamos en grupo, siguiendo la senda y controlando la marcha por los puntos que tomábamos de GPS y los que teníamos almacenados previamente del trayecto, incluida la cumbre. Más luego, entrados en confianza nos explicó un poco la historia de este Parque Nacional, creado en 1976 y que tiene una superficie de aproximadamente 14.300 hectáreas donde en los meses de abril y mayo puede observarse el Quetzal, bellísima y rara ave de muy larga cola, que habita en Centroamérica.
Regresando, la plena luz del día nos permitió ver sembradíos de cebollas cultivados por indígenas de raza pura, que habitan esta zona de la ladera del volcán y cuyas mujeres aún visten sus batas (naguas) y atuendos tradicionales. Pronto llegamos a la camioneta que ya nos estaba esperando, y tras regresar el camino, rodeado de plantaciones de cafetales, volvimos a Boquete. Pasadas las 12,30 iniciamos el retorno de los aproximados 460 kilómetros que nos separaban de Panamá capital. Tras más de 6 horas de viaje llegamos. Algunos de nosotros debíamos esa noche tomar aviones de regreso. Fueron horas agotadoras, pero el esfuerzo mereció la pena, habíamos coronado el mayor atalaya de Panamá, y contemplamos una vista que habría envidiado Balboa, el descubridor del Océano Pacífico.




Altitud:
3.475 m sobre el nivel del mar.
Es la 1° cumbre de la República de Panamá.

Ubicación:
Se encuentra en la provincia de Chiriquí, a unas 6 horas de auto de Panamá (475 km.), cerca de la frontera con Costa Rica, en la posición 8°48´551Norte y 82°32´555Oeste.

Dificultad:
Técnicamente fácil. Ascenso en medio selvático, muy distinto al que estamos acostumbrados en nuestras latitudes por lo que se recomienda hacerlo con gente que lo haya subido previamente. Su ascenso se concreta entre las 4 y 6 horas a partir del ingreso al Parque. El descenso demora unas 4 horas hasta la cabaña del Guardaparque.

Equipo:
Se hace en el día. Botas altas de trekking. Abrigo de media Montaña. Equipo rompevientos.
Mochila con alimentos y 2 litros de agua. Un bastón o vara.

Acceso:
Desde la Capital de Panamá, por la Carretera Panamericana se llega hasta David, 8°26´683N y 82°25´758O. Hay servicios de colectivos desde Panamá que paran en David. En esta ciudad se abandona la Carretera Panamericana hacia en Norte, llegando a Boquete donde se puede en taxi – cuesta ida unos U$S 5 y conviene pactar el retorno – llegar muy cerca del control del Parque Nacional Volcán Barú.. Al ingresar al parque debe abonarse un canon de ingreso de U$S 3 para los extranjeros. Por demás detalles de acceso e itinerario ver relato.

Alojamientos:
Se puede conseguir en David, capital de provincia que tiene un aeropuerto internacional y más próximo al Volcán, en Boquete, donde se sugiere pernoctar.

Jaime Suárez

Pico BOLIVAR


Pico Simón Bolívar, 5.007 m

la Montaña más alta de Venezuela

Habíamos llegado al aeropuerto de Caracas, tras una breve escala en Lima y un plácido y sereno vuelo. Dedicamos un día para recorrer a esta importante capital y luego continuamos hacia Mérida que se encuentra a unos 700 kilómetros de distancia y a una hora de avión.
Conjuntamente con el Teniente Coronel José H. Hernández, como integrantes de la UPAME y representando a la Federación de Andinismo y Escalada nos dirigíamos a la Asamblea que realizaba nuestra Institución en esa ciudad con miembros de la Unión Internacional de Asociaciones de Alpinismo, de la Federación Francesa y la Federación Española de Montañismo y Escalada.


Montañistas de América, España y Francia en la reunión UPAME

Habían surgido importantes temas inherentes a la participación del deporte de escalada competitiva en las olimpíadas del 2006 y de otras actividades, incluida la ecología de montaña, que debían ser tratados.
Mérida, la denominada ciudad de los caballeros, la estudiantil y turística, la bella y andina, es una preciosa ciudad venezolana mezcla de pasado colonial y presente cosmopolita , rodeada de verdes y boscosas montañas, que discurre estirada en una meseta rodeada por 4 ríos, dentro de un largo valle cordillerano por sobre los 1.600 metros de altura, y que deja un recuerdo inolvidable en el viajero que la visita y descubre.
En su casco central se encuentran viejas mansiones coloniales, algunas convertidas en museos, organismos y hasta centros comerciales.
Desde esta ciudad observábamos al pico Bolívar, que tutela desde la distancia. Pronto nos enteramos que ascenderlo es la meta de todo andinista que escuchó hablar de él y que por su dificultad constituye una verdadera aventura.
Pasaron rápido los días de reuniones y pronto pudimos coordinar con nuestros amigos venezolanos para ascender durante el fin de semana al Simón Bolívar, que con sus 5.007 metros de altura, y siempre cubierta de nieve, es la montaña más alta de Venezuela. Se encuentra cercano a Mérida y rodeado de otras dos cumbres de importancia como el Humboldt y el Bompland, en la posición N8°22´y O71°3´, dentro de la denominada Sierra Nevada que es la cadena montañosa más alta de la parte norte de Sudamérica, por arriba de Ecuador.
Se integró la expedición con representantes de Chile, España y Francia, debiendo para la aproximación utilizar un teleférico.
jaime suárez


Teleférico de Mérida

Los merideños se ufanan te tener el teleférico más alto y largo del mundo. Fue construido en 1957 y tiene un recorrido de 12, 5 km. a través de una importante y gran extensión del Parque Nacional Sierra Nevada, uniendo, tras 3 estaciones más, a los 2.442, 3.452 y 4.045 metros, a la ciudad de Mérida con el Pico Espejo a los 4.765 m, final del recorrido.
Desde el teleférico se observan pueblos, paisajes y bellísimas y verdes montañas con sol tropical.

Decidimos bajar en la penúltima estación, Loma Rendonda, a los 4.045 metros de altura, y rodeados de una nube, para desde allí ascender caminando y poder lograr aclimatación hasta la cumbre del Pico Espejo, unos 720 metros más arriba, donde pasaríamos la noche.
Luego de unas tres horas de penosa marcha entre lluvia y ventisca, donde utilizamos nuestros bastones y piquetas, superamos ese desnivel y llegamos al que sería nuestro campamento base, la última estación del teleférico que nos serviría de refugio.
Una vez instalados no dejó de sorprendernos observar, a unos 30 metros de distancia, una gran e imponente imagen de la Virgen de las Nieves,



Virgen de las Nieves - Pico Bolivar, Mérida -

...esculpida en mármol blanco, sobresaliendo sobre una preciosa base de blancas y algodonadas nubes y con un fondo de bellísimas montañas entre las que resaltaba el monte Bompland.
Infructuosamente tratamos de obtener una foto completa del Bolívar, las movedizas nubes lo impedían, y el clima no parecía querer cambiar a esa altura.
Luego de contemplar el inusual entorno que nos rodeaba y debido al frío del atardecer, procedimos a acomodarnos sobre el piso de madera del refugio y momentos más tarde, tras una rápida cena, nos refugiamos en el calor de nuestras bolsas de dormir.
A la mañana siguiente, a las siete, iniciamos el ascenso de los 240 metros que nos separaban de la cumbre.
Durante el ascenso al Bolívar

La diferencia de altura era poca, pero unida la dificultad técnica a las ráfagas de nubes que obstaculizaban la visión y a finas e intermitentes nevadas,

...recién pudimos coronar la cumbre a las doce horas, lo que nos dio un promedio de ascenso de 50 metros por hora.
En ningún momento pudimos tomar noción del tiempo ya que la escalada requirió toda nuestra atención. Había instantes en que debíamos clavar con mucho cuidado nuestros grampones y piquetas en cornisas tapizadas con hielo, mientras que en otros controlar la seguridad de un compañero que se adelantaba buscando mejor y más segura ruta de ascenso. Otras veces esperar parados en algún punto difícil hasta que tocase el turno, mientras el frío viento nos sacudía. Pero poco a poco íbamos subiendo y por fin pudimos llegar. Al hacerlo más de un suspiro de alivio se pudo escuchar.
La cumbre era imponente por constituir una afilada cuchilla en la que apenas pueden acomodarse, y no sin peligro, dos o tres personas. Un busto de Simón bolívar en la parte culminante de la cima, colocado en 1951, dificultaba aún más permanecer en ella.


Cumbre Bolívar, con el busto del Libertador

Nos apartábamos para facilitar el acceso de los demás andinistas y más tarde nos acomodamos en una nevada cornisa para un frugal almuerzo, pero recordando cómo se pegaban nuestros guantes a la roca por el frío.


Joan Garrigós y Jordi Pons


José H. Hernandez y Jaime


Cuatro rapeles nos pusieron rápidamente a una altura cercana a la de nuestro refugio base y lejos de la molesta tormenta.

Descenso del Bolívar

Un regreso lento a partir de ahí que finalizó a las 18 horas, y una vez llegados al punto de partida de ese día acomodamos con velocidad nuestro equipo y elementos ya que deberíamos aprovechar el último teleférico, en que bajaban los operadores de la estación, que estaba a punto de partir. Queríamos regresar a Mérida.
Mientras descendíamos, descansando nuestro agotamiento en los cómodos asientos, admiramos la belleza del paisaje que no demostraba en absoluto el otro clima que se desarrollaba en la altura.
Había sido un motivo de satisfacción compartir esta experiencia con otros escaladores por lo que festejamos la cumbre con cerveza y una suculenta cena de truchas asadas a la plancha - que se obtienen en los ríos y lagunas de Sierra Nevada - y que tan bien preparan los merideños, lamentando tener que partir de esta ciudad inolvidable.

Jaime Suárez

El Pico Bolívar, 5.007 metros, la montaña más alta de Venezuela, era llamada “Makumbari”(sitio donde se posa y duerme el sol) por los nativos de esa tierra, pertenecientes a la Gran Nación Maku, quienes al ver el resplandor de sus flancos nevados en horas nocturnas, la consideraban sagrada.
Tras varias denominaciones posteriores, su propuso en 1.925 el actual nombre en homenaje al Libertador para considerar el centenario de su muerte.

ANETO - Techo de los Pirineos -












ASCENSO AL ANETO


por Jaime Suárez

El Aneto, con sus 3.404 metros de altura sobre el nivel del mar, es la más alta cumbre de los Pirineos, sistema montañoso que separa España y Francia. Se encuentra en los Pirineos Centrales, en el Valle de Benasque, Aragón, dentro de uno de los más representativos ecosistemas de la alta montaña de Europa. Lo rodean los más extensos glaciares y el mayor número de cumbres que superan los 3.000 metros de altitud de esa cordillera.

El marco natural en que se integra el Aneto ofrece una amplia variedad de deportes de montaña que van desde el esquí, la escalada, el ascenso, la caminata, el descenso de barrancos, el maratón y algunas más que lo convierten en la meca del Pirineísmo y una de las zonas más frecuentadas de la montaña española.

Pero la gran cantidad de visitantes que soportaba este lugar, unido a acampadas incontroladas, abandonos de basura, proyección de obras como: nuevas centrales, líneas de alta tensión, pasos de frontera, etc., obligó a que fuera necesario proteger esta área de montaña por parte de las Cortes Aragonesas. Surgió así el Parque Posets-Maladeta en el año 1994, con la finalidad de salvaguardar los valores naturales, fauna, flora, formaciones geomorfológicas y para poder potenciar y conservar sus ecosistemas garantizando el uso racional de los recursos naturales. Este parque posee una superficie de 33.267 Has. comprendidas entre los 1.500 y los 3.400 metros de altura.

Habíamos partido hacia Benasque desde Barcelona, miembros de la UPAME (Unión Panamericana de Montañismo y Escalada) representando a Argentina, Brasil, Chile, Ecuador, Guatemala, México, Perú, con representantes franceses de la UIAA y las autoridades de la Federación Española de Montañismo y Escalada. Desarrollaríamos allí la primera reunión de nuestra institución que se hacía fuera del continente americano y el 5° Congreso Internacional de Ecología de ecosistemas de montaña, y como broche, no podía faltar, un ascenso al Aneto.
Los aproximados 300 Km. que recorrimos, partiendo desde los 5 metros sobre el nivel del mar en Barcelona hasta los 1.135 metros del Valle de Benasque, pasaron rápidamente mientras contemplábamos los sembradíos y paisajes de la campiña catalana y luego el ingreso a los verdes valles de la zona de montaña. Tras unas 4 horas de agradable viaje llegamos.
Nos alojamos en el imponente y moderno edificio de fachadas de piedra y 4 plantas donde funciona la Escuela Española de Alta Montaña de la Federación Española, que incluye en un edificio aparte, también de piedra y grandes cristales, un “rocódromo” para la práctica de la escalada.
Nos sorprendió contemplar en plena montaña una construcción de tal categoría, como también el manejo gerencial de capacitación y recursos. Sería interesante capitalizar experiencias.
Transcurrieron muy pronto los días de reuniones, unidos a las degustaciones gastronómicas, el recorrido por la villa de Benasque moderna y la parte antigua medieval, y las visitas de observación y compra a una muy importante tienda de artículos de montaña.
No dejábamos de admirar que al extendérsenos una factura, en su parte inferior leyéramos el parte meteorológico para las próximas 48 horas: “Tiempo nuboso y “variable para el sábado, con menos sol del previsto en los días pasados. Vientos del “noroeste-oeste moderados, temperaturas de 4 grados de mínima y 19 grados de “máxima, isoterma cero grados a 2.300 metros. Para el domingo día 23 despejado con “sol, temperaturas entre 5 y 23 grados, con vientos del noroeste-sur flojos y la “isoterma cero grados a 2.500 metros”. Era una excelente ayuda para el visitante.

Estaba por comenzar el verano en el hemisferio norte, y el invierno en Argentina, pero por la inestabilidad que presentó el clima, no dejaba de interesarnos que podía suceder el día 28 de Mayo en que saldríamos hacia la montaña. Esa noche llovió copiosamente y el parte meteorológico no era favorable.
Abandonamos nuestro cómodo albergue de la Escuela de Alta Montaña a las 17,30 horas, en vehículos, hacia La Basurta, por un camino asfaltado hasta el ingreso a los Llanos del Hospital a los 1.758 metros y desde allí por un camino consolidado, que en invierno se usa como tránsito de esquí de marcha, hasta nuestra primera etapa a los 1.900 metros de altura. Arribamos tras unos 17 kilómetros de marcha. En La Basurta, en un lugar especialmente dedicado a aparcamiento, quedarían las camionetas esperándonos.
Enfundados en nuestra ropa de montaña, incluidas piqueta, mochila (donde iban nuestros grampones, lentes, comida de marcha para el día siguiente, parka de abrigo, medias de recambio y cantimplora) y colocadas nuestras botas de altura, comenzamos a ascender una huella serpeante, que rodeaba pequeños bosques y algunas mortecinas glaciaciones que luchaban en esta altura contra el fin de la primavera. Los 250 metros de desnivel que existen hasta el refugio de La Renclusa, nuestro destino del día y donde pasaríamos la noche, fueron superados tras unos 40 minutos de caminata.
Este refugio de piedra que cuenta con todos los servicios, se encuentra en proceso de refacciones que incluyen su ampliación y modernización. Los precios son sumamente accesibles. Había mucho movimiento de alpinistas y esquiadores lo que unido a la obra en realización nos hace sugerir a todo potencial montañista que realice las averiguaciones necesarias en la Villa de Benasque para asegurarse alojamiento. Pero siempre es conveniente acceder, por más experiencia que se tenga, con alguna persona experimentada o contratar el servicio de un guía, para disfrutar de la empresa, y minimizar al máximo la posibilidad de accidentes.
Tuvimos que dejar nuestras botas a la entrada del refugio y colocarnos unas chancletas para transitar por su interior. Nos instalamos en un dormitorio del primer piso de cómodas literas, para seis personas, con colchones, y pronto fuimos convocados a la cena que resultó más que suculenta. Había que despertarse a las 4 y media de la mañana para aprovechar la nieve lo más dura posible y evitar que nos enterrásemos al ascender, ya que eso aparte de demorarnos consumiría nuestras energías. Entre bromas y chistes empezamos a conciliar el sueño aproximadamente a las 22 horas. A la hora señalada varios y consecutivos pitidos de relojes anunciaron que había que levantarse. Nos vestimos y tras un buen desayuno, digno del mejor hotel, partimos a las seis menos cuarto de la mañana.
Fue necesario en los primeros minutos y a pesar de la blancura de la nieve, utilizar linternas frontales. Tras dos horas de marcha por una fuerte pendiente accedimos al Portillón superior que se encuentra a los 2.870 metros, allí un breve descanso nos posibilitó colocar los grampones en nuestras botas. Desde allí debimos bajar una pronunciada aunque corta pendiente para introducirnos en el glaciar del Aneto.
Podíamos ya apreciar el sector de cumbre del Aneto. Continuamos hacia el Collado de Coronas, 3.190 metros, perfilando el glaciar del Aneto y pisando una nieve que soportaba bien nuestro peso. El grupo que había salido compacto y unido, se había ido separando por el esfuerzo y al amoldarse cada uno a su mejor paso. Era muy agradable después de haber estado varios días mirando las montañas desde el valle, poder caminar entre medio de ellas. La diferencia del paisaje y de altura con nuestras montañas en el sur, hacía más cómodo el ascenso. Llegamos casi una hora y media después.
La vista era impresionante, un ascendente e inclinado glaciar permitía coronar al Aneto en un desnivel de poco más de 200 metros. Hicimos un breve descanso y aprovechamos también para dirigir una mirada a todo nuestro alrededor y contemplar las cumbres que nos rodeaban. Pero debíamos continuar, ya la nieve no era tan dura, a pesar de la altura.
Unos cincuenta minutos después nos abrazábamos en la precumbre del Aneto a los casi 3.400 metros de altura. Un fino viento nos recibió.
jaime suárez
Aneto, ¡casi en la cumbre!


Aún faltaba superar el llamado puente de Mahoma, filo formado por una brecha de piedras de unos 80 centímetros de ancho por 30 metros de largo, pero con profundos precipicios a ambos costados, que permite acceder a la cumbre real. Aquí el peligro es el vértigo ya que las manos y los pies encuentran siempre donde aferrarse. Permite el paso de personas en un sentido, aunque hay que detenerse en algunos puntos para dejar pasar a algún impetuoso que igual quiere cruzársenos, o tener paciencia esperando turno con algún cuidadoso en extremo que demora el paso de los demás.
Con sumo cuidado y luego de dejar la piqueta y los grampones en la precumbre, para trabajar con mas seguridad, lo superamos. Por fin pudimos abrazarnos en la cumbre final del Aneto. Eran las diez y veinte de la mañana, habíamos demorado poco más de cuatro horas y media desde la salida del refugio. Nuevamente miradas hacia atrás buscando encontrar algún paisaje o punto familiar en medio de tantas montañas tratando de armar en nuestra mente el recorrido transitado. Comenzamos a sacar las consabidas fotos de cumbre para recordar el momento. Nos encontrábamos al lado de un monolito con una pequeña imagen de la Virgen del Pilar, idéntica a la que se halla en Zaragoza y sobresalía en la nieve un bloque metálico. Era la mejor prueba de haber arribado a la altura máxima de los Pirineos.
La visión era perfecta a pesar de los grandes y amenazantes nubarrones que cubrían el cielo en altura.
Luego de las salutaciones y felicitaciones recíprocas procedimos al descenso. No fue fácil. La nieve había comenzado a ablandarse y nos enterrábamos paso a paso. Pasaron tres largas horas antes de llegar a La Renclusa, a partir de allí fue mucho más fácil, en 30 minutos más estabamos en La Basurta. Accedimos a los vehículos y retornamos a la Escuela de Alta Montaña para un merecido aunque tardío almuerzo.
Posteriormente nos enteramos de que la reproducción de la Virgen del Pilar fue colocada en la década del 50 y también una gran cruz metálica que fue tirada hacía poco tiempo por una tormenta y se hallaba enterrada en la nieve sobresaliendo sólo una pequeña parte, que era la que habíamos apreciado.Merece la pena al viajero que ame la montaña y viaje a España, el llegar hasta este bello lugar de los Pirineos.



Aneto, cumbre

Jaime Suárez



INCA HUASI

Inca Huasi, Catamarca, Argentina


INCA HUASI


( CASA DEL INCA)

Inca Huasi


6.638 m.s.n.m.
Integrantes:
Jaime Suárez (C.A.M. - U.P.A.M.E. - FRAE)
Mirta Sarmiento (C.A.M.)
Alejandro Gimenez ( JANAJMAN- FRAE)
Fecha inicio: 6 de Marzo de 1997.
Fecha finalización: 13 de Marzo de 1997.
Fecha de cumbre: 11 de Marzo de 1997.
Ruta: Noroeste, vertiente argentino-chilena




Objetivo INCA HUASI...

El Volcán INCAHUASI que alcanza una altura de 6.638 metros, es límite internacional entre Argentina y Chile, precisamente entre las provincias de Catamarca y Atacama respectivamente.
Su ubicación es 68°18’ W y 27°02’S. Y si bien su cumbre es punto limítrofe, se encuentra gran parte del mismo en territorio argentino, accediéndose a él por una senda consolidada y de buen acceso para vehículos de doble tracción, de 19 kilómetros que separan su falta del destacamento de Gendarmería Nacional de las Grutas, que controla el Paso San Francisco, llamado así por su proximidad con esta montaña del mismo nombre, que también es punto limítrofe.
En orden de importancia por su altura, el volcán INCAHUASI es la cumbre N° 10 de América, luego del Aconcagua, Pissis, Ojos del Salado, Mercedario, Huascarán, Bonete, Tres Cruces, Llullaillaco, y Nacimiento. Y tiene como una de sus más destacadas características, el haber sido ascendido con anterioridad a la conquista de américa, y así lo prueba la construcción de una pirca que a escasos 15 metros de la cumbre central se encuentra a pesar de los siglos transcurridos, como mudo testimonio de una importante actividad inca de comunicación y control.

En su entorno se encuentran montañas como San Francisco, Mulas Muertas, Ojos del Salado, El Muerto , Tres Cruces y Nacimiento. Todos ellos un verdadero desafío para andinistas avezados y deseosos de grandes alturas.

Como broche culminante para una importante temporada, en la que entre otras cumbres algunos de nosotros habíamos ascendido el Bonete con sus 6.759 m., no pudimos resistir la tentación de volver al norte de nuestro país.
Así partimos de Mendoza Jaime Suárez y Mirta Sarmiento, ambos del Club Andinista Mendoza, el día Jueves 6 de Marzo de 1997, encontrándonos unos 600 km. hacia el Norte, en la Rioja con el andinista Alejandro Gimenez, presidente del Club Janajman de Salta, quién había bajado desde su provincia a los efectos de reunirse con nosotros y emprender la expedición.
Unas horas más, y ya los tres, luego de pasar por Tinogasta y Fiambalá (donde nos registramos ante Gendarmería Nacional), accedimos al valle de Chaschuil, donde en Pastos Largos, en un refugio de pescadores al lado del río Guanchín y con un medidor del vehículo que registraba 950 Km. desde Mendoza, procedimos a pernoctar.
Desde Pastos Largos también se accede al ingreso al Pissis, debiendo introducirse en la cordillera siguiendo un sendero que se separa hacia el oeste, y luego de un pequeño refugio al pie del cerro Las Coipas, que se aprecia desde el camino con un poco de atención, continuar unos 80 km.

Nuestro destino era en esta oportunidad hacia el norte, por lo que luego del reparador descanso, y el aprovisionamiento de buena agua del Río Guanchín, que está a escasos 50 metros del refugio, en dos bidones de 25 litros y cuatro de 5 litros cada uno, continuamos a primera hora del día 7 de Marzo nuestro tránsito hacia el objetivo.
Es fundamental para cualquier expedición que intente esta montaña y las que la rodean, proveerse de una buena cantidad de excelente agua. Se deberá preveer y planificar los consumos de aclimatación, campamento base y campamentos de altura, inclusive prorrateando con fino detalle las cantidades y el uso de este elemental líquido, dejando si es posible cantidades lógicas para los regresos en los diferentes campamentos.
Cercano al mediodía, y antes que nuestro camino torciera hacia el Oeste en casi línea recta hacia el San Francisco y su paso, pudimos observar desde nuestro vehículo, hacia el Oeste del camino, la nívea y orgullosa presencia de esta imponente montaña, cuya blancura presumía sobre todo el entorno. No pudimos menos que tragar saliva. Las fuertes tormentas que durante la semana había sacudido la zona y sus restos de nevadas, lo hacían mas grande a nuestra vista.
Al filo de las 12 entramos en el puesto de Gendarmería Nacional de Las Grutas. Luego del protocolo de los saludos, nos ubicamos en uno de los bunker de la Dirección de Vialidad de Catamarca, que tan gentilmente nos ofrecieron sus dos operarios temporales en la zona. Habíamos recorrido unos 100 kilómetros desde Pastos Largos, por un muy buen y mantenido camino, apto inclusive para turistas que vayan al vecino país.
El Sábado 8, en proceso de aclimatación, procedimos a trasladar equipo, carpas y provisión de comida y agua en nuestro cuatro x cuatro, por sobre los 19 kilómetros de distancia y los 300 metros de desnivel que nos separaban hasta la falda del volcán.
Luego de rodear perímetro de la laguna Las Grutas, observar vicuñas, flamencos y algunos burros salvajes, accedimos al destino de ése día, los 4.300 metros de altura. Armamos una carpa y metimos nuestro equipo adentro, protegiendo el agua para evitar su congelamiento.
Volvimos a nuestro bunquer y luego de una comunicación de radio con Mendoza, nos dedicamos a descansar.
No es posible indicar con palabras ni dibujar de forma alguna el efecto de la Puna en cada individuo. Está presente en todo momento y en todas las personas. En algunas más y en otras menos, pero acostumbrarse toma su tiempo, el que depende de cada organismo. Toda la mayor aclimatación que se haga es conveniente y nunca hay que subestimarla.

Hacia la Cumbre...
El Domingo 9, a las 8 horas partimos conduciendo nuestro vehículo por un gendarme que tuvo la gentileza de hacercarnos un poco más alla de la mitad del camino, donde nos dejó, ligeros de equipaje, y procedió a regresar a las Grutas, donde estacionaría al vehículo protegiéndolo de los fuertes fríos del amanecer. No está demás recalcar que se necesita colocar anticongelante en el radiador, al punto extremo y si se utiliza diesel, también anticongelante especial o kerosene.
En poco tiempo llegamos a los 4.300 metros de altura, donde estaba la carpa y procedimos a armar nuestras mochilas con los elementos que necesitabamos para la ascensión, incluídos los grampones y agua abundante.
Pasadas las 14 horas, y a los 4.750 metros de altura armamos nuestro Campamento 1. Usaríamos una sola carpa para los tres, y habíamos dejado la otra armada a los 4.300 metros con comida y agua por cualquier emergencia y necesidad de evacuación desde altura.
Pronto nos metimos en nuestras bolsas y se hizo interminable la tarde y la noche. Las comunicaciones que por radio teníamos a las 12 y a las l9 horas con Gendarmería Nacional aliviaban el tedio y nos daban contacto, ya que resaltaba una blanca soledad a nuestro alrededor.
El uso responsable de la radio se ha convertido en un elemento fundamental para cualquier expedición. Es ya imprescindible en todo curso de andinismo la participación de un profesor de Radio Club que asesore a los andinistas. Está más que demostrado que se salvan vidas gracias a este importante medio de comunicación.
A la mañana siguiente, y luego de esperar que saliera el sol, para evitar movernos con el frío manto del amanecer, tras un humeante y caliente desayuno, y luego de haber desarmado nuestra carpa, partimos ese Lunes 10 de Marzo hacia el campamento dos.
La pendiente era abrupta, y en ningún lugar se podían apreciar señales o antecedentes de otras expediciones. Recién a la vuelta y por la ya larga experiencia en estas montañas, pudimos dibujar en nuestros pensamientos y proyectar en la montaña, el camino lógico que hacían los Incas.
Cerca de las 18 horas, y luego de atravesar un inclinado, nevado y ancho acarreo de piedra pómez y granulado volcánico, que se desarmaba ante nuestras pisadas proyectándonos hacia el valle, accedimos a una cresta rocosa nevada en cuya base debimos tallar el piso que ocuparía nuestra carpa durante más de una hora. Estabamos a los 5.650 metros de altura y ahí pusimos nuestro Campamento 2.
Al salir teníamos que tener cuidado de no derrapar para el valle, muchos metros abajo. Tal era la inclinación y la forma en que se desacía el acarreo no consolidado.
La comunicación por radio de las 19 horas nos volvio a dar sensación de compañía entre los ruidos de cambiantes ráfagas de fuerte viento. Luego, una planificada señal de luces de linterna con el grupo de Gendarmería, en el fondo del valle, a las 21 horas, donde nosotros sí vimos su titilar lumínico, pero no ellos el nuestro, a pesar que nos separaban unos 26 kilómetros, y después escuchando nuestros equipos walkman nos pusimos a dormir. El día siguiente sería, Dios mediante, de cumbre.
Despertamos a las 6 de la mañana, pero nadie se animaba a iniciar la punta. Decidimos salir a las 8 horas, para evitar pasar frío. Había que superar casi 1.000 metros de desnivel hasta la cumbre pero estábamos bien a pesar de haber dormido y despertado muchas veces durante la noche, con ésos molestos y pesados sueños que brinda la altura.
Salimos a las 8,15 horas, y paso a paso, en una interminable maraña de precumbres y alturas, algunas de larga transición, y luego de encaramar en la parte final el fino sendero inca, determinado por contraste al destacarse por carencias parciales de nieve, y maldiciendo por no haberlo determinado antes, llegamos a las 14,36 horas del Martes 11 de Marzo de 1997 a la cumbre.
Es la parte más alta de un irregular y muy difícil de detectar borde de cráter volcánico. El costado interno del mismo, baja en un corte directo y profundo de casi 90 grados desde la cumbre. Es imposible determinarlo desde otro lugar que no sea la cumbre labio del cráter volcánico.
Allí estábamos. Eufóricos y emborrachados de las imágenes que se nos brindaban, queriendo fotografiar todo en nuestra mente y festejando el esfuerzo tremendo de haber llegado.


Inca Huasi, en la cumbre


El viento nos había acompañado muy fuerte el día anterior y de a ratos en este día de cumbre, pero ahora no estaba y aprovechamos. Estabamos seguros de haber ascendido algunos sectores de la vertiente argentina y chilena. Hacían unos 2 grados bajo cero de temperatura y el esfuerzo de 6 horas y media de trabajo ya no lo sentíamos.
Alejandro había encontrado con la mirada la pirca inca que unos 15 metros mas abajo y hacia el este se fundía contra un borde rocoso del cráter. Las nevadas de días atrás la hacían inexpugnable, ya que la nieve se encontraba convertida en hielo y era imposible mover o cambiar piedra alguna, si se hubiera intentado. Nos limitamos a filmarla y fotografiarla, pensando en que 500 años atrás desde ese atalaya se habrá observado todo el movimiento del entorno de la Laguna Verde, la Laguna Las Grutas y el valle de Chaschuil, y tal vez, como lo prueba un tronco quemado que se encontró años atrás se habrán emitido señales o trasmitido las recibidas desde otras montañas, cosas de las que doy fe por haber encontrado restos similares en otras a las que hemos ascendido.
Cualquier expedición posterior que se haga, sería conveniente canalizarla desde la base de la Laguna y tratando de encontrar el ascenso de los incas, ya que así, al igual que en el LLullaillaco y el Mercedario -entre otros- deberían aparecer dos campamentos de altura incas aún no descubiertos, uno de los cuales estará por los 5.000 metros y el otro por los 6.000. Casi al igual que el método por nosotros empleado de ascenso de cumbres de más de 6.500 metros.
Iniciamos el regreso, el que no deja de ser casi más dificultoso que el ascenso, en especial luego de los 6.000 metros y hasta los 5.500 y regresamos a nuestro campamento 2, donde descansamos luego del agotador día. Pudimos dormir mucho mejor, a pesar de la altura, previo contacto por radio comunicando el triunfo a los Gendarmes de las Grutas, quienes al día siguiente nos vinieron a buscar en nuestro vehículo a los 4.300 metros, donde originalmente quedó nuestro equipo.
Luego de los saludos y felicitaciones nos dirigimos de regreso, comodamente, sin llevar un gramo de carga alguna, y saboreando anticipadamente la suculenta fuente de milanesas, que nos confiaron, nos estaban esperando para festejar la cumbre.
El regreso suele ser tan gratificante como la llegada a la cumbre, en especial cuando ésta ha sido concretada, pero todo ello unido a saborear unas extensas milanesas regadas con un blanco y perfumado vino catamarqueño, era un sueño gastronómico.
Ha sido una temporada de mucho trabajo, se impone el descanso y la meditación para la próxima, pero eso ahora no iba a perturbar nuestro ansiado almuerzo.
Luego las anécdotas, las risas y las promesas de enviar la filmación. Pero nuestra cabeza era un hormiguero deseando conocer más y continuar la búsqueda de lo que nos podían contar las piedras de sus siglos de roces con el hombre, en medio de la dulce soledad tan cercana al cielo.


Jaime Suárez
Mendoza, 17 de Marzo de 1997.-



Inca huasi desde el Este hacia O


jaime suárez

SIERRA DEL VELADERO

jaime suárez

El Veladero, desde la Laguna Brava






VELADERO



Objetivo, VELADERO...
Esta bella cumbre, que sobresale majestuosamente con sus 6.438 m entre las que componen la Sierra del Veladero, fue y es un verdadero punto natural estratégico en esta región del país.
Se encuentra a unos 27 km. del límite fronterizo con Chile, y el largo aproximado de la sierra supera los 30 kilómetros. La posición de su cumbre principal es S 28° 05´450 y O 068° 58´550.
Su perfil se impone aún antes de llegar a la Laguna Brava, y su cumbre sigue siendo perfectamente contemplable no sólo mirándola desde el límite fronterizo con Chile en el oeste sino que desde diferentes puntos. La pampa del Veladero se extiende como una alfombra en su sector sureste y el campo de los Burritos Muertos en su este limitando con la base del Bonete. Su fin en el norte prácticamente concluye cerca del oeste del Pissis.
Un perfecto y natural atalaya que a pesar de no superar los 6.500 metros predomina más que varias cumbres mayores en altura que desde decenas de kilómetros lo rodean.
me su

Sierra del Veladero, La Rioja, Argentina

En su entorno se encuentran montañas como Bonete (6.759m) y Pissis (6.882m) ya escaladas anteriormente por nuestras expediciones, y que serán futuros centros neurálgicos del andinismo internacional por la importancia de sus alturas, ya que el Pissis que es la segunda montaña de Occidente –desplazó al Ojos del Salado-, y el Bonete es la sexta en orden de alturas.
Domina y tutela esta orgullosa cumbre nevada el antiguo camino que primero transitó el ejército imperial inca (quinientos años atrás) y luego las manadas de ganado que cruzaron desde Argentina, pasando por Yague, hasta Copiapó en Chile (esto más cercano en el tiempo, sólo cien años atrás)

Esta montaña la habíamos constituido en objetivo para la primavera de este año, por parte de la Unión Panamericana de Asociaciones de Montañismo y el Club Andinista Mendoza y hacía varios meses que teníamos programada la expedición, al igual que en las anteriores montañas.
Partimos de Mendoza el Sábado 7 de Noviembre a las 11,30 horas, Mirta Sarmiento, Adriana Dominguez, Hans Siebenhaar y el que suscribe, Jaime Suárez, y tras un largo pero agradable recorrido por la 40 atravesamos el norte de Mendoza y todo San Juan hasta llegar a La Rioja, pasando por Villa Unión, Vinchina, Alto Jague, hasta finalmente llegar al Refugio El Peñón, dentro de la Reserva de Laguna Brava.



Refugio El Peñón

Armamos nuestras carpas en su entorno y procedimos a descansar.
El refugio, construcción de piedra con diseño de nido de hornero, ya estaba colmado por visitantes que regresaban de la Laguna Brava en tres vehículos y por máquinas de Vialidad que mancharon con aceite y gas-oil todo el piso de tierra, afeando el ambiente.
La agresión indiscriminada está produciendo en la montaña multiplicidad de residuos de todo tipo, que incluso contribuyen seguramente a enfermar a roedores y pájaros que han formado un pequeño dominio dentro de ese ecosistema. Un ratón de lentos movimientos, que intentaba meterse bajo nuestras carpas y carente de todo tipo de reflejos nos dio la pauta de que no nos equivocábamos. Se haría necesario aislarse totalmente de lugares en que se observasen desechos de roedores.
Dos cruces toscas señalan, debajo de la gran roca, dos tumbas. Ellas comparten con los viajeros circunstanciales, que no se dan cuenta de su presencia, la soledad y el silencio que imperan, sin dar idea ni reflejar el drama que les impuso la muerte.
A la vuelta plantearíamos –y así lo hicimos- a los guardaparques de la reserva la necesidad de un mayor control sobre la recolección de basuras y el mal manejo de combustibles observado. Es prometedor el futuro de esta zona y sería bueno mantener los cuidados que sean necesarios.

No está demás recordar que unos 50 metros antes de este refugio y gracias a dos tubos plásticos se puede recoger con facilidad agua potable que surge al mismo borde del camino. Salvo que se siga para la frontera, es difícil volver a conseguir este precioso líquido. Llenar recipientes sin miedo.
Luego de una agradable noche, la mañana del día 8 nos sorprendió ascendiendo unos cerros aledaños para contribuir a una mejor aclimatación y más tarde, pero antes del mediodía,
emprendimos la marcha hacia el próximo Refugio Laguna Brava, ya al borde de esa laguna, y que sería nuestra base de aclimatación.

Refugio Laguna Brava
Muy pronto, dentro de la hora, llegamos a la Laguna Brava desde el Peñón. El odómetro de mi vehículo marcaba 660 Km. desde Mendoza hasta ella.
El día era espectacular. Un profundo cielo azul resaltaba el amarillo oro de la rala vegetación desparramada en torno al refugio y al lado noroeste de la laguna.
El resto del domingo 9 fue para armar nuestras carpas dentro de la pirca corral que 100 años atrás se construyó con el refugio, destinada al ganado caballar. También fue para dedicarnos a un tardío almuerzo y para observar, sólo por un momento, el esqueleto del “destapado” que seguía al lado de la puerta del refugio con su “imposible de tapar osamenta”. Una vez más tratamos de rellenar los agujeros con piedras, aunque seguros que se volvería a destapar parcialmente.
Este cadáver forma ya parte indisoluble de la historia de este refugio. Una breve oración brotó desde nuestro interior hacia su alma.
No pudimos dejar de admirar esa noche la vista de la vía láctea. Ninguna bruma, ni smog nos impedía contemplarla tan bien desde los más de 4.000 metros de altura.
Los autos quedaron con sus trompas frente al borde este del refugio. Era una forma de protegerlos del gélido viento que corría desde las faldas de la montaña.

Hacia el campamento Base
El lunes 9 a temprana y solar hora partimos en los dos vehículos hacia el encuentro del que sería nuestro campamento base. Aunque habíamos estudiado las cartas, quisimos revisar palmo a palmo cada entrada que pudiese permitir acercarnos a nuestro objetivo.
Siempre que se encara una cumbre sobre la que no se tienen antecedentes se producen situaciones lógicas de preocupación en lo relativo a evitar equívocos de ruta que puedan hacen demorar o fracasar la expedición.
Por suerte se trataba de una montaña con plena visibilidad de su cumbre, libre de obstáculos visuales, por lo que de una manera u otra sería inevitable no hallar un buen camino de ascenso, era sólo cuestión de tiempo.


El veladero, sobresale majestuosamente su cumbre dentro de la Sierra del Veladero.


Tras conversaciones, nerviosas miradas a las cartas y análisis varios llegamos por la Pampa del Veladero, después de abandonar el camino a la base del Bonete e introduciéndonos en una suave lengua resultado de un antiguo y ya inexistente gran cauce glacial, al que sería de ahí en más nuestro campamento base. Su posición era S28°07´924 y O 068°53´934 y su altura los 4.750 m. Tenía un pequeño y limpio glaciar de nieve recostado sobre el borde de una lomada.
Marcamos nuestros GPS y satisfechos con la ubicación y la altura y regresamos los 22 kilómetros (línea recta) que nos separaban de la Laguna Brava, ahora en una forma más tranquila y escuchando música mientras contemplábamos el Bonete, por haber determinado el acceso correcto a la base de la montaña.
Un almuerzo lo más fuerte posible (fue menos de lo necesario), luego tras un breve descanso nos dedicamos a recorrer la Laguna. Nuevamente contemplamos los famosos y escondidos geisers, fotografiamos los flamencos rosados y tras descubrir un nuevo conjunto de pircas, no relevadas hasta ahora, procedimos a ascender los dos cerros que actúan de “puerta” de la Laguna. Uno es el llamado “Don Mario”, donde en su cumbre y a 4.300 m contemplamos y fotografiamos la pirca circular de unos 3 metros y medio de diámetro útil y la medialuna de piedras anexa que permitía a los incas protegerse del viento y vigilar todo el entorno. Todo ello con una preciosa y directa vista a la cumbre del Veladero (donde luego relevaríamos otra construcción). También pudimos observar otros derruídos y pegados muros de piedra que formaban parte de las construcciones. Desde el cerro Don Mario se baja directamente a los tambos y pircas que se encuentran al borde de la laguna y que en su momento constituyeron toda una ciudadela. En el otro cerro no encontramos vestigio inca alguno.
Regresamos contentos a nuestras carpas y un poco más aclimatados para los 4.000 metros.
No podría de dejar de imaginar, situación que trasladé a mis sueños de esa noche, como se movían los incas en todo ese entorno de la laguna brava. Me parecía ver sus grupos moviéndose de un lado a otro y a vigías oteando horizontes desde sus altas pircas. Cuantas cosas habrán sucedido en esa solitaria parte de nuestro país.

Hacia el campamento base con todo
El martes 10 salimos con nuestros automotores al que sería el Campamento base. No nos apuramos en despertarnos. Tranquilamente la partida se produjo a las 11 horas. A las 12 estábamos en los 4.750 metros armando nuestras 2 carpas y acomodando nuestros vehículos que deberían resistir varias noches con temperaturas bajo cero. No está demás recomendar que hay que tener suficiente anticongelante en el radiador y por lo menos echarle un litro de kerosene al gas-oil para evitar que se hagan solidificaciones en sus componentes. Aparte se debe considerar el desgaste de la batería, no olvidemos que más de 4.700 metros no es una altura normal y el frío siempre es considerable, aunque estemos en plena primavera. Aprovechamos la inclinación del terreno apuntando las camionetas hacia el valle, por lo que pudiera pasar. Unos montículos de piedras que improvisamos intentarían desviar en lo posible el viento de sus radiadores.
Entrábamos a las noches “largas”. Meternos dentro de las bolsas luego del té de las 17 horas, esperar la cena de las 20 horas y a dormir para matar el tiempo.
Adriana y Mirta compartieron nuevamente su carpa mientras que Hans y yo en la otra volvimos a concentrarnos en nuestras elucubraciones de posiciones, alturas, distancias y los problemas que pudiesen presentarse pero suponiendo que todo estaba previsto.
Así pasó la larga tarde y la larga noche. No estamos tantas horas durante el resto del año en posición horizontal, salvo sólo en las épocas que encaramos expediciones. Luego nos costaría desacostumbrarnos.

Hacia el uno
Miércoles 11, a las 9 y diez minutos comenzamos a caminar hacia el campamento 1. El día era estupendo y el desnivel muy suave. Nos acompañaban en nuestro camino unas tenues, ligeras y altísimas nubes, pero ese día no prometía echarse a perder.
Toda la carga pesaba ahora en nuestras espaldas. Las cocinas, las bolsas, las carpas, el alimento, el abrigo, la radio, el GPS, etc.. Tras 5 horas y media de ascenso que sólo permitió superar un desnivel de aproximados 250 metros, llegamos pasadas las 2 y media de la tarde al que sería nuestro campamento 1. Habíamos recorrido más de 6 km en ese trayecto y estábamos a los 4.990 m. De inmediato y antes que nada procedimos a nivelar el suelo donde asentaríamos nuestras dos carpas y luego comenzamos a armarlas. No había tanto apuro para comer.
Más tarde almorzamos, descansamos un rato y procedimos a recoger nieve de un glaciar cercano para formar agua en nuestra termita. El vital líquido es imprescindible para el desayuno y todo el consumo del día siguiente. Los tres litros que cada uno subía ya habían sido prácticamente agotados.
Un té a la tarde, por lo general siempre a las 17 horas, y a la bolsa de dormir. Nuevas charlas, mediciones, constataciones y a dormir luego de una frugal cena. Ya suponíamos que el día siguiente sería un ascenso muy duro, considerando el peso a transportar y la necesidad de tomar rápida altura
Nuestra posición era S28°05´385 y 68°56´500.

Hacia el dos
Salimos luego del cotidiano y amado desayuno, a las nueve menos diez de la mañana. Con el agradable sol a nuestras espaldas, nuevamente con todo el peso en nuestras mochilas, que nos parecían parte de nuestro cuerpo.
Durante el ascenso y a los efectos de aliviar cargas, procedimos a abrir una lata de 1 litro de duraznos en almíbar, cuyo contenido desapareció rápidamente. Fue un alimento que nuestros cuerpos agradecieron.
Cada 50 minutos de marcha procedíamos a un pequeño descanso de 10.
Hoy la distancia era mucho menor, pero la altura a ascender bastante importante. Si bien notábamos que se iba enrareciendo el aire, también apreciábamos que la aclimatación obtenida era muy buena ya que nos adaptábamos perfectamente a pesar del peso de nuestras mochilas.
Tras más de 5 horas de marcha superamos unos 700 metros de desnivel, para llegar a la cota de los 5.720 m. Un largo y aislado glaciar colaboró con su nieve blanda a facilitar nuestro ascenso en los trescientos metros finales.
A las 14, 40 comenzamos a armar nuestras carpas, no sin tener que nivelar otra vez el piso para descansar mejor y de colocarnos lo más cerca posible de otro glaciar que escurría como un río seco desde la cota de los 6.000 metros. La idea era no caminar mucho para obtener hielo para derretir.
Nuevamente la ceremonia del almuerzo, el cercano té de las 17, meternos a la bolsa, discutir sobre temas que daban conversación y luego de la cena conciliar el sueño lo más posible, y escuchar radio AM si captábamos algo .
La puerta de nuestra carpa hacía de ventana. No nos cansábamos de admirar al Bonete, al Reclus, al Pissis, la Laguna Brava que a más de 30 kilómetros se extendía blancamente y al cerro Don Mario que tan bien apreciábamos y que habíamos ascendido durante la aclimatación en la laguna Brava. El paso de los minutos iba cambiando y oscureciendo los matices haciendo diferentes las escenas. La presencia al anochecer de nubes grandes y negras no dejaron de intranquilizarnos un poco.
Nuestra posición era 28°05´200 y 68°57´750.
Algo nos preocupaba a Hans y a mí y no lo queríamos transmitir, el día siguiente, que sería el de cumbre, era viernes 13, a ninguno de los dos nos gustaba esa coincidencia del calendario, pero eran momentos de acciones y no de malos pensamientos. El día posterior nos diría....

Hacia la cumbre
Salimos a las 8,30 hacia la cumbre. Nos separaban unos 720 metros según las mediciones de nuestras cartas. La primera horas de marcha hizo sentir un fuerte frío que traspasaba nuestros guantes, luego por el movimiento y el retiro del frío del amanecer desapareció.
Atravesamos pronto la cota de los 6.000 metros por entre medio de dos prominencias rocosas, verdaderos cerros, a las que llamamos “pechos”, y pronto tuvimos a la vista al piramidal glaciar de la cumbre.
Debíamos comenzar a achicar nuestros tiempos de ascenso y a agrandar los de descanso. La altura se hacía sentir a través de nuestra agitada respiración.
Pronto comenzaron ocultar el sol amplias nubes que en la tarde del día anterior sólo se habían atrevido a tapar el Bonete y la Laguna Brava.
Las teníamos hoy aquí, encima de nuestras tapadas cabezas. Pero no prometían tormenta, sólo hacer que el día fuera plomizo.
¿Hacia donde tomar? Pronto nos decidimos. Encaramos la subida de su izquierda. Parecía más dura, pero era más directa. Nos parecía que a pesar de su inclinación podríamos ganar tiempo. La llamaríamos ruta Mónica. Ya imaginarán Uds. por qué.
Tras 6 horas y media, y luego de sortear grandes laberintos de pequeñas y grandes piedras enquistadas en nieve, que parecían no acabar jamás, y en la parte final dar secuencias de 20 pasos luego de descansar contando veinte respiraciones, accedimos no sin grandes esfuerzos, a coronar la cumbre. A medida que llegábamos procedíamos a un abrazo emocionado. No era una montaña fácil. Pero toda la expedición había llegado cumpliendo una vez más sus propósitos.
La maldita presencia de un pico de acero con su mango de madera nos dio la pauta que encontraríamos las ruinas incas que estaban también en nuestro objetivo. Los que se nos adelantaron ya habrían hecho su trabajo. Rogaba que hubiera sido gente respetuosa y no huaqueros que buscan trofeos que luego descansan vaya saber donde.


Cumbre Veladero y pico anteriormente utilizado para socavar en el lugar


Colocamos el pico como elemento de cumbre encima de un grupo de rocas, asegurándolo. Tal vez como pararrayos tendría mejor uso. Ya había encontrado otro en el Llullaillaco y también había servido para producir pozos y fuerte destrucción.
La posición era 28°04´450 y 68°58´550. Y la altura, salvo muy leves variaciones de los dos GPS, la que indicaba la carta, 6.436 metros sobre el nivel del mar. Las nubes lograban que los colores se tornaran plomizos, pero para nosotros todo brillaba.
Pronto vimos la preciosa construcción inca. A unos 15 metros de la semiterraza de la cumbre donde pusimos el pico,. Su construcción es de sólidos y rellenados muros, ahora con poca altura sobrepasando más de 30 cms de sus cimientos, denotando que los más que 500 años que tendría sin uso y la acción de los elementos, la habían ido demoliendo poco a poco. Las medidas cercanas a los 7,50 por 10 metros indicaban su importante superficie. También mil interrogantes.

jaime suárez
Sierra del Veladero, ruinas en la cumbre


Ruinas incas en la cumbre (fotos de Adriana)

Para mi criterio, y mis teorías, luego de ascender las 10 montañas más altas de la Argentina y la experiencia adquirida, un verdadero lugar habitacional para un grupo de personas, o mejor dicho vigías. Cercano a ella y en un borde que semeja una medialuna de piedras un sitio para la realización de fuego, protegido también por otras piedras grandes cercanas.
No pudimos dejar de admirar todo el entorno. Principales cerros de América estaban a nuestra vista. El dominio visual era total, Famatina, el Mercedario, los Tres Cruces, el sistema Ojos del Salado, Pissis, Bonete, todo a nuestro alcanza visual. Varias lagunas de deshielo tachonaban valles entre las montañas, en varias direcciones.
También la estratégica pampa del Veladero, el campo de los Burritos Muertos y prácticamente un inmenso sector de cordillera limítrofe se manifestaban a nuestra total vista.
No podíamos pedir más porque no nos alcanzaban dos ojos para contemplar todo. Aparte bajo nuestros pies esta maravillosa construcción con todo su misterio.
Filmación, fotos, y un nervioso moverse por la cumbre hacían que el tiempo volase.
Pero debíamos regresar. La bajada era abrupta, nada fácil y nuevamente nos miramos con Hans, debíamos cuidarnos, era viernes 13, no fuera a ser cosa que.....
Con mucho cuidado controlábamos que el descenso del grupo fuera por la parte menos peligrosa, dentro de las posibilidades que la inclinación nos permitía.
A los 6.000 metros y luego de abandonar la pirámide, a su pié, descubrimos la pirca inca de apoyo que siempre existe para estas alturas. En algún lugar estaba la otra u otras, pero no es fácil determinar rutas, más luego de tantos años transcurridos desde su utilización.
A las casi dos horas y media estabamos llegando exhaustos al campamento dos, donde nos esperaban armadas nuestras carpas y estiradas nuestras bolsas. Comimos, tomamos el té y cenamos casi al mismo tiempo, lo que nos importaba era tirarnos a dormir.
Había una distancia de más de una decena de kilómetros hasta el campamento base donde habían quedado nuestros vehículos y el sábado 14 saldríamos hacia ellos.
Pero lo importante era dormir.

El regreso
El sábado 14 a las 8 empezamos los preparativos para retornar desde los 5.700 m hacia nuestros coches. A las 9 salimos hacia ellos y tras tres largas horas de marcha, donde cada paso que descendíamos incorporaba más oxígeno a nuestros pulmones, por fin pudimos acomodarnos en los asientos e intentar con sumo cuidado la ceremonia del arranque.
Muy pronto parecieron mansos tigres durmientes los ronquidos de los motores. Casi abrazamos a esas maravillosas camionetas.
Pedimos a Dios que también nos guiara para llegar esa noche mismo a Mendoza.
Así fue, ya que tras un amanecer a los 5.700 metros de altura, la larga caminata de 10 kilómetros para acceder a los vehículos, y transitar casi 700 kilómetros por el oeste argentino, pudimos llegando a nuestros hogares, que nuestros cuerpos disfrutaran de los conocidos colchones que nos soportan durante la mayor parte del año.


Jaime Suárez

js
Restos del avión que, con caballos, tuviera que hacer un aterrizaje de emergencia en la Laguna Brava. Al fondo el Veladero.


Aún desguazado, no deja de imponer su perfil en el entorno salado...


jaime suárez

PRATELEIRAS (BRASIL)

Prateleiras


PRATELEIRAS..., UNA CUMBRE EN BRASIL


Por Jaime Suárez


Partimos desde la casa de Silvio, el Presidente del Club Alpino Paulista, en el centro de San Pablo, a las doce del mediodía, buscando la ruta que une esta ciudad con Río de Janeiro. En ella nos tomó mas de media hora, a casi 80 km. por hora, para llegar a las afueras de esta importante y populosa metrópoli brasileña.
Llevaba en mis manos el GPS y no podía, a pesar de admirar con curiosidad el paisaje y las zonas aledañas, dejar de jugar con él. En la posición 23°29´904S y 46°31´782º, podía leer 2.422 kilómetros de distancia, en línea recta, hasta mi casa en Mendoza.
Ibamos en el 4x4 con Bareta, nuestro amigo del C.A.P., Jordi Pons de la Federación Española de Montañismo y Escalada, Guillaime Iagle de la Federación de El Salvador, Daniel Méndez del Grupo de los 100 de México y el que suscribe. Había concluído la Asamblea anual de la UPAME (Unión Panamericana de Asociaciones de Montañismo y Escalada) que se había desarrollado hasta el día anterior en Guarujá, precioso balneario cercano a Sao Paulo. Y como siempre no podíamos dejar de ascender una montaña donde quiera que fuese la asamblea de ese año.
Habíamos intercambiado con Jordi, un mes atrás, varios e-mails tratando de ubicar un posible objetivo montañero en Brasil. Lo cual nos dio cierto trabajo, pero la ayuda de los amigos del Clube Alpino Paulista, por intermedio de Olavo, nos alivió la búsqueda. Gentilmente nos ofrecieron dos cumbres para realizar: El Agujas Negras, de 2.787 m., cuarta cumbre de Brasil y el Prateleiras, de 2.550. Lógicamente aclararon que sería a unas 4 o 5 horas de distancia en vehículo desde Sao Paulo, en el Parque Nacional Itatiaia. Pero eso no nos importaba mucho, estábamos acostumbrados a largos desplazamientos y la posibilidad de concretar una cumbre en Brasil nos daba mucho gusto. De paso dejaríamos con los dientes largos a más de un compañero de cumbres de 6.000.
Sabíamos que Brasil no se caracteriza por cumbres altas y personalmente no dejaba de reconocer cierto desconocimiento sobre esta situación. Olavo nos aclaró que el pico más alto de Brasil es el Pico da Neblina de 3.414 metros, ubicado en el norte del país casi en el límite con Venezuela, el segundo el Pico de Bandeira y el tercero el Pedra da Mina, ambos en el estado de Minas Gerais.
A poco más de 40 km. de San Pablo, sobre la posición 23°26´600S y 46°17´500º pronto cruzamos la línea del Trópico de Capricornio y unas decenas de kilómetros mas adelante comenzamos a ver a nuestra izquierda los perfiles de las montañas de la Serra da Mantiqueira (Sierra de Mantiqueira), la que por su largo, nos acompañaría todo el resto del camino.
Continuamos por la Roda Presidente Dutra (Ruta Presidente Dutra), y luego de un agradable almuerzo en la ruta y de cargar combustible en la posición 22°31´851S y 44°45´083O muy pronto pasamos el limite de Sao Paulo con Río de Janeiro, hasta llegar –luego de más de 250 km. de viaje- a Eng. Passos (Ingeniero Passos) 22°30´172S y 44°40´148O, a una altura de 537 metros sobre el nivel del mar. Desde allí desviamos hacia el objetivo que habíamos fijado para ese día, el Hotel Fazenda Palmital. Enfilamos un suave y sinuoso ascenso en sentido Norte hacia esta posada que se encuentra once kilómetros mas adelante, en 22°25´612S y 44°44´ 338º, a los 994 metros de altura. A las 16,50 horas estábamos bajando nuestro equipaje y mochilas frente a uno de los cómodos apartamentos de la Fazenda donde nos acomodamos en dos habitaciones.
El Hotel Fazenda Palmital es un agradable y tranquilo lugar, con excelente clima, donde puede resultar difícil conseguir habitaciones si previamente no se hace reserva, sobre todo los fines de semana y feriados. Es colmado principalmente por visitantes de Río de Janeiro y San Pablo. Se caracteriza por su comida casera, obtenida en gran parte de sus propios plantíos, y posee un lago propio con pesca. Cómodos apartamentos, amplio restaurante, piscina, sauna, sala de TV satelital, juegos de salón, corral con caballos y huertas, rodean el viejo y bien mantenido caserón colonial de dos plantas, habitado por los dueños del lugar, que tutela todo el entorno. Es muy agradable observar distintas variedades de árboles, algunos con espectaculares flores, otros con frutos diversos, y también muchas aisladas florestas de araucarias, algunas con piñones. En árboles cercanos a la administración varios monos pequeños se movían nerviosamente mientras saltaban por las ramas.
-¡Observen los vidrios de las ventanas de la casa patronal! Nos dijo Bareta, y continuó: Antiguamente se solía colocarlos por afuera, y era por motivo de ostentación dado que había que importarlos especialmente.
En el pasado, siglos atrás, la hacienda era transitada por un viejo camino del que quedan aislados tramos viales. Sobre dos cauces cercanos de ríos se aprecian restos de columnas de puentes, de piedra, ya vencidas por el tiempo. Las caravanas de esclavos venían con carros de bueyes y equinos transportando oro desde Minas Gerais hacia el puerto cercano a Río. Un lugar próximo es llamado Garganta de Registro, ya que en él se tomaba nota de dicho tránsito.

El Macizo de Itatiaia es una formación rocosa que ocupa un área de 220 kilómetros cuadrados dentro de la Sierra de Mantiqueira. El nombre de Itatiaia parece tener su origen en la lengua indígena Tupi-guarani cuyo significado es “peñasco de puntas” o “piedra afilada”, expresión que dibuja perfectamente las finas puntas rocosas y prácticamente verticales que florecen en las partes más altas del sistema montañoso. El punto culminante del macizo es el pico Agulhas Negras (Agujas Negras) que con 2.787 metros de altura es la cuarta cumbre de Brasil y la más alta del Estado de Río de Janeiro. En invierno las temperaturas en las zonas más altas puede en ocasiones superar los 10° bajo cero.
Cercano a la Fazenda, que se encuentra rodeada por las principales montañas del Macizo de Itatiaia, podíamos apreciar un gran pico montañoso denominado Tres Estados, por ser el hito natural que demarca la unión de los estados de Río de Janeiro, Minas Gerais y Sao Paulo. Casi hacia el otro extremo, tras un bello manto verde de suaves montes seguido a su final por zonas de selvas que intentan ascender el cordón montañoso, sobresalía predominante el fino y pronunciado perfil del Prateleiras.


Un apreciado desayuno brasileño formado por sandía, papayas, quesos, pan caliente casero con buen café y jugos, iniciado a las 7 de la mañana, nos daría fuerzas para soportar la jornada dedicada al ascenso. Nuestro objetivo era hacer el Agulhas Negras y el Prateleiras, aunque éramos conscientes que desconocíamos las características de rutas en estas montañas pero confiábamos en nuestro acompañante Bareta, avezado montañista que nos serviría de compañía y guía.
Partimos desde la hacienda en el 4x4 ascendiendo poco a poco por una carretera asfaltada unos 15 kilómetros. Sobre los 1.500 metros de altura pudimos observar como se producían claros y se iba abriendo la selva, permitiendo apreciar algunas cumbres de la Sierra de Mantiqueira. En nuestro continuo ascenso, a los 1.669 metros de altura justo en el límite entre Minas Gerais y Río de Janeiro, tomamos un camino lateral que nos conduciría hacia la entrada del Parque Nacional de Itatiaia. A su costado pudimos leer en un cartel vial: Agulhas Negras 17 Km, Prateleiras 17,5 Km.
A las 9,45 horas estabamos entrando al Parque Nacional. La posición del GPS indicaba 22°22´451S y 44°42´166º y la altura 2.450 metros. Este parque nacional, el primero creado en Brasil, en el mes de Junio de 1937, tenía un área de 12.500 hectáreas que se fue incrementando. Tiene un rico ecosistema formado por desniveles montañosos con bosques y mata virgen, cortado por ríos y arroyos, donde habitan más de 1.000 especies de animales entre aves, mamíferos y reptiles. Esto lo convierten en una zona ideal para la contemplación de la naturaleza, las ascensiones y largas caminatas. Aquí ya había desaparecido prácticamente el bosque siendo la vegetación achaparrada y tachonada eventualmente por algún que otro árbol. Mientras buscábamos un lugar para dejar el auto Bareta nos indicó que unas 100.000 personas visitaban anualmente este parque y a continuación nos daba una interesante charla sobre los cuidados que deberíamos tener durante nuestra permanencia en él, que apreciamos mucho por haber pertenecido varios de nosotros a la Comisión de Ecología de UPAME. Textualmente sermoneó “No tiren nada a no ser fotografías”, “Las cáscaras de frutas tardan dos años en degradar, los filtros de cigarrillos de 10 a 20 años, las bolsas plásticas de 30 a 40 años y las latas de aluminio de 80 a 100 años”. “No dejen nada, retiren todo”. Realmente no deja de gratificar ver personas que manifiestan esa preocupación por el ecosistema. Debería haber una así en cada expedición, en cada travesía que se encarara en nuestro país. Entre un montón de cosas ventajosas nos ahorraría bajar tanta basura de lugares insospechados.
Justo a las 10 de la mañana estabamos empezando a caminar con nuestras mochilas de ataque en la espalda. El auto había quedado en 22°23´052S y 44°41´030º, a 2.430 metros de altura sobre el nivel del mar. Cabe destacar que dentro del parque no se permite acampar, debiendo planificarse las ascensiones por el día.
El encuentro con otros miembros más del Club Alpino Paulista, que junto con Bareta nos prometieron una muy buena escalada en el Prateleiras nos decidió a encarar en primera instancia dicha cumbre. La traducción según Bareta del nombre de esta montaña es “Estanterías”. Poco a poco avanzamos por una senda que nos obligaba a marchar en fila india, ascendiendo lentamente hasta llegar a la base del Prateleiras. Una inmensa mole de piedras gigantes escalonadas apareció ante nuestra vista. De ahí el nombre. La altura de la mayor, sobre la que se ubica la cumbre, la estime en unos cincuenta metros.
Para llegar a ella debíamos subir montando en ascenso las piedras y muchas veces metiéndonos entre sus cavidades, lo que fuimos haciendo. Más de una vez debimos retroceder por haber equivocado brevemente el camino dentro de una grieta rocosa hasta superar su borde superior desde donde accedíamos a otra, quedando varias veces abismos entre ellas, que en alguna ocasión nos obligó a avanzar en horcadillas sobre el filo de una cresta de esas grandes piedras. En ese momento recordé que Bareta nos había dicho que estábamos en la ruta del cavalinho o “caballito” y entendí perfectamente la denominación: nos faltaban la silla y las riendas. Con mucho cuidado continuamos ascendiendo, ya más rápidamente a medida que nos acercábamos a la piedra cumbre. Por suerte el clima, en esos momentos y en esas alturas era bueno.
El no ver a otras personas que habíamos encontrado abajo me motivó a preguntar que había pasado y me encontré con una vieja y conocida respuesta: -¡ Ah,... hay otra ruta más fácil.

A las 11,40 horas nos abrazábamos en la cumbre del PRATELEIRAS con Jordi, Bareta, Daniel y Guillaume. Un poco mas tarde el grupo se agrando con la llegada de otros escaladores y casi no había espacio en la cima. La altura era de 2.560 metros y la posición 22°24´004S y 44°40´220º. Esta montaña es unos 220 metros mas bajo que el Agujas Negras, pero el precioso ascenso y la vista impresionante merecía haber hecho la elección de esta cumbre. Hacia el Este, unos 1.000 metros por debajo, había un manto de nubes que ocultaban la selva, pero se podía apreciar en la distancia, en una pequeña separación de las nubes, parte del valle del Rio Paraiba. Más allá, sobresaliendo, la formación montañosa de la Sierra del Mar, que próxima al océano que está a unos 80 km. de distancia, corre paralela a la de Mantiqueira. Hacia el SE el dominante perfil del Tres Estados. En el N/Oeste el Agujas Negras.
jaime suárez


La bajada se realizó por la parte más fácil disfrutando más los paisajes. Algunos montañistas optaron por bajar en forma rápida utilizando el rapel aunque nos sorprendió ver que no utilizaban casco. Pronto llegamos a la base donde aprovechamos para comer algo.
La intención era encarar ahora el Agujas Negras.
Previo a ello Bareta nos llevó, tras un pequeño desvío por una senda angosta, a la Pedra da Tarturaga “Piedra de la Tortuga”. Esta inmensa y raramente redondeada piedra se levanta casi a los 2.400 metros, sobre una superficie un poco aplanada en su derredor. Tiene una altura de casi 7 metros por 12 metros de largo y semeja como su nombre lo dice a una gran tortuga.
A las 14 horas estábamos en el refugio “Rebousas”, 22°23´162S y 44°40´719º, 2.400 metros y punto de desvío hacia el nuevo objetivo, el Agujas Negras, pero observamos desde ahí que estaba totalmente cubierto de nubes, con muy pocas posibilidades que despejase. Decidimos regresar a la hacienda a tomar un café bien caliente, mientras las nubes terminaban de tapizar toda la montaña y la selva.
Al día siguiente comenzaba el regreso.

TRES CRUCES







Macizo Tres Cruces desde la cumbre del Walter Penck




MACIZO TRES CRUCES

Por Jaime Suárez

INFORME DE LA EXPEDICIÓN
Integrantes Expedición:
Flor Boscán (FEVME – Venezuela) Mirta Sarmiento (C.A.M.)
Jaime Suárez (C.A.M. – UPAME) Hans Siebenhaar (Mendoza)
Alejandro Gimenez (JANAJMAN – Salta)

Cumbre Alcanzada:
Pico Sur Internacional – Limítrofe- 6.749 m. posición 27°05´925S y 68°46´693.
Altitud:
6.749 m sobre el nivel del mar. Es la séptima altura de América luego del Aconcagua, Pissis, Ojos del Salado, Mercedario, Huascarán y Bonete, y la sexta cumbre en altura de las argentinas.

Ubicación:
El Macizo Tres Cruces se encuentra entre Chile y la Argentina, precisamente entre las provincias de Catamarca y de Atacama. La posición de la más alta cumbre de 6.739 m está sobre los 68°46´700O y los 27°05´900S, siendo su punto de mayor altura hito internacional fronterizo. Es una formación de varias montañas que se aprecia de forma diferente según el lugar desde donde se lo mire. Accediendo desde el Norte de Chile, luego del retén de Carabineros de la Laguna Verde y en dirección a Maricunga, se puede observar al macizo prácticamente en toda su magnitud, solo que hay que previamente conocerlo, lo que no es fácil ya que son muchas las cumbres, que rondan los 6.000 metros, que rodean la ruta.


Las cúspides del Tres Cruces que se aprecian desde Maricunga



Viniendo de Sur a Norte desde Maricunga, aparentemente vemos tres grandes montañas piramidales cercanas entre sí que discurren prácticamente de Norte a Sur apreciándose como tres picos de un sistema. El primero, Norte, que es el mas cercano a la ruta internacional chilena alcanza una altura de unos 6.100 m,. El segundo es el Pico Tres Cruces Central y tiene 6.620 m. y es el que con anterioridad se ascendía como el mayor.



Foto (de Mariano Muñoz) cumbre central, 6.620 m. que en muchos ascensos anteriores se consideró como la principal. Aquí estamos a 11 km de distancia y con espalda al Salar de Maricunga.




Finalmente el pico Sur o Cumbre Chilena, con 6.539 m, que es la tercera de izuierda a derecha, cierra el trío visible desde el Sur.


Esta cumbre 6.539 m la ascendimos con Mirta en una anterior expedición no encontrando comprobante alguno, siendo los primeros en hacerlo. La cumbre principal, quedaba unos doscientos metros más adelante y doscientos metros más arriba. Volveríamos y así lo hicimos.




Al final de este último y con el que se mimetiza al superponerse, se encuentra una cuarta cumbre que es punto limítrofe y la más alta del sistema. Solo esta cumbre limítrofe se aprecia desde Argentina en toda la plenitud sur de un glaciar que parte desde su base visible hasta la cumbre. Especialmente cuando se ha ingresado desde Las Coipas, en la ruta provincial 45 de Catamarca, accediendo al valle de la Salina y la Laguna Verde. Desde las cumbres de las imponentes montañas que rodean al Tres Cruces, como el Ojos del Salado, Pissis, Walter Penck, Nacimiento, la visión del macizo es completa y majestuosa.

Época más adecuada de ascenso:
Preferible de Noviembre a Febrero.

Ruta:
Glaciar Sur, pared Argentina.
Dificultad:
De alta montaña. Imprescindible muy buena aclimatación. También experiencia previa en ascenso por glaciares, altura, y conocimiento de Los Andes. Técnicamente algunas partes del glaciar presentan dificultad por su inclinación que hacen necesaria la mayor atención a las técnicas de utilización de grampones, piquetas y haber practicado con detenimiento caídas de glaciar. De no detenerse en una caída en los primeros instantes la misma podrá ser mortal.
Equipo:
Tienda de altura. Anafe y combustible o gas suficiente. Abrigo de Alta Montaña.
Parka y bolsa de dormir de altura, zapatos dobles, grampones, bastones. Piqueta (una o dos) obligatoria.
Acceso:
Desde Argentina:
Se puede acceder por Argentina desde Las Coipas, atravesando paralelamente la Salina de la Laguna Verde y luego transitando el Río Salado, como lo hicieron las dos anteriores expediciones argentinas, la de los rosarinos y los marplatenses. Es un largo y azaroso recorrido, sólo para expertos conductores de 4x4 y que supera los 90 kilómetros hasta el campamento base, que quedaría a unos 15 km. de la cumbre.
Desde Chile:
Ingresando por el lado del sector sur del Macizo se va transitando hasta alcanzar el collado de la cumbre Central con la Sur y la Limítrofe y desde allí se ataca la cumbre limítrofe por su cara norte.
Ingresando por el lado del sector norte del Macizo, que fue nuestra ruta se podrán apreciar demás detalles de acceso e itinerario en el presente relato.

Permisos:

(atención hay cambios -concesionario- dentro del sector chileno)
Para el ingreso desde Chile eranecesario obtener permiso en DIFROL y reportar en el paso fronterizo de Maricunga ante Carabineros de Chile. (Ver normas actuales)
No es necesario desde Argentina, pero hay que informar de la expedición, sus componentes y duración en el puesto de Cortaderas de Gendarmería Nacional.


Tres Cruces, desde la Laguna Negra de la Laguna Verde del Pissis

Partida
Salimos, con Mirta y Flor, desde Mendoza, el 16 de Noviembre a las ocho de la mañana. Mirta me acompañaba nuevamente en otra expedición más y Flor había abandonado nuevamente sus obligaciones como doctora en medicina de la mano en Venezuela para lograr esta cumbre que nos había sido esquiva en la expedición que realizamos en febrero del 2001.
Hans y Alejandro, habituales compañeros de estas empresas, habían partido dos días antes y los encontraríamos en la frontera. Tras desviarnos en Media Agua hacia Chepes, proseguimos hasta la capital de La Rioja donde almorzamos. Luego Tinogasta y Fiambalá, donde saludamos a nuestro amigo Jonson Reinoso y repusimos combustible llenando completamente el tanque y un bidón de 10 litros, como reserva, que luego nos vino muy bien. Los anticongelantes tanto para el radiador como para el gas-oil estaban considerados. El agua, tan necesaria en estas regiones, la traíamos en un bidón de 25 litros y en varias botellas de agua mineral, desde Mendoza.
Enfilamos la ruta 45 hacia el Paso San Francisco, sabiendo que nos detendríamos, como en expediciones anteriores, en Pastos Largos, un poco más allá de Chaschuil.
Pastos Largos S27°38´447 y O68°09´112:
Llegamos a las 20 horas tras un viaje en que recorrimos casi 1.000 km. Es Pastos Largos un buen lugar donde iniciar la aclimatación, por su altura de aproximadamente 3.250 m.s.n.m.
El GPS nos marcaba que estábamos a 86 km. de la cumbre, por supuesto en línea recta hacia en NorOeste.
Es fundamental para cualquier expedición que intente esta montaña y las que la rodean, proveerse de una buena cantidad de excelente agua. Se deberá preveer y planificar los consumos de aclimatación, campamento base y campamentos de altura, inclusive prorrateando con fino detalle las cantidades y el uso de este elemental líquido, dejando si es posible cantidades lógicas para los regresos en los diferentes campamentos.
Ahora, de ser necesario, se puede en el cercano río Guanchín, reponer agua en los bidones y también utilizarla para higiene. Se constituye este vital elemento en algo primordial, sin lo que no se puede continuar una expedición. Hay que considerar que más adelante, hasta el campamento base, al lado de algún glaciar, no se encontrará agua potable dada la contaminación natural por arsénico, minerales y la salinidad existente.
En expediciones anteriores y debido a los trabajos de pavimentación de la ruta internacional nos fue imposible reponer agua en este sitio. Pero ahora parecía estar superado y nuevamente volvíamos a ver algún que otro lejano y tal vez furtivo pescador recorriendo su orilla, lo que nos indicaba que el río había vuelto a la normalidad.
Pasar la noche en este refugio de viejas construcciones de adobe y lajas de brillantes piedras pegadas con barro y techado con cañas, sería un descanso. Nos quedaríamos dos días a los efectos de facilitar la aclimatación de Flor, recién llegada desde Caracas. La cena de recepción sería un apetecible pollo a la parrilla, especialmente traído desde Mendoza. El día siguiente lo dedicaríamos a comer bien e hidratarnos lo mejor posible. También a recorrer los contornos, especialmente el cercano refugio de Las Coipas. Así lo hicimos y durante la larga caminata, entre unos deformes roqueríos pudimos apreciar un viejo y gran chinchillón que nos observaba desde una alta cavidad sin inmutarse en lo más mínimo a pesar de nuestros movimientos y voces. Luego el lento regreso a Pastos Largos, recolectando leña seca, ya que a pesar de ser primavera la noche prometía estar fría. Habían sido unas 4 horas de marcha por lo que se hacia sentir la necesidad de almorzar y dormir una pequeña siesta.

Luego de comer revisamos nuestros papeles: Teníamos el permiso de la Dirección Nacional de Fronteras y Límites del Estado de la República de Chile, que habíamos tramitado a través de la Federación de Andinismo y Escalada y la Federación de Andinismo de Chile, la que una vez más nos había servido con desinteresada eficiencia. También un mapa del Instituto Geográfico Militar del Ejército Argentino y los puntos de GPS de la pasada expedición del mes de Febrero de este año, donde una tormenta, a los 6.500 metros de altura nos obligó a desistir del ascenso y regresar en medio de una intensa nevada. Ahora estábamos dispuestos a repetir el intento ya que presumíamos tendríamos mejor clima.
Durante ese día el país estaba sumido en la realización de un censo nacional, para el que habíamos dejado información y esa noche estaba anunciada una lluvia de estrellas, a partir de las 11. Pasadas las 11,30 y sin importantes novedades al respecto, a pesar haber movido nuestros cuellos a los largo y ancho del diáfano y estrellado cielo, nos fuimos a dormir.
Al día siguiente seguiríamos hacia Las Grutas.

Las Grutas
Partimos desde Pastos Largos, y tras superar el control aduanero y de gendarmería en Cortaderas, encaramos al ruta hacia el Norte.Cercano al mediodía, y mucho antes que nuestro camino torciera hacia el Oeste en casi línea recta hacia el San Francisco y su paso, pudimos observar desde nuestro vehículo, hacia el Oeste del camino, las níveas y orgullosas presencias del Nacimiento, el Walter Penck, el Ojos del Salado y el Inca Huasi, cuya blancura presumía sobre todo el entorno. Sólo la contemplación esporádica de manadas de burros salvajes y guanacos, nos hacían apartarnos por momentos del hipnotismo que las altas cumbres limítrofes nos despertaban con los recuerdos de nuestras pasadas ascensiones.
Llegamos por fin a las Grutas, y luego de realizar los trámites en el control de Gendarmería Nacional y saludar a la gente de Vialidad Provincial de Catamarca, obtuvimos una vez más de ellos un lugar en su bunquer vial para pasar la noche. Es un sitio al que ya queremos entrañablemente, nos sentimos muy cómodos en la aclimatación por sobre los 4.000 metros ocupando ese lugar. Vaya nuestro agradecimiento por la presente para ellos. Habíamos recorrido unos 100 kilómetros desde Pastos Largos, por un muy buen y mantenido camino, apto inclusive para turistas que vayan al vecino país.
Aprovechamos la tarde recorriendo los contornos de las lagunas cercanas y visitando el baño termal que tan celosamente cuidan los pocos y abnegados pobladores de este lugar. Esa noche un lujo inusitado, en la TV satelital de los operarios de Vialidad pudimos ver el partido Racing-Chacarita, que ganó el primero. Luego a descansar en las cómodas y abundantes literas.

Campamento Retén abandonado de Carabineros
Al día siguiente, pasadas las 9,30 de la mañana y luego de una larga contemplación del Inca Huasi y del San Francisco, iniciamos la marcha hacia la frontera. Bordeamos el San Francisco, que da nombre al paso, y marchamos ahora hacia el Sur Oeste, mirando las vertientes chilenas del Inca Huasi y del Ojos del Salado. Pronto llegamos al punto limítrofe donde se levantan los hitos fronterizos y donde un monolito recuerda el paso por el lugar, hace casi quinientos años, del descubridor de Chile, Diego de Almagro.
De pronto y en medio de la impresionante pluralidad de montañas, a lo lejos, el brillo azul de la Laguna Verde. Un espectáculo inusitado, algo totalmente impensado pero con una fuerza de realidad que absorbe totalmente al viajero. El imponente verde turquesa de esta laguna es imposible de describir en palabras. Inclusive cambia su tonalidad a lo largo del día. Su salinidad no impide la vida de aves en sus afluencias, y lo demuestra la existencia de rosados flamencos y otras aves. En su entorno sur aparece el nuevo retén de carabineros.
Llegamos a él a las 10,30 y fuimos al presentarnos muy bien recibidos. Este retén se halla ubicado a 4.370 metros de altura y es un control fronterizo previo.
Estábamos a unos 20 km. de la línea de frontera. Aquí esperaríamos a Hans y Alejandro en una cita establecida para el medio día. Armamos una agradable tertulia con temas relativos a la montaña frente a unas humeantes tazas de café con que gentilmente nos convidaron estos solitarios carabineros.
La no llegada a las 12 de nuestros compañeros nos hizo suponer que había una pequeña confusión en cuanto a los horarios y día del encuentro. Los carabineros recordaron que, al pasar, les habían dicho que vendrían el martes y era lunes, por lo que decidimos continuar hacia el viejo retén unos 12 km más abajo, donde se estarían aclimatando, según lo convenido.
Partimos luego de los saludos y despedidas y muy pronto llegamos al abandonado retén de carabineros ubicado al lado del quemado refugio Murray, por donde se accede al Ojos del Salado. Allí se encontraban terminando de almorzar.
Tras los saludos y charlas, luego de mucho tiempo de no habernos visto, prácticamente desde la fallida expedición de febrero, bajamos nuestros equipos y nos acomodamos en el dormitorio del primer piso. Sobre la madera extendimos los neoprenes y bolsas de dormir y enseguida comenzamos a preparar un buen almuerzo a base de ñoquis y salsa de tomate. Lástima que no nos quedaba vino, lo habíamos repartido por los lugares donde, una vez más, tan bien nos habían tratado.
Largas conversaciones entre todos. Alejandro había ascendido el cercano Mulas Muertas, de 5.880 metros de altura y había bajado como comprobantes dos preciosos banderines, los que tenían varios años de antigüedad. Ya poseía, al menos, asegurada una cumbre.
Otra importante y abundante cena, más charlas y a dormir profundamente. El día siguiente sería corto.

Hacia Maricunga y el Campamento Base
La mañana del 20 nos levantamos tarde y fue muy distendida y. Un buen desayuno, fotos, conversaciones y a prepararnos para el almuerzo,



Flor y Jaime, al fondo el sistema Tres Cruces, desde el Norte



...luego del cual debíamos bajar, alejándonos momentáneamente de nuestro objetivo, al Salar de Maricunga donde se encuentra el control fronterizo chileno. Tras casi 1 hora de marcha llegamos. Hicimos los trámites finales de aduana e ingreso a Chile. En otra hora regresamos hasta el lugar en que producía el acceso desde la ruta, 26°56´568S y 68°45´408º, al que sería nuestro ya conocido campamento base. En 26°59´650S y 68°43´225º una lengua de hielo impidió continuar hacia el lugar preestablecido. Buscamos un sitio lo menos inclinado posible y a los 4.882 metros de altura debimos dejar nuestras camionetas, las que protegimos del frío viento con gomas y aislantes sobre el motor y una lona tapando el radiador.





Tres Cruces, campamento Base



Nivelamos el piso lo mejor posible usando las piquetas y sacando las piedras grandes, y armamos nuestras carpas. Y tras preparar la cena nos dispusimos a dormir mucho, ya que al día siguiente comenzaba la verdadera aventura.

Hacia el Campamento Uno
Dejamos una carpa armada, lista para cualquier eventualidad o algún regreso forzado. Partimos a las 9 de la mañana. Nuestras mochilas iban muy cargadas, todas pasaban los 20 kilogramos, y algunas oscilaban los 25 y 30 kilos. Para aligerar peso habíamos partido ya con las botas dobles de altura puestas, y marchábamos con los bastones, pero el peso de grampones y dos piquetas por persona unidos al resto del equipo y la carpa hacían muy difícil reducir peso. Flor llevaba aparte el peso de las estacas de aluminio y cuerda, por si fueran necesarias en el glaciar.
Tras prolongadas marchas con pequeños descansos, atravesando sobre los cinco mil metros de altura largas y planas superficies de glaciar que agonizaban sobre extensiones de morrenas de piedras pequeñas de roca y pómez, fuimos subiendo cortos desniveles hasta llegar al punto del “gran cañón” 27°03´667S y 68°43´709O. Este accidente geográfico, es un gran canalón de unos setenta metros de profundidad, que en algún momento del pasado descargó desde el borde del sistema Tres Cruces en su cara norte hacia un desnivel inferior y hasta casi los pies del macizo Ojos del Salado grandes volúmenes de agua y hielo. Tratar de obviarlo es prácticamente imposible.




El trabajoso y pesado gran canalón



Hay que cruzarlo por el punto especial que habíamos fijado. Nos pusimos los grampones y descendimos por el hielo que tapizaba el sector de descenso hasta llegar al cauce helado y comenzamos desde ahí a ascender con gran esfuerzo, pisando retos de piedra pomez y bordeando un hilo de agua de deshielo que se vuelca desde la parte superior del otro lado.
Ello consumió nuestras últimas energías del día. En el primer espacio plano, al final del ascenso, armamos nuestro campamento 1. Eran las 16 horas, la posición 27°03´879S y 068°43´686º, y la altura 5.328 metros.




Flor dando los últimos toques a su carpa. Al fondo la cumbre principal del Tres Cruces


Habíamos recorrido 8,35 km. desde el Campamento Base. Al fondo del camino a seguir, a unos aproximados 6 kilómetros, sobresalía la cúspide del Tres Cruces mostrando en su sector sur parte del largo glaciar por el que deberíamos ascender. Durante el amanecer, por lo expuesto de nuestras carpas, sin ningún tipo de protección del relieve, leímos 12 grados bajo cero en el termómetro exterior.

Hacia el Campamento Dos
Estábamos ansiosos por llegar a la cumbre. No veíamos la hora de encarar el ascenso por el glaciar, pero éramos conscientes de ir llevando paso a paso el proceso de aclimatación. Por lo que era necesario realizar dos campamentos más de altura. Sabiendo que la distancia a transitar este día no sería mucha partimos cerca de las 10 de la mañana con toda nuestra carga a cuestas, quedando sólo una bolsa con basura que recogeríamos al regresar.
Tras poco más de 3 horas de marcha, y luego de ir tomando altura por un largo cauce de deshielo, dirigiéndonos siempre hacia la base del glaciar sureste del Tres Cruces, llegamos a las 13 horas a la zona del nuevo campamento.



Tres Cruces, hacia el segundo campamento


Recorrimos 4,6 kilómetros y nos hallábamos a los 5.555 metros de altura. Aún dentro de territorio chileno y al pié del inicio del ascenso a un collado que nos permitiría al día siguiente, luego de superarlo, acceder a la base del glaciar sur del Tres Cruces. Durante la marcha de este día hubo posibilidades de obtener agua de deshielo durante las horas de calor, rompiendo un poco alguna escarcha en cauces helados.



Campamento dos al Tres Cruces


Después de ubicar un sitio bastante plano, protegido por dos inmensas piedras, armamos nuestras carpas en la posición 27°05´911S y 68°44´965º.
Al día siguiente, viernes 23 saldríamos lo más temprano posible, pero con sol para evitar inútiles fríos, hacia la cota de los 6.000 metros donde estableceríamos el campamento 3 y ya dentro de territorio argentino. Ahora a descansar, a anotar posiciones, hidratarnos, comer y tratar de dormir lo mejor posible.

Hacia el último campamento de altura, el tres
Pasadas las 9,30 y otra vez con todo el peso en nuestras mochilas, aunque aliviados de las latas de durazno en almíbar que habíamos consumido las tardes anteriores, iniciamos la marcha. Aunque el grupo lo hizo por la parte de acarreo, personalmente no dejé de aprovechar hacerlo por un glaciar que me permitió más cómodamente, usando grampones, superar los aproximados 350 metros de desnivel que nos separaban del collado. Tras tres horas de trabajo nos encontramos en el lugar donde en el viaje anterior habíamos hecho el campamento 3. Estaba cubierto por nieve.




Tres Cruces, campamento 3 de altura




No dejamos de recordar con Flor que en ese sitio, mientras almorzábamos en la pasada expedición dentro de nuestra carpa, inesperadamente se introdujo por la abierta puerta un rápido y ágil ratón. No podíamos creer que este animalito se encontrara a tanta altura. ¿De que se alimentaría? Tras cansadores movimientos logramos que saliera este brilloso roedor por donde había entrado. ¡Si me lo hubieran contado no lo hubiese creído!
Buscamos otro lugar cercano y luego de nivelar el piso armamos, por el poco espacio, muy juntas las dos carpas. La altura oscilaba en los 6.000 metros. La Posición 27°06´400 y 68°45´845. La distancia recorrida en esas tres horas había sido de poco más de un kilómetro setecientos metros, pero el desnivel superado fue de 440 metros. No había sido un día de excesivo trabajo o esfuerzo, exceptuado la nivelación y el armado de las carpas, por lo que debíamos descansar lo mejor posible para encarar al día siguiente el camino a la cumbre. Con general nerviosismo contemplamos la pared del glaciar, de más de 700 metros, que en algunos lugares, en especial cerca de un inmenso serac, que florecía unos 500 metros más arriba, superaba los 45° de inclinación. Pronto trazamos imaginariamente la línea de ruta que seguiríamos para el ascenso. Sería bien directa hacia la nívea cúspide y por la derecha del gran serac que señorea este glaciar.
Luego de derretir nieve en nuestro anafe para obtener agua, necesaria para hidratarnos con te y hacer sopas y desayuno, comimos todo lo posible. A pesar de la necesidad de recuperar energía no hay mucho apetito a los 6.000 metros, menos en una expedición rápida. Ahora había que descansar bien. La única preocupación antes de hacerlo fue cómo organizarnos ordenadamente a la mañana siguiente para vestirnos con todo el equipo de ataque, las tres personas que ocupábamos nuestra carpa.

En busca de la cumbre
La ceremonia del desayuno y de vestimenta fue, por suerte, muy bien superada. Con todo el equipo, incluídos grampones y piolets, estábamos cerrando la puerta de las carpas y enfilando hacia la cercana base del glaciar sur, a las 7,30. Ya sobre el glaciar poco a poco íbamos tomando altura. Las horas pasaban rápidamente. Superamos el muy inclinado entorno del serac y buscamos acceder hacia el inacabable fin del borde superior del glaciar que sabíamos nos llevaría a la cumbre. Casi al final del mismo y cercano a las 14 horas aparecieron un montón de castillejos de piedra. A pesar que nos movíamos cansadamente, Alejandro se había dirigido muy resueltamente hacia uno que estaba al final del ya casi recostado glaciar. Nos encontramos luego con él, mientras observábamos como hurgaba buscando comprobantes entre las piedras. No sabíamos si era la cumbre. Por fin un grito, había aparecido un comprobante del Club Alpino Alemán, vemos que era de Alexander Von Götz y sus compañeros Unterholaner y Blumenstock, de marzo de 1998.
Recordaba haber leído que unos alemanes habían retirado en una lata de OVOMALTINE los datos del polaco W. Paryski que ascenció por primera vez el Tres Cruces en Febrero de 1937.
Con Alejandro sabíamos que luego habían subido unos rosarinos y también el grupo de andinistas de Mar del Plata, donde estaban nuestros amigos Guillermo y Fabían, y esos comprobantes no estaban allí. Tomamos la posición 27°05´879S y 068°46´619ºO. La altura del GPS indicaba 6.780 metros. La hora 14,54. Decidimos llamarlo Picacho Salta-CAA en honor a los alemanes y a Alejandro que lo había detectado.
Nerviosamente miramos en derredor y Alejandro de dirigió resueltamente hacia otro picacho que se encontraba a más de 100 metros de distancia y parecía de igual altura. Pronto levantó los brazos haciendo gestos de alegría y nos dirigimos todos cansadamente hacia allí. Dos grandes piedras florecían sobre la nieve.



Alejandro agita los brazos a la distancia indicando la existencia de una "segunda cumbre"



Otras piedras menores en su parte superior ocultaban, en un tubo negro - creo que con una pequeña bandera canadiense pegada -, los comprobantes de los Marplatenses, que por fin habían aparecido. Había un librito de cumbre, donde olvidé registrarme y unos papeles, incluido un vale por una cerveza fría en Mar del Plata y una banderita firmada por nuestros amigos. También un zapatito de la hija de Guillermo, que personalmente me había comprometido, en una reunión de montaña unas semanas atrás en Famatina, a reintegrarle como demostración que habíamos llegado a “su cumbre”. También una papelito con fecha 4-1-2001de Iván y Luigi, dos italianos que con el guía de Copiapó Erik Galvez habían ascendido antes que nosotros.


Cumbre del Tres Cruces



Mirta y Flor eran las primeras mujeres que coronaban la mayor altura del Macizo Tres Cruces.
Ya ahora comenzaron las fotos, las sonrisas y la satisfacción de haber llegado. Aunque ambos picachos nos parecieron exactamente de la misma altura La posición, de este último, que me da Hans de su GPS es 27°05´925S y 68°46´693 y la altura 6.781 m. Nos abrazamos todos. Nos había dado mucho trabajo esta bella cúspide, y una vez más nos había permitido reencontrarnos como amigos y camaradas de montaña.


Regresando de la cumbre del Tres Cruces




Comenzaba luego el delicado regreso sobre las mismas huellas sobre el glaciar, que nos había permitido subir.






Tres Cruces, vista de su principal cumbre, la Sur, desde la Laguna Verde del Pissis




Tres Cruces, desde el Sur, entrando por la lagunita azul, camino al Pissis.
Foto de exploración anterior


Jaime Suárez – Diciembre 2001


Película Dra. Flor Boscán (Venezuela)

video





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Cronología de ascensos a la cumbre principal del Tres Cruces, compilada por Guillermo Almaráz

NEVADO TRES CRUCES

Posición Ruta Integrantes Fecha Descripción.


Primero Polaca Witold Paryski
26-02-37 Filo Norte. Acceso por cara E.
Aprox. Tres Quebradas (S)
Camp. En Río Salado, Base del
Col, Col de 6000.


Segundo? Chilena Gastón Muga, Patricio Cortés?

1973 Acceso desde Oeste. Camp. Col de 6000.
Aprox. Maricunga.

Tercero Chilena Phillipe Reuter, Sabine Reuter y otro

17-05-89 IDEM Art. Sky Top Ten.

Cuarto Chilena Greg Horne (Canadá)

16-03-95 .

Quinto Chilena Alex Von Götz, Blumjenstock, Unterholaner

07-03-98 (Alemania)
Encontraron comprobante de Paryski del roquerío amarillo.

Sexto Sur Oeste Muratti, Casas, Bianchi, Kvarta C, Kavarta M, Gustavsson, Crocco, Susso

13-01-00 Glaciar Sur. 2 camp. Hasta basepared. Camp. 6000. Ascenso
por lado O del Glaciar Sur.

Séptimo Chilena Alexis Malafosse (Francia) Solo.

08-02-00

Octavo Directa Sur Guillermo Almaraz, Fabian González, Rolando Linzing (Mar del Plata)

01-10-00 Glaciar Sur directa. 2 camp. Hasta
base pared. Aprox. Tres Quebrad.

Noveno Chilena Ivan, y Luigi, c/ Erik Galvez -guía-

04-01-01
Italianos con guía chileno.

Décimo Sur Este Jaime Suárez, Hans Siebenhaar, Alejandro Gimenez, Mirta Sarmiento, Flor Boscán (Ven.).

24-11-01 Glaciar Sur. Aprox. Desde NE
Exp. UPAME , 2 camp. 1 en pared.


Undécimo Chilena Alberto Redes, Cristian Beiza, Germán Madrid
04-01-03
Grupo Chileno.

Duodécimo Chilena Darío Bracali y Paula Semergian
27-02-03 Encontraron comprobante de Parisky roca negra.

Décimo tercero Chilena John Biggar
Mar-03 .

NACIMIENTO

NACIMIENTO

Cumbre Principal



Vista del Nacimiento durante ascenso al Walter Penck



INFORME DE LA EXPEDICIÓN DE CUMBRE
Y EXPLORACIÓN

Fecha de inicio: 27 de Febrero de 1998.
Fecha Finalización: 8 de Marzo de 1998.
Cumbre: NACIMIENTO, 6.476 m – Cumbre principal.
Ubicación: Sur 27°16´822 y Oeste 068° 30´792
Fecha de Cumbre: Sábado 6-3-98
Denominación Ruta Escalada: Noreste.
Objetivos:
Descubrir y explorar este sistema de montañas, con indicación de su cumbre, alturas y rutas de acceso.
Localizar construcciones incas.
Ubicar la cumbre principal, mediante utilización del GPS.
Documentación fílmica para información y antecedentes.


Objetivo, Hacia las cumbres del NEVADO NACIMIENTO...(figura como BAYO en mapas IGM)




Nacimiento, los conos que conforman el contorno del volcán, desde la Laguna Verde del Pissis



Esta montaña fue el objetivo para el fin del verano de 1.998, por parte de la Comisión de Expediciones de la Unión Panamericana de Asociaciones de Montañismo y el Club Andinista Mendoza y hacía varios meses que teníamos programada la expedición, al igual que en las anteriores montañas.
Partimos de Mendoza el 27 de Febrero a las 7 horas, Mirta Sarmiento, José Luis Gonzalez, Hans Siebenhaar y el que suscribe, Jaime Suárez. Dos días antes y para lograr una adecuada aclimatación, habían partido Mariano Muñoz y Omar Fikepron. Ellos tenían intención de dar una vuelta por Las Grutas (en la frontera del Paso San Francisco) disfrutar de sus aguas termales y lograr mejor adaptación a la puna, siendo la consigna encontrarnos en Pastos Largos ese mismo sábado 27 por la noche.
Trancurrió nuestro viaje entrando a San Juan por Media Agua, a La Rioja por Chepes y desde ahí hasta su capital, donde almorzamos. Luego la reiterada Tinogasta, que tantas veces atravesamos y buen lugar para rellenar nuestros tanques de combustible, Fiambalá (aprovechamos para comprar pan) y por fin, tras cargar agua de la surgente existente unos metros antes del refugio de Chascuil, llegamos a las 18,30 horas a Pastos Largos, donde alborozados nos pudimos reunir todos los expedicionarios.
La novedad era la existencia de pavimento en la vieja ruta que va desde Fiambalá hasta el Paso San Francisco, con interrupción de ripio desde antes de Las Angosturas hasta Chaschuil. Eso había facilitado nuestro desplazamiento notablemente. Fueron unos 950 km. realizados como un paseo.



No pude dejar de recordar mientras llegábamos y bordeábamos el río Guanchín, que en el año 1991 cuando fuimos al Ojos del Salado, debimos cruzarlo once veces y varias de ellas con mucho cuidado. También las veces que se quedó nuestro vehículo atorado en la arena y debimos sacarlo utilizando como apoyo del guinche nuestras piquetas clavadas en el suelo. Evidentemente ahora los accesos eran mucho más fáciles y rápidos. Lo que antes tomaba un día desde Fiambalá a Las Grutas, incluido el río y pasando por las innumerables curvas de la cuesta del Loro Husi, ahora podía hacerse casi tres horas.

El refugio de Pastos Largos denotaba desgaste. Las lluvias de la semana anterior lo tenían totalmente humedecido en su interior, su techado tenía roturas y era imposible armar dormitorio adentro, además las aguas del cercano río Guanchín se veían revueltas, tal vez por la probable agresión a su fauna y ecosistema por parte de la empresa constructora del pavimento.
Armamos nuestras carpas en el exterior y luego de preparar una picada comunitaria con un pollo asado comprado en Tinogasta y un tetra mendocino, procedimos al reparador descanso que el largo viaje nos pedía.
Una suave lluvia nocturna y algunas nubes al amanecer del día siguiente, lograron inquietarnos un poco. Hasta ese día había llovido por las tardes y el cielo se cubría totalmente.

Quemadito, Refugio 1°
Partimos temprano de Pastos Largos, el domingo, por la ruta al Paso San Francisco. Continuamos unos 5 kilómetros más alla de Cazadero Grande, y desde ese punto estudiamos como internarnos, hacia el oeste, en un solo vehículo por la pampa Quemadito.
Sólo pudimos avanzar escasos 10 Km. Era imposible seguir. Volvimos para informar al resto del grupo, que nos esperaba al borde de la ruta, y decidimos regresar unos pocos kilómetros hasta el refugio de Cazadero Grande para informarnos más.
Se aumentó nuestra confusión. Las blancas cumbres cubiertas por las recientes aunque breves nevadas que habíamos considerado por su posición eran del Nacimiento, el puestero del refugio nos indicó que era el Walter Penck. No nos coincidía para nada, pero era tan rotunda su aseveración que nos creó una gran duda y babélica discusión.
Volvimos nuevamente hacia la entrada de Quemadito y los tres vehículos encaramos el ingreso.
La camioneta de Omar de tracción simple igual avanzó con la tutela de los otros vehículos quedando finalmente, luego de dos o tres enterradas en la arena (con extracción guinche por medio) a unos 500 metros antes de los otros vehículos y del que sería nuestro campamento en el Refugio de Gendarmería Aguas Calientes, existente al final del acceso.


Refugio Quemadito, y lugar donde quedan los vehículos



El único inconveniente era que había que bajar desde una altura de casi 100 metros hasta el cauce del Río del Cazadero a cuyo borde se encontraba este refugio de piedras y cemento, pero era un excelente lugar para descansar y aclimatar. La altura oscilaba los 3.700 m y la posición exacta era S 27° 22´350 y O 68°13´500.
Al día siguiente tuvimos el sorpresivo encuentro con el amigo de Fiambalá, Jonson Reynoso, que venía a buscar a su hija Ruth y a un grupo de vascos que había encarado el Ojos del Salado por su ruta Sur. Desde hacía varios años que solíamos encontrarnos en nuestra búsqueda de cumbres. Aprovechamos para poner al día nuestros temas pendientes de montaña, creo que sin perdonar cumbre alguna.
Las reflexiones sobre las cartas, nos indicaban que nos encontrábamos a poco más de 30 kilómetros en línea recta hasta la cumbre, eso eran más o menos 40 km de distancia de camino. Y el tener que transportar en tanta distancia toda nuestra carga en las mochilas, incluidos grampones, piquetas, carpas, etc., no era precisamente una idea muy agradable.
Pasado el mediodía llegó la expedición de los vascos del Ojos del Salado. Les precedieron tres mulas y dos cabalgaduras con sendos arrieros. Estos les habían transportado todo el equipo hasta la base del Ojos, los habían esperado más abajo, en un refugio que conoceríamos, y luego los fueron a buscar. En definitiva habían hecho todo el camino sin carga, pero vaya camino, eran unos 50 km. aproximadamente. Llegaban victoriosos pero fulminados. ¡Lo que nos esperaba!
Pero pronto cruzó una idea mientras terminábamos nuestros almuerzos, la cual planteamos a los cansados (de cabalgar) arrieros: Les pedimos que nos adelantaran durante dos días, con sus mulas, nuestra carga principal, luego que regresaran ya que nosotros nos arreglaríamos para la vuelta. Lo que nos garantizaba llegar a la montaña aclimatados y aún con fuerzas para encarar mejor la cumbre.
Tras rápidos regateos sobre el precio, considerando que era un extra y que ya estaban allí, llegamos a un acuerdo. Dos días de avance de la carga y que Dios nos ayudara. Ante no tener nada y tener eso, nos pareció maravilloso y bueno.
Armamos nuestra carga en bolsos para que pudiera ser transportada por las mulas.
Dormimos mucho más tranquilos esa noche, empezó a mejorar el tiempo y parecía que las estrellas brillaban más.

Hacia Refugio dos.
El martes a las 9, 15 horas iniciamos la marcha bordeando el río. Un continuo atravesar de cañones y bordeo de meandros, la contemplación de las montañas Rasguido y Negro, y un bellísimo día nos acompañaban.
A unos 6 km. de distancia, en una zona en que se ampliaban los contornos del río, denominada el Chorro, seguramente por una breve pero abrupta cascada del río en su camino a Cazadero Grande, aparecieron restos de unas tamberías incas. La posición S27°20´500 y O68°16´600.
No pudimos dejar de hacer un alto entre esas antiguas y derruidas construcciones. Fotografías, filmaciones, un pequeño descanso y a seguir.
La agreste belleza del río y su entorno imponía un fuerte acento en el amplio valle. Poco más adelante una pareja de gordos pero esbeltos y coloridos patos levantó vuelo mientras su cría nadaba velozmente río arriba tratando de escapar de nuestra presencia. Era sumamente esporádico el contacto que podían tener con seres humanos, pero la huida se imponía.
El río marcaba la cuota de vida de toda la flora y fauna circundante. Si llegase a desaparecer el avance del desierto que lo rodea, sería total.
Diez minutos de marcha mas adelante, y casi a las 13 horas, apareció otro antiguo pircado cercano al río. Muy pronto empezamos a ver en el horizonte el perfil nevado del Nacimiento.





Vista del Nacimiento, antes de La Junta



A las 16,30 llegamos a La Junta ( S 27°20´892 y O68°20´239). Se unen aquí tres brazos de agua que forman el río del Cazadero, uno viene del Nacimiento y el otro del Rasgüido y de la zona anterior al Ojos del Salado y el tercero probablemente del Cuerno. Hay todo un sector con tundra y el agua de los afluentes forma meandros extendidos descansadamente por doquier.
No sabíamos si continuar por el valle por donde descendía el afluente que venía del Nacimiento (por ahí regresamos), o por el que provenía de la zona norte del Rasguido. Era momentos de decisión, había que llegar a un lugar con resguardo y agua esa noche y debíamos encarar uno de los valles.
Cuando se realiza una empresa sobre la que no hay información alguna es muy fácil que surjan discusiones. Aquí no fue la excepción. Colabora a ella el cansancio pero más la inseguridad sobre alcanzar las metas. Decidimos encarar el valle del afluente del norte, sabíamos que existía sobre él, 6 kilómetros adelante, el refugio de Aguas Calientes Dos. Le añadimos el dos, ya que al primer refugio suelen llamarlo igual.
El tránsito encajonado entre montañas y siguiendo el curso del río, con mucho verde, alegró nuestro cansancio. Tras la marcha llegamos a un recodo que se ampliaba en valle y sólo la buena vista nos permitió descubrir las mulas de los arrieros en la ladera de la montaña, unos treinta metros más arriba y a unos 50 metros cruzando el río. Ese era el refugio, un boquete en la montaña con paredes de piedras superpuestas y unos espacios pequeños para las carpas. Tampoco aquí faltaba una tumba, o tal vez dos, pero decidimos no investigar. Viajero que vayas, toma bien la posición, está totalmente mimetizado en la ladera, S 27°18´288 O68°21´111, y a unos aproximados 4.200 metros de altura.
Tuvimos que descalzarnos para cruzar el río, con muy pocas ganas ya que significaba sacarnos nuestras botas dobles, pero el saber que pronto comeríamos y descansaríamos minimizó los inconvenientes. Eran las 6 de la tarde. Habíamos hecho desde la partida a la mañana unos 20 kilómetros.



Hacia el campamento Base
Estaba todo claro al amanecer, hasta nuestras ideas, ya que podíamos ver hacia el Oeste la nevada cresta del Nacimiento. Un buen desayuno y partimos a las 9 horas. Tras largos 10 kilómetros de marcha, y de poder observar en algunas alturas al mirar hacia el oeste a el Pissis y el Bonete, llegamos donde las mulas habían dejado nuestra carga pesada. Desde ahí los arrieros tras un afectuoso saludo se retiraron a Cazadero Grande; sus mulas, agotadas, no querían saber más de expedición alguna.







Nuestra posición era S27°17´243 y O68°26´650, la altura los 4.800 metros y eran las 16,30 horas.
Aún quedaban unos 8 y medio kilómetros hasta la cumbre y dos campamentos, en un desnivel de casi 1.650 metros.
Armamos nuestras carpas y a descansar. El siguiente día sería más duro.

Hacia el uno
Partimos, pasadas las nueve, pisando algunas de las múltiples pequeñas piedras pómez que rodeaban el campamento base. Tras una pesada marcha donde parecía que a cada paso aumentaba el peso de nuestras mochilas, llegamos hasta la base de las faldas del Nacimiento. Buscamos con la mirada un buen lugar y si fuera posible en el que hubiese agua. Tuvimos suerte, a los 5.300 metros de altura y junto a un glaciar que descendía de la montaña, lleno totalmente de penitentes, brotaba y discurría entre las piedras un alegre hilo de agua. Era el sitio. La hora 3,30 de la tarde. Habíamos hecho más de 5 kilómetros de distancia y salvado un desnivel de sólo 500 metros. Nuestra posición S27°16´145 y O68°29´256. Comenzaría a partir de aquí la fuerte subida. Armamos nuestras carpas, tomamos abundante agua y rellenamos nuestras cantimploras y recipientes. Pronto había que meterse a la bolsa de dormir y queríamos evitar abandonar la carpa salvo motivos superiores.

Hacia el dos
El frío que hacía nos motivó a salir recién a las 10 de la mañana. Ascendimos bordeando el glaciar y admirando la altura de sus penitentes que casi superaban la nuestra. A los 5.800 metros y luego de buscar sin suerte un buen lugar, debimos armar nuestras carpas un poco inclinadas ya que fue imposible nivelar el piso a pesar de trabajar intensamente, las piedras lo impidieron.
Nuestra posición S27°16´416 y O68°30´107. La distancia en línea recta recorrida de 1 kilómetro y medio. El desnivel superado 500 metros. El frío intenso.
En el último campamento, por la altitud, es muy duro poder dormir bien. La falta de oxígeno genera, entre otras cosas, que despertemos muchas veces como resultado de innumerables secuencias descontroladas de sueños pesados.
Pero algo habíamos fijado en nuestras cabezas. Debíamos partir al día siguiente a las 5 de la mañana desde nuestras carpas, que quedarían armadas, para trabajar los casi 680 metros restantes a la cumbre y poder regresar de día.

Hacia la cumbre
La salida fue a las 5 y media. La subida maravillosa, a pesar del extremo cansancio, ya que se podía contemplar panoramicamente todo el sector limítrofe con Chile y los respetados perfiles del Walter Penk, el Ojos del Salado, el Inca Huasi y tantos otros, que brillaban al sol, recubiertos de nieve.
A las 10,30 estabamos abrazándonos en la cumbre. El espectáculo era sobrecogedor, ya que también podíamos contemplar al Bonete, las Cinco cumbres principales del Pissis y hasta el Veladero. No sentíamos el frío. Posición S27°16 822 y O68° 30´ 792 y la altura 6.472 metros. La distancia desde el campamento dos fue casi un kilómetro y medio.



Cumbre Nacimiento, al fondo izq. glaciar del Pissis. Jaime, Mariano y Omar

Un banderín y nota del Club Andino Tucumán de 1988, es decir once años atrás, apareció entre las piedras que formaban el montículo de cumbre. En la nota pudimos leer: “Encontramos una “ gradita que suponemos hicieron los polacos hace más de 50 años. El viento es helado y de los “mil demonios. La altura que dice el altímetro 6.250m. Luis Salinas (29) Claudio Bravo (26) “CAT Club Andino Tucumán. Argentina.”





José Luis González, en la cumbre del Nacimiento


Eran muchas emociones, pero no podíamos quedarnos allí, debíamos regresar.

Panorama desde el Nacimiento

El regreso
Con restos de euforia iniciamos el regreso. Llegamos después de dos horas al campamento dos que procedimos a desarmar y decidimos bajar hasta el base para poder dormir bien y recuperarnos del cansancio. Fue un largo trayecto de más de 8 kilómetros.
Al día siguiente, desde allí y llevando toda la carga, nos esperó una larga caminata de más de 28 kilómetros hasta los vehículos. Pero sólo las plantas de nuestros pies lo sintieron, nuestras cabezas estaban aún mirando paisajes desde la cumbre.

Jaime Suárez
Mendoza, Marzo de 1999.-

IZTACCIHUAL Y POPOCATEPETL



VOLCANES DE MEXICO

IZTACCIHUAL Y POPOCATEPETL
(1997 y 1992 respectivamente)

Jaime Suárez



En la última quincena de Diciembre del 2000 el Popocatepetl que venía siendo desde meses atrás cuidadosamente monitoreado y controlado en cuanto a evaluación de riesgo, entró en una importante actividad volcánica con etapas explosivas que lanzaron fragmentos incandescentes a más 1 y 2 kilómetros de distancia - enviando mucho más lejos a material de menor tamaño -, mientras elevaba una columna de ceniza a más de 3 km. de altura.
Se limitó de inmediato el acceso a unos 10 km. de distancia del mismo, incluyendo el sector que involucra el llamado Paso de Cortés y posteriormente se lo amplió a 23 kilómetros, obligando a estudiar y planificar la evacuación de unas 41.000 personas que habitan su entorno, muchas de las cuales ya habían comenzado a abandonar sus hogares.
Luego de unos 50 años de tranquilidad eruptiva, hacía 5 que había iniciado su actividad con erupciones y emisiones de cenizas y gases, lo que motivo a las autoridades a mantener la atención sobre el mismo y evitar la práctica del montañismo en sus laderas. A pesar de las prohibiciones cinco montañeses que lo ascendían aparecieron muertos en la zona cercana al cráter, en Mayo de 1996. Esto demuestra lo acertado de las medidas tomadas.


Como andinistas, que a veces los ascendemos, nos interesamos en los volcanes y rudimentariamente aprendemos que, en las formas de evolución de nuestro planeta, éstos se forman sobre una abertura por la que salen del interior de la tierra, gases, lava y roca fundida - magma – los que por acumulación van incrementando, en forma de montaña, el tamaño del volcán. El Popocatepetl es un volcán activo que ha tenido fuertes erupciones separadas de lapsos de reposo variables y como todo volcán activo representa un importante riesgo potencial. Hasta ahora las emisiones de ceniza no se consideran que pongan en peligro la seguridad de las poblaciones que lo rodean, pero de persistir la actividad podrían producirse lluvias moderadas de fragmentos de rocas y tal vez flujos de lodo motivados por el deshielo de los glaciares que aún coronan esta bella montaña. Ojalá en breve tiempo podamos nuevamente escuchar noticias de ascensos a su cumbre.


Había partido, durante un frío fin de Mayo del hemisferio Sur , vía Chile en un vuelo directo a México. Al arribar al aeropuerto me estaban esperando miembros de la Federación Mexicana de Excursionismo y Montañismo, viejos camaradas de la montaña con los que recordamos experiencias compartidas de ascensos por América, mientras esperábamos el vuelo en el que llegaba, - desde Guatemala donde se encontraba en una misión de paz del Ejército Argentino-, el Teniente Coronel José H. Hernández. Muy pronto nos reunimos todos junto a otros montañeros que arribaban de diversas partes de América y Europa.
Asistiríamos en Amecameca (a unos 60 km del Distrito Federal y a casi una hora de auto) al 4° Congreso Internacional de Protección y Difusión de Ecosistemas de Montaña organizado por la UPAME - UNION PANAMERICANA DE ASOCIACIONES DE MONTAÑISMO Y ESCALADA- y la UIAA –UNION INTERNACIONALE DES ASSOCIATIONS D´ALPINISME -. Luego de tratar los temas presentados por las federaciones participantes se emitiría la Declaración de Amecameca, íntimamente relacionada con los problemas de la ecología de montaña.

Todo México es un museo natural, donde destaca la belleza de sus montañas. Las cinco principales son: El pico de Orizaba 5.747 m, Popocateptl 5.452 m (Latitud N 19°01´18.30 Longitud O 98°37´39.50), Iztaccihuatl 5.386 m, Teyotl 4.570 m y Malinche 4.461 m. Si bien la cumbre más alta es el Orizaba, las más trascendentes y preferidas son el Popocatepetl y el Iztaccihual. Estos volcanes forman al Parque Nacional Izta-Popo de 25.679 Ha. Sus cumbres, separadas entre sí por unos 30 km. de distancia, eran antiguamente contempladas desde muchos lugares de la capital de este bello país, a pesar de encontrarse a mas de 70 km. Pero en la actualidad la contaminación atmosférica hace prácticamente imposible la visión de ellas. Esta contaminación es producida por más de 3 millones de vehículos y los más de 20 millones de habitantes del Distrito Federal (tal vez la ciudad mas poblada del planeta) ubicado a los 2.238 m de altura en un valle rodeado de volcanes, casi todos apagados.

Iztaccihuatl significa en el idioma Náhuat “mujer dormida” porque su perfil parece una mujer acostada, destacándose perfectamente desde la distancia la cabeza, el pecho, el vientre, rodillas y pies. Popocatepetl significa “montaña que humea” y es fácil imaginar su perfil como la figura de un guerrero arrodillado y apoyado sobre su escudo. Hay una bella y triste leyenda que se pierde en el tiempo y cuenta que cuando llegaron los Aztecas al Valle de Anáhuac y aún las montañas no terminaban de formarse, nació en Tenochtitlán una princesa Mexica llamada Mixtli. Su belleza hacía que fuese asediada por muchos nobles, en especial uno cruel y sanguinario llamado Axooxco. Pero ella amaba a un guerrero, Popoca, que había partido a luchar para conquistar el título de Caballero Águila y así poder conseguir, sobre el otro pretendiente, la mano de la princesa. Ésta ante el peligro que correría su amado y no queriendo aceptar a Axooxco, se quita la vida. Popoca regresa victorioso, y al ver muerta a la mujer que ama, tomó su cuerpo en sus brazos y se encaminó hacia las montañas. Allí permaneció acongojado al lado de ella, agachado a sus pies, hasta morir, pensando que la nieve podría despertarla del sueño. La muerte los convirtió en estos volcanes, Iztaccihuatl (mujer dormida) y Popocatepetl (montaña que humea) y se yerguen cercanos dominando el horizonte lejano de la ciudad de México.
Separado de ellos y más cerca de la capital, el actual Ajusco (representando a Axooxco), con sus 3.937 metros también impone su perfil.

Luego del congreso inexorablemente se imponía ascender a una montaña, que sería el Iztaccihuatl, y que tan cerca de nosotros (a unos 20 km.) habíamos tenido durante nuestras reuniones. Puede accederse a ella durante cualquier época del año, aunque sus mejores condiciones son en invierno. Es recomendable hacer cumbre antes de la una de la tarde, ya que suele cubrirse luego de nubes que dificultan ver el camino de retorno.
Con mucho entusiasmo nos preparamos para ascenderlo con Jordi, Joan y José junto a otros montañistas chilenos, venezolanos, guatemaltecos, colombianos, venezolanos, franceses, españoles y mexicanos.
jaime suarez
Ascendiendo el Iztaccihual...

También se podía apreciar desde Amecameca al Popocatepetl. El Popo, como cariñosamente se le denomina, hacía honor a su nombre ya que desde hace un tiempo una gran e intensa columna de blanco humo volcánico lo comunicaba con las nubes de altura. Su acceso estaba denegado por la actividad volcánica que presenta. Mientras nos desplazábamos en el micro que nos conducía al paso de Cortés, que separa a ambas montañas, - lugar desde el cual el conquistador proveniente de Veracruz, casi cinco siglos atrás, pudo contemplar la grandiosidad de Tenochtitlán -, no pude dejar de recordar cuando unos años atrás (1992) lo había ascendido luego de pernoctar en el cercano paraje de Tlamacas.
jaime suarez
Julia, Sara, Mercedes, Jaime, abandonando el refugio rumbo a la cumbre del Popo

Allí se encuentra el cómodo y bien instalado albergue de montaña Vicente Guerrero, a los 3.900 metros de altura. En esa oportunidad partimos del refugio antes de la salida del sol, que pronto nos brindó un maravilloso amanecer, ascendiendo sobre una arena de lava muy fina y manchones de nieve congelada. A los 4.400 metros de altura y luego de 3 horas de marcha, accedimos al lugar denominado Tres Cruces. Tras un breve descanso encaramos la pendiente del cono volcánico. Poco a poco y a lo largo de 4 horas fuimos superando los 1.000 metros que nos separaban de la cumbre. Al llegar a los 5.300 metros accedimos a un sector del borde del cráter, que tiene un diámetro de 350 metros y una profundidad de 250, debimos bordear durante una hora un sector del mismo para acceder a la parte más alta de esta montaña, soportando emanaciones sulfurosas que varias veces nos obligaron a poner nuestra boca muy cerca del suelo. Desde la cumbre pudimos apreciar parte del Iztaccihuatl sobresaliendo majestuosamente entre un espeso manto de nubes. Recordé muy bien que me prometí volver para ascenderlo, y ahora 5 años después, lo estaba cumpliendo.

Tras pasar el Paso de Cortés, 3.650 m, llegamos a la La Joya, en el sur del volcán. Allí termina el camino y quedaría el vehículo esperándonos. En este sitio es necesario asentar los datos de los montañistas, con fecha, horario, rutas y día estimado de retorno, en un libro del Socorro Alpino Mexicano, que se guarda en una caseta de color amarillo y al regreso se debe anular el registro. Iniciamos la marcha del grupo ya pasado el mediodía. Una ligera nevada comenzó a molestar nuestro ascenso, y no nos abandonó durante las 4 horas que tardamos hasta el refugio República de Chile, que se encuentra por los 4.700 m y al que accedimos luego de superar los “pies” de esta montaña. En su entorno hay espacio para acampar. Luego de comer algo nos acomodamos en las literas superpuestas y colectivas y logramos el sueño entre las consabidas bromas sobre costumbres de las diferentes nacionalidades que integrában la cordada. Este refugio fue destruido posteriormente por el fuego provocado por irresponsables que no llegan a comprender la importancia que tiene para un montañista ni el trabajo de mantenimiento que le cuesta, en este caso, al Grupo de los Cien de México, una ejemplar institución de ecologistas miembros de UPAME.
A las 5 de la mañana, luego de un liviano desayuno y de colocarnos todo nuestro equipo incluidos los grampones, iniciamos el ascenso superando glaciares, transitando collados y sorteando peñones. Acompañados por ventiscas y nevadas esporádicas llegamos a “las rodillas” y de allí a “la panza”.
jaime suarez


Tras una fuerte inclinación accedimos al “pecho”, donde está la cumbre principal con sus 5.386 m. Habíamos demorado en ese desnivel de poco mas de 600 metros más de 4 horas, fundamentalmente a causa del clima. No dejamos de festejar eufóricamente y de abrazarnos todo un singular grupo de alpinistas, andinistas e himalayistas. Una densa nube que nos envolvió en la cumbre comenzó a imposibilitar la visión a pocos metros y a hacer aparecer con tonos grises los colores de las banderas que se desplegaban.
El regreso se realizó muy lentamente, bajo situación no exenta de peligro a causa de la ya desatada tormenta, hasta los 3.500 metros donde por fin terminaba la capa de nubes y viento y estaba despejado. Más tarde llegamos a La Joya , donde luego de asentar el regreso, partimos en vehículo hacia Amecameca y, tras cargar equipajes, al Distrito Federal, donde seguiríamos cumpliendo compromisos oficiales .

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En el año 1521, y tras un segundo intento, fue un grupo de soldados enviados por Hernán Cortes, motivados por la necesidad de obtener azufre para fabricar pólvora, quién subió el Popocatepetl y alcanzó el borde del humeante cráter. El primero es ascenderlo fue el capitán Diego de Ordaz. Luego fue bajado dentro de un canasto Francisco Montaño, quién, con mucho trabajo halló azufre sedimentado en las entrañas del volcán
Se puede leer en “Cartas de la conquista de México” como midieron el cráter del Popocatepetl: “...y había de la una parte de la boca a la otra dos tiros de ballesta” Comparada la forma de tomar medidas de esa primera probable ascensión, con las que actualmente aplicamos utilizando el GPS, no deja de ser anecdótica.

jaime suárez

12 octubre, 2008

VOLCÁN PAYUN LISO







VOLCÁN PAYÚN


Por tierra de volcanes 1° PARTE

(Reserva Natural El Payén)

Por Jaime Suárez



La Reserva Natural El Payén se encuentra al sur de la provincia de Mendoza. Su nombre deriva de la voz pehuenche payén, que se aplica a lugares donde existe mineral de cobre.
La Payunia o Payén, es la reserva natural más grande de Mendoza. Es una superficie de más de 190.000 hectáreas, sobre los 2.000 metros de altura, donde predominan el Volcán Payun Liso (3.836 m) y el Payún Matrú ( 3.715 m), este último con un diámetro de cráter que supera los 8 Km., Hay en la zona centenares de conos volcánicos, escoriales, coladas de lava y grandes pampas de ceniza negra.
Todo ello forma una superficie bella, aunque de apariencia fantasmagórica. Pero hay grandes sectores con coirones, matas espinosas, molle, matorrales arbustivos y vegetación achaparrada muy adaptados para sobrevivir en esa zona, a pesar de la gran escasez de agua. Predominan en gran cantidad los guanacos, y también zorros, lagartos, yararás y pumas entre otras especies.


En la reserva natural El Payén.



Ficha de ascenso
Integrantes de la expedición:
Jaime Suárez, Patricia Garis y David Flores.
Cumbre alcanzada:
Volcán Payún Liso. Una vez alcanzado el labio del cráter se accede al montículo mayor, ubicado al sur. Posición S 36°30´856 y O 69°17´113.
Altitud:
Oficial 3.836 m sobre el nivel del mar. Estimada en cumbre por GPS 6.833 m.
Ruta:
Por la vertiente oeste.
Época más adecuada de ascenso:
Prácticamente todo el año exceptuando el invierno en que las nevadas pueden aislar la reserva.
Dificultad:
Poco difícil. Conviene llevar grampones, aunque no se usen, ya que según el año y/o al inicio o fin de temporada se pueden presentar glaciares en la ruta. Es fundamental buen estado físico en caso de realizar el ascenso en una jornada.
Equipo:
Tienda. Hornillo. Abrigo de Alta Montaña, ya que es engañosa su poca altura y se puede suponer que no hará frío. Rompevientos, chaqueta o campera y bolsa de dormir de altura. Guantes y mitones, zapatos. Bastones, gorro, gafas U.V., GPS. Llevar abundante agua, no hay en la zona.
Acceso:
Se accede desde Malargue, tras pasar por Bardas Blancas (35°51´270 69°47´993) y luego de unos 120 kilómetros se abandona la ruta 40 inmediatamente que se supera un pequeño puente sobre el pronunciado barranco (Barranca del Diablo) que encajona el Río Grande, en 36°18´788 y 69°39´940. Desde ese punto y acompañados, en el tránsito de una ruta de tierra, por muchos tramos con oleoductos y sectores de bombas extractoras de petróleo, se ingresa prácticamente a la reserva natural luego de transitar unos cuarenta kilómetros.

La expedición
Desde hacía tiempo habíamos planeado la expedición al Volcán Payún con Patricia Garis y David Flores. Ascender un volcán en el sur de Mendoza era una asignatura pendiente para mí y teníamos la ventaja que David ya había coronado el Payún Liso meses atrás, por lo que la aproximación sería más rápida y segura, evitando innecesarias y largas exploraciones.
Partimos a las 7 de la mañana transitando la ruta 40 hasta arribar a Malargue donde paramos a almorzar y reponer combustible, y continuamos hacia Bardas Blancas. Después de esta localidad y mientras seguíamos la 40, paralela ahora al Río Grande, pudimos observar recortados en el azul del cielo, la silueta cónica del Payún Liso y extendida y plagada de glaciares la del Payún Matrú, destacándose separada su otra cumbre Morado Alto, al norte.
Pasados 50 kilómetros desde Bardas Blancas pronto cruzamos el pequeño puente que sobre la Garganta del Diablo atraviesa el encajonado Río Grande. Habíamos llegado al desvío por el cual, abandonando la ruta 40, ingresaríamos en la Reserva por un buen trazado y consolidado camino mantenido por Repsol-YPF, hasta el puesto Mansilla, donde pernoctan los guarda-parques afectados a la zona para los controles rutinarios. Desde allí por un camino menos transitado nos dirigimos a Real del Molle, donde llegamos a las 16,30 horas. Considero que la denominación de real es un poco injusta ya que carece de agua. Desde este real proseguimos con rumbo sur hasta un punto del camino donde una huella de neumáticos que se dirigía al este nos indicó la posibilidad de acceder a las cercanías del volcán Payún Liso.
A las 19 horas estábamos armando el campamento base en la posición 36°31´927 y 69°19´186, en los 2.206 metros de altitud. Nos hallábamos a 3,7 kilómetros de la cumbre del volcán.



Campamento Base en el Payún Liso.


Dejamos las carpas bien aseguradas con piedras, ya que deberían esperar nuestro regreso. Nos protegía del viento una cercana elevación de piedras volcánicas tapizadas por altos arbustos espinosos. Mientras el sol se iba poniendo en la Cordillera de los Andes la cónica imagen del cercano volcán se fue coloreando de un intenso bermellón. Inmediatamente comenzó a soplar un frío viento que nos invitó a cerrar las carpas y enfundarnos en las bolsas de dormir. Hizo mucho frío considerando la altura a la que nos encontrábamos. Nuestro plan era partir al día siguiente completando en una jornada el desnivel superior a los 1.600 metros, que nos separaba de la cumbre y regresar. En montañas de mucha más altura no es aconsejable encarar en un día desniveles tan grandes, debiendo hacerse uno o dos campamentos más para ir logrando una buena aclimatación.
A las seis de la mañana comenzamos los preparativos para desayunar y vestirnos con ropa de altura calzando botas altas de trekking Llevaríamos una mochila pequeña con un litro y medio de agua, comida de marcha, otro par de guantes, la chaqueta de altura y rompevientos. Puntualmente a las siete cerramos las cremalleras de las carpas y comenzamos el ascenso dirigiéndonos hacia el volcán con la intención de hacer la ruta de oeste a este por encima de una continuidad de crestas de las que se colgaban los únicos glaciares que mostraba esa cara. Fuimos ascendiendo poco a poco en forma trabajosa primeramente pero apenas adecuamos la respiración al esfuerzo, se hizo más fácil. Podíamos ver como los rayos del amanecer proyectaban, hacia el oeste sobre la Payunia, la cónica sombra de nuestro volcán.
Es desnivel se sentía, pero considerando que se hace dentro de cotas donde no se siente falta oxígeno, era una meta bastante lógica. Tras cuatro horas de ascenso, sobre los 3.000 metros, un mal movimiento de David, al salir de un acarreo, le produce un doloroso esguince. Decide no continuar y regresar al campamento que se apreciaba, abajo, a la distancia. Seguiríamos sus movimientos mientras continuábamos ascendiendo. Ya había ascendido esta cumbre por lo que no le importó en demasía tener que abandonar la empresa.

El ascenso era premiado en cada descanso al contemplar cuando bajábamos la mirada, los colores de la Payunia en muchos kilómetros a la redonda y toda la diversidad de sus formaciones volcánicas. Debimos ponernos las parkas y otro par de guantes, ya que se colaba viento frío por nuestras prendas de polar. Poco a poco fuimos ascendiendo con Patricia el inclinado perfil del volcán hasta llegar al labio del cráter.



Patricia durante el ascenso.


Estábamos sobre los 3.700 metros. Hacia el norte el borde descendía y hacia el sur ascendía, indicando el sector de cumbre. A partir de allí debimos bordearlo superando crestones de piedras en una suave inclinación que tras un recorrido de más de 450 metros finalmente nos condujo al montículo final de cumbre. Eran las 14,30. El GPS indicaba la posición 36°30´856 y 69°17´113 con una altura de 3.833 m. Habíamos demorado siete horas y media en ascender los 1.627 metros de desnivel que nos separaban del campamento base.


Payún Liso, cumbre.


La vista era espectacular. El Payún posee un truncado e inactivo cráter con glaciares en su cara interior norte y caída de colada hacia el noreste. Hacia esa misma dirección nos separaban 12 kilómetros del centro del cráter del Payún Matrú y 15 a su cumbre Morado Alto, al final de este volcán.


Volcán Payún, a mis pies el cráter, y al fondo el Payún Matru.


Hacia el oeste a exactos 100 kilómetros de distancia resaltaban en la blanca cordillera de Los Andes, los 4.709 metros del Volcán Domuyo.


Volcán Tromen, hacia el suroeste, dos secuencias

jaime suarez





El Domuyo, es la más montaña alta de la Patagonia y se encuentra en Neuquen.
Más lejos, a 125 Km. con rumbo noreste la cumbre del Cerro Nevado, con una altura muy similar a la nuestra.
A las 15 horas, luego de las fotos y el llenado del comprobante de cumbre procedimos a regresar. Por lo general, más cuando se está cansado, es más delicado el descenso que el ascenso y hay que cuidar mucho cada paso que se da. Lo hicimos despaciosamente no sin antes aprovechar una cavidad que protegía del viento para devorar unos emparedados con deliciosas fetas de jamón serrano.

Misteriosa situación
Ya casi al final del descenso, sobre los 2.500 metros de altura y a poco más de un kilómetro del campamento base, noto que mi reloj Suunto comienza a indicar una altura primeramente de 4.000 metros para luego ascender y clavarse en 10.000 metros. Decidí fotografiar esa altura súper himalayesca pero la cámara digital mostraba el display, apuntara donde apuntara, con imágenes superpuestas por trazados como las de un circuito electrónico, y no accionaba. No quise prender el GPS para evitar que también fuera errático. Patricia se lo atribuyó a algún probable núcleo ígneo ferroso debajo de nuestros pies, situación casi lógica considerando la zona en que nos encontrábamos.

Recién a las 19,30 llegamos al campamento donde David nos estaba esperando impaciente.
Unas frías cervezas sirvieron para festejar el ascenso. Corroboro el funcionamiento del reloj y la cámara y veo que lo hacen ahora perfectamente. Menos mal. A descansar y al día siguiente iniciaríamos el retorno, aunque con la promesa de continuar los festejos almorzando chivo asado en Malargue. Compromiso que cumplimos.

Nos quedó la duda de la cumbre con Patricia, ya que no habíamos encontrado el comprobante de la expedición anterior, en la que participaba David, y creíamos haber llegado a la cúspide más alta, aunque unos pocos metros más al sur había otra. Poco tiempo después un correo de mi amigo Oscar Daher, al que le habíamos informados los WP de nuestra expedición, nos comunicaba lo siguiente: “ Hola Jaime
Estuvimos finalmente en Payunia el fin de semana.
Fuimos 9. De los cuales 6 hicimos cumbre en el Payún Liso.
Como vos comentaste, efectivamente la cumbre principal es la que hiciste vos y Pato. Coincidimos en la altura(3833)la otra cumbre tiene (3831) en ella estaba el libro de cumbre. El último fue David y Jurado. El libro lo habilitó Braccale en el año 96 y con la nuestra mas tu cumbre suman 9 en total, salvo que alguien dejara comprobantes en la cumbre que vos estuviste y no quede registro del mismo.
Seguimos tus puntos de GPS. Nos facilitó en extremo la aproximación. No nos salimos de la huella, por lo tanto caminamos el día de cumbre bastante mas ( 2.7 Km ) a la base. Tengo el track grabado por si te sirve. Bueno quería comentarte y agradecerte los datos aportados.
Me gustó manejarme con este tipo de logística en un lugar donde llegas a ciegas con instrumento. Fue una experiencia nueva, buena, interesante y divertida.
Te mando un abrazo. Oscar”
Nos había quedado resuelto el misterio de la cumbre, faltaba el otro, el del campo magnético.

Jaime Suárez


Datum,WGS 84

BARDAS BLANCAS,-35,51.270,-69,47.993,Bardas Blancas,
INGRESO,-36,18.788,-69,39.940,Ingreso desde ruta 40 a zona Payunia,
CAMINO CONSOLIDADO,-36,13.442,-69,30.057 ,1617 metros
CAMINO CONS 2,-36,11.942,-69,26.456,1779 metros
DESVIO,-36,12.637,-69,23.779,1776 metros
CAMINO,-36,15.544,-69,24.589,1755 metros
CAMINO 2,-36,20.812,-69,24.864,2108 metros
CAMINO 3,-36,23.639,-69,23.461,2291 metros
CAMINO 4,-36,25.036,-69,22.853,2268 metros
CAMINO 5,-36,26.396,-69,22.972,2204 metros
REAL MOLLE,-36,27.405,-69,22.769,2189 metros
HUELLA,-36,29.075,-69,22.331, 2119 metros
HUELLA 2,-36,31.070,-69,21.697, 2045 metros
ZONA INGRESO,-36,32.369,-69,21.826, 1979 metros
HUELLA VEHIC,-36,33.176,-69,20.891,1932 metros
HUELLA VEHIC2,-36,33.640,-69,20.342, 1921metros
CAMP BASE,-36,31.928,-69,19.186, 2206 metros
ASCENSO 1,-36,31.129,-69,18.156, 2907 metros
ASC 2,-36,30.878,-69,17.848, 3272 metros
ASC 3,-36,30.773,-69,17.657, 3486 metros
ASC 4,-36,30.706,-69,17.404, 3675 metros
ZONA CRATER,-36,30.706,-69,17.324, 3748 metros
CUMBRE,-36,30.857,-69,17.113, Cumbre de Volcán Paýun, 3833 metros


Jaime Suárez

VOLCÁN TROMEN


VOLCÁN TROMEN



Por tierra de volcanes....2º parte


Área natural protegida
Parque provincial TROMEN - Neuquen

Por Jaime Suárez

Se encuentra al Noroeste de la provincia del Neuquen. Es una reserva de una zona típicamente volcánica, creada para preservar áreas de cría de aves, en especial migratorias. Tiene una superficie de aproximadamente 30.000 Has. En esta reserva sobresale el Volcán Tromen 3981 m, cuyo nombre proviene del vocablo mapuche "tomen", que significa totora. Sus laderas y faldeos están tapizados por grandes escoriales negros, lava solidificada de tono parduzco, y por sobre los 3.400 metros, esporádicos glaciares y caprichosos sectores nevados, muchas veces dentro de los escoriales.
Sobre los 3.600 metros aparecen varios conos y cráteres - con pequeñas lagunas en su interior, resultado de deshielo - que denotan una inocente, aunque dudosa, inactividad.
No deja de ser majestuosa también la presencia del cerro Wayle 3.182 m en cuya base funciona el centro de esquí y refugio Cerro Wayle. Entre ambas montañas y por sobre los 2.000 metros de altura se encuentra la Laguna Tromen y el Bañado Los Barros.
La laguna Tromen tiene contenidos sulfurosos, pero eso no evita que en su derredor haya muchos pájaros y aves - de las que pude precisar patos, flamencos, cisnes cuello negro y teros -, y también ganado vacuno y equino, ya que hay bastantes afluentes de agua dulce provenientes de filtraciones de deshielo. Este espacio montañoso, junto a la Cordillera del Viento y el Domuyo, constituyen el más majestuoso portal de ingreso a la Patagonia.

Ficha de ascenso
Integrantes de la expedición:
Celina Guiñazú, Monica Garcìa, Susana Céspedes y Jaime Suárez.
Cumbre alcanzada:
Parte superior del labio del principal cráter de esta montaña. Hay muchos cráteres más de menor altitud. Posición S 37°08´410 y O 70°02´963.
Altitud:
Oficial 4.114 m sobre el nivel del mar. Pero no supera los 4.000 m. Estimada en cumbre por GPS 3.981 m.
Ruta:
Por la vertiente oeste, se precisa la ruta y los principales puntos.
Época más adecuada de ascenso:
Prácticamente todo el año exceptuando el invierno en que las nevadas pueden aislar la reserva. En invierno es ideal para hacer esquí de montaña.
Dificultad:
Poco difícil. Conviene llevar grampones, aunque no se usen, ya que según el año y/o al inicio o fin de temporada se presentan glaciares en la ruta. Es fundamental muy buen estado físico en caso de realizar el ascenso en una jornada.
Equipo:
Tienda. Hornillo. Abrigo de Alta Montaña, ya que por su altura se puede suponer que no hará frío y hay mucho viento. Rompevientos, chaqueta o campera y bolsa de dormir de altura. Guantes y mitones, zapatos. Bastones, gorro, gafas U.V., GPS. Llevar agua para el ascenso, aunque pueden encontrarse en algunos lugares y según la estación y la hora, agua que escurre por debajo de las piedras.
Acceso:
Se puede acceder desde Neuquen, Zapala y desde allí a Chos Malal, que se encuentra a unos 40 kilómetros al sur de la Laguna del Tromen. Luego de salir de Chos Malal, con sentido norte, hay que abandonar la ruta 40 e ingresar en la 37 que es camino consolidado.
Desde Mendoza por la ruta 40 con sentido sur y luego de cruzar el límite provincial con Neuquen, en Barrancas, se abandona también la Ruta 40 e ingresando a la ruta provincial 37, y siempre en sentido sur, tras uno 50 km se llega al borde de la laguna.

La expedición

Todavía estaban en mi mente las imágenes del Domuyo y el Volcán Tromen. Las había contemplado desde la cumbre del Payún Liso, en octubre del 2006. Aparte algunos tránsitos por la ruta 40 me habían permitido apreciar al Tromen bastante cerca y hasta imaginar alguna que otra ruta de ascenso. Se habían presentado unos días libres a finales de noviembre y decidimos aprovecharlos para encarar el ascenso al Volcán Tromen. Me acompañaban 3 mujeres, expertas andinistas, con las que 20 años atrás había compartido ascensos en el Cordón del Plata en Vallecitos.
Partimos a las 9 de la mañana transitando la ruta 40 hasta llegar a Malargue donde como en ocasiones anteriores, paramos a almorzar y reponer combustible, y continuamos hacia la frontera de Mendoza con Neuquen. Después de Bardas Blancas y mientras seguíamos la 40, pudimos observar, una vez más, recortados en el azul del cielo, la silueta cónica del Payún Liso y la estirada del Payún Matrú. Cruzamos el Río Barrancas y en la localidad de Barrancas buscamos el ingreso a la Ruta provincial 37 que deberíamos circular por unos 50 kilómetros hasta llegar a la Laguna Tromen, ubicada al final de la ladera oeste de este volcán. Hacía muy poco que había pasado una máquina vial y el camino se encontraba con muy buena transitabilidad.
Pronto apareció frente a nosotros la soberbia imagen de nuestro volcán, que nos acompañaría por muchos kilómetros y renovándose en cada ángulo del camino, hasta que finalmente y luego de terminar de transitar paralelos a un negro escorial que separaba la ruta del lago pudimos llegar a su borde.
A las 17 horas y luego de un recorrido de 650 kilómetros nos encontrábamos en el refugio Wayle del Club Andino Cordillera del Viento, que se yergue en la falda oriental de la montaña del mismo nombre (3.296 m) y que con muchas comodidades sirve a los esquiadores que concurren a las pistas de esquí que funcionan en su entorno. Charlamos con Fabián, que tiene a su cargo el refugio, ya que la información que habíamos podido juntar sobre nuestro objetivo era absurdamente poca y sumamente imprecisa. Hicimos una observación prolija de todo el volcán y trazamos una imaginaria ruta, tratando de evitar en lo menor posible la ascensión por zonas de escoria volcánica, lo que no era fácil. Coordinamos con Fabián para tener contactos radiales sobre la expedición. Un poco más tarde, buscamos avanzar con la camioneta lo más posible y bordear la laguna hasta donde se pudiera. Tranquilamente, observando las aves de la laguna y al final, sobre sector de pasto, sorteando con mucho cuidado algunas vacas, llegamos al punto en que armaríamos nuestras carpas y quedaría el vehículo.

Campamento Base
A los 2.156 metros de altura, en la posición S37, 7.001, O70, 6.784, a menos de un kilómetro al sur de la laguna y a 6,5 kilómetros de la cumbre, a las 19,30 horas terminamos de armar nuestras tiendas. Existía un desnivel de 1.850 metros hasta la mayor altura del volcán. Era mucha altura para encarar todo el ascenso en un día, a pesar que nos moveríamos en niveles donde la puna no es significativa. Haríamos en consecuencia un campamento de altura y con sólo una de las carpas, así distribuiríamos entre todos el peso de las misma, lo que era beneficioso a pesar de tener menos espacio. Dejaríamos la segunda armada en la base para utilizarla al regreso o si alguien tuviese que descender por alguna circunstancia.
La puesta del sol, pintando de rojo a los cordones del Wayle y al refugio del centro de esquí pudimos observarla mientras preparábamos la cena. Un poco más tarde un viento frío nos obligó a enfundarnos en nuestras bolsas de dormir.

Hacia más arriba
Con el ritual de poner piedras dentro de la carpa que quedaba armada, para evitar que algún fuerte viento pudiera desarmarla y dejarla bien cerrada, iniciamos muy bien descansados, a las 8, 45 horas el inicio de la marcha de ascenso. Partimos con el equipo de altura colocado a excepción de la parkas que iban sobre la mochila, y 3 litros de agua cada uno, ya que desconocíamos si tendríamos algún glaciar cercano, para derretir agua, en la zona en que armaríamos el campamento de altura.

Un rápido avance sobre un verde piso, sorteando mugientes vacas hasta llegar a una gran piedra, desde donde encaramos un inevitable valle que nos señalaba el camino a seguir. Pronto apareció una huella bien marcada que nos indicaba que habíamos acertado con la ruta lógica.

Importante posibilidad
Pasadas las 11 horas y los 2.700 metros vimos un lugar con visibles marcas como piedras colocadas en círculo y pisos nivelados, que indicaban había sido utilizado en varias ocasiones como campamento, S37, 8.056, O70, 4.878. Desde aquí a la cumbre hay, respetando los wp que luego hicimos, unos 3.5 Km. de distancia y una diferencia de poco más de 1.200 metros de desnivel con la cumbre. De haberlo sabido los planes hubieran sido diferentes ya que se puede ahorrar un día en el ascenso, al acceder a este sitio desde donde queda la camioneta, el mismo día de llegada, pudiendo al siguiente atacar la cumbre. Es importante considerar esa opción para una futura expedición.

Continúa el ascenso
Seguimos subiendo, ya con los guantes colocados por culpa de penetrante viento. En algunos puntos, por encima de los 3.000 metros, pasadas las 14 horas y por el calor de los rayos solares, en algunos lugares, a nuestros pies y muy cercano, se escuchaba el ruido que produce el fluir de agua de deshielo en las oquedades de las piedras. Aprovechamos con satisfacción esta circunstancia, sacando algunas piedras hasta encontrar hilos de agua, para rellenar nuestras cantimploras y botellas. El no tener que encarar el trabajoso proceso de derretir nieve para obtener agua siempre es muy bien recibido.
A las 16,45 horas estábamos casi en los 3.300 metros de altura. Habíamos seguido la falla que dejaban la unión de la zona de escoria, de filosas rocas color negro, con las de color parduzco, más redondeadas. El muy estrecho espacio que por doquier imperaba, para armar una tienda, no invitaba a continuar ascendiendo. Habíamos superado un desnivel de 1.140 metros y era más que suficiente por un día. Fue agradable, en especial al tener agua suficiente, el ascenso de 8 horas. Nos dió un promedio de 142,50 metros por hora. Luego de un delicado proceso de nivelar el piso que tomó bastante tiempo y todos nuestros esfuerzos restantes, armamos la carpa. Devoramos, luego de un prorrateo delicado, una lata de duraznos en almíbar que nos reconfortó las energías perdidas.

Campamento de altura
Dormir 4 personas en una carpa, aunque sea una “North Face” para 4 adultos no es muy cómodo. Las mochilas y los zapatos deben quedar afuera, y cocinar en su interior se debe hacer con más cuidado y antes de introducirnos a la bolsa. Pero si resulta práctico al poder ser dividido su peso, entre varios, para el traslado y poder ubicar más fácilmente un espacio para armarla, especialmente entre rocas volcánicas.
Dormimos placidamente aunque esa noche hizo muchísimo frío y amanecieron todas las rocas cubiertas por un fino manto níveo, que más parecía helada que nieve.
Nos quedaban unos 690 metros de desnivel a la cumbre y en la estimación que de ella tenía en el GPS me decía que estaba a una distancia, en línea recta por decirlo así, de 1,8 Km. No era consecuentemente necesario ningún madrugón, ni pasar frío inútilmente saliendo sin sol. Despertamos a las 7 de la mañana y preparamos tranquilamente el desayuno. Nos pusimos el equipo de a uno por vez, para no molestarnos mutuamente y a las 8,30 horas cerrábamos la carpa, partiendo hacia la cumbre.
A pesar de los guantes volvimos a sentir frío en las manos, especialmente en la mano más alta, la que apoyaba el bastón sobre el sector de colina, hasta que activamos nuestra circulación con la marcha. Era un constante movimiento entre sobresalientes montículos de escorial separados por manchones de nieve, que debíamos sortear y cruzar, hasta superar los 3.600 metros. A partir de allí se “suavizó” el paisaje al desaparecer el escorial. A poco más de 1 Km. en sentido NE florecía un montículo de cráter de unos 200 metros de altura. Había otros hacia el sur, uno muy importante, y hacia el este, pero el nuestro era el mayor. La decisión fue acertada. Poco a poco, un suave ascenso sobre un inclinado glaciar nos permitió llegar a los 3.800 metros. Desde ahí en más fue un paseo al encontrar una pequeña huella con suave inclinación que nos condujo a la cumbre.

En la cumbre
A las 12 horas nos estábamos abrazando todos en la cumbre. Demoramos 3,30 horas en hacer 686 metros de desnivel. Casi, casi 200 metros por hora, no estaba nada mal considerando lo habíamos disfrutado. Posición cumbre S 37, 8.410, O 70, 2.963, 01-DIC-07, 12:01:39, 3981 m. La cúspide se encuentra en el labio este del cráter de cumbre. El cráter de unos 50 metros de profundidad con la forma de un cono invertido, tiene un glaciar interno de unos 180 grados, que se apoya en su figura de embudo. En el sector de cumbre existe un monolito, de aproximadamente un metro de altura, que parece un banco. Está formado por 4 patas de hierro con una madera circular en su parte superior. Tenía hielo uniendo sus patas y refuerzos metálicos, con níveos pliegues formados por la acción del viento, que le daban una fantasmagórica apariencia.
En la cumbre



Muchos cráteres pequeños, especialmente al norte del nuestro, tachonaban la zona de los 3.800 metros de esta montaña.

A 6 Km. de distancia veíamos, el espejo azul verdoso de la Laguna Tromen. El escorial que habíamos observado transitando la ruta de acceso, llegaba como una negra alfombra hasta la orilla Este de la laguna. Desde la altura impactaban sus 10 kilómetros de largo y 5 kilómetros en su parte más ancha. Esta gran mancha negra tapiza sobre los 2.000 metros el final de la falda norte de nuestra montaña.
A la distancia florecían muchas cumbres. El Payún Liso, desde el que mas de un año atrás había contemplado esta cumbre, se apreciaba en sentido NE a 95 kilómetros. Al Wayle que podíamos contemplarlo, a 12 kilómetros en sentido NO, se le observaba toda su corona de cumbres, que supera los 3.000 metros. En ese mismo sentido y a 65 kilómetros, se acrecentaba toda la nívea imponencia del Domuyo.
Soplaba un muy frío viento que nos obligó a buscar refugio en unas cavidades por el lado externo del borde del cráter. Allí protegidos del viento procedimos a devorar algo de la comida de marcha de llevábamos y a hidratarnos.

Cráteres antes de la cumbre del Tromen


La Bajada
A las 12,45 horas, luego de numerosas fotos y habiéndonos olvidado en la algarabía de cumbre de revisar los comprobantes que pudieran existir, procedimos a regresar. Al llegar a la zona de escorial tuvimos que hacerlo despaciosamente, y fue imposible hacer el mismo camino que para el ascenso. Todos los cumbreríos negros, todas las rocas y todas las manchas de nieve eran iguales. Pero llevábamos el sentido de marcha por lo que no fue muy difícil encontrar la carpa. A las 15,15 horas llegamos al campamento de altura. Demoramos 2,30 horas en llegar a él. Comimos y procedimos a desarmar la tienda. A las 16 horas partimos con todo a cuestas de regreso hacia el campamento base. Llegamos a él 3 horas después, a las 19 horas.
Dormiríamos lo mejor posible, por lo que procedimos a armar la carpa que bajamos de altura. Luego un brindis con latas de cerveza para festejar la cumbre y posteriormente procedimos a revisar que alimentos nos parecían más suculentos para la cena ya que serían acompañados por una botella de vino tinto mendocino de muy buena marca.
Al día siguiente, domingo 2 de Diciembre, iniciaríamos el retorno hacia Mendoza.

Jaime Suárez
Diciembre 2007

VOLCÁN GALAN

VOLCÁN GALÁN



Cráter del Galán, borde sur


5.912 m.s.n.m.
EXPEDICIÓN REALIZADA DESDE EL 13 AL 18 DE OCTUBRE DE 2003 POR MIEMBROS DE U.P.A.ME., C.A.M. Y JANAJMAN.

INFORME DE LA EXPEDICIÓN DE CUMBRE
Y EXPLORACIÓN

Fecha de inicio: 13 de Octubre de 2003.
Fecha Finalización: 18 de Octubre de 2003.
Cumbre: principal Volcán Galán, 5.912 m.
Ubicación: Noreste de Catamarca, en el límite con Salta. L S 25°56´394 y L O 66°55´142.
Fecha de Cumbre: Viernes 17-10-2003.
Objetivos: Exploración de este volcán, con indicación de cumbre, alturas y rutas de acceso.

VOLCÁN GALÁN
Volcán Galán, ¡El cerro de las Estatuillas...! Mientras me dirigía en mi auto para encontrarme con el resto de la expedición en Hualfil (Catamarca) no dejaba de pensar en la lectura que sobre esta montaña había hecho en el estupendo libro “El Enigma de los Santuarios Indígenas de Alta Montaña” de Don Antonio Beorchia Nigris. En él se citan relatos del Dr. Rolf Dangl y de Matías Rebitsch -el famoso alpinista austríaco que también estuviera en el Llullaillaco-, tales como que... “al poner pie en el punto más elevado del alargado filo de la cumbre, encontró tres círculos de muros, tapados hasta arriba con escombros”. También que partió Rebitsch en 1956, para investigarlos, cabalgando desde Angastaco, Salta, hasta el pie del “Gallán” y que ascendió desde un campamento a 5.300 m. y al llegar a la cumbre contempló las citadas construcciones muradas donde comenzaron sus investigaciones durante dos días más, incluidos los ascensos y descensos. Encontró entre otras cosas una pequeña escultura de llama de material de concha, una bolsa con coca, un ídolo de plata con vestidos multicolores en miniatura, luego otro, y finalmente una tercer estatuilla. Hasta aquí mis recuerdos de estos datos, pero eran más que suficientes para motivarnos a realizar tan esperada expedición.

Ubicación
El multicumbrero macizo del cerro Galán, con un diámetro aproximado de unos 20 kilómetros de Norte a Sur y unos 15 kilómetros de Este a Oeste, florece dentro de una caldera volcánica de unos 35 km. de alto por unos 25 km. de ancho. Aparecen así en el inmenso cráter algunas decenas de cumbres que constituyen el “cerro Galán” muchas superiores a los 5.500 metros y entre las cuales se hallaba la que había subido Matías Rebitsch y deberíamos ascender. A la izquierda de la caldera descansa la Laguna Diamante cerca del punto de confluencia de los 26° de latitud Sur y 67° de Longitud Oeste, la que es una preciosa muestra salada de un muy antiguo inmenso cuerpo de agua que ocupaba gran parte del cráter. Hay también un pequeño río, mejor diría arroyo, el Rebitsch, que lo bordea en su sector Este, con cauce muy moteado por formaciones de pasto. Probablemente nazca desde afluencias del faldeo Este frente a la cumbre del Galán, y se dirija de Sur a Norte hacia el zona del Salar del Hombre Muerto, y llamaremos Río Rebitsch y un arroyo Sur que nace también con afluencias del sector Este y del Sur del Galán desembocando, con otras filtraciones, formando el Río Diamante, , terminando con sentido Norte a Sur en la laguna Pabellón, previa y cercana a la Diamante. Hay una tercer y pequeña laguna en el sector Noreste del cráter, dentro de un cono volcánico, llamada “Culismundi” o “ Perla del Galán” .
Hasta la década de los años 70 se lo conocía como Cerro Gallán, y fue recién con la aparición y estudio de las fotos satelitales cuando se descubrió que toda esa zona era un inmenso cráter volcánico. Es muy valioso el aporte que las fotos satelitales hacen a los andinistas que aprenden a interpretarlas, en especial en zonas y montañas poco conocidas. Las cartas suelen necesitar actualizaciones en esas circunstancias. En el caso del Galán su posicionamiento en las cartas es claro, y las mismas reflejan la geografía que lo rodea con excepción de la laguna “Culismundi” y el arroyo Rebitsch. La posición de cumbre que tomamos fue Latitud S 25°56´394 y Longitud O 66°55´142, y la altura 5.912 metros.

El Encuentro e inicio de la aventura
El lunes 13 de Octubre y tras completar setecientos kilómetros desde Nono, donde había participado en el 4° Encuentro Nacional de Montañistas, pude encontrarme en Hualfil, Catamarca, con Hans y el resto de los expedicionarios. Parte del grupo había salido el día anterior directamente desde Mendoza, y a él se había unido Alejandro que venía desde Salta. En el Automóvil Club de Hualfil llenamos los tanques de gas-oil y un bidón extra cada uno. A partir de esta localidad se haría dificultoso obtener combustible. Con toda la carga distribuida decidimos continuar. Regresamos hacia el Sur unos kilómetros hasta el cruce que sale para Antofagasta de la Sierra y tras unos 8 km. desviamos en Puerta de Corral Quemado hacia Villa Vil, donde intentaríamos dormir dado la hora y el agotador viaje. Una charla con el intendente que se encontraba en los baños termales nos permitió enterarnos de que el lugar en que daban pensión se hallaba ocupado en su totalidad. Nos aconsejó continuar los 18 kilómetros que nos separaban de Barranca Larga, 26°59´120 y 66°44´314, a los 2.500 metros de altura, donde felizmente nos hospedamos en una hostería-almacén-bar que había sobre la ruta. Por 6 pesos por cabeza descansamos muy bien. Una rápida cena y al día siguiente continuaríamos hacia El Peñón.
Pronto, y por un camino muy bien consolidado pasamos por la zona de la Quebrada Peña Fría, donde tomé la posición, 26°44´563 67°04´180 con 3.895 metros. Nuestro camino había rodeado la Laguna Blanca y más adelante apareció una apacheta ubicada a los 3.987 metros en posición 26°44´632 y 67°06´257 previa a la bajada a Laguna Pasto Ventura y luego vimos el Puesto Ventura a 3.890 m (26°41´310 y 67°10´997). Desde hacía ya muchos kilómetros podíamos contemplar preciosas y despreocupadas manadas de vicuñas. El hecho de ser la zona una reserva natural y de estar prohibida su caza, ha permitido un importante aumento de estos camélidos. Es muy agradable poder verlos a la vera del camino. Con rápida trepada recuperamos los metros descendidos y a los casi 4.000 metros estábamos en el Paso Ventura, en la posición 26°40´866 y 67°11´771. Pudimos admirar a más de 100 km. de distancia las partes más altas de los inconfundibles perfiles del San Francisco (6.008 m.) y el Inca Huasi ( 6.638 m) en el Paso de San Francisco. Siguiendo el viaje aparece otra laguna blanca, a los 3.833 metros, en posición 26°38´014 y 67°14´280, y finalmente, ya al mediodía accedimos a El Peñón 3.450 m 26°28´547 y 67°15´880. En este sitio pasaríamos la segunda noche. Nos acomodamos en la sección de Hospedaje que tiene la Municipalidad del lugar ($ 7,00 por cabeza). Donde entre otras comodidades cuenta con servicio telefónico y mesas y sillas. Esta población tiene 300 personas y se pueden adquirir artículos regionales de telar. Luego del almuerzo salimos a recorrer los alrededores y ascendimos en proceso de aclimatación un pequeño cono volcánico cercano. Nos vino muy bien el ejercicio aunque ninguno de nosotros aquejaba ningún malestar por la altura.
El Miércoles 15 saldríamos desde este pueblo a las 9 de la mañana.

Hacia el Galán
Hasta El Peñón habíamos tenido un camino consolidado en bastante buen estado, aunque de un accidentado fluir de desniveles. Ahora nos encontrábamos sobre una cerrada huella de 4x4, que deberíamos transitar a lo largo de más de 80 kilómetros. Partimos de los casi 3.500 metros y a medida que transitábamos se mantenía un suave pero constante ascenso. Pasados los 4.000 metros, tomé la posición 26°19´554 y 67°06´951. Pronto varía un poco el paisaje de cerros al aparecer, a 31 km. del Peñón, una laguna a los 4.263 metros de altura (26°18´116 S y 67°04´943 O) con flamencos rosados. Seis kilómetros más adelante, una segunda laguna a 4.300 metros de altura. (Laguna Grande 26°15´569 S 67°03´437 O). A los 4.500 metros de altura y a 47 kilómetros de El Peñón aparece una tercera laguna. Todas ellas con poblaciones de flamencos. Algún burro salvaje y un solitario suri amenizaron un poco el paisaje que sólo se interrumpía de cuando en cuando por manadas de vicuñas que, en su huída, empecinadamente cruzaban delante de nuestros vehículos. Continuamos la ascendente senda y apareció a los 4.522 metros de altura una apacheta en nuestra ruta, la posición 26°11´232 y 66°59´816, a 49 km. de El Peñón. íbamos en buen camino y lo corroboramos al completar un rápido ascenso que abruptamente termina con una gran y descendente barda. Había que parar.

En el Borde del Cráter
El borde sur del inmenso cráter daba la impresión de comenzar a nuestro pies.


Jaime y Alejandro al borde del cráter, al fondo el Galan


Eran las 11,30 horas y la altura 4.775 metros. La posición 26°07´616 y 66°57´268 a 60 kilómetros de la salida. Luego de un muy pronunciado desnivel, de unos 150 metros, se perfilaba demarcada en el arenoso suelo por varios kilómetros - más de doce- la senda que deberíamos transitar. Ésta se dirigía hacia la laguna Diamante que brillaba a lo lejos. Surgían en el medio del gran cráter las decenas de cumbres que constituyen el “cerro Galán” y entre las cuales deberíamos determinar cual era la más alta. Comenzaron las eternas conjeturas de estos casos de cumbres ignotas, en que todos opinamos y ninguno puede estar seguro. Pero la encontraríamos. Descendimos la fuerte pendiente, de arena tapizada con piedra laja y enfilamos rápidamente hacia la Laguna Diamante. Durante la bajada de los vehículos, nadie dijo nada, pero todos pensamos en cómo haríamos a la vuelta para poder ascender sin problemas semejante subida. Cruzamos el arroyo moteado de pasto, dos cauces casi secos de más de un metro de abrupta bajada y por fin llegamos a las cercanías de la laguna justo a las doce del mediodía. Nuestra posición era 26°01´49767 y °01´058 4.637, estábamos por odómetro a 73 km. de El Peñón.

Hacia La Confluencia de Latitud y Longitud
Hans comenzó a buscar el punto de Confluencia de Latitud 26 y Longitud 67, que encontramos a las 12,18 horas. Había una solitaria pacheta de piedras de unos 35 cms. de altura, seguramente construida por Piri, Polaco y su grupo, cuando según su relato, llegaron a la laguna “Culismundi” o “Perla del Galán”. Sobre la apacheta colocamos nuestros GPS hasta que comenzaron a marcar 4.840 metros de altura y la posición 26°00´000 S y 67°00´000 O. No hay muchos puntos de confluencia en nuestro país y menos a tanta altura. Sacamos las consabidas fotos.

Campamento Base Goma Pinchada
A partir de ahí y en base a la posición de GPS que teníamos de la cumbre del Galán, decidimos encontrar el mejor lugar para armar nuestro campamento base. Penetramos por un leve y ascendente acarreo hasta un viejo glaciar de gastados penitentes que se recostaban sobre una de las suaves laderas, a los 4.920 metros de altura. Nos pareció el lugar más conveniente y protegido. No convenía subir más. Ya era mucha y excesiva altura para nuestro plan de aclimatación y también lo era para nuestros vehículos. Casi a los 5.000 metros las noches y los amaneceres suelen ser muy fríos y penetrantes. Al bajar sentí el indeseado susurro de una goma perdiendo aire en mi camioneta. Era una trasera, que pocos segundos después se desinflaba totalmente. Pero no la arreglaría, lo haría a la vuelta, no había ganas para ello y debíamos aclimatar. Me di cuenta cual sería el nombre de nuestro campamento base en el Galán, se llamaría Campamento Base Goma Pinchada.

Cerro Galán, Campamento Base "goma pinchada"


Estábamos a 86 kilómetros de El Peñón, sobre los 4.920 metros de altura y en 25°57´862 y 66°59´693. Eran las 13 horas.
Armamos las carpas. Un rápido almuerzo de una lata de duraznos al natural, los consabidos tés de la tarde y finalmente una muy liviana cena. En el día habíamos superado casi 1.500 metros de desnivel. Era demasiado. Antes de dormir nos controlamos uno a uno con resultados satisfactorios, pero debíamos estar atentos para considerar urgentemente cualquier problema que se pudiera presentar. A pesar de todo y de los consabidos incontrolables y desordenados sueños con los que colabora la hipoxia, dormimos bien.

Hacia el campamento uno de altura
A la mañana siguiente, Jueves 16, con tranquilidad y con los primeros rayos fuertes del sol calentando nuestras carpas, desayunamos y preparamos nuestra salida hacia el campamento uno de altura, dejando una carpa armada junto a los vehículos, por cualquier emergencia. Eran las 9 horas cuando con la pesada carga de la mochila, que incluía, en algunos casos más de 4 litros de agua, comenzamos despaciosamente a ganar altura en el sentido que nos indicaba la posición de cumbre, que se hallaba a 8 km de distancia. Poco a poco, con la dificultad que da la primer hora de marcha, nuestros pulmones se iban adaptando a cada metro que ascendíamos. Tras 3 horas, apenas pasadas las 12, salimos desde el final de una curva del ascendente y cada vez más estrecho acarreo (en alguna época fue un cauce glacial) a una plataforma en la que se unían tres acarreos descendentes de mayores alturas, que en forma de delta convergían a nuestros pies. Era un buen lugar para el Campamento 1. La altura 5.320 m y la posición 25°57´586 y 66°57´831. Faltaban 4,8 kilómetros en los que deberíamos ascender 600 metros hasta poder alcanzar la cumbre del Galán, la que aún no veíamos ni sabíamos cómo era. Armamos las carpas, que quedarían ahí esperando el regreso ya que al día siguiente encararíamos coronar la cumbre y regresar.
No sabíamos el esfuerzo a desarrollar y si deberíamos ascender varias precumbres pudiendo volver a perder altura nuevamente. Podría ser un día complicado. Alejandro decidió explorar durante dos horas de marcha el acarreo norte. Al regresar nos informó que no había podido determinar la cumbre pero si que el rumbo que llevábamos era el correcto. Un almuerzo liviano. Buena hidratación y frugal cena y a conciliar una larga noche de sueño. Decidimos partir a las 7 y media de la mañana, desayunados y con sólo nuestro equipo de vestimenta completo y un poco de agua y frutas.

Hacia la cumbre
A las seis de la mañana comenzaron los preparativos. Preparamos, aún enfundados en las bolsas de dormir, café con leche, pan con manteca y queso, y luego nos vestimos. Puntualmente, a las siete, estábamos cerrando nuestras carpas, luego de colocar unas pesadas piedras adentro, para evitar que el viento las llevara. Comenzamos la parte mas importante de la aventura. Había un tremendo frío que nos obligó muy pronto a colocar mitones o un segundo par de guantes sobre los que teníamos. Nos dificultó esto poder asir bien los bastones, pero por suerte no había pasos difíciles. Cuando se conoce la montaña que se asciende, siempre es mejor salir con un poco de sol. Se evita así pasar el innecesario y tremendo frío, de muchos grados bajo cero, que se produce al amanecer. Pero en esta circunstancia no esperamos al sol porque no sabíamos qué podría presentarse en nuestra subida que nos pudiese obligar a invertir más tiempo del previsto.
Tras casi 4 horas de trabajoso ascenso y de sortear, franquear, y subir y descender trabajosamente varias cumbres, detectamos la larga cumbre final sobre la que se asentaba la mayor altura del Galán. Un filo rocoso sobre el que sobresalían en el cielo dos promontorios de piedra volcánica, siendo el segundo más alto que el primero. Hacía allí subimos. Era la altura principal. La apacheta sobre la cúspide de la misma lo indicaba. Recordé las palabras, leídas, del Dr. Dangl ... “al poner pie en el punto más elevado del alargado filo de la cumbre...” nunca una descripción me pareció tan precisa. Era nuestra cumbre.

En la cumbre
La posición 25°56´394 S y 66°55´142 O, la hora 11,45 y la altura 5.912 metros. Pronto nos reunimos todos en un largo abrazo. Nuevamente una de nuestras expediciones había logrado las primeras mujeres en una cumbre.


Hans, Alejandro -fotógrafo-, Jaime, Susana, Mirta y Mary en la cumbre del Galan


Escarbamos entre un grupo de piedras colocado un poco más debajo de la apacheta cumbrera y apareció el Libro de Cumbre, en el que sobresalía la leyenda de la altura que anteriormente se le atribuía a esta montaña: 6.600 metros. Las actuales mediciones la han modificado sustancialmente en 688 metros menos.

Mirta con el libro de cumbre y Hans corroborando la altura


Estaban registradas seis expediciones, siendo la última la de nuestro amigo Heber Orona, de marzo de este año. No me fijé si habían registrado en el libro las de Dangl (1950) y Rebitsch. (1956). No había resto alguno ni notorio de las tres construcciones circulares incas. Sí existe en la base de la gran roca de cúspide, un raro socavón de unos 60 cms. de profundidad, que indicaba un fuerte trabajo arqueológico o lo que quedaba de él. Nos sentamos al resguardo del viento y durante más de media hora nos dedicamos a descansar observando golosamente todo el paisaje, tanto cercano, como lejano, que brillante se brindaba a nuestros ojos. Hacia el Suroeste se apreciaba perfectamente, a pesar que se hallaba a más de 180 km., el perfil del Inca Huasi. A poco más de 100 km. hacia el Noroeste el Nevado Antofalla. Hacia el Norte, a unos 60 km. el Salar del Hombre Muerto. Seis kilómetros hacia el Este y destacándose en el desértico entorno,


...el fino y serpenteante cauce del arroyo Rebitsch, con claro hilo de agua moteado totalmente por preciosas orlas de pasto verde. rodea el Galán hacia el Norte. Otra naciente a su sur, continúa ese sentido, debiendo perderse finalmente a través del Río Diamante, en la laguna Pabellón. Es tal vez desde el arroyo Rebitsch, si se pudiese acceder bien en vehículo, la ruta mas apropiada para subir el Galán y la que utilizó Rebitsch. Desde este cauce se aprecia perfectamente, en su dimensión y sin ningún tipo de obstáculo, la cumbre más alta del Galán. Otras cumbres, aunque más bajas se apreciaban hacia el sector sur, pero no eran empalmables directamente desde la nuestra. Se deberían ascender con un intento especial o mediante otra expedición.

Cerro Galán, retorno de la zona de cumbre

Apenas pasadas las 12,30 iniciamos el retorno al campamento 1 de altura a los 5.300 metros, al que llegamos tras casi 3 horas. Para descansar mejor decidimos continuar el descenso hasta el base a los 4.900 por lo que desarmamos nuestras carpas, y con todo el peso a las 16 iniciamos la bajada. En una hora justa estábamos al lado de nuestros coches y de la goma pinchada, que parecía burlarse de mí.
Montamos las tiendas. Había sido una larga jornada. Hans y Susana extrajeron una botella de champán que habían colocado entre los penitentes vecinos y en una alegre y sorpresiva ceremonia brindamos festejando el cumpleaños de Mirta, que coincidió con nuestro día de cumbre.

El Regreso
Al día siguiente, con el sol calentando los coches para facilitar el arranque y luego del cambio de rueda, iniciamos la salida desde el Campamento Rueda Pinchada. Desharíamos lo andado. Subimos con cuidado y preocupación la “gran subida” del cráter, aplicando baja, bloqueo y primera. No resultó complicada como creímos en una primera instancia. Raudamente, con varios cruces de ágiles vicuñas por delante de nuestros vehículos, y luego de traspasar sin detenernos las lagunas y El Peñón, en 6 horas de viaje estábamos en el empalme a Hualfil, en la ruta 40. Ahora a las termas, un merecido y cálido baño y a descansar antes de iniciar el retorno a nuestros hogares...

jaime suárez

ARIANOS - ATA





ATA- ARIANOS
INFORME DE LA EXPEDICIÓN DE CUMBRE
Y EXPLORACIÓN

Integrantes: Jaime Suárez ( U.P.A.M.E. - FRAE)
Mirta Sarmiento (C.A.M.)Hans Siebenhaar, Alejandro Giménez (JANAJMAN)
Fernando Martinis (JANAJMAN)
Fecha de inicio: 19 de Febrero de 1998.
Fecha Finalización: 28 de Febrero de 1998.
Cumbre: Volcán de los Arianos, 6.562 m/ 6.577m Ubicación: Sur 27°10´716 y Oeste 068° 34´344Fecha de Cumbre: Sábado 28-2-98.
Objetivos:
Descubrimiento y exploración de este sistema de montañas, con indicación de sus cumbres, alturas y rutas de acceso.
Ubicación de la cumbre Walter Penck, mediante utilización del GPS.
Documentación fílmica para información y antecedentes.

Cumbre Arianos (ATA-ARIANOS) desde el límite de ese entonces entre Chile y Argentina

EL SISTEMA WALTER PENCK
El Walter Penck, con sus 6.658 metros de altura, es una de las cumbres que al igual que el Tres Cruces –vecino cercano- podemos considerar denominarlas como “esquivas” para el andinista, a pesar de la experiencia que este tenga.
Ello no es extraño, y sucedió con otras montañas a fines del siglo pasado, cuando había poquísima información de la zona. Por ejemplo muchas expediciones han creído subir el Tres Cruces cuando accedían a la cumbre central de las tres cumbres pirámides que se observan desde Maricunga, siendo que en realidad la verdadera (que constituye hito fronterizo) es una cuarta ubicada hacia el final del trío de montañas y se aprecia su imponencia al estar cerca de ella, a veces ya sin tiempo ni medios para subirla.
Con el Walter Penck sucede casi lo mismo. Su posicionamiento en las cartas no es claro, ni las mismas reflejan fielmente la geografía que lo rodea. Hay que señalarlo mejor y hacer ajustes. Aparte de ello se aumenta la confusión en cuanto a cual es su verdadera cumbre en la lectura del mapa relevado oportunamente por el club Andino Tucumán, ya que cita cinco cumbres: el W1 (Walter Penck) -con una altura de 6.683m estimada con eclímetro, y 6.637m por el I.G.M.-, pero también añade en su entorno W2, W3, W4 y un aledaño al W1 denominado C° ATA.
Una laguna, que también figura, y se halla al fondo de un cráter volcánico tapado contribuye con su posición a aumentar nuestras dudas iniciales.
Todo lo expuesto determina que denominemos Sistema a esta montaña, al menos hasta cumplimentar las denominaciones y medidas de toda esta problemática de cumbres circundantes.

Hay poca información de Walter Penck y su actividad en nuestra cordillera Corría Diciembre de 1913 cuando encontramos información de su actividad andinística. . El era un geológo en investigación geográfica, contratado por el Gobierno Argentino, que había partido desde la provincia de Catamarca, contando en ése entonces con unos 25 años de edad.
Escaló primeramente el Nevado de San Francisco, de 6.008 metros de altura, y días después el Inca Huasi, de 6.638 metros. También intentó ascender el Bonete, donde existiría aún un comprobante suyo en una de sus precimas, ubicadas por sobre los 6.300 m, no habiendo llegado a la cumbre principal.
Regresó a Alemania donde en 1924, a los 36 años de edad falleció.

Personalmente estimo, tal vez con gran riesgo a equivocarme, que su nombre fue puesto por la expedición tucumana que lo determinó como W1 y a sus cumbres aledañas las designó como W2,W3 W4 y ATA. Habrá que investigar un poco más sobre el tema para poder determinarlo con exactitud.
También y con el riesgo al equivoco, considero que la cumbre W1 no registra ningún ascenso, y es la que registra la mayor altura.

Ubicación:
La posición que se le da al Walter Penck –mal nominado en mapas anteriores como Nacimiento- es la siguiente: 68°34´Oeste y 27°11´Sur. Pero determinándola en el mapa veremos que surgen varios ajustes, que logran, si queremos más precisión, confundir aún más al andinista.
Su ubicación es dentro de la provincia de Catamarca, en Argentina, pero muy cerca –más de dos kilómetros- del límite internacional con Chile, que en ése lugar se determina por la divisoria de aguas.
Es la novena altura de América luego del Aconcagua, Pissis, Ojos del Salado, Mercedario, Huascarán, Bonete, Tres Cruces, y Llullaillaco y la octava cumbre en altura de las argentinas.

La Partida
Partió nuestra expedición desde Mendoza el Jueves 19 de Febrero a las 2 y media de la tarde, en dos vehículos cuatro por cuatro que transportaban a Hans, Mirta y Jaime. Cinco horas y media después se sumaban en la capital de la Rioja nuestros amigos Alejandro y Fernando que habían llegado desde Salta para unirse a nuestra expedición.
Una vez más seguíamos cumpliendo el rito anual de ascensiones para completar las 10 cumbres argentinas más altas de 6.500 metros.
Por mi parte ya había alcanzado 9 (Aconcagua, Pissis, Ojos del Salado, Mercedario, Bonete, Tres Cruces, Llullaillaco, Incahuasi y Tupungato) y me faltaba esta.
Nuestros 2 vehículos llegaron tras poco más de 800 Km de marca, esa noche, a Tinogasta donde pernoctamos. Al día siguiente nos desplazamos hasta Fiambalá donde procedimos a hacer los trámites de rigor como Aduana y Migraciones y reponer totalmente el combustible de nuestros tanques y bidones de apoyo. Continuamos hasta Pastos Largos donde dormiríamos ésa otra noche, previa carga de agua en nuestros bidones un poco antes de llegar a Chaschuil.

Pastos Largos
Pasadas las 12 horas llegamos. Estábamos a 3.100 metros de altura. Trataríamos de ir obteniendo aclimatación para enfrentar la tremenda puna que nos aguardaba.
Una vez más estábamos en este familiar lugar. Una vez más intentaríamos buscar algún anzuelo abandonado o alguna línea, para una vez más intentar pescar alguna trucha del cercano río Guanchín, y una vez más nos convenceríamos que deberíamos seguir practicando el andinismo y dejar de lado la pesca.
Aprovechamos para subir unos montículos de relativa altura, siempre preocupados por nuestra aclimatación, y en comer lo más que pudiésemos para no perder energías.
No habíamos tramitado permiso de ascensión del vecino país de Chile, ya que a pesar que ascenderíamos la cumbre desde él, esta se encuentra dentro del territorio de nuestro país, por lo que no correspondía. Igual llevábamos una constancia de expedición UPAME la que presentaríamos ante Gendarmería en la zona y ante Carabineros.

Las Grutas
El sábado 21 de Febrero, pasadas las 10 de la mañana, partimos hacia Las Grutas. Tras poco más de 90 kms en que aprovechamos para ir sacando fotografías de guanacos, burros salvajes y montañas, bajo la atenta mirada del Inca Huasi cuyo perfil predomina en toda la región, llegamos hasta Las Grutas, que se encuentra a los 4.000 metros de altura.
Ahí tuvimos una pequeña sorpresa. El agradable bunquer que siempre nos facilitaba la Dirección de Vialidad de Catamarca, estaba totalmente ocupado por empleados de un obrador que en breve pavimentará desde allí hasta el límite con Chile el Paso San Francisco. Un inusitado movimiento de camionetas daba un aspecto febril a este otrora tranquilo lugar de la cordillera de Los Andes.
Por suerte Gendarmería nos facilitó una habitación donde pudimos descansar los cinco esa noche, previo alguna disputa de dominó que al igual que la actividad de pesca no nos dejó muy bien parados.
Es digno de tenerse en cuenta que la febril actividad que desarrollan las empresas telefónicas ha llegado a este tan alejado lugar. Hay en el edificio de Gendarmería un teléfono público de Telecom, pero querido lector, ojo, hay que llevar tarjetas de ésa empresa, sino no hay forma de hacerlo andar. Pero hay que redoblar la atención, porque conseguimos una tarjeta que compramos a un operario de vialidad, y tampoco anduvo ya que empezó a dar una serie de rarísimos mensajes en su display, pero el “poncho”, mejor dicho la llamada, no apareció.
Tal vez tenga mejor suerte y por si acaso llevar tarjetas, ya que resulta agradable durante una expedición poder comunicarse con los seres queridos.

Campamento Retén Carabineros-Murray
El domingo, temprano, a las 9 horas y luego de finiquitar todo el papeleo de egreso del país, partimos hacia nuestro próximo destino de ese día, el abandonado refugio Murray, previo paso por la bellísima Laguna Verde - que se encuentra a casi 4.500 m de altura sobre el nivel del mar- y los trámites de ingreso a Chile en el retén de Carabineros ubicado en su costado. De allí y tras unos 14 kilómetros llegamos a nuestro objetivo del día.
La altura era de 4.500 m. Tras instalarnos, acomodar nuestros vehículos y armar nuestras carpas en la parte inferior del abandonado retén de carabineros, decidimos volver a la Laguna Verde pues nos habíamos informado que habría una regata de velas en su superficie a las 14 horas. Nunca habíamos visto tantos vehículos en ese lugar por que habíamos pasado varias veces. Tampoco tal cantidad de personas en tal alejado sitio. Por supuesto fue un bien intencionado intento de encuentro internacional que no se pudo concretar por el tremendo viento que soplaba. Todo quedó en una ceremonia donde se entonaron nuestros himnos y en dos o tres amages de zarpar que no se pudieron concretar.
Pero el espectáculo brilló por su colorido e intención. No es fácil algo así a los casi 4.500 metros de altura sobre el nivel del mar en la inmensidad de la cordillera de Los Andes.
Regresamos a nuestro cómodo refugio mientras que a excepción de los carabineros y gendarmes los demás debían hacerlo a La Rioja y Copiapó.
A la mañana siguiente y con el asesoramiento del 1° de Carabineros deberíamos llegar a nuestro campamento base donde quedarían definitivamente los vehículos que nos transportaban.

Campamento Base
A la mañana, luego de una descansada noche, partimos por la ruta internacional chilena a Copiapó hasta superar aproximadamente 18 kilómetros de distancia. Eran las 11,40 horas.
Ante nuestra vista apareció el valle por el cual nos internaríamos para acceder lo más posible al corazón de la cordillera, en busca de nuestro objetivo.
Pudimos, cómodamente primero, y luego sorteando promontorios y laderas hendidas por penitentes, llegar a los 4.815 metros de altura y a unos casi 10 km de distancia de la ruta internacional. Eran las 14,50 y no convenía seguir subiendo más ya que era más que suficiente la exposición de nuestros vehículos al frío que daría esa altura al amanecer, situación que hay que considerar por más preparados que los tengamos.
Nuestros GPS marcaban que la cumbre distaba a 27 kilómetros en línea recta.
Armamos nuestras carpas, protegimos a nuestros vehículos lo mejor que pudimos y procedimos a continuar con nuestro descanso y aclimatación.
Quedarían armadas dos carpas en este campamento para que sirvieran de apoyo en caso de alguna emergencia o retorno con tormenta.
Posición C.B. 26°59´638 S y 68°43´236 O- 4,815 m.s.n.m.

Campamento Uno
El martes 24, a las 9,15 y con un agradable amanecer, partimos con nuestras mochilas completamente cargadas. La dirección de ése día era hacia el Ojos del Salado y caminábamos mirando la imponente presencia primero del Tres Cruces, en su faz norte, y la del Solo.
Al rato una azul laguna aparece sorpresivamente ante nuestros ojos. Estaba casi a los 5.000 metros de altura y no figuraba en nuestras cartas. La bordeamos y seguimos desplazando nuestra pesada carga subiendo y bajando pero siempre dentro del límite entre los 4.900 y 5.100 metros.
Más adelante y unos 100 metros más abajo del nivel de la anterior laguna, apareció otra, de color verde y marrón y de similares medidas. Esta la pasamos un poco mas lejos de su borde.
En algunos lugares podíamos descansar protegiéndonos del viento al poner nuestras espaldas tras formaciones de aislados penitentes, otras veces sólo podíamos continuar. Finalmente y tras sortear dos hilos con agua de deshielo -que nos tranquilizaron por si faltaba agua al regreso- llegamos a lo que sería nuestro Campamento Uno. Habíamos hecho en esa jornada 12 kilómetros caminando con pesada carga y a tan tremendas alturas.
En primera instancia y sólo por apreciación visual, pensamos que el Walter Penck era una montaña que se encontraba en el borde del sistema del Ojos del Salado. Al arrimarnos a este campamento comprendimos que no podía ser. Ya que el GPS indicaba su dirección pero a mucha más distancia. No sabíamos si bordearlo subiéndolo por la izquierda y paralelo al final del Ojos del Salado o rodearlo por la derecha en un suave y pronunciado ascenso. Decidimos llamarlo el cerro de la Incognita. Lo pensaríamos tranquilamente mientras descansábamos del fatigoso día en nuestras agradables bolsas de dormir.
Una vez más esa noche pudimos sintonizar mientras conciliábamos el sueño en la frecuencia AM 840 la cálida emisora de Radio Salta, y en AM 720 el noticiero de las 12 de Radio de Cuyo de Mendoza.
Reconfortaba tener ese fino y etéreo lazo con el mundo conocido en tan solitario lugar.
Posición Camp..I. 27°04´353 S y 68°38´180 O-5.100 m.s.n.m.

Campamento Dos
Salimos con el sol rumbo al cerro de la Incógnita y decididos a franquearlo por su derecha.
Nuevamente una larga caminata sorteando campos de hielo y penitentes. Tomando altura y volviendo a perderla para sortear alguna larga dificultad. Transcurrieron así varias horas en que pudimos hacer más de 7 kilómetros y medio, hasta llegar a un pequeño valle plagado de penitentes en un costado y bajo los cuales de deslizaba un arroyo de deshielo. El alrededor y la base del lugar eran morenas.
Estábamos en el costado sur del cerro de la Incógnita, el que habíamos rodeado, y al final del sistema de Ojos de Salado. Al fondo divisamos lo que creímos el Walter Penck, una formación montañosa que tomaba mucha altura y rodeada de otras menores. Nuestro aparato apuntaba hacia allí. Nos pusimos contentos, por fin lo veíamos.
Nuestra caminata había sido larga pero no la altura obtenida. Estábamos a los 5.300 m.s.n.m. y era el Miércoles 25 de Febrero. La posición 27°08´355 S y 68°37´315 O.

Tormenta
Ese atardecer comenzaron a pasar rápidas y cargadas nubes sobre nuestro campamento. Poco más tarde comenzó a nevar. Lo hizo toda la noche. Al amanecer del día 26 estábamos totalmente rodeados por la tormenta y la nieve. Seguir no podíamos ya que no se veía nada y volvernos tampoco, no imaginábamos hacer casi 20 kilómetros en esas condiciones y en un medio tan difícil. Cabia esperar. Lo que sucediera al amanecer sería definitivo para la expedición, ya que dependería continuar o intentar retroceder.
De noche seguíamos sintonizando 840 radio Salta y 720 Radio de Cuyo, y en alguno de los cambios escuchamos una radio chilena que decía que una “tormenta tropical”, con ráfagas de más de 70 Km se había abatido sobre el centro y norte de Chile. La noticia me alegró, si era tropical seguro que pasaría rápido. Trasmití mi pensamiento y nos dedicamos a seguir descansando y oír la nieve golpear sobre nuestras dos carpas.
La noche del 26 fue de dudas hasta que sentimos soplar más fuerte el viento. Seguro que se llevaría todas las nubes y la tormenta.

Campamento Tres
Así fue. La mañana del día 27 era espléndida. Armamos prontamente nuestra mochila y equipo y partimos hacia lo que sería nuestro campamento tres, tan observado desde el dos.
Fuimos ganando altura y continuamos atravesando glaciares hasta llegar a un nivelado lugar que consideramos apto para nuestras carpas. Estábamos a los 5.830 metros. Ahí sería nuestro campamento de ataque a la cumbre. Montamos con la dificultad del viento y el frío nuestras carpas y pronto nos metimos en ellas.


Campamento III; al fondo la cumbre principal del Tres Cruces

Nos hallábamos a un poco más de 4 kilómetros de distancia del campamento dos y nuestra posición era 27°09´804 S y 68°35´486 O. Estábamos a escasos metros de la línea fronteriza argentina. Hicimos algunas filmaciones desde el interior de la carpa, cenamos poco antes de las 19 horas y nos pusimos a intentar dormir, cosa que no es nada fácil a esa altura por las implicancias de la falta de oxígeno.

Buscando la Cumbre
A las 7 y media del Sábado 28 estábamos nerviosamente saliendo de nuestras carpas ataviados con el equipo de ataque a la cumbre, medio litro de agua cada uno y algo de comida seca para poder afrontar lo que pudiese pasar.

Fuimos ascendiendo llevando en nuestra mente los estudiamos mapas y el apunte del Club Andino Tucumán. Había varios cerros en derredor del Walter Penck, algunos de ellos denominados como W2, W3 y W4. Pero pensábamos que estábamos en el principal por lo que era importante seguir subiendo. Debimos desviarnos hacia la derecha de nuestra marcha utilizando el posicionador satelital y poco a poco estábamos alcanzando la filosa cumbre de la montaña que tanto observamos desde el campamento dos.
Tras pesada marcha alcanzamos la cumbre. Nuestra posición era 27°10¨716 S y 68°34´344 O y la altura, por el viento debimos tomarla, luego de revisar la cumbre buscando comprobantes y todo el entorno de la misma, unos 15 metros más abajo, era 6.562 metros, que sumada a la anterior daba 6.577 m.s.n.m.; y nos hallábamos a 2,5 km. del campamento tres. Pero lo más importante apareció ante nuestros ojos, un fuerte promontorio aislado, que vimos más al sur, seguramente era el Walter Penck. Manipulamos en el GPS y en efecto a 2,1 km de distancia de nuestra cumbre, correspondía a su posición. Allí estaba, tal vez, acompañado del ATA, pero para llegar a él se debían cruzar dos pronunciadas y difíciles quebradas. No era fácil y haría falta por lo menos otro día más. Estaba seguro que no tendría más de una ascensión. Otras expediciones no habrían llegado a él.
Procedimos a mirar nuestra montaña. Era la cúspide labial superior de un volcán. Al fondo se veía una laguna en su cerrado cráter, laguna que nos prestó inicialmente a confusión al compararla con la existente en un mapa al lado derecho del Walter Penck. Nuestra montaña no estaba en el mapa, pero su altura era indiscutible ya que dos GPS la estaban revelando. No había absolutamente ningún comprobante como pudimos apreciar luego de buscar exhaustivamente en toda la cresta. Superaba holgadamente los 6.550 metros y era un volcán aislado totalmente, dentro de territorio argentino e innominado.
A pesar de la altura nuestros cerebros trabajaron alocadamente. En el campamento tres durante la tormenta y charlando de muchas cosas habíamos descubierto que los cinco componentes de la expedición, los cuatro hombres, vaya a saber por que circunstancia éramos todos del signo de Aires. Que mejor nombre que ponerle Volcán de los Arianos y fijar su posición a los 27°10´716 Sur y 68°34´344 Oeste.
El grupo en la cumbre

Esta cumbre ya estaba segura dentro del sistema. Cualquiera puede ahora determinarla fácilmente, al igual que la principal -Walter Penck- cuya posición es 27°11´800 Sur, y 68°34´Oeste necesitando pequeños ajustes que lógicamente se harán al acceder a su cima.
El panorama desde la cumbre era indescriptible. Al Sur el Nacimiento, el Pissis con sus lagunas saladas, hacia el Oeste el Tres Cruces, hacia el Norte el Ojos del Salado, hacia el Noreste el Inca Huasi, y mil montañas más incluidas el cerro de la Incógnita. El día con sol realzaba todo lo que mirábamos. Alejandro festejando el ascenso al Volcán

El regreso
Había que regresar, eran las 5 de la tarde y no era prudente demorar más en observaciones. Lentamente volvimos al campamento tres. A pesar de la agotadora marcha decidimos levantarlo y regresar al dos, ya que así conseguiríamos dormir mucho mejor y descansar de un día de mucho cansancio y emociones.
Muy tarde arribamos a los 5.300 metros, donde armamos nuestras carpas y procedimos a descansar mucho más tranquilos que la noche anterior. Había que descansar mucho porque al día siguiente nos cansaríamos en exceso. Nos esperaban desde allí mas de 20 kilómetros de marcha.
El día 1 de Marzo, domingo, los caminamos uno a uno y metro a metro. El interminable ascenso y descenso de niveles entre los 4.900 y 5.100 metros se volvía a repetir. Al igual que observar la fuerte belleza de las 2 lagunas de altura descubiertas.
Finalmente bordeamos la azul y tras una empinada e interminable cuesta pudimos contemplar a los lejos el cauce de glaciar donde estaban nuestros cuatro por cuatro.
El llegar al campamento base, y proceder a arrancar los motores fue otra importante emoción casi igual a la de cumbre. El ronroneo de los motores parecía música de ángeles. Estábamos tan lejos de todo que el ruido nos producía seguridad.
Pronto procedimos a avanzar hacia el regreso. Todo lo demás es muy trivial.

Jaime Suárez

Mendoza, 28-Febrero-98

LAS TÓRTOLAS

TORTOLAS



INFORME DE LA EXPEDICIÓN


Fecha de cumbre: 13 de Febrero de 2003.
Ruta: Por Argentina, vertiente Este.

Ubicación:
Esta montaña, Santuario Indígena de Altura, se encuentra en la República Argentina, en la provincia de San Juan, en la posición 29°56´393Sur y 69°54´359Oeste.
Altitud:
6.180m sobre el nivel del mar.
Época más adecuada de ascenso:
Noviembre a Marzo.
Integrantes:
Jaime Suárez, Hans Siebenhaar, Mirta Sarmiento, Susana Miatello.
Dificultad:
De alta montaña. Imprescindible buena aclimatación. También experiencia previa en altura, en marcha a gran altitud y conocimiento de Los Andes. Se presenta dificultad en la escalada al ascender los últimos 200 metros de altura del morro de cumbre. Hay que llevar grampones, aunque no se usen, ya que según el año y/o al inicio o fin de temporada se presentan glaciares en la ruta. Es fundamental la buena aclimatación.
Equipo:
Tienda de altura. Hornillo y combustible o gas suficiente. Abrigo de Alta Montaña.
Parka y bolsa de dormir de altura, zapatos dobles, grampones, bastones. GPS.
Acceso:
Ya en la provincia de San Juan, se arriba hasta Jachal o Pismanta, desde allí hasta Tudcum desde donde se enfilará hacia la Quebrada de Conconta, debiendo superarse el Nevado de Conconta hasta llegar al Río del Valle del Cura. Los detalles de acceso e itinerario se citan en el relato.


Las Tórtolas


LAS TÓRTOLAS

Objetivo Las Tórtolas....

Las Tórtolas o como también se lo llama Tórtolas, que alcanza una altura de 6.180 metros, es límite internacional entre Argentina y Chile, precisamente entre la provincia San Juan y Coquimbo respectivamente. Lo establecimos como objetivo, sabiendo que había muy poca o ninguna información sobre esta montaña, salvo misteriosos relatos recogidos de aquí y de allá, lo que nos sirvió de acicate para preparar una expedición aún sabiendo que la realizaríamos lejos de cualquier ayuda en caso de inconvenientes. Pero ya estábamos acostumbrados a marchar sobre zonas bastante vírgenes de información.
Su ubicación es 69°54’359O y 29°56´393’S. Y si bien su cumbre es el punto limítrofe, se encuentra gran parte del mismo en territorio argentino. Hacia el Sur, unos 30 kilómetros más abajo se encuentra el paso de Agua Negra, que une San Juan con La Serena en Chile. Hacia el Norte se aprecian, a unos 90 kilómetros El Toro (6.160m) y a 170 kilómetros El Potro (5.789 m), éste último visualmente indica la separación entre San Juan y La Rioja. Todos ellos puntos limítrofes internacionales y verdaderos desafíos para andinistas deseosos de cumbres de altura menos transitadas. Hacia el Oeste, desde la cumbre del Tórtolas hasta la Ciudad de Coquimbo, a orillas de Pacífico hay 140 kilómetros de distancia.
Su primera ascensión conocida con posterioridad a la conquista fue en el año 1952 por Edgardo Kaussel y Heinz Koch, desde Chile y descubrieron maravillados una plataforma con pircado de piedras y un manojo de leña. A su regreso al valle vecino oyeron, de boca de mineros, la leyenda de que “en la cumbre se aparecían indios que venían a bailar en un plato de oro”. Del relato de Bión González y Oscar González, que lo ascendieron en Enero de 1956, habíamos extraído que en su cumbre existía “Una enorme pirca de unos 8 metros por cuatro, con muros de contención, que se elevan un metro más sobre la cumbre de la montaña, y en su extremo noreste un enorme atado de leña semienterrada, en el cascajo del relleno”. Encontraron también varios objetos arqueológicos.

Al Tórtolas:
Partimos desde Mendoza el Viernes 7 de Febrero del 2003 a las 8 horas, con Hans, Mirta y Susana en dos vehículos 4x4. Tras superar San Juan, Talacasto, Iglesias y Las Flores, a las 12,30 horas estábamos preparándonos para un almuerzo en el Hotel Pismanta. Desde allí seguimos por asfalto hasta Tudcum y luego por el camino consolidado que conduce a la Quebrada de Conconta ingresamos en ella hasta llegar a un puesto de control. Anteriormente era un control de Gendarmería y en la fecha lo ocupa la minera Barrick. Se alza a los 3.000 metros de altura en la posición 30°05´298 y 69°30´758. Para cruzar el Portezuelo del Nevado de Conconta y transitar por la zona se necesita permiso de paso, que se debe tramitar previamente en la compañía minera. A partir de aquí existen serias medidas de seguridad, que incluyen la firma de un compromiso y la aceptación de control de un banderillero que actúa desde las 9 horas hasta las 16 horas. Mi odómetro marcaba 400 km. de distancia desde Mendoza.
Para ir logrando aclimatación y descansar la jornada, casi dos kilómetros más adelante decidimos armar nuestro campamento en una vega que separaba el camino del borde del río. Eran las 16 horas cuando terminamos de armar las carpas. Estábamos en un buen lugar a los 3.104 metros de altura, en la posición 30°04´744 S. y 69° 31´640 O. Un poco después procedimos a escalar algunos cerros cercanos para ir logrando aclimatación y desentumecer el cuerpo de las horas de viaje.
Despertamos temprano con el ruido del arroyo y controlamos las pulsaciones. Tras un buen desayuno desarmamos las carpas y a las 9,30 reiniciamos la marcha de nuestros vehículos para superar el cordón de Conconta. Pronto se acabó el camino de leve ascenso que acompañaba al río, estrechándose y aumentando el desnivel. A partir de la Quebrada de la Vicuñita apareció una fuerte subida en caracoles hasta llegar al Portezuelo de Conconta, a los 4.880 metros de altura. Un poco antes se puede dar una espectacular mirada hacia el Este observando la magnitud y belleza de toda la Quebrada de Conconta.
jaime suárez
jaime suarez
Es inevitable sacar unas fotografías. Pronto aparece en nuestros parabrisas la cadena central de la Cordillera de los Andes y floreciendo sobre las montañas, el Tórtolas, con una desafiante belleza y un aura de misterio y soledad. La cumbre principal sobresale, desde la vista argentina, como un picacho con bastante semejanza al que le da nombre al Bonete Chico. A partir de aquí hay un suave y largo descenso, y casi al final trazos del arroyo Conconta, que inesperadamente se inician formando algunas manchas de verde pasto, para desaparecer prontamente a través de filtraciones. Esta huella nos lleva al fondo del Valle del Cura, que es tajeado de Sur a Norte por el Río del Valle Del Cura.
jaime suarez
Las Tórtolas, montaña y aves...
sss
El valle del Cura actualmente se encuentra en explotación minera, y tenía antecedentes de gran cantidad de minas de oro.

El campamento base:
Frente al Tórtolas salimos del camino que sigue con rumbo Norte hacia Sepultura y directamente enfilamos hacia el río del Valle del Cura. Llegamos a su orilla y luego de estudiar el cauce, en el lugar que consideramos el más apropiado Hans constató que el fondo era de piedras pequeñas, lo que facilitaría el vadeo. Con cuidado lo cruzamos primero un vehículo y luego el otro, evitando a la salida del agua unos manchones de barro.
jaime suarez
Río del Valle del Cura.

A partir del río, continuamos hasta la entrada de una pequeña quebrada previa a las que descienden la inmensa y mesética barda que cimenta la falda argentina del Tórtolas. Continuamos por muy mal camino una centena de metros el cauce del arroyo de La Pirca. Junto a un viejo y casi totalmente derruido pircado inca que da nombre al arroyo, estacionamos nuestros vehículos y montamos nuestro campamento base. Eran las 12,40 horas. La altura 3.990 metros. La distancia por odómetro a Mendoza de 450 kilómetros y la posición 29°57´748 S y 69°45´672 O. La distancia a la cumbre en línea recta de casi 15 kilómetros, que deberíamos transitar ascendiendo con nuestro equipo de montaña. Desde nuestro campamento apreciábamos todo el trayecto realizado desde la salida del Portezuelo de Conconta y el tramo de río cruzado.
Armamos carpas y decidimos descansar, la idea era hacer un suculento almuerzo, ya que el cruce del río nos había abierto el apetito. Exquisitos bifes de filet con dos o tres gotas de aceite de oliva en la sartén comenzaron a dar un peculiar olor al lugar. Un tetra mendocino se encargó de ayudar, a alguno de nosotros, a la digestión. Luego una siesta. Para el día siguiente determinamos hacer una avanzada llevando parte del equipo y lograr también mejor aclimatación.
Partimos a las 9 después del desayuno, y a poco más de un kilómetro entramos a la quebrada que nos permitiría ascender en leve inclinación y cómodamente a la parte superior de la barda que tiene casi cinco kilómetros de largo hasta la base del Tórtolas. La quebrada que transitábamos tenía una especial belleza en las rocas que la tachan en su lecho y en sus laderas. Desmembradas por la fuerza de la naturaleza hacen curiosas figuras. Hans la llamó muy acertadamente Quebrada de Dalí. Y así la bautizamos. Tras casi dos kilómetros más de marcha, parte de los cuales nos acompañó observándonos desde lejos un solitario guanaco, ascendimos los 270 metros de desnivel de altura existentes desde nuestro campamento a la mesética superficie. Caminamos dos kilómetros y medio más, ahora sobre ella, hasta cumplir el límite de marcha que nos habíamos fijado, que eran las 12 del mediodía. Llegamos a una gran piedra rojiza, en los 4.337 metros a cuyo pie dejamos comida, grampones, agua y refrescos. Regresamos los casi 6 kilómetros de distancia con bastante hambre y ganas de descansar. Al día siguiente iniciaríamos la salida nuevamente pero ya hasta el campamento uno de altura.

Hacia nuestra montaña...el Campamento 1 Piedras Blancas:
El día 10 de Febrero salimos a las 9 de la mañana dejando 2 carpas armadas y las camionetas protegidas del frío con anticongelantes y mantas. Nuevamente entramos en la Quebrada de Dalí, la fuimos ascendiendo paso a paso hasta comenzar a transitar la superficie de la Barda, hasta la piedra donde dejáramos carga el día anterior. Retiramos los grampones, latas de duraznos y parte del agua, dejando una coca-cola para el regreso. Continuamos ya con mucho más peso en las mochilas hasta el final de la meseta. Allí, apareció una planicie que era el fin del faldeo del Tórtolas y que concluía en un nivel inferior en unos 20 metros al de la barda. Vimos en él grandes piedras dispersas y tras una rápida deliberación nos dirigimos hacia dos grandes y blancas que sobresalían notoriamente y darían el nombre a nuestro campamento.
Llegamos apenas pasadas las 14 horas. La posición 29°56´410 S y 69°50´147 O, y la altura
4.410 metros. Habíamos hecho un desnivel de unos 420 metros recorriendo 9 kilómetros en 5 horas de marcha. Allí montamos nuestro primer asentamiento de altura, debajo de una de las piedras para que nos protegiera del viento. Mirta y Susana en una carpa y Hans y yo en la otra. Almorzamos y luego dimos un pequeño recorrido exploratorio. Una formación rocosa piramidal a la que nos dirigimos, ubicada más al norte, nos permitió descubrir un cauce con cristalina agua que descendía desde uno de los brazos del glaciar principal del Tórtolas. Había agua. Aunque unos centenares de metros más adelante desaparecía entre las piedras. Estudiamos la montaña y la ruta a seguir y decidimos que ese cauce y el brazo de fin de glaciar que lo formaba constituía la mejor ruta para tomar altura en la búsqueda de cumbre. Al día siguiente saldríamos.
Pronto nos metimos en nuestras bolsas y con conversaciones entre carpas o escuchando radio pasamos el resto de la tarde hasta las 20 horas en que cenaríamos. Luego a dormir. La aclimatación obtenida con la marcha nos permitió hacerlo muy bien.

Al campamento 2.
Con sol sobre nuestras cabezas, luego de desayunar y desmontar el campamento partimos apenas pasadas las 9 hacia el brazo de agua por el final del faldeo del Tórtolas. El entusiasmo de emprender ya el ascenso de la montaña nos hacía olvidar el peso de las mochilas. A casi dos kilómetros de Piedras Blancas en los 4.660 metros apareció una formación de pircas.
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Pircado Inca, cercano al viejo camino que cruza desde la parte norte del Tórtolas.
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Estaban algo derruidas y se mimetizaban con las piedras del borde del cauce y de la montaña. Eran unas 5 habitaciones, más o menos redondas, sin trazas de techado. Desde ellas, al mirar hacia el Este, se aprecia perfectamente el acceso al valle del Cura desde el Cordón de Conconta. Toda una estratégica posición. Hacia el Norte se podía seguir un sendero hasta rodear la montaña en el Portezuelo del Tórtolas, zona de paso al país vecino. Tenía el recuerdo de haber leído en el libro “El enigma de los Santuarios Indígenas de alta montaña” de Antonio Beorchia Nigris que la expedición de 1960 del Club Andino Mercedario - que venció al Tórtolas por el flanco argentino -, a 4.900 metros descubrió pircas indígenas con restos de cerámica. Debían ser éstas. Probablemente los doscientos metros de diferencia de medidas se debieran a la relatividad de las mediciones barométricas que tienen más amplitud acorde la presión y según la altura.
Seguimos ascendiendo, muy pronto el fin del glaciar hizo desaparecer el agua que hasta entonces brincaba hacia abajo. Fuimos bordeándolo y en los 5.003 metros de altura decidimos armar campamento.

Campamento 2, Penitentes:
Sólo habíamos caminado 3 horas y media. Pero el haber recorrido casi tres y medio kilómetros, superando un desnivel de 600 metros, nos pareció suficiente para continuar con la buena aclimatación. Era fundamental lograr la mejor aclimatación posible y mantenerla ya que de surgir algún problema sería calamitoso para todos.
Al lado de una formación de penitentes, en la posición 29°56´300 S y 69°51´387 O., montamos nuevamente nuestras dos carpas, no sin un poco de trabajo para nivelar el piso. Hacer un pozo al final de una hilera de penitentes, separando piedras y arena, nos permitió rato más tarde obtener abundante y excelente agua de deshielo. No nos sería necesario en consecuencia derretir nieve. Era una gran satisfacción. Habría más tiempo para hidratarnos, comer (debíamos reducir urgentemente más de dos kilos de peso de nuestras espaldas, representados por dos latas de duraznos en almíbar, trabajosamente ascendidas) y luego descansar cómodamente.

Hacia el 3 de altura:
Doce de Febrero. El frío del amanecer nos hizo demorar un poco la salida. A las 9 y media, ya con el pesado equipo de altura encima comenzamos el ascenso bordeando el glaciar que tenía muchos penitentes y grandes pedazos de hielo de azul brillo que acentuaba más su peligro. A los 5.670 metros, tras larga búsqueda de un espacio lo menos inclinado posible, nivelamos cerca del glaciar, con gran trabajo, dos lugares para nuestras carpas en lo que sería el campamento 3. Inmediatamente comimos livianamente. Habíamos llegado a las 13,30 tras 4 horas de dura subida en las que superamos casi 670 metros de altura y dos kilómetros de distancia. Recogimos con esfuerzo nieve del glaciar en la bolsa de la carpa, para poderla derretir y obtener agua y dado que el sol desaparecería más rápidamente atrás de la montaña, nos metimos pronto en nuestras bolsas de dormir. Restaba esperar la hora de la cena mientras hacíamos nuestra anotaciones y cálculos. Luego a dormir, con un poco más de esfuerzo ya que la altura nos hace despertar varias veces durante la noche.

Hallazgo en la búsqueda de la cumbre:
Decidimos, ese día 13 de Febrero, salir muy temprano, ya que estimábamos el desnivel a ascender en unos 550 metros, en un trayecto de poco más de dos kilómetros hasta la cumbre. Había una fuerte inclinación que podría demorarnos unas 5 o 6 horas, pero no sabíamos con que nos podríamos encontrar. Desde lejos se había apreciado perfectamente el pico final de la cumbre del Tórtolas, pero al acercarnos carecíamos de perspectiva y sólo la flecha del GPS nos indicaba el rumbo.
Partimos, los cuatro, pasadas las 7 de la mañana, (habíamos desayunado un rato antes) dejando armado el campamento 3 y sólo con el equipo, un litro de agua y algo de comida. El amanecer nos flechó intensamente de frío las manos y los pies. El movernos, poco a poco calentaba el cuerpo, aunque sólo terminó de hacerlo el sol un buen rato después de su aparición. Ascendimos en sentido noroeste buscando la parte más alta de las crestas nevadas, evitando el glaciar para no colocarnos los grampones. Buscamos nerviosamente la cresta de cumbre hasta que, ya cerca de la mayor altura del glaciar, apareció hacia el Oeste nuestro objetivo. Florecía majestuosamente sobre un inmenso glaciar, que con una pequeña laguna, tachonaba su base sur. El glaciar se extendía para ascender el abrupto faldeo de la mole hasta casi la mitad de su altura. Había que descender unos ochenta metros, para volver a subir muy por arriba de nuestro actual nivel. Rápidamente vencimos la desazón. Era como subir otra montaña cuando ya creíamos estar muy cerca de la cumbre. Comenzamos el descenso en directo sentido Oeste.
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Tórtolas, cúspide final, y descubrimiento de 2 pircas.

Cuando estábamos a los 5.960 metros, en un pequeño collado que escalonaba el descenso, aparecieron dos pircas rectangulares. Una en mejor estado que la otra al alcanzar sus paredes en algunos lugares más de 60 cm. de altura. En su interior había varios leños para fuego. Desde ellas se apreciaba perfectamente la cumbre. Era nuestro descubrimiento. Estaban sin haber sido holladas o escarbadas desde que fueron abandonadas por los incas.
Vimos varios leños en su interior. El haber buscado la cumbre y equivocar levemente el camino nos había permitido llegar a ellas. Estaba seguro de que no figuran en ningún relato, amén de que no están en la ruta de ascenso desde Chile. La posición 29°56´325 S y 69°53´890 O., estábamos a un kilómetro en línea recta a la cumbre. Pero debíamos seguir descendiendo, para volver a subir. En los 5.920 metros, al pie de la helada laguna comenzó la subida. Nos restaban unos 270 metros hasta la cúspide. Pronto superamos el glaciar y luego fuimos dejando en la fuerte inclinación nuestras fuerzas. Era, entre jadeos entrecortados y descansos, una constante búsqueda por la mejor piedra donde asirse y el lugar que diera mayor seguridad para no derrapar violentamente hacia el glaciar.

En la cumbre
Por fin a las 12,30 estábamos pisando la plataforma de la cumbre. Hay en ella un monolito de unos cincuenta centímetros, de caños de acero con una plaqueta en homenaje a Gabriela Mistral. La posición 29°56´393 S y 69° 54´359 O. y la altura de nuestros GPS 6.195 metros.
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Las Tórtolas, cumbre por la ruta argentina.
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El sol iluminaba toda la cordillera. Hacia el Oeste, en montañas más bajas de Chile apreciamos trabajos mineros viales que circundan en forma de caracol algunas de las pirámides rocosas. Se apreciaba a lo lejos una intensa actividad minera. Hacia el Norte se mimetizaban el Toro, Las Palas y el Potro, no pudiendo diferenciarlos.
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Tórtolas, al fondo la Sierra del Veladero (230 km).
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Pero sí era perfectamente visible el perfil níveo de la Sierra del Veladero que se erguía a 230 kilómetros de distancia y a su Oeste el Bonete Chico. En el Este veíamos la Cordillera de Colanguil, la de Conconta, y también el Nevado de Mondaca hacia el Sur.
Como sabíamos, Las Tórtolas tiene como una de sus más destacadas características, el haber sido coronado con anterioridad a la conquista de América, y así lo prueba, como vimos en su cumbre, la plataforma artificial en forma de trapecio que tiene unos 3 metros de ancho en su lado norte, unos 6 en el lado sur, separados ambos extremos por unos 10 metros de distancia que es la medida de los costados este y oeste. Un santuario de altura de los más explorados por parte de nuestro vecino país, mientras que por Argentina han sido pocas, tal vez la nuestra sea la segunda de las expediciones que lo coronaron. Se encuentra con socavones, agujeros y rastreos, que la han horadado, y prácticamente destruido, realizados por científicos y no científicos. El manojo de leños lucha con dignidad, sobre el costado norte de la plataforma, el paso de más de 500 años desde que fueron depositados por los indios. Ya tampoco quedan trazos de la construcción montada más de cinco siglos atrás. En “nuestra cumbre” la desaparición de la pirca cumbrera era total. Su construcción de bloques de piedra de muchos kilos de peso y grueso espesor no existía. Había sido totalmente destruida y probablemente despeñada para que no estorbase en las excavaciones y búsqueda de hallazgos arqueológicos. Aún, escarbando un poco con el pie aparecen restos de carbono correspondientes a antiguos fogones en la cumbre. En un promontorio de piedras apareció un pequeño cajón de tablas de madera y unos comprobantes dentro de una bolsa plástica. Eran del 28 de Febrero de 2001 de la expedición chilena de Guillermo Handing y del 19 de Marzo del 2002 de una expedición en solitario, también chilena, de Jaime Cartagena. Había habido dos expediciones anteriores a la nuestra, una por año, que pudimos registrar. También al lado de los comprobantes apareció un cortafierros de acero de unos treinta y cinco centímetros de largo, que metí en mi mochila. No se haría más daño con él. Mirta descubrió un diente entre los cascajos y al rato, otro. La ayudamos con Susana y juntamos 30 piezas a pesar de estar diseminadas en un metro cuadrado. Algunas estaban unidas a través de un fino agujero con un alambrito de bronce en grupos de 3 y 4 que formaban, tal vez, parte de un collar o pulsera. Eran demasiado perfectas y al bajar días después descubrimos que eran piezas probablemente de cerámica y modernas. ¡Que absurdo motivo habrá impulsado a alguien a depositarlas allí!. A las 13,30 iniciamos el retorno, encarando el sector sur, que era a pesar de tener grandes piedras, la ruta más segura. A las tres de la tarde estábamos en el campamento 3 de altura. Lo desarmamos y decidimos, a pesar del cansancio, descender hasta Piedras Blancas.

No me cansaré de decir que independientemente de las actividades de santuarios de altura, todo esto es parte de un mudo testimonio de una importante actividad inca de comunicación y control. Las cumbres, en estas alturas, son increíblemente visibles desde grandes distancias pudiendo utilizar fuego y humo para comunicarse no tan sólo entre ellas, sino que con los campamentos base y asentamientos bajos. La leña y los restos de carbono de la cumbre, al igual que los hallados en otras ascensiones y lugares, me lo confirman.

Jaime Suárez
Marzo 2003.
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Meses antes de esta ascensión habíamos realizado una expedición de exploración, durante un fin de semana largo, que nos permitió llegar casi a la base de la montaña, pudiendo ya imaginar las zonas de campamento y la ruta a seguir.
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Me acompañaron a la misma, Susana, Mirta y mi hija Estefanía.
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Tórtolas, Estefanía bajando por la Quebrada de Dali

Tórtolas, un descanso durante la exploración...

Gral. BELGRANO - NEVADOS DEL FAMATINA






jaime suárez
GENERAL BELGRANO - NEVADO DE FAMATINA



Bárbara, Susana, Mirta, José y Jaime en la cumbre del General Belgrano, 6.107 metros

Cumbre General Belgrano


INFORME DE LA EXPEDICIÓN DE EXPLORACIÓN Y CUMBRE.

Integrantes:

Jaime Suárez ( U.P.A.M.E) – Mendoza.
Cnel. José H. Hernández (Ejército Argentino)
Mirta Sarmiento (C.A.M.) – Mendoza.
Susana Miatello (C.A.M.) – Mendoza.
Hans Siebenhaar (MZA) – Mendoza.
Alexander Von Götz (CAA) – Alemania.
Bárbara Ortuño (FEDME) – España.
Miquel Rafa (FEDME- UIAA) – España.

Fecha de inicio: 3 de Noviembre de 2002.
Fecha Finalización: 11 de Noviembre de 2002.
Cumbre: Pico General Belgrano.


Inicio de la Expedición:

El motivo de esta expedición era escalar en el Nevado de Famatina a su pico de mayor altura, el General Belgrano de 6.097 metros. Había quedado frustrada su ascensión en una expedición anterior, cuando una tormenta de nieve y viento, que sopló durante 18 horas seguidas, destruyó nuestras carpas, y nos obligó a bajar desde nuestro último campamento, “La Montura”, a escasos 500 metros de la cumbre. En consecuencia y como símbolo del accionar responsable del hombre sobre el ecosistema de montaña, este importante objetivo había sido considerado también para dedicarlo como nuestro al cierre del Año Internacional de Las Montañas.

Partimos desde Mendoza el domingo 3 de Noviembre apenas pasadas las 8 de la mañana. Ibamos con Hans en dos vehículos 4x4, un total de 8 expedicionarios. Enfilábamos nuevamente por la ruta 40 hasta San Juan, luego hasta Jachal y desde allí continuamos hacia Villa Unión. Antes de llegar a Villa Unión y a casi 65 kilómetros de distancia de nuestra montaña, pudimos divisar en el Este, recortado sobre el cielo azul todo el perfil del Famatina. La parte superior, formada por sus principales cumbres, desde el Overo Negro, al General Belgrano, tiene aproximadamente 10 kilómetros de largo. Esta apreciable distancia, unido a su posición separada y aislada de la Cordillera Central de Los Andes, lo hacen ser el centro de admiración de todas las poblaciones que lo rodean, como Jague (a 69 Km.), Vinchina (46 Km.), Villa Unión (53 km.). También desde Chilecito (38 Km.) se aprecia la majestuosidad de sus principales cumbres. Continuando el viaje más adelante pudimos admirar el paisaje de cornisa de la Cuesta de Miranda. Un poco más tarde llegamos a Chilecito y posteriormente mientras transitábamos la ruta asfaltada que accede a Famatina continuábamos apreciando la imponente y solitaria mole de este nevado. Llegamos a Famatina ya pasadas las 3 y media de la tarde y luego de un viaje que nos resultó agradable y rápido.
Famatina:
Nos dirigimos a la oficina de Turismo de este bello pueblo, uno de los más hermosos de La Rioja, que se encuentra a los 1.500 metros de altura sobre el nivel del mar, en la posición S28°56´724 y O67°31´062. Allí nos juntamos con viejos amigos y coordinamos con el director de Turismo los detalles de nuestra expedición y la fecha probable de retorno, incluido un probable regreso por Tres Piedras si las condiciones meteorológicas lo permitían.
Apenas salimos del pueblo a poco más de 10 kilómetros, en S28°51´682 y O67°33´728, desviamos hacia Carrizal en busca del camino que nos llevaría a nuestro objetivo. Queríamos llegar esa misma noche al que sería nuestro primer campamento, en Cueva de Pérez, complejo de habitaciones de un solo nivel, ubicado a los 3.867 metros de altura, a una distancia de 48 kilómetros por huella desde Famatina y en la posición S28°59´977 O67°43´946, y cercano, mediante una buena huella de casi 5 kilómetros, a la mina “La Mexicana”.
Pasamos antes por la Playa del Durazno (2.350 m), la Playa de Araya (2.440m), el pesebre o Portezuelo Blanco (2.670m). Luego el Puesto Los Berros (2.740m), la Rubia o Mina del Ocre (2809m), las Piletas de Ocre en Las Cuevas (2860m) cercanas a la reunión de dos cauces, y el Cajón del Río Amarillo (2885m). Más adelante la Cueva de Medina y finalmente llegamos a la Cueva de Pérez.
Nos alegró encontrarnos allí con Adrián, un guía local que actúa en este Nevado, el que estaba con Nicolás, un cliente de Buenos Aires. Se hizo muy agradable el cambio de conversaciones sobre comunes experiencias en la pasada expedición en este sitio de La Rioja argentina. Ocupamos la mejor habitación, aprovechamos su chimenea que alimentamos con algunos leños existentes y rápidamente, tras comer un pollo asado traído especialmente, desparramamos nuestros cuerpos sobre las colchonetas y bolsas de dormir. Un rato antes Alexander había extraído de su caja de comida un gran trozo de filet, visualmente suculento. Cortó unas rodajas de carne y vertiendo un poco de aceite en la sartén comenzó a preparar su comida. Para nuestro compañero alemán la carne argentina es un circunstancial y sabroso bocado, que repitió durante el ascenso en cada ocasión que pudo y hasta que se le agotó la materia prima. Nos dio una buena idea culinaria para futuras expediciones, pero solamente para campamentos base.
Nuestra idea original era continuar el día siguiente hacia La Mexicana, pero dado que algunos de los miembros de la expedición venían desde zonas adyacentes al nivel del mar como Buenos Aires, Barcelona o Alemania, a los efectos de lograr, dentro de lo posible, una mejor aclimatación, decidimos quedarnos una noche más en este acogedor lugar.
Luego de un reparador y profundo sueño procedimos al día siguiente a recorrer los entornos del lugar. Llegamos así nuevamente hasta la cueva que ocupó el minero Pérez, que da nombre al lugar, que despertó el interés de nuestros compañeros extranjeros.
Más rápido de lo que esperábamos llegó el nuevo anochecer. El día de descanso y aclimatación había pasado muy fugazmente.

Campamento Base, en Mina La Mejicana:
La mañana del martes 5 nos encontró con los preparativos para ubicar todos nuestros equipos y enseres en las camionetas. Hans y yo iríamos conduciendo los vehículos cargados, el resto de la gente haría el trayecto caminando para lograr mejor adaptación a la altura. Debían recorrer libres de peso los casi cinco kilómetros de distancia que nos separaban del próximo campamento, con un desnivel de escasos 570 metros. Partimos todos a las 9 horas. En menos de 20 minutos llegaron los vehículos, a pesar que cuando intentábamos superar los 2000 revoluciones comenzaban a toser nuestros motores. Un mal gas-oil que vaya a saber que adulteración tendría, y a pesar del anticongelante colocado, había precipitado su glicerina y entorpecía la normal combustión. No deberíamos volver a cargar combustible en la última estación de servicio en la que siempre lo hacíamos. ¡Como se siente la falta de controles en nuestro bendito país!.


Esta antigua y explotada mina de oro, que ya se conocía muy bien en la época del dominio inca en la zona, fue explotada también durante la dominación española y fue recién a partir de los primeros años del siglo pasado en que se convirtió en un centro de febril actividad minera. Actualmente se encuentra en estado de total abandono. Sólo se cuida que no sea saqueada o deteriorada por los circunstanciales visitantes, que acceden a escalar sus montañas aledañas, en periplos de moto o en travesías de 4x4.



La Mina La Mejicana sería nuestro campamento base, donde quedarían nuestros vehículos y pernoctaríamos por una noche. La Posición S29°00´794 y O67°46´440.



Armamos nuestra carpa grande de campamento base, y acomodamos nuestros pertrechos en ella. Luego de almorzar comenzamos a separar el equipo y los alimentos que nos acompañarían en el ascenso al Belgrano. Una vez finalizado esta primordial y elemental actividad nos dedicamos a recorrer el entorno y a visitar, con mucho cuidado, el túnel cercano de una antigua perforación minera en la montaña. Antes del atardecer protegimos el motor, la batería y los líquidos de las camionetas para evitar congelamiento durante el frío del anochecer y la madrugada. Estábamos a más de 4.430 metros de altura.
jaime suárez


Trazo del ascenso desde La Mexicana a La Lagunita



Nuestro programa indicaba al día siguiente, miércoles 6, a las 9 de la mañana partir hacia el campamento uno de altura, en “La Lagunita”.


Campamento Uno, La Lagunita:
El miércoles a las 9 de la mañana abandonamos el campamento base, calzados con las botas dobles, y con las mochilas y el equipo a cuestas emprendimos el ascenso por la zigzagueante senda de largos trazos, que controlan suavemente el desnivel, y que va tomando altura hasta los casi 5.000 metros. Este camino permite, aunque con cansancio, llegar al destino del día. Alguna comida en mal estado había hecho mella en mi estómago y me exigía mayores fuerzas. Apenas accedí a la primera gran cuesta me sentía exhausto. Podía divisar, mientras descansaba, el Cordón de la Llaretas y el Cerro Amarillo. Había sido ése sistema el impensado objetivo de la expedición anterior. Me costaba dar cinco pasos seguidos y llegué al destino del día con mucha dificultad, acompañado primeramente por Bárbara y luego por José. Comenzaría a dosificar mejor mis fuerzas.

A las 15 horas llegamos a La Lagunita. Los últimos doscientos metros de distancia jaqueados por un fuerte viento que nos obligaba a parar la marcha y colocar el peso de nuestro cuerpo sobre los bastones para evitar caer o retroceder perdiendo el equilibrio.


jaime suaréz



La Lagunita - zona campamento


Esta laguna de agua de deshielo de un nivel superior del Famatina, mantiene un nivel de agua , que puede crecer o disminuir a pesar que deja escapar en su extremo un pequeño flujo que desaparece entre las piedras. Este pequeño “oasis” de verdosa-azul agua potable, a los 5.120 metros de altura, se encuentra en S29°00´955 y 67°47´459. Si tiene poco nivel y no se ve que se vuelca flujo alguno de agua, conviene hervirla. Lo ideal es recoger el líquido cuando ingresa a ella. Al atardecer suele comenzar a congelarse. Armamos nuestras carpas en su entorno superior. Me tomé un limón exprimido para armonizar mi líquido estomago y más tarde procedimos a hidratarnos con té y comer.
Realizamos una pequeña reunión, tras observar con detalle el Nevado y el continuo accionar del viento, decidiendo realizar solamente la ascensión a la cumbre Gral. Belgrano y obtener material fotográfico de las demás cumbres.
Pasamos, a pesar del viento, una estupenda noche, y en las conversaciones, cuando despertábamos para tomar agua, deseábamos que llegara pronto el amanecer para encarar el desafío del día siguiente. Tal vez el viento parara lo que nos haría mucho más cómoda la subida.

Campamento Dos, la Montura:
Salimos el Jueves, respetando el horario de las 9 al que estábamos tan bien adaptados, aunque con bastante frío, más que el normal existente por encima de los 5.000 metros, pero por suerte con muy poco viento. Partí abriendo camino, por la experiencia de la anterior expedición y con algo de miedo a que se repitiera el malestar del día anterior. Por suerte había logrado regular mi cuerpo a las necesidades del ascenso sin que influyera en ello mi estómago. Una vez que calentamos el cuerpo todo el grupo comenzó a marchar con muy buen paso y haciendo zigzags para vencer la inclinación de la montaña.
Nuestro ascenso superando los casi 400 metros de desnivel y 1 kilómetro en línea recta, demoró entre 2 y media y 3 horas. A las 12 todos estábamos reconociendo los entornos de La Montura.
Este es un excelente lugar, a los 5.500 metros de altura, con un espacio, que aunque limitado, permite montar varias tiendas, y donde se puede terminar de obtener una aclimatación previa al ataque a la cumbre, que queda sólo unos 500 metros más arriba. Pero es barrido absolutamente por todos los vientos que circulan por la República Argentina. No queda, a nuestro criterio, ninguno que no deje su marca en este Nevado tan alto, que se encuentra separado de la Cordillera de los Andes y aislado de protección alguna.
Pronto, y facilitado por descenso del viento, armamos las tiendas y preparamos un buen almuerzo que antes de la una estaba listo. No podía ser mejor la aclimatación. Estábamos leyendo en nuestro GPS 5.520 m.s.n.m. La posición 29°01´162 S y 67°48´025 O.
Había que obtener agua, que ya casi no teníamos. Todos buscamos en un manchón cercano trozos de nieve que metimos en bolsas plásticas para proceder a derretirla mas tarde y cómodamente dentro de nuestras carpas. Pero antes de hacerlo dormimos una profunda y agradable siesta. La rutina de convertir nieve en agua suele ser molesta si no se hace con comodidad. Hay que tener prendida la cocinita a gas, con el cuidado que ello representa ya que es muy peligroso hacer fuego dentro de la carpa y en medio de nuestro equipo y bolsas de dormir. Por suerte mi Tranglia tiene base y protector que permite cocinar casi sin peligro. Por el calor del fuego el hielo o nieve, tras largos minutos de espera, se convierte en líquido. Hay que volcarlo luego con cuidado dentro un termo o de las cantimploras.
Hecho esto preparamos un buen te, charlamos un rato y esperamos que se hicieran las 20 horas para cenar y volver a enfundarnos en las bolsas para dormir. La radio es una excelente compañera para conciliar el sueño. El viento también nos acompañó nuevamente.
Toda la noche había soplado viento, con diferentes intensidades y breves descansos.
Las veces que desperté temí lo peor para el día siguiente. Pero igual lo intentaríamos, aunque nos diera trabajo.
El plan para el nuevo día, era salir a las 8 de la mañana hacia la cumbre principal del Famatina. Nuestras carpas quedarían armadas, aunque con piedras asegurándolas, y esperando nuestro regreso. Había que superar unos 580 metros para poder coronar la cumbre.

La salida a cumbre:
A las 6 y media, tras escuchar la alarma de nuestros relojes, comenzamos los preparativos del desayuno. Debíamos ir bien alimentados. Café con leche y pan con rebanadas de manteca entraron en mi estómago. Luego nos vestimos con el equipo de altura, dos pares de medias, el pantalón rompe-vientos, la parka y el cubrecabezas. Los bastones, guantes recubiertos con mitones, las botas plásticas dobles y en la mochila los grampones, completarían la vestimenta.

La Laguna Turquesa:
A las 8 y quince minutos comenzó nuestra marcha. Tres horas más tarde, luego de superar una larga inclinación, accedimos a una planicie que se extendía más de 150 metros sobre los 5.800 metros ,como peldaño de descanso para acometer la cumbre que nacía a su final ascendiendo unos trescientos metros más arriba.
Caminamos descansadamente sobre esta superficie con muy poco desnivel, que inclusive descendía unos metros, y no dejó de admirarnos una bella laguna que súbitamente apareció ante nosotros. Una de las más altas del mundo, a los 5.820 metros de altura. Su posición 29°00 990 y 67°49´006. El color turquesa de su agua le daría el nombre. Sobre su colorida superficie flotaban manchones de hielo que unían sus extremos laterales y se asentaban en todo su contorno. Tendría unos 160 metros de largo por aproximados 40 metros de ancho. Era un inesperado espectáculo del que no estábamos informados ni teníamos noticias. A pesar de ir empecinados en la conquista de la cumbre, Alexander tomó muestras del agua de la laguna en un estuche de rollo fotográfico.




La laguna turquesa, vista desde un poco más abajo del sector de cumbre


Buscando la cumbre:
Ante nuestros ojos, en todo el frente Oeste, el General Belgrano florecía, como una gran y colosal pirámide. Ésta comenzaba suavemente en su costado sur, ascendiendo hasta alcanzar los trescientos metros de altura, para caer su nivel norte casi abruptamente. Un gran y helado glaciar cubría casi toda su pared este. Había que cruzarlo en diagonal para acceder a la inclinada cresta rocosa que nos llevaría a la cumbre.
El grupo debió separarse, Hans y Alexander no habían traído sus grampones y debieron encarar el ascenso por la parte más abrupta, la que no tenía manchones de nieve. Si bien sería mas trabajosa la subida, también sería más directa. Nosotros colocamos los grampones y con la técnica de posicionar muy bien diez puntas transitamos sobre la espejada y helada superficie con sumo cuidado. Tardamos larga media hora. No hubo ningún espacio de nieve blanda hasta el metro final. Volvimos a colocar los grampones en las mochilas y en una trabajosa lucha contra el viento continuamos el ascenso. Dos horas más tarde estábamos en la cresta final. Hacia el Oeste habían aparecido, atrás de nuestra cumbre, dos grandes moles piramidales. La posicionada al Oeste era el “Gran Riojano”
jaime suárez




y la que aparecía hacia el noroeste de nuestra marcha, el Overo de 5.930 metros de altura. Entendí perfectamente su nombre, estaba tachonada de grandes manchas, constituidas por sectores de piedra, en todo su glaciar sureste. También sobre su sector oeste, y se adivinaba igual diseño por su parte norte. Estas manchas son similares al pelaje de los caballos overos. En unos veinte minutos ascendimos un morro final que supusimos la cumbre. No lo era, había formaciones rocosas de mayor nivel hacia el Norte. Las fuimos alcanzando hasta llegar a la última de mayor altura. Esa era la cumbre. Removimos las piedras y apareció un sobre plástico con comprobantes de anteriores ascensiones. Eran del 20 de Marzo de este año. De nuestros queridos amigos marplatenses, Antonio, Eduardo, Guillermo y de Adrían de Famatina. No dejó de emocionarme la circunstancia.
Pronto nos juntamos todos en un gran abrazo y tomamos la posición y altura: el GPS indicaba 29°00´812 Oeste y 67°49´626 Sur, y 6.107 metros. Lo mejor era, por el continuo viento, recostarse en las piedras. Procedimos con mucha dificultad, a sacar fotografías. Al Oeste, a unos 2 km el Gran Riojano.

jaime suárez

Desde la cumbre del Belgrano, el resto del Nevado de Famatina, hacia el Norte


Hacia el Norte contemplábamos en plenitud al Overo, a aproximados 3 kilómetros.
A unos 6 kilómetros más al norte de él, veíamos la última cumbre importante del Nevado, el Overo Negro, de 5.791 metros. Hacia el Este, trescientos metros por debajo, a la Laguna Turquesa, y a unos 10 km. de ella el sistema montañoso de 5.000 metros formado por el Patrono San Pedro, con su pirca inca aledaña, que habíamos ascendido y nominado en la expedición del pasado mes de Marzo. Mas allá, y antes de la Sierra de Velasco, veníamos a 30 kilómetros de nosotros el verdor de Famatina y a unos 38 km. la mancha urbana de Chilecito.
Hacia el Noroeste, a unos 150 kilómetros se apreciaban los lejanos perfiles del Veladero y el Bonete.
Pero había que volver. Para evitar transitar el glaciar nuevamente descendimos con cuidado y lentamente por la parte abrupta del pico, hasta llegar a la zona de la Laguna Turquesa, donde hicimos un pequeño descanso. Continuamos luego descendiendo hasta La Montura. Allí nos quedaríamos esa noche para recuperar fuerzas, aunque con algunas dificultades. Por el accionar del viento mi carpa tenía dos parantes rotos y deberíamos distribuirnos con José en las restantes. Pero ese era ya un problema menor, nos arreglaríamos.
Al día siguiente antes del mediodía llegamos a la Mexicana donde José extrajo del sector más oculto de mi camioneta dos brillantes y frías botellas de champán. Había que festejar la cumbre y así lo hicimos poniendo cada uno la mejor comida que tenía. Fue un almuerzo imposible de olvidar, menos aún cuando se mezclaron las burbujas del champán con nuestro abundante y galopante torrente sanguíneo. Suerte que no era mucho el líquido para ocho sedientos andinistas.
Un descanso posterior con la sorpresa de apreciar por parte de Miquel, que es biólogo, la presencia de pequeños crustáceos en el transparente envase de rollo fotográfico en que Alexander tomó muestras del agua de la laguna Turquesa. Más tarde subir el equipo y las bolsas con basura acumulada durante la expedición a las camionetas y emprender el retorno a Famatina y de ahí a Mendoza.
Habíamos cumplido una asignatura pendiente, escalar el Belgrano.



Jaime Suárez





Noviembre de 2002.-

El Nevado Famatina, su ladera Este, accediendo desde Tinogasta


El Nevado Famatina, ladera Oeste, desde Villa Unión.


jaime suárez

jaime suárez
Restos de ruinas en la cunbre del General Belgrano. Enviada por un amigo riojano, al que le ruego que me lo recuerde, ya que tuve que formatear el disco y perdí su correo.



EL MANCHAO






ASCENSIÓN AL MANCHAO

CERRO ESCUELA DE LA AMC


Ficha de ascenso:
Expedición realizada desde el 5 al 8 de Abril de 2007.
Fecha de cumbre: 7 de Abril de 2007.
Cumbre alcanzada:
Manchao, principal altura de las cumbres de Ambato, tras superar la cumbre del
Cerro Blanco.
Posición y Altitud:
La posición de esta cumbre es: S 28°15.358 y O 66°02.187
Altura estimada en cumbre por GPS 4.561 m
Ruta:
Vertiente Occidental, partiendo desde Saujil en vehículo hasta Rincón, donde comienza el ascenso.
Acceso:
Usualmente se accede a esta montaña por la vertiente Este, desde Rodeo o Las Juntas. Otra opción es acceder desde el Oeste por Saujil, localidad de la que se llega por la ruta 46.
Integrantes de la expedición a cumbre, por el sector Occidental:
Jaime Suárez (C.A.M.) ) Elsa Abrego, Aldo Vergara (Agrup. Belenista de Montaña)
Época más adecuada de ascenso:
Prácticamente todo el año, con los cuidados de cada estación, y considerando mayor y mejor abrigo en invierno.
Dificultad:
De media montaña. No difícil, aunque su pared occidental es más escarpada y se encuentran dos pasos que hay que superar con sumo cuidado. Experiencia previa en montaña.
Equipo:
Tienda de altura. Hornillo. Abrigo de Alta Montaña. Campera y bolsa de dormir de altura. Guantes, botas trekking preferiblemente altas, bastones, gorro, gafas U.V., GPS. Llevar abundante agua a partir del primer campamento, debiendo dejar un litro en el campamento dos para el regreso.
Trayecto y desnivel:
Ascenso de aproximados 14,5 Km. A pesar que en línea recta hay sólo 9, 5 kilómetros desde donde queda el vehículo. Con dos campamentos se debe superar un desnivel de mas de 2.880 metros desde el pueblo de Rincón a la cumbre.

La Sierra de Ambato se extiende prácticamente en sentido Norte a Sur, por una distancia aproximada de unos 120 kilómetros. Separa la capital de Catamarca -San Fernando del Valle de Catamarca-, que se encuentra en su Oriente, de las ciudades y pueblos que une la ruta 46 como Andalgalá, Saujil, Pomán, que se encuentran en su Occidente. Es paradójico que la distancia en línea recta –separadas por esta sierra- desde Saujil a la capital de Catamarca sea de sólo unos 52 kilómetros y que para comunicarse deban transitarse rutas que van por el norte o por el sur de este cordón, ampliando significativamente en más tres o cuatro veces esa distancia según el recorrido que se elija.
El Manchao con una altura oficial de 4.552 metros y una lectura de GPS de 4.561 m es la mayor cumbre de este sistema de sierras, y su cúspide un muy fino balcón desde el cual se puede apreciar a la distancia toda la belleza de esta provincia.
Al transitar la ruta 46 que conduce a Saujil, -bordeando prácticamente este sistema de sierra-, - puede verse una línea vertical de color blancuzco, que baja desde sector de cumbre y que resalta sobre el resto de la montaña, y que dio origen al nombre de la misma, “el manchao”.
Al igual que en otras importantes sierras que cortan a Catamarca de Norte a Sur, su sector occidental es más seco y escarpado que el oriental.

El Manchao, es una montaña emblemática para Catamarca, su cumbre se admira desde su capital y principales poblaciones,

El Manchao, desde San Fernando del Valle de Catamarca

y también desde muchas y más altas cumbres que desde la distancia la circundan. También al acceder a Catamarca desde La Rioja, por la ruta 38, muy pronto se aprecia, contra el cielo, la sierra de Ambato y también al Manchao, que sutilmente sobresale entre la multitud de precumbres que lo rodean.

Desde la cumbre del Candado, en el Aconquija, el 20 de Julio del 2006, David Lucero, presidente de la Agrupación de Montaña Calchaquí, me señaló con sentido sur a la Sierra de Ambato diciéndome: -Aquella cumbre que sobresale es el Manchao, y a su izquierda está San Fernando del Valle de Catamarca. Te invitaremos al próximo ascenso.
No pasó mucho tiempo y me llegó la invitación para participar en esta expedición. La A.M.C. tiene a esta cumbre que pasa los 4.550 metros de altura dentro de su programa de ascensos en los cursos de montaña. Sirviendo para escuela y aclimatación de los andinistas catamarqueños. Parten en vehículo desde la capital de Catamarca por la RP 4 que conduce a Humaya hasta El Rodeo, a 36 kilómetros de Catamarca y desde ahí, según varias opciones de ruta, con dos campamentos coronan el Manchao.
A la par llegó otra invitación, del amigo Aldo Vergara, andinista de Saujil, para encarar la misma montaña, pero por el lado Oeste, con el propósito de encontrarnos ambas expediciones en la zona de cumbre. La idea nos pareció a todos estupenda y me hizo recordar cuando en enero de 1992, jalonando los 500 años del descubrimiento de América nos juntamos en la cumbre del Tupungato de 6.550 m dos expediciones internacionales de UPAME (Unión Panamericana de Asociaciones de Montañismo y Escalada), una proveniente desde Chile y la otra desde Argentina.

La expedición de la AMC partiría el jueves 5 de Abril desde la iglesia vieja de El Rodeo, pasando por el puesto de los Narváez, el Señuelo, la Confitería y tras una extensa empinada en medio de pastizales hasta Las Tinajas, donde harían el primer campamento. Y desde allí al día siguiente saldrían muy temprano, almorzarían en Campo Grande prosiguiendo luego hasta llegar a Las Minas, donde harían su segundo campamento. A las 6 de la mañana, al día siguiente 7 de Abril, encararían ya sin carga, coronar el Manchao tras unas cinco horas de ascenso.

La expedición
Partimos desde Mendoza el día 4 de Abril y tranquilamente recorrimos los casi 740 km que nos separaban de Saujil, S-28,10.448 O-66,12.746, a los 903 m.s.n.m., donde llegamos al atardecer y nos esperaba Aldo, quién con la proverbial hospitalidad catamarqueña y sin aceptar ninguna excusa, nos hospedó en su casa.
Saujil es un bello oasis, una de las agrestes villas tachonadas con nogales y con agradable microclima, que se levantan a la vera o al final de unos de los ríos que desde las estribaciones occidentales de la sierra de Ambato descienden. Con una población de casi 5.000 almas es una comunidad con deseos de crecimiento.

Jueves 5 – Hacia el objetivo
Nuestra ruta era un ascenso pronunciado, por lo que habíamos decidido compartir alimentos y una sola carpa para distribuir mejor el peso del equipo. Una vez terminados los preparativos y ya pasado el mediodía, partimos en la camioneta rumbo a Rincón. Rincón se encuentra retrocediendo unos pocos kilómetros, con rumbo sur, desde Saujil, y encarando luego hacia la sierra. Esta villa es un bosque de nogales donde pareciera que han metido adentro de él casas y calles. Superamos la plaza y pronto llegamos donde quedaría nuestro vehículo, en la casa de Don Mansilla. Nuestra posición era S-28,13.645 O-66,07.672, a los 1.681 m. Don Mansilla amablemente salió recibirnos, tras abandonar la mesa en la que almorzaba con su familia. Pudimos ver a soslayo que en el televisor del comedor aparecían imágenes del famoso programa “Gran Hermano”.
Luego de los saludos y de solicitarle permiso para la estancia del vehículo, colocamos las mochilas al hombro y resueltamente encaramos la expedición. No nos molestaría el sol, ya que el cielo estaba tapado con nubes altas. Ascendimos pequeñas lomadas de vegetación baja donde sobresalían esporádicos cactus, cruzamos el camino de una solitaria tarántula y poco a poco en cansina marcha tomamos altura. Atravesamos piedras de un ya prácticamente inexistente pircado indígena hasta llegar a Los Arbolitos, donde descansamos. Luego superamos los sitios denominados Comedero, Sombra y Toro, y a las 18 horas estábamos en la zona de Las Casitas, también antiguo asentamiento indígena.




Finalmente antes de las 20 horas llegamos al que sería nuestro primer campamento, Pie de la Cuestecilla S-28,12.811 O-66,04.401, 2.744 m, al lado de un tenue arroyo y al inicio de una empinada cuesta. Fue el último lugar en que pudimos obtener agua. A partir de aquí es conveniente subir con mas de 3 litros de agua cada uno. Habíamos caminado durante casi siete horas 6 kilómetros desde el pueblo, culminando más de 1.050 metros y restando unos 1.800 metros de desnivel hasta la cúspide. El primer día se siente más el cansancio por lo que pronto nos dormimos.

Viernes 6 – Partida hacia el campamento 2
La salida fue a las 9 horas, luego de un comunitario y prolongado desayuno. El ascenso comenzó más pronunciado y también las paradas. Las altas nubes del día anterior estaban ahora a nuestros pies. De a momentos notábamos que transitábamos una zigzageante senda mimetizada entre las plantas, con calzadas de piedra muy destruidas. Fue hecha por la mano del hombre y seguramente tendría su historia desde la época calchaquí e inca y después muy usada con equinos en tiempos de la colonia cuando se buscaba auxilio o apoyo desde Belén o Pomán con el valle de Catamarca, y posteriormente utilizada por arrieros.
Superamos la cuesta pero igual el ascenso seguía abrupto. Llegamos a Los Alojamientos donde almorzamos y más tarde tras otra fuerte subida hasta el pié de una inmensa roca, donde en un muy pequeño espacio de vivaqueo armamos nuestra tienda. Campamento 2 “Casa el Cortao” S-28,13.230 O-66,03.028, 3.783 m. Otro día en que tras unas seis horas superamos otros 1.000 metros y casi 3 Km. de distancia desde el campamento uno. Nos restaban 5 kilómetros y medio y 780 metros de altura hasta nuestro objetivo. Cuidamos el agua, ya que deberíamos tomar algo durante la noche y llenar una taza al desayunar. Separamos en la cantimplora que beberíamos al día siguiente durante el ascenso final y dejamos un poco dentro de la carpa, para cuando regresáramos y para el desayuno del día de retorno. La idea que partiríamos dejando la carpa armada y sin la carga, salvo un poco de agua y algo de comida, nos hizo dormir mejor tras el extenuante día de montaña.

Sábado 7 - Hacia la cumbre
A las 9 del sábado y bien desayunados, abandonamos nuestra carpa con la referencia de la gran piedra que la protegía. En primera instancia debíamos alcanzar la cumbre del Cerro Blanco, de 4.100 metros, y luego casi en una caminata sobre esa altura transitar más de 3 kilómetros hacia el sector de cumbre del Ambato donde se encuentra el Manchao.



A las diez y media estábamos en la cumbre del Blanco, tratando ahora de ubicar a los calchaquíes que habían partido desde el otro lado de la sierra. A partir de ahí, acompañados de un excelente día, continuamos una más cómoda marcha. Poco antes de alcanzar la precumbre, tuvimos la grata sorpresa de encontrar al querido amigo Ricardo Córdoba, junto con Alejandro, Aldo René, y varios jóvenes de la Agrupación de Montaña Calchaquí, que descendían de la cumbre. Fue un emotivo abrazo el que nos unió. Ahora nos tocaría a nosotros coronarla.



Una hora después, casi a las trece horas estábamos en el sector de antecumbre donde hay dos pequeñas imágenes de la Virgen y una vitrina de vidrio que se encontraba vacía y seguramente contenía una imagen de la virgen de mayor tamaño. Para acceder al punto culminante de la cumbre, hay que cruzar y sortear una cornisa cumbrera formada por filos de piedra que a su final forman la cumbre del Manchao. Allí, S-28,15.358 O-66,02.187, 4.561 m, hay dos grandes cruces.
Lo hicimos con cuidado y en pocos minutos más nos estábamos abrazando y sacando fotografías al lado de la principal cruz. La hora era especial porque no había viento y el sol brillaba. La vista era pródiga desde el balcón de Catamarca.





Un cielo despejado nos permitía observar hacia el Norte la silueta del Candado en el Aconquija a 103 km. de distancia y también zonas del sur tucumano. Al Oeste muchas siluetas de la cordillera central, a unos 280 kilómetros, algunas conocidas. También el salar de Pipanaco y los emprendimientos olivareros que durante kilómetros bordeamos en nuestro viaje a Saujil, las verdes manchas de Pomán, Recreo y Saujil a 20 kilómetros. Al Este a 33 kilómetros la mancha del casco de la capital de Catamarca. Al sur la sierra de Famatina con los picos de sus principales cumbres nevadas.
Pero había que volver y sortear empinadas cuestas con buena luz solar. Regresamos muy cansados y casi sin agua al campamento dos. Comimos abundantemente ya que no habíamos tenido almuerzo y pronto quedamos dormidos.

Domingo 8 – Descenso y regreso a Mendoza
Despertamos con el sol y precipitadamente desarmamos el campamento 2 bajo la mirada de la gran piedra que nos cobijara durante la noche. Deberíamos en el día descender rápidamente los, no muy fáciles, 15 km que nos separaban del vehículo y de la casa de Don Mansilla, llegar a Saujil e inmediatamente regresar a Mendoza, donde arribaríamos muy de madrugada. Pero el trabajo más fuerte había sido hecho.

Jaime Suárez
Julio 2007


El Manchao
Atalaya de Catamarca Datum,WGS 84



ALDO, S-28,10.448 O-66,12.746 903 m
Casa MANSILLA S-28,13.645 O-66,07.672 1.681 m
LOS ARBOLITOS, S-28,13.514 O-66,06.901 2.055 m
COMEDERO S-28,13.345 O-66,06.502 2.286 m
Rumbo al Manchao S-28,13.345 O-66,06.354 2.339 m
SOMBRA Y TORO S-28,13.401 O-66,06.110 2.468 m
LAS CASITAS, S-28,13.195 O-66,05.302 2.623 m
Camp.1 PIE DE LA
CUESTECILLA S-28,12.811 O-66,04.401 2.744 m
FI N CUESTA S-28,12.876 O-66,04.348 2.871 m
Rumbo al Manchao S-28,13.181 O-66,04.258 3.162 m
Los ALOJAMIENTOS S-28,13.313 O-66,03.523 3.500 m
PIE CORTADO S-28,13.268 O-66,03.143 3.696 m
Camp. 2 CASA el
CORTAO S-28,13.230 O-66,03.028 3.783 m
MAN 3 S-28,13.265 O-66,02.562 3.996 m
Cerro BLANCO, S-28,13.345 O-66,02.124 4.114 m
ANTE CUMBRE S-28,15.179 O-66,01.922 4.388 m
Cumbre el MANCHAO S-28,15.358 O-66,02.187 4.561 m

Jaime Suárez
Abril 2007


El Ing° Enrique Funk, en su libro GEO – CIENCIAS + ANDINISMO = CATAMARCA, presenta un dibujo donde sobresale esta cumbre, realizado por Walter Penck, en el año 1913, desde la Estación de Ferrocarril de Catamarca, y casi cien años atrás este explorador alemán, -que recorriera nuestra cordillera- cita de esta capital “...Sus calles son de tierra, ni siquiera tiene adoquines...”
Dibujo: Prof. Dr. WALTHER PENCK, (desde la Estación de Ferrocarril de Catamarca)



EL CANDADO - NEVADOS DEL ACONQUIJA


Jaime Suárez

EXPEDICIÓN AL NEVADO DEL CANDADO EN LOS NEVADOS DEL ACONQUIJA

informe y relato de ascensión


Ficha de ascenso:
NEVADO DEL CANDADO
- 5.453 m por GPS
Expedición realizada desde el 14 al 22 de Julio de 2006.
Fecha de cumbre: 20 de Julio de 2006.
Integrantes de la expedición:
David H. Lucero, Ricardo Córdoba, Marisa Arias, Sergio Ariel Mercado, Carlos Rodríguez Lastra, Jaime Suárez.

Cumbre alcanzada:HUACA CUNTUR HAY QUE VOLVER!!!
Dentro de los Nevados de Aconquija, la cumbre Nevado del Candado.

Posición y Altitud:
La posición de esta cumbre es: S 27°20.368 y O 66°10.775
Altura estimada en cumbre por GPS 5.453 m

Ruta y Permisos:
Vertiente Oriental, partiendo desde El Charquiadero, sobre la RP-48 en Catamarca.
Se deben atravesar hasta las estribaciones de los cerros anteriores a este nevado, propiedades privadas con tranqueras, por lo que se debe solicitar autorización que se puede conseguir a través de la Asociación de Montaña Calchaquí, en la capital de la Provincia de Catamarca.

Época más adecuada de ascenso:
Los inviernos suelen ser secos y los veranos lluviosos pareciendo mejor época entre Mayo y Julio, pero considerar la posibilidad de nevadas.

Dificultad:
De alta montaña. No difícil, aunque es imprescindible una buena aclimatación y también experiencia previa en altura y en marcha a gran altitud. Hay que llevar grampones, aunque no se usen, ya que se suelen presentar glaciares en los últimos 300 metros anteriores a la cumbre.

Equipo:
Tienda de altura. Hornillo y combustible o gas suficiente. Abrigo de Alta Montaña. Parka y bolsa de dormir de altura. Guantes y mitones, zapatos dobles, grampones, bastones, gorro, gafas U.V., GPS. Llevar abundante agua.

Trayecto y desnivel:
Dura caminata y luego ascenso, en que se deben superar unos 25 km. de marcha y salvar un desnivel de casi 3.000 metros.

Acceso:
Ya en la provincia de Catamarca, se accede hasta las cercanías de Andalgalá, donde se empalma por la RP-48 hasta Aconquija y El Charquiadero. Esta ruta llega hasta Concepción en Tucumán.

Sugerencias:
Es un largo trayecto el que hay que realizar caminando, y parece más largo aún en el retorno, por lo que se sugiere –para el transporte de la carga- alquilar caballos en Charquiadero, y si es posible ser esperados, por los arrieros, al regreso. Ellos conocen muy bien los lugares donde hay agua.


Aconquija. Hacia el campamento I

Nevados del Aconquija

Nevados de Aconquija es un sistema montañoso que se extiende, con leve sentido Noreste a Sudoeste, por casi 100 km desde Tucumán a Catamarca. En unos 60 kilómetros, forma frontera entre ambas provincias. Es un sistema alejado de la Cordillera de Los Andes y cargado de historias y leyendas precolombinas. Tiene un clima casi propio que la diferencia, al igual que el Famatina, de otros cordones y sistemas montañosos.
¡Cuanta historia y cuanto misterio despierta esta palabra! Según cita Córdova Navarro el nombre Aconquija (antiguamente Anconquija) significa “La luna cerca de la nieve” porque este inmenso cordón montañoso y en especial en el valle catamarqueño donde se encuentran las cumbres más importantes, es donde la luna se observa más cerca de ellas.
Este cordón de montañas tiene riscos inaccesibles, misteriosos senderos, y quebradas profundas que nacen a los 4.500 metros y sirven de cauce, inicialmente para suaves deshielos, y luego para fuertes corrientes de agua provenientes de tormentas. Posee varios picos importantes entre los 5.400 y 5.550 metros. Esto permite que la humedad de los vientos del atlántico y las consecuentes precipitaciones queden en su sector oriental, que presenta bosque y selva subtropical y mucha vegetación que se va achaparrando con la altitud. Por el contrario, la ladera occidental es totalmente árida y rocosa y presenta vegetación de arbustos espinosos y cardones.
Tiene un clima subtropical de inviernos crudos con nevadas y sequías; y veranos de abundantes precipitaciones y mucha calidez; lo cual puede perjudicar la expedición del andinista que no conozca la región y no se informe debidamente.


La expedición

El día 14 de Julio, luego de llegar a Andalgalá, empalmar la ruta provincial 48, superar la peligrosa cuesta de las Chilcas y acceder a El Alamito, nos reunimos a las 19 horas, en el Hostal Aconquija, montañistas de Catamarca, Buenos Aires y Mendoza. Habíamos sido invitados por la Agrupación de Montaña Calchaquí para una expedición a los Nevados del Aconquija, especialmente a la cumbre Nevado del Candado, segunda montaña en altura de ese sistema después del Cerro el Bolsón. Lideraría la expedición formada finalmente por seis personas, el presidente de la agrupación, David H. Lucero.
Esta invitación fue bienvenida ya que es un sistema montañoso del que se tiene muy poca información. Mi amigo alemán Eisenböck me había pedido información en el año 2000 y fue muy poco lo que pude brindarle. Finalmente en Febrero del 2001 hizo esta cumbre, no sin antes quejarse del excesivo conocimiento que sobre el Aconcagua había y el poco existente sobre otras montañas argentinas. Era el momento de poder informarme personalmente.

A primerísima hora del día siguiente, ya preparada la carga que transportaríamos en la mochila y armados los bolsos que serían despachados en caballos, nos dirigimos en vehículos hasta el corral desde donde partiríamos caminando. Se terminaron de definir detalles con Don Roque, encargado de los animales y el transporte de las cargas y comenzó nuestra expedición dando el primer paso hacia la aventura a las 11,30 horas, al ingresar desde la ruta, a los l.508 m, en el punto S27°26,740-O 66°00,120.
Poco a poco atravesamos el fino y ascendente cordón de casas que corre paralelo a la ruta, hasta llegar (tras más de dos kilómetros y medio de caminata) a la primer tranquera, a los 1.800 m de altura, en la posición S27°26,378-O 66°01,680. Aquí nos reunimos con la caballada con la cual seguiríamos la marcha teniéndola siempre a la vista. Previo paso por una segunda tranquera, y tras de haber atravesado unos 4 km de fértil zona de pastoreo, crianza de ganado y plantaciones, denominada Las Mesadas, comenzaron a aparecer los primeros perfiles y crestas en una ascendente geografía. Los fuimos sorteando primeramente dentro de una maraña de arboledas que se iban raleando a medida de nuestro ascenso para luego achaparrarse dentro de pastizales de altura y fusionarse con vegetación xerófila y pastos duros por arriba de los 2.500 m de altitud.



Ascendiendo en el Aconquija

Campamento 1

Casi a las 20 horas estábamos armando nuestro primer campamento, luego de un pequeño descenso desde la senda para hacerlo al lado de un cauce con un hilo de agua, en Cañada Paica, a los 2.746 metros, S27°25,481-O 66°05,568. Hidratamos, rellenamos nuestras botellas con agua, cenamos y a descansar. Habíamos caminado durante la primer jornada 10, 5 km.

Hacia campamento 2
A la mañana siguiente, Domingo, luego de desarmar las carpas, iniciamos la marcha pasadas las 9 horas. Acompañarían nuestra marcha hasta el campamento 2, los arrieros con sus caballos cargados. La idea era llegar cerca de la cumbre del Obero, importante montaña que se interpone en nuestro ascenso hacia el Candado y alcanza los 4.312 metros de altitud. Nuevos y largos ascensos sobre crestas con vegetación que descendía en tamaño, un frugal almuerzo y casi 5 horas después llegamos (según los arrieros) a “Ciénago”, a los 3.840 metros. La posición S27°23,510-O 66°07,194. Habíamos caminado sólo 5 kilómetros y superado un desnivel de casi 1.100 metros. Armamos el 2° campamento, tratando de protegernos del viento, en una ladera y a escasos 100 metros más arriba de una surgente de agua que desaparecía metros más abajo de su afloramiento.

jaime suarez

Campamento 2 rumbo a El Candado

Don Roque y su ayudante se despidieron de nosotros y regresaron con sus animales. De conocer mejor nuestro objetivo, situación que se experimenta al concretarlo o tener un buen relato de expedición, debiéramos haber continuado un día más con la caballada y haber hecho que nos esperaran hasta nuestro regreso de la cumbre, en el siguiente campamento. Pagaríamos el error al regresar, con un día más de demora y el cansancio de transportar en nuestras mochilas todo el peso del equipo, durante todo el largo camino.
La jornada del día siguiente, lunes 17, sería de descanso en este campamento para lograr la mejor aclimatación posible. Aprovecharíamos para hacer una selección del material y de la comida a subir, dejando el resto en bolsas junto a la basura, para recoger al regreso.
A las 8, 15 de la mañana apareció el sol en el horizonte. Al este daba la puerta de nuestra carpa y nos permitió apreciarlo con plenitud y sentir de inmediato el calor de sus rayos. Por la noche, antes de dormir, en esa misma dirección, habíamos visto en la distancia(a más de 55 km), a Concepción, Aguilares y otras ciudades tucumanas, como grandes alfombrados círculos lumínicos.
Luego de desayunar sin abandonar la bolsa de pluma, nos levantamos y caminamos por las cercanías. Fotos, charlas, comida y rápidamente se pasó el día de descanso. Siempre sostengo que hay que descansar mucho, para poder cansarse mucho el día siguiente.

Hacia campamento 3
La temperatura durante la hora previa al amanecer superó los 5 grados bajo cero. Apenas salió el sol desayunamos y comenzamos a armar nuestras mochilas y desarmar el campamento. A las 9,20 horas iniciamos la marcha del día, dirigiéndonos resueltamente hacia el Obero que teníamos frente a nuestro objetivo. Estaba la posibilidad de rodearlo por su izquierda, en un flanco sumamente rocoso e inclinado, o demorando dos horas más encarándolo por la derecha. Preferimos la vía rápida de la izquierda, que encaramos con sumo cuidado ( a la vuelta volveríamos por su cumbre evitando rodearlo). Luego de haber superado el peligro, nos encontrábamos en el portezuelo posterior del Obero, en la posición S27°22,374-O 66°08,058, a los 4.268 metros de altura y era el sitio para una buena comida y reponer energías. Media hora de descanso, y ya con la vista del Candado en nuestras retinas retomamos la marcha hacia el próximo campamento. Tratando de evitar perder altura, fuimos bordeando totalmente laderas que formaban anfiteatros. Por fin llegamos a la base inferior derecha de la cresta que conduce a la cumbre del Candado, donde aparecieron unas preciosas surgentes de cristalina agua rodeadas de vegas y una gran piedra, que indicaban era un punto ideal para hacer el campamento 3 de altura. La posición S27°21,618 -O 66°09,213, a los 4.275 metros. Este era el sitio al cual deberían haber arribado los caballos con la carga pesada y quedar ahí con pasto y agua esperándonos.
Habíamos caminado, con toda la carga a cuestas, durante 6 largas horas, una distancia de 5 kilómetros –considerados en línea recta- en un desnivel de casi 450 metros. El tener a la vista totalmente la cumbre del Candado, más abundante agua y buen piso para colocar las carpas de altura, nos ponía bastante contentos. Montamos las tiendas apuntando las puertas hacia el Este y así nos sentimos acompañados al contemplar a lo lejos las luces de las ciudades tucumanas que resaltaban en la oscuridad de la fría noche. Nos hidratamos con un té y poco después una rápida cena y nos dormimos escuchando radio dentro de la bolsa de plumas. A pesar de ser pleno invierno no sentimos mayor frío.

Hacia el campamento de altura AMC
El miércoles 19, con todo a cuestas y con una carga extra de agua ya que más arriba sólo habría nieve para derretir, iniciamos a las 9,30 horas el ascenso hacia el último campamento de altura. En unos veinte minutos accedimos al perfil del filo que nos llevaría al objetivo del día, en los 4.900 m y desde él intentaríamos la cumbre.
A las 14,30 horas, tras 5 horas de esfuerzo en que superamos 650 metros de desnivel y 2,2 km de distancia, llegamos a un pequeño collado a los 4.929 m.


Desde él podíamos contemplar Andalgalá, la ruta que pasa por Pomán y Saujil, también el Manchado y el Peinado que nos indicaba que a su izquierda estaba San Fernando del Valle de Catamarca, y hacia el Noreste, el faldeo de las montañas que finalizaba en las ciudades de Tucumán. Hacia el sur, el Nevado de Famatina, que orgullosamente mostraba su perfil, que se contemplaba a pesar de los casi 250 km. de distancia que nos separaban. Buscamos con la vista alrededor y unos 20 metros más abajo, muy bien protegido entre las rocas, estaban las marcas dejadas por carpas del campamento de ataque Agrupación de Montaña Calchaquí. Era el sitio. S27°21,051 y O66°10,345 a los 4.908 m. Cerca de él, manchones de nieve, con las que podríamos obtener agua al derretirla con nuestros hornillos. Lo tuvimos que hacer luego de armar las carpas y tomar un té ya que habíamos consumido casi toda la que traíamos durante el pesado ascenso.
Ese proceso nos mantuvo ocupados hasta la hora de la cena. Preparamos dos litros por persona, que utilizaríamos para desayunar y durante el ataque final a la cumbre. Por suerte transportaríamos solo equipo ya que las carpas quedarían armadas esperando nuestro regreso, previo colocar en su interior, dos piedras grandes y chatas sobre los neoprenes, para evitar fueran voladas por algún inoportuno viento.

A la cumbre
Despertamos muy temprano. Era el día clave. A las siete y aún enfundados en las bolsas habíamos tomado el desayuno. Nos pusimos lentamente el equipo de altura y ubicamos la parka dentro de la mochila junto con los grampones, agua y un poco de comida de marcha para recuperar energías.

A las 9, 20 horas, aprovechando los rayos solares que mitigaban el frío, comenzó el ascenso final. Nos separaba poco más de 1,5 km. y un desnivel de casi 550 metros hasta la cumbre. El desnivel era abrupto pero eso nos estimulaba ya que todo el grupo se movía con entusiasmo.


Con firme paso y bastoneo ascendíamos metro a metro, mientras parecía agrandarse el sector de cumbre. A mitad de ascenso y recostado longitudinalmente sobre la cresta que transitábamos, había un largo glaciar marcado con enigmáticas huellas por el viento. Debimos transitarlo en su perfil para evitar colocar los grampones. En los descansos podíamos contemplar hacia el Oeste majestuosos perfiles de cumbres, que a pesar de estar a una distancia superior a los 200 kilómetros mantenían su personalidad. Así de Norte a Sur vimos el San Francisco, el Inca Huasi, el Ojos, el Tres Cruces, el Pissis y hasta el Bonete, ya en la Rioja. Finalmente la pirámide de cumbre pareció invitarnos a ascenderla. Estaba acompañada a su izquierda por dos inmensas moles, cubiertas con glaciar, que en un primer momento nos parecieron más altas. Por fin, tras 4 horas de trabajoso ascenso llegamos a la apacheta que indica la cumbre del Candado (¡error!).

En la cumbre, pero del Huaca Cuntur!!!

Surgieron los acostumbrados abrazos y salutaciones de cumbre de todo el grupo y la alegría de haber coronado nuestra montaña. Luego la búsqueda del libro de cumbre, dentro de un plástico, el registro de nuestros nombres y la obtención de fotos y el emborrachamiento de contemplar el resto de las bellas cúspides del Aconquija, que parecían invitarnos a que las visitáramos en el futuro. Desde la cima bebimos todo el entorno de paisajes.

jaime suarez
comprobantes de cumbre

Apareció entre los comprobantes un tubo plástico y un envase de vidrio, seriamente dañados por un rayo que había impactado sobre ellos, atraído seguramente por un pedazo de bastón metálico que se hallaba en el costado de la apacheta.



Milagrosamente una imagen pequeña de la Virgen del Valle florecía intacta entre los restos carbonizados de los envases.
A las 13,30 comenzamos el retorno azuzados por un frío y continuo viento que parecía mortificarnos por haber invadido la montaña. Nos acompañó hasta que dos horas más tarde nos metimos a descansar en las carpas del campamento AMC. Un café bien caliente, las conversaciones entre carpas de lo hecho durante el día y a dormir. Al día siguiente comenzaría el retorno, que es otra historia digna de ser contada, pero en un fogón de campamento.


Regresando del Aconquija

NEVADO SAN FRANCISCO

Nevado San Francisco - Catamarca - Argentina


Expedición realizada desde el 8 al 13 de Abril de 2006.
Fecha de cumbre: 12 de Abril de 2006.

FICHA DE ASCENSO:
VOLCÁN-NEVADO SAN FRANCISCO (Catamarca – Argentina)

6.016 m.s.n.m. IGM 6.049 m. por GPS
Integrantes de la expedición:
Jaime Suárez, Alejandro Giménez, Nicolás Pantaleón, Juan Speroni.

Cumbre alcanzada:
Cumbre Noreste. La de mayor de las dos principales cumbres que rodean al cráter de este apagado volcán.

Altitud:
Oficial 6.016 m sobre el nivel del mar. Estimada en cumbre por gps 6.049 m.

Ruta:
Vertiente noroeste directa, denominada “ruta limítrofe”, por desarrollarse prácticamente sobre la línea limítrofe entre Argentina y Chile

Ubicación:
Esta montaña se encuentra en la provincia de Catamarca en la posición 26°55´178 Sur y 68°15´729 Oeste, y es limítrofe con Chile.

Época más adecuada de ascenso:
Octubre a Marzo. En Abril comienzan fuertes vientos que pueden llegar a impedir continuar el ascenso.

Dificultad:
De alta montaña. Poco difícil, aunque es imprescindible una buena aclimatación y también experiencia previa en altura, en marcha a gran altitud y conocimiento de Los Andes. Hay que llevar grampones, aunque no se usen, ya que según el año y/o al inicio o fin de temporada se presentan glaciares en la ruta.

Equipo:
Tienda de altura. Hornillo y combustible o gas suficiente. Abrigo de Alta Montaña. Parka y bolsa de dormir de altura. Guantes y mitones, zapatos dobles, grampones, bastones, gorro, gafas U.V., GPS. Llevar agua.

Acceso:
Ya en la provincia de Catamarca, se arriba desde Tinogasta a Fiambalá y desde allí por la ruta 45 hasta el control de Gendarmería en el Paso Fronterizo de Las Grutas.


Objetivo Incierto

Habíamos previsto realizar una expedición de importancia para los primeros días de abril, aún a sabiendas de que es un mes poco estable en la alta montaña y también muy ventoso. El día 9 de Abril, luego de reaprovisionar combustible en Fiambalá, y proseguir por la ruta 45 que conduce al Paso San Francisco, nos encontramos en el refugio de Cazadero -al final del río que con ese mismo nombre desciende del interior de la cordillera para unirse al río Guanchín- 3 andinistas de Salta (Nico Pantaleón, Alejandro Giménez y Juan Speroni), 1 de Mar del Plata (Eduardo Namur), 1 de Santa Fe (Gonzalo Lorenzo) y 6 de Mendoza (Marisa Arias, Oscar Daher, Francisco Cordón, David Leiva , Federico Indovina y el que suscribe).



Grande fue nuestra decepción al frustrarse nuestro objetivo inicial por la falta de mulares. Unos suizos que previamente las habían alquilado, para ir al Walter Penck, demorarían su retorno 3 o 4 días más, lo que nos perjudicaba a todos, especialmente por compromisos de retorno al trabajo, o cumplimentar días tomados a cuenta de las vacaciones. Esa noche acomodamos nuestras carpas al lado del río Cazadero, pudiendo descansar del largo viaje bajo el arrullador murmullo de sus frías y cristalinas aguas.
No impidió que nos diéramos un suculento almuerzo de trucha asada...

jaime suarez


David, Francisco y Jaime, saboreando las truchas obtenidas por el puestero

El nuevo día nos permitió considerar que a grandes males, grandes soluciones. Cambiaríamos el objetivo. Estábamos cerca del paso fronterizo San Francisco y hacia él nos dirigimos. Poco antes de llegar al puesto de control de Gendarmería Nacional, ubicado en Las Grutas junto con un puesto de Vialidad Provincial de Catamarca, se presentó ante nuestra vista un imponente circo de montañas entre las que sobresalían el volcán Inca Huasi (6.638 m) y el volcán San Francisco (6.016m). Este último da nombre al paso San Francisco y pasa a su norte la ruta asfaltada que alcanza en algún momento los casi 4.800 metros de altura. A partir del límite, por camino consolidado se accede a Copiapó.
Hicimos los controles de acceso en Gendarmería y una vez más nos acomodamos en los bunquer-refugio que por un muy módico precio diario pone la D.P.V. de Catamarca a disposición del viajero.

Suele haber, en caso de necesidad, aprovisionamiento de combustible. Luego un tardío almuerzo a los 4.000 metros de altura y después, entre bromas, nos ubicamos en los cómodos colchones de las literas para una reparadora siesta. Antes de la cena coordinamos los objetivos para el día siguiente. Los 4 que habíamos ascendido ya el Inca Huasi encararíamos el Nevado San Francisco, el resto iría al Inca Huasi. La cumbre del Inca Huasi se encuentra a casi 22 kilómetros de Las Grutas, y la del San Francisco a 13 kilómetros. A su vez, entre ambas cúspides hay una distancia de 14 kilómetros. A la noche, antes de la cena ya habíamos preparado todo el equipo, comida y agua para iniciar al día siguiente la aventura.

Jaime Suárez

Nevado Volcán San Francisco, panorámica



Hacia el Paso San Francisco

Recién a las 10 de la mañana partimos en dos vehículos hacia las metas establecidas. Un vehículo, el nuestro, hacia el límite fronterizo, al Oeste, con Alejandro, Nicolás, Juan y Jaime. El otro, con los demás, hacia la falda del Inca Huasi, al sudoeste.
Nuestro grupo pronto llegó al límite internacional entre Argentina y Chile, desde donde enfilamos con rumbo sudeste hasta llegar a los 4.794 metros.


Campamento base, donde quedaría el vehículo

Ahí quedaría, en la posición 26°53´062 y 68°17´733, luego de tapar con mantas el motor, la batería y el radiador. Colocamos las mochilas sobre nuestras espaldas y con muy buen ánimo y con paso lento comenzamos a ascender a las 11, 30 hs.. Tres horas más tarde, vencidos más por el hambre que por el cansancio, vimos al fondo de una hondonada un excelente lugar para hacer campamento. Descendimos unos 50 metros sintiendo una agradable protección contra el viento que desde hacía rato nos molestaba. Cabían exactamente dos carpas, sin necesidad de nivelar el piso que era una base de arena rodeada de grandes piedras en todos los costados.


Nevado San Francisco, campamento uno

Habíamos ascendido casi 400 metros, caminado 2,5 Km. desde el vehículo. La posición 26°54´208 y 68°16´900 y la altura 5.188 m. Nos separaban 850 metros de desnivel de la cumbre, la que se encontraba a una distancia de 2,7 km. En condiciones más normales es mejor ascender unos doscientos metros más, para facilitar la labor del día de cumbre. Armamos las carpas y procedimos a almorzar ligeramente. Debíamos cuidar los dos litros de agua que por persona llevábamos. A las 18 horas y ya dentro de las bolsas de dormir intentamos infructuosamente comunicarnos por radio con la expedición que había encarado el Inca Huasi. El sitio era un centro de muy baja presión que motivó que durmiésemos entrecortadamente. Dentro de las carpas, poco antes del amanecer, registramos una temperatura de 10° bajo cero.
A las 8,30 hs. del día 12, bajo unos incipientes rayos solares que no calentaban nada, comenzamos el ascenso en busca de la cumbre. Tras 4 horas y media llegamos a los casi 5.800 metros, al borde muy erosionado y cubierto del cráter central. Deberíamos continuar, aunque ya en un más suave desnivel, sobre el hombro oeste del cráter, hacia una redondeada y nevada cúspide que se encontraba hacia el sur. A las 14,10 hs. el primero del grupo estaba coronando el San Francisco, minutos después todos nos abrazábamos en la parte más alta de este guardián del paso San Francisco.

San Francisco, Nico, Jaime, Juan, y Alejandro (sacando la foto) en la cumbre


Entre las piedras de la apacheta de cumbre apareció una valija-portafolios de aluminio conteniendo el libro de cumbre. También un pote plástico con un comprobante de la Agrupación Belenista de Montaña, que era imposible de leer completamente por el paso del tiempo y la acción del clima. Este testimonio me enteré unos días después fue confeccionado por la hija de Víctor E. Carrizo, miembro del directorio de la ABM , en la que se comprometía a ascender esa cumbre, a la cual iba su padre, cuando fuera mayor.



Se convirtió en un testimonio de cumbre para esa laboriosa institución de montaña catamarqueña.

Registramos nuestros nombres en el libro y volvimos a colocarlo en la posición original. El viento era suave ahora, aunque bastante frío. Hacia el sur se apreciaban, sobresaliendo perfectamente a 13 kilómetros de distancia, los 600 metros de diferencia de altura con que nos superaba el Inca Huasi. Hacia el Norte a la izquierda el Cerro El Cóndor de 6.373 m florecía tachonada su cresta por algunos glaciares, a 34 kilómetros de distancia y en el mismo sentido, hacia la derecha, el Cerro Peinado de 5.741 metros, a unos 36 km. de distancia.
Poco después de pasadas las 15 horas comenzamos el descenso, ya más tranquilos. Al llegar al inicio de la bajada abrupta, pudimos observar con más detalle, -ya que durante el ascenso no lo hicimos-, el color turquesa la Laguna Verde, que con poco más de 6 kilómetros de largo x 2,5 de ancho, se encuentra a unos 20 km de distancia dentro de territorio chileno,

A las 17 horas estábamos en nuestro campamento uno, que comenzamos a deshacer con el afán de poder regresar a Las Grutas. A las 18 hs. con todo a cuestas iniciamos el retorno hacia el vehículo al que llegamos ya cercano a las 20 horas. En este último trayecto lamentablemente perdí mi sombrero de montaña, regalo de mi amigo el montañero mexicano Daniel Méndez en ocasión de la limpieza del Aconcagua, en la cual 120 montañistas de América recolectamos en el año 1991 casi 10 toneladas de basura. Compañero de montaña que lo encuentres, será tuyo con todos los emblemas como el de UPAME, el la Escuela Militar de Jaca, el de Club de Exploradores de México, el del Grupo de los Cien, el emblema pequeño del Cóndor Dorado, y alguno más, con la sola excepción del viejo logo del “Club Alpinista Mendoza” que guarda un muy especial sentimiento para mí y espero recuperar.
Ya con las sombras de la noche regresamos tranquilamente cruzando el collado del San Francisco hacia Las Grutas. Una buena y caliente cena y unos mullidos colchones nos esperarían.
jaime suarez


Nico, Alejandro y Jaime, festejando la cumbre mientras Juan saca la foto


El otro grupo que tenía que superar un campamento más y al que debíamos esperar durante 24 horas, -que aprovechamos para disfrutar de la fuente termal que a poco más de dos kilómetros de Las Grutas existe- fue rechazado camino a la cumbre del Inca Huasi por un muy fuerte viento que se desató ese día. Pero quedó la promesa de volver a la zona.


Las Grutas, puesto Vialidad Provincial Catamarca

Igual, esa noche la guitarra de David y sus melodías patagónicas, llenaron de emoción ese norteño y solitario lugar de nuestro querido país.


Jaime Suárez
Abril 2006


NOTA PARA LAS FOTOGRAFÍAS DEL INCA HUASI DESDE LA CUMBRE DEL SAN FRANCISCO:
La de Walter Penck, tomada en el año 1913.
(foto en blanco y negro)

La misma foto, tomada durante la expedición, desde el sitio de cumbre


Inca Huasi, desde la cumbre del San Francisco

Walter Penck fue un joven geólogo alemán, nacido en Viena el 30-8-1888, fue contratado por el Gobierno Argentino, para la investigación geográfica en la zona norte de la Cordillera de Los Andes, a inicios del siglo pasado.
En Julio del año 1912 pisó suelo argentino y a poco tiempo inició sus investigaciones geológicas, geográficas y topográficas. Durante dos años, trabajó el joven científico en la región del Dpto. de Tinogasta.
Corría 1913, contando en ése entonces con unos 25 años de edad partió, desde Tinogasta, en Catamarca hacia la zona limítrofe. Aparte de sus investigaciones realizó varias ascensiones. Entre las principales, el 16-12-1913, a las 13,15 el nevado San Francisco. En su cresta queda ubicada, bajo un montículo de piedras, una caja de hierro con una tarjeta de Walter Penck, adentro.

Sobre ese ascenso, comenta Walter Penck en sus escritos:

“Este ha sido el día más difícil en mi vida. Los Alpes ni los quiero mencionar, ya que no hay nada comparable. Famatina y también Bonete no fueron tan dificultosos como este coloso llamado San Francisco”.

“El sol calentó un poco, registro unos 2 grados, pero siento calor. Solamente cuando llegaron los impactos del viento, sentí el frío. Hacía el oeste no pude tomar ninguna fotografía. Por lo general, sacar fotografías desde aquí es una hazaña. Mis dedos quedaron duros, y a cada movimiento me dolían. Se me partió la piel y bajo las uñas me salió sangre. No tenía ni fuerza en las manos”.

Desde esta cumbre tomó esta histórica fotografía y días después escaló la montaña que había fotografiado: el Inca Huasi, de 6.638 metros. Siendo el primero que lo hizo quinientos años más tarde que los incas.
Falleció en 1924, en Alemania, a los 36 años de edad. En su honor se ha denominado con su nombre a la cumbre de 6.658 m ubicada en la posición Sur 27°11´817 y Oeste 068° 33´583, dentro de Catamarca, y cercana a Ojos del Salado.



Nevado San Francisco, desde Las Grutas




Nevado San Francisco, rumbo a El Condor