INTRODUCCION



"Tanto si piensa que puede, como si piensa que no puede, de cualquier modo está en lo cierto" Henry Ford


Montañista amigo, con el conocimiento, lo difícil o desconocido se vuelve fácil y accesible.¡Que poca información teníamos en la decada del 90 y años posteriores, de muchas de las más altas montañas de Argentina y Chile! Algunas veces ascendimos una cumbre que no era la principal y otras tuvimos que dejar la expedición como mera exploración al recién poder determinar, ya al fin de la misma, por donde se debería haber accedido o ascendido! Y VOLVER.Durante años fui informando de los resultados de las expediciones que realizabamos y las he juntado en este blog.Espero te sirvan mis relatos.

Jaime Suárez
jaimesuarezgonzalez@gmail.com

25 julio, 2006

WALTER PENCK









Walter Penck al fondo, y Olmedo a su derecha



WALTER PENCK


RUMBO AL WALTER PENCK
(primera argentina)




Walter Penck desde el Valle Grande del Pissis


En los fines del siglo XIX Argentina y Chile decidieron delimitar sus fronteras, que comparten sobre formaciones montañosas, por más de dos mil quinientos kilómetros. Constituyeron consecuentemente ambos países comisiones dedicadas a ello.
Walter Penck fue un geológo alemán, contratado por el Gobierno Argentino, para la investigación geográfica en la Cordillera de Los Andes. Lamentablemente no era mucha la información que en esos años había sobre Walter Penck y su actividad en nuestra cordillera.


Corría Diciembre de 1913, contando en ése entonces con unos 25 años de edad cuando partió, en Catamarca, hacia la zona limítrofe. Aparte de sus investigaciones realizó varias ascensiones. Entre las principales, escaló el Nevado de San Francisco, de 6.008 metros de altura, y días después el Inca Huasi, de 6.638 metros. También intentó ascender el Bonete, donde existiría aún un comprobante suyo en una de sus precimas, ubicadas por sobre los 6.300 metros, no habiendo llegado a la cumbre principal. Recorrió los pasos de esa región del norte argentino durante los años 1912 y 1914.
Regresó a Alemania donde en 1924, donde a los 36 años de edad falleció.
Una expedición tucumana que seguía la huella de las expediciones polacas, en el año 1955 y que ya había recorrido la zona cuatro años antes, utilizó el nombre de Walter Penck, en honor a este explorador, para nominar la montaña que ocupó nuestra expedición. Es muy probable que ellos fueran quienes la bautizaran.
Hasta hace unos pocos años atrás esta cumbre, que se yergue al sur del final del sistema del Ojos del Salado, y a unos 10 km. de su cumbre principal, era una de las montañas menos visitadas del norte argentino.
Contribuía también a ello el estar rodeada por una maraña de cimas de más de 6.000 metros que la circundan y mimetizan. La supusimos virgen, pero como veremos la cumbre ya registraba ascensos, pudimos catalogar uno en el año 91 y otro en el año 99 , no así los anteriores. No fue coronada por los polacos.



Ubicación:

La posición del Walter Penck -mal nominado en algún mapa como Nacimiento- es la siguiente: 27°11´817 y Oeste 068° 33´583. Su ubicación está dentro de la provincia de Catamarca, en Argentina, muy cerca del límite internacional con Chile.
Es la novena altura de América luego del Aconcagua, Pissis , Ojos del Salado, Mercedario, Huascarán, Bonete, Tres Cruces, y Llullaillaco y la octava cumbre en altura de las argentinas.

INFORME DE LA EXPEDICIÓN.
Ruta Escalada: Desde Plaza Ninfas 6.350 m. ruta p/ Glaciar de los Catalanes, directa a la cumbre.

Al Noroeste Argentino.
Nuevamente al volante de nuestros vehículos enfilando hacia el noroeste argentino. Habíamos partido a las 7,30 desde Mendoza y nos encontrábamos el Viernes 11 de Febrero a mediodía atravesando La Rioja bajo un infernal calor que hacía que el aire acondicionado del auto pareciera no funcionar. La tradicional recarga de combustible al llegar a Tinogasta y 50 km. más adelante, en Fiambalá terminamos de coordinar el tema de las mulas que nos apoyarían con la carga de la expedición. Contactos telefónicos previos habían permitido que ya hubieran salido esa mañana, adelantándosenos, con destino al refugio de Quemadito, cercano a Cazadero Grande, donde llegarían el Domingo a la tarde. Continuamos por la ruta 45 que conduce hacia el Paso San Francisco, que comunica a Argentina con Copiapó en Chile. Pronto y tras pasar por Chaschuil, llegamos al familiar refugio de Pastos Largos, construcción solitaria de gastados adobes y techo de palos y cañas, que en tantas ocasiones anteriores nos había acogido. Preparamos una cena común y tras una amena charla que disfrutamos mucho, procedimos a descansar.

La mañana del sábado la dedicamos a aclimatar en los 3.200 metros, recorriendo el cauce del río Guanchín que discurre muchos kilómetros paralelo a la ruta, y esperando al viejo amigo Johnson, que vendría desde Fiambalá para prepararnos un asado. Cuando llegó teníamos listo el fuego. Era nuestra última comida de carne caliente y verduras frescas, regada con buen vino catamarqueño, y la aprovechamos hasta el último hueso.

A las 18 horas y cumpliendo el plan de trabajo, partimos hacia el Refugio de Gendarmería Nacional, que se encuentra a 30 kilómetros, al lado del cauce del río Cazadero, que desemboca en el Guanchín, ingresando un poco más arriba de Cazadero Grande 10 km hacia el Oeste. En la parte final, y con cuidado tuvimos que transitar sectores de fina arena que harían enterrarse a un vehículo común. Es imposible transitar más adentro. Se cierra el valle dejando solo paso al cauce del río. Dejamos nuestras camionetas a los 3.700 m sobre un barranco con desnivel que se levanta unos 50 metros más arriba del refugio en una pronunciada pendiente. Éste estaba ocupado por una patrulla de Gendarmería Nacional que debía introducirse en motos hacia la frontera para el control periódico de hitos internacionales. Armamos nuestras carpas en el entorno, contemplando con deleite la multitud de estrellas que brillaban en el cielo y pensando que el día siguiente domingo, sería dedicado a descansar, fraccionar alimentos y distribuir y preparar el equipo de caminata y de montaña, mientras esperábamos que llegasen las mulas. Recién lo hicieron a las diez de la noche, cuando ya se elevaban por parte de algunos de mis compañeros alguna que otra angustiosa queja pensando que deberíamos llevar toda la carga a cuestas.

El lunes 14 a las 9 y mientras los arrieros Tito y Juan cargaban en sus mulas nuestras bolsas, partimos llevando la mochila a la espalda, con la comida del día, un rompevientos y algo de agua - igual la tendríamos del Cazadero durante el trayecto- , los infaltables bastones, la cámara de fotos y muchas ganas de superar más de 20 kilómetros hasta el Real del Rasguido, nuestra meta. Tras recorrer 6,1 km (leídos en línea recta) llegamos al Chorro, llamado así porque el río produce, en un abrupto desnivel, un bello salto o cascada de casi 3 metros de caída. Cercano a él se hallan unas derruídas construcciones pircadas, a los 3.800 metros de altura. Se impuso un pequeño y rápido refrigerio pudiéndose a las 12 horas continuar la marcha del día. Las márgenes del río estaban pobladas de pasto verde sobresaliendo ininterrumpidamente coirones amarillos, mientras que los en recodos de su cauce se formaban cachalotes de vegetación que brillaban bajo su agua cristalina . Más adelante se abre un amplio valle al fondo del cual se puede contemplar la imponencia de las cumbres del Nacimiento.

Sobre las 14 horas arribamos a la Junta, 27°20´842 y 68°20´305 en los 3.900 metros de altitud, bellísimo lugar de unión de tres brazos de agua sobre un sector casi nivelado lo que produce innumerables meandros con abundante vegetación en sus costados y donde algunas parejas de sorprendidos patos inician, al descubrirnos, raudos vuelos sobre la corriente. Nuevamente habíamos superado más de 6 kilómetros de distancia, en línea recta, desde la última posición tomada en el Chorro.

El Real del Rasguido:
Tras cuatro horas más llegamos al destino del día: el Real del Rasgido, allí se encontraban ya los arrieros y las mulas, que nos habían sobrepasado durante la marcha. Nos apresuramos a armar nuestras carpas luego de extraerlas de los bolsos. Estabamos agotados. Se hallaba nuestro campamento de marcha a 4.300 metros de altura, la posición 27°18´475 y 68°24´620, a 8 y medio kilómetros de la Junta. Había sido la caminata del día de unos 23 kilómetros y medio y el tiempo invertido de 8 horas y media. El promedio de casi 3 kilómetros por hora. La distancia a la cumbre del Walter Penck era de 19,7 kilómetros.

Las mulas manifestaban cansancio por los días de trabajo, ya que avanzaban desde Fiambalá, por lo que decidimos que el día Martes 15 lo pasaríamos descansando junto a ellas en el Real. Y lo hicimos de diversas maneras: contemplando alguno que otro cambio de herradura, mirando a don Juan, el más viejo de los arrieros, quien con los ojos puestos en la distancia hilaba, en un palo a modo de huso, un manojo de lana, para tejer una trenza para manear las mulas. Más tarde caminamos por los alrededores enfrascados en maratónicas charlas, tomando abundante líquido que el río junto al campamento nos ofrecía y comiendo con buen apetito.

Con Joan subimos una montaña cercana, pudiendo admirar hacia el Oeste el cerrado valle que se dirigía por el sur del Nacimiento hacia la depresión de la Laguna Verde del Pissis, y hacia el noroeste,a un kilómetro y medio, la surgente que fundaba al río que bajando por el valle del real y pasando junto a nuestras carpas, se juntaba con el que provenía desde el sur del Nacimiento prosiguiendo hacia La Junta. El Norte era dominado por la silueta del Inca Huasi pero anhelábamos seguir.

El miércoles 16 a las 8,30 estábamos nuevamente clavando las puntas de nuestros bastones sobre las piedras. Tras dos horas de marcha arribamos al lugar en que en febrero del año pasado habíamos hecho el campamento Base para escalar el Nacimiento, a 4,5 kilómetros del punto de partida del día, sobre los 4.865 metros y en los 27°17´268 y 68°26´614. Tras transitar una larga cañada con un desnivel progresivamente ascendente, llamada "del Carbón", paralela al Nacimiento, a su final y entre medio de agonizantes penitentes de hielo que daban origen a un corto curso de agua que pronto desaparecía en el piso de rocas, ascendimos una cuesta accediendo a una pequeña planicie sobre la cota de los 5.000 metros de altura, saliendo de la quebrada del Carbón. Ya eran poco más de las 12 del día, estábamos 11 km. mas allá del real del Rasguido y faltaban 13 kilómetros para el Walter Penck.

La posición 27°16´033 y 68°27´594. Continuamos sobre un desnivel más pronunciado hasta que divisamos a lo lejos a las mulas, al lado de uno de los tantos glaciares existentes. Ello nos indicaba cuál sería nuestro Campamento Base. Al fondo se veía al Walter Penck y al costado derecho al Olmedo. A las 15,40 horas llegamos junto a las mulas y a nuestro equipo. La altura 5.560 metros. El desnivel superado ese día era de más de 1.200 metros y la distancia recorrida en la jornada de unos 14 kilómetros . Luego de convenir con los arrieros que viniesen a recoger nuestra carga el domingo 20 a mediodía, en que esperábamos estar de regreso de la cumbre en el campamento base, éstos iniciaron con sus animales, ya bien livianos, el retorno hacia el Real del Rasguido, donde esperarían.

Campamento Base con dudas:
Sabíamos muy bien que donde estábamos no era un lugar ideal. Había sido determinado con los arrieros desde lejos, cuando accedimos a los 5.000 metros, pero serviría. Debía haber un sitio con agua. Ya lo ubicaríamos. Armamos nuestras carpas, comimos, derretimos nieve y nos concentramos en determinar posiciones y estudiar los mapas y el relieve. Anteriormente habíamos fracasado en llegar a la cumbre principal cuando encaramos esta montaña por Chile y ascendimos el Volcán de los Arianos, quedando a 2 kilómetros de la verdadera cumbre y sin logística para continuar. Sabíamos que la tremenda mole que veíamos perfilada en el cielo del horizonte tampoco era la verdadera, por las observaciones y fotografías que habíamos sacado desde la cumbre del Nacimiento. En consecuencia deberíamos superar los 6.000 metros , bordear el que llamamos "Falso Walter Penck"




Walter Penck, cúspide central más alta, a su derecha el falso Walter Penck ya que contemplandolo al acceder desde el Este parece ser la cumbre.


y encontrar la montaña de nuestros anhelos. Nos separaban del Walter Penck unos 7,5 kilómetros en línea recta. La mañana del jueves trajo una ingrata sorpresa: Mariano había tenido durante la noche accesos tos con flema, consecuencia tal vez de una gripe mal curada anterior a su viaje y decidió no continuar. Alguien debía acompañarlo de regreso hasta el Real del Rasguido. Inmediatamente se ofreció David. Una vez más sacrificaba una cumbre para asegurar el regreso de un compañero. Nos despedimos de ellos con cierto dolor y partimos a las 10 en línea recta al Walter Penck, con el peso de las mochilas -cargadas con el equipo de altura y las carpas- y con el lento paso de las botas dobles, extrañando muchísimo a las mulas. Tras superar un hombro de cresta y tratando de no perder altura nos introducimos en un largo y ancho cauce que traía un fino hilo de agua clara de deshielo desde la elevación a la cual nos dirigíamos, y que terminaba su tránsito en la base del Olmedo. En el cauce debería haber sido el campamento base, unos 600 metros más adelante del que hicimos.

Al volver la mirada observamos como nuestros dos compañeros, que nos contemplaban desde nuestra partida, nos saludaban desde lejos. Continuamos avanzando por el ascendente cauce. Más adelante en un descanso pude tomar una posición; 27°13´841 y 68°31´422 y la altura 5.730 metros.


El Nacimiento, en un descanso durante el ascenso al Walter Penck



Estábamos 170 metros más arriba del punto de partida del día. En nuestro avance llegamos, tras una pequeña curva, al glaciar a cuya base nacía el fino arroyo y que tapizaba un valle circular. Su masa de hielo y nieve se proyectaba ascendentemente hacia los 6.000 metros por lo que debimos colocarnos los crampones y encarar el ascenso. Continuamos lentamente, acompasando la respiración al ritmo de nuestra marcha sobre el hielo y al llegar a su altura final accedimos a un pequeño anfiteatro nivelado con base de piedra muy fina, ideal para armar nuestro campamento 1.

Campamento Uno.
Eran las 14,30 horas, habíamos caminado durante cuatro horas y media unos 4 kilómetros y logrado 390 metros más de altura. Nos encontrábamos a los 5.950 metros y la posición era 27°13´269 y 68°32´045.
Nos sentíamos protegidos en ese sitio. Pero durante la noche notamos falta de aire por la baja presión y nos tapaba un techo de nubes al no circular viento. Todo esto contribuyó a motivar algún dolor de cabeza que no nos impidió continuar al día siguiente. Esa noche al tomar la temperatura leímos 1° grado dentro de la carpa y menos 10° en el exterior.


Hacia Plaza Ninfas:
El viernes partimos poco antes de las 10 desde el Campamento Uno nuevamente con todo el peso de las mochilas sobre nuestras espaldas, clavando nuestros crampones en un glaciar que nos permitió acceder a la falda de hielo del falso Walter Penck. Tras superar 290 metros de altura llegamos a la base del morro que se proyecta unos 300 metros hacia el cielo y que es el perfil que se observa desde el Sur y el Este como la cumbre del Walter Penck. Debíamos rodear este monte hacia el Oeste transitando una cómoda cornisa que se forma a los 6.200 metros , aprovecharla de paso para armar nuestro Campamento Dos y desde ahí detectar la verdadera cumbre. Apareció un buen lugar para nivelar el suelo y armar nuestras carpas, aunque separadas por piedras grandes entre sí. La posición fue 27°12´828 y 68°32´834. La altura 6.250 m.
La diferencia de altura del día era de 300 m y la línea recta que nos separaba del Campamento Uno de un kilómetro y medio, que nos había demorado 3 horas y media. En honor a Mirta y Beatriz, por ser las primeras mujeres en llegar al lugar y ser luego las primeras en ascender la cumbre, denominamos al lugar como Plaza Ninfas. Plaza Ninfas es un excelente sitio a 2 kilómetros y medio y unos 400 metros de desnivel de la verdadera cumbre, ideal para utilizar de campamento antes del ataque final y donde quedaron las marcas de nuestros sitios de carpas. Acomodamos nuestro equipo y antes de derretir nieve para obtener agua, decidimos, sin carga alguna, realizar una tarea de exploración. Continuando el rodeo de la falsa cumbre y tras unos escasos 200 metros de caminata entre piedras y nieve accedimos al punto que nos permitía ingresar al gran glaciar que descendía de la cumbre verdadera, la que tras unos pocos pasos más, pudimos contemplar en plenitud. Se recortaba al fondo, sobresaliendo al costado izquierdo de la pared oeste del falso WP. No daba lugar a duda alguna.
Sacamos fotos y volvimos al calor que nos brindarían las carpas y una comida ligera. Nuevamente la ceremonia de intentar conciliar un buen sueño a esa tremenda altura, donde el viento intensamente frío y sonoro nos acompañó durante la noche. No fue fácil. La falta de oxígeno y el nerviosismo de lo que nos esperaba al día siguiente motivó que fuese una noche pesada y poblada de raros sueños, alguno ni siquiera durmió.


La buscada cumbre.
La mañana del sábado, a las 8 y media nos encontró cerrando con cuidado nuestras carpas, que nos deberían esperar armadas. Partimos en fila india con los crampones bien ajustados, bastones y alguna piqueta y una cuerda por precaución, hacia el glaciar sur del Walter Penck, denominado de ahí en más como Glaciar de los Catalanes en honor a Joan y Pedro, los catalanes que nos acompañaban.
jaime suarez
Glaciar de los catalanes, accediendo desde plaza ninfas
Llevábamos lo imprescindible de abrigo, líquido y raciones ligeras, incluso algunos renunciamos al peso de la mochila. Avanzamos por el glaciar, inicialmente con el tremendo frío del amanecer que en la zona de sombra proyectaba la falsa cumbre, pero más tarde recibiendo los tenues rayos del amanecer. El glaciar en su caída, de unos 40 a 45 grados, ofrecía alguna que otra pequeña terraza que nos permitía encauzar más directamente nuestro avance. Poco más de tres horas después nos encontrábamos por encima de la altura del falso Walter Penck y ante un gran morro tapizado de grandes y brillantes piedras separadas por nieve, que se elevaba poco más de 50 metros delante nuestro, con una inclinación superior a los 45 grados


Falso Walter Penck, al fondo el Nacimiento


Dejamos los crampones, piolets y bastones juntos y bien visibles, para recogerlos a la vuelta e iniciamos el ascenso final encaramándonos y ascendiendo entre las piedras.
Al llegar a la superficie de cima aparecieron sobre ella algunos montículos compactos de piedras pulidas y trapezoidales, de unos 15 a 20 metros de altura cada uno, que tachonaban la cumbre. Esto nos preocupó ya que nos confundían al no poder determinar fácilmente cual sería la mas alta y a la vez la cumbre del Walter Penck. Joan se dirigió resueltamente hacia uno y pronto sus gritos nos dieron a entender que la había encontrado. Eran las 13,30 horas del 19 de Febrero. Habíamos demorado cinco horas desde Plaza Ninfas en llegar a la cumbre y salvar el desnivel de poco más de 400 metros. Con nerviosismo revisamos las pequeñas piedras que tapaban un intersticio de otras más grandes y apareció una bolsa con comprobantes.
Primero una pequeña carta escrita en alemán, luego un sobre con una medallita con las imágenes de Nuestra Señora de las Victorias y de Santa Genoveva con la leyenda en francés "Ste-Genevieve" y al dorso "Notre-Dame-des-Victoires". Luego dos banderines dejados por Cesar Burgos y Philippe Reuter en el año 1991, y finalmente un libro de cumbre instaurado por tres alemanes, uno de ellos Alexander Von Götz que nos habían precedido en Diciembre de 1999, accediendo al Glaciar de los Catalanes desde el final norte del Valle del Pissis, desde Chile.
jai suarez

Walter Penck, Pedro con el libro de cumbre

Registramos en el libro de cumbre nuestro ascenso con sus principales datos y añadimos también los de la expedición chilena de 1991. La posición S 27°11´817 y O68°33´583 y también daba el GPS una altura de 6.670 metros . Salvo alguna expedición anterior a la de Burgos y Reuter de 1991, probablemente de Johan Reinhart, (que deberemos confirmar) aparentemente no llegó nadie más a esta cumbre central.



Banderín plástico, dejado en la cumbre en 1991 por P. Reuter


Tal vez sí a las otras que la rodean, como nuestro ascenso en febrero de 1998 al Volcán de los Arianos, al que ahora veíamos dos kilómetros al Norte en línea al Ojos del Salado y de la de los marplatenses, en noviembre de 1999, a la falsa cumbre del W.P. que teníamos a nuestro sur.
Poco a poco nos juntábamos en la cumbre en medio de efusivos abrazos y felicitaciones mutuas. La llegada de Mirta y luego Beatriz - las dos primeras mujeres en ascenderlo-, dentro de la primera expedición argentina, fue muy festejada.
Nuevamente contemplamos el entorno imponente de las principales cumbres de América, mientras Hans hacía flamear una bandera alemana que dejaría de comprobante en la cumbre. La larga depresión que forma la laguna verde y su salina exaltaba completamente el cordón del Pissis. A poco más de 10 Km el Ojos del Salado nos presentaba su poco conocido flanco sur. El cansancio había desaparecido como por arte de magia. Las más altas montañas de América escribían, a todo nuestro alrededor, su mensaje en el cielo. El clima era agradable y soleado aunque frío.


A las 14 horas comenzamos a bajar. Llegamos a donde quedaron los crampones y demás equipo y luego procedimos al regreso por el glaciar de los Catalanes hacia el campamento de Plaza Ninfas donde llegamos, recuperando aire a cada paso que bajábamos, a las 17 horas.
Nos acomodamos en las carpas, cansados hasta para comer y dejamos para el día siguiente el regreso de casi 8 kilómetros hasta el Campamento Base, donde a las 13 horas deberían llegar las mulas a recoger nuestros equipos y cargas.
La mañana del día veinte nos encontró más descansados Llegamos con nuestras mochilas cargadas, inclusive con la basura, hasta el Campamento Base, armamos nuestros bolsos distribuyendo las cargas y dejamos sólo lo imprescindible para terminar de recorrer unos 35 kilómetros hasta Quemadito. A la hora señalada llegaban las mulas con gran alegría del grupo. Empezaba ahora el regreso, mucho más liviano ya que hasta las botas dobles habíamos colocado en el equipaje que bajaban las mulas.
Tras la larga marcha, que incluyó el vivaqueo de una noche en el Real del Rasguido, donde nos acompañaron las estrellas, ya que tuvimos por techo la diáfana vía láctea que tan bien se aprecia por arriba de los 4.000 metros de altura, llegamos todos a Quemadito pasado el mediodía de la siguiente jornada.
El próximo paso sería llegar esa misma noche a las termas de Fiambalá. Disfrutar allí las diferentes temperaturas de las cálidas aguas que hay en sus escalonadas piletas y una buena y suculenta comida caliente. Luego al siguiente día el regreso.

Jaime Suárez

Integrantes:
p/ UPAME, FAE, C.A.M., miembros de Instituciones adheridas aFEDME, Jaime Suárez G., Mirta Sarmiento, Beatriz Orellana, Hans Siebenhaar,Joan Rovira, Pedro Martínez.


--------------------------------------------------------------------------------------



Cronología de ascensos a la cumbre principal Walter Penck, compilada por Guillermo Almaráz


WALTER PENCK Posición, Ruta, Integrantes, Fecha, Descripción


Primero

Norte K. Takeshita, Sergio Kunstmann y Pedro Rosende14-12-70Filo Ojos - WP.

Segundo

Nor Este (Arenal) Johan Reinhard (solo)01-02-82Ruta NE desde ArenalAprox. Chile (Ojos Sal).

Tercero

Nor Este (Arenal) Andreas Mitterer (solo)Oct-91.

Cuarto

Francesa Philippe Reuter y Cesar Burgos09/10/1991Ruta SECampo 2 5800 al O delOlmedo. Bordeando elglaciar luego por filo E?hasta cumbre (debe serfilo SSE) idem filo Dario.

Quinto

Nor Este (Arenal)John Biggar y compañeros1996Aprox. Rio Cazadero.

Sexto

Sur Alex. Von Gotz, M. Betzl y W.Zieglmeier23-12-99Aprox desde Lag. Verde, Glaciar de los Catalanes.

Séptimo

Sur Este Jaime Suarez, Mirta Sarmiento, Joan Rovira, Hans Siebenhaar,Beatriz Orellana y Pedro Martínez19-02-00Aprox SEGlaciar de los Catalanes.

Octavo

Sur Este Darío Bracali (solo)25-01-03Acc. Desde CB SE.

Noveno

Francesa Pancho Medina y cl. Alemán Ago-03.

Decimo

Nor Este (Arenal)Michel Siegenthaler.31-10-04 Arenal.


Undecimo

Sur Este Fernando Santamaría, Eduardo DangeloEduardo Sibuloski, Nicolás Agüero, Claudio Giallorenzo15-11-05.


Duodecimo

Nor Este? Dierk Maass, Christian Cug, Diego Wallig10-04-06.


Decimo Tercero

Sur Este JaimeSoriano (San Antonio de los Cob)Oct-07.



13 julio, 2006

LLULLAILLACO

LLULLAILLACO 6.739 m.

por Jaime Suárez

¡Objetivo ... Llullaillaco!

En la empresa que sin prisa y sin pausa estamos cumpliendo, que es la de lograr las 10 principales cumbres de más de 6.500 m de América, habíamos regresado del Pissis, con la gran satisfacción de no sólo haberlo escalado y haber colocado a la primer mujer en su cumbre, sino que también de haber concretado el bautismo de sus cinco principales cumbres, que se llamaron de Este a Oeste: Ejército Argentino, U.P.A.M., Cardenal Samoré, C.A.M. y Gendarmería Nacional.
Todavía estaba fresco en nuestras mentes, el fantástico paisaje del fin del Altiplano que desde su cumbre habíamos contemplado, también el agradable sabor que deja el haber cumplido este importante objetivo; pero casi sin querer, estabamos también barajando los nombres de la cumbre que sería el motivo de nuestra próxima expedición.
Había varias, entre ellas, las traídas por el catalán Joan y su esposa Tania, donde sobresalían Bonete, Llullaillaco, Nacimiento e Incahuasi. Pero todas ellas bullían en nuestra mente, aún castigada por la falta de oxígeno y el esfuerzo que habíamos realizado.
Pasaron luego unos meses, desde ésos movidos días de Noviembre de 1994, y estaba a punto de partir a Guatemala, cuando desde Barcelona recibo de Joan una fotocopia de carta topográfica, donde sutilmente leía al pié: “ Jaime, de paso te enviamos un plano del LLullaillaco...”
Ahí terminé de entender que ya estaba elegido el próximo objetivo para el año 1995.
Y como a buen entendedor pocas palabras, luego de que se realizara el 3° CONCRESO ECOLOGICO DE LA U.P.A.M. y durante el desarrollo de la ASAMBLEA, en el tratamiento de expediciones, lo presenté como objetivo oficial.

Inmediatamente fue aprobado por la Asamblea y al regreso a Argentina procedí a cursar las selectivas y limitadas invitaciones que caracterizan estas expediciones oficiales.


Muy pronto quedó armado un cerrado grupo, lamentando algunos ausencias justificadas, pero donde todos nos conocíamos, no tan sólo por situaciones normales, sino que por haber pasado momentos extremos y delicados que habían forjado aún más nuestro compañerismo.
Se imponía comenzar a estudiar la empresa y toda la información que sobre la misma reuniéramos sería importante. Muy pronto nos dimos cuenta de la poca que había, y que nuestra expedición debería tratar de dejar la mayor documentación escrita y fílmica que se pudiera, esto a los efectos de ayudar a los futuros andinistas que se quisieran adentrar en esas solitarias zonas de la Cordillera de los Andes.

El Llullaillaco con sus 6.739 m de altura, es la octava cumbre de Occidente, su pico límite entre Argentina y Chile, a los 68°33´ W y 24°43’S y separa las provincias de Salta y Atacama.
Se levanta como una solitaria mole, que florece en medio de centenares de kilómetros, semejando un majestuoso atalaya de la naturaleza que no renuncia en proyectarse al cielo.
Sabíamos que acceder a su cumbre no era tarea fácil, menos si considerábamos la tremenda puna que lo perfila dramáticamente, la deshidratación, y la falta de agua que en este momento especial caracteriza a nuestras montañas, amén que la posibilidad de glaciares para que pudiésemos derretir hielo, recién empezaría por arriba de los 5.000 metros de altura.
Pero todo este realismo, unido al misterio de noticias sobre construcciones inclusive cercanas a la cumbre, y a leyendas de que en el pasado los Incas habían adorado en él a la llama, representada por una de oro, la que se escondería en alguna de sus piedras y montículos, y otras más, producía en nosotros una especial sensación de aventura.

Pronto pasaron los días, y mientras llegaban los invitados y coordinábamos los detalles, llegó también la oficialización de la expedición por el Club Andinista Mendoza. Quedaba la Empresa constituida por U.P.A.M., EJERCITO ARGENTINO y el C.A.M.
Contactos hechos con el Club Janajman de Salta preermitieron que su presidente Alejandro Gimenez, se sumara a nuestro grupo y que lográramos mas precisión en las informaciones sobre la zona.
Estaba todo ya listo, incluido el equipo de alta montaña y la comida. Sólo restaba el pan y las frutas que las compraríamos en Salta, junto a cinco bidones plásticos de 30 litros cada uno que contendrían el agua necesaria para la aproximación y el Campamento Base.

Salida desde Mendoza.

Partimos de Mendoza, el día 3 al atardecer, en un cómodo micro de Andesmar y tras 19 horas de viaje arribamos a Salta, la linda, donde con alegría descubrimos a los amigos del Club Janajman esperándonos. También al Unimog que el 5° de Caballería ponía a disposición de la expedición. Cargamos en él nuestros equipos y equipajes y luego de instalarnos en el Casino de Oficiales, nos fuimos a cenar unas exquisitas empanadas, muy regadas con vino local, con nuestros amigos montañistas del norte.
Iva a ser una noche muy corta, ya que partiríamos desde Salta a las 5 de la mañana.

Salida desde Salta

Así lo hicimos, y a hora exacta, ya que para despertarnos teníamos todo un Regimiento, el que actuó como si ése día se debiera combatir. Poco a poco y con la tenue luz del amanecer fueron desfilando ante nuestros ojos los hermosos valles cercanos a Salta, cruzando y acompañando los rieles del tren de las nubes, que como un mudo controlador seguiría todo nuestro deambular.
Luego de transitar la policroma Quebrada del Toro y respetuosos caminos de cornisa, alcanzamos el Abra Blanca, con sus 4.080 metros de altura, ya tan sólo nos restaban 28 kilómetros para llegar a San Antonio de los Cobres.
Este pueblo, que se encuentra a los aproximados 3.700 m. fue antiguamente un pueblo indio, que servía para la ruta alternativa de las caravanas de mulas que en la época colonial pasaban la Puna de Atacama rumbo a Lima, luego fue utilizado durante el paso de ganado para alimentar los mineros de nitrato del desierto de Atacama, terminando en convertirse un pueblo minero por las posteriores explotaciones cercanas, que luego hubo.
Seguimos nuestro viaje, tomando mil posiciones diferentes dentro de la caja del Unimog, hasta que descubrimos la más práctica: ir parados al final, previo haber desplazado el techo de loneta un metro hacia adelante. Así podíamos ver perfectamente el paisaje , y aunque igual tragábamos un poco de polvo -a pesar de las mascarillas-, el olor a gas-oil no nos afectaba.
Atravesamos así, impensados valles de púrpuras y escarlatas tonalidades, y montículos rondeados con fuertes huellas de erosión que nos hacían suponer fondos secos de mares o inmensas lagunas.
Pasaban así las horas, mientras nosotros nos emborrachábamos con la variedad y fuerza de la geografía de la zona, hasta que el anochecer, y luego de 16 horas de viaje, nos colocó en el solitario y semi-abandonado pueblo de Tolar Grande, a los 3.500 metros de altura sobre el nivel del mar, y a 400 kilómetros de distancia de Salta. Su nombre deriba de una planta otrora pobladora de la zona, y ahora diezmada que se llama Tola.

Noche en Tolar Grande.

La representante de su intendente nos ubico para pasar la noche, en un recinto abandonado, pero con luz y cocina, que nos permitió realmente poder descansar al poder tirar nuestros neoprenes y bolsas de dormir sobre un lugar nivelado y techado.
A la mañana siguiente, ya sin tanto apuro, debido a que llevábamos varios días viajando, partimos hacia nuestro destino. Previamente habíamos conseguido unos litros de aceite para nuestro vehículo, por las dudas; y habíamos reparado una vez mas las pérdidas de gas-oil de nuestro tanque, con bastante practicidad y gracias al consejo del bien recordado cura de la Iglesia de San Antonio de lo Cobres, que al ver como goteaba nos dijo: “ lo que mejor lo sella, son los caramelos de dulce de leche, luego de masticarlos se aplican sobre los agujeritos...”; -palabras santas-.

El Salar de Arizaro.

Muy pocos kilómetros después de Tolar Grande, no metimos en el Salar de Arizaro, atravesando uno de los salares mas grande del mundo, a través de un sendero abierto que se perdía en la inmensidad del horizonte, en perfecta línea recta. Cada tanto y como hitos, aparecían esqueletos de animales con cuero que en parte los ocultaba, y extrañas perforaciones a los costados, que en un primer momento pensamos que era para sacar sal o para estudiar la profundidad, pero posteriormente nos explicaron que era la única forma que tenían los arrieros que lo atravesaban, para poder sobrevivir al frío viento que cuando soplaba hacía morir helados a jinetes, cabalgaduras y ganado.
Por fin lo cruzamos, y a pesar que lo habíamos hecho por la parte mas estrecha tomó varias horas.

Estación Caipe.

Llegando luego en una ascendente cuesta a Caipe, importante estación ferroviaria, a 3.800 metros de altura, que en el pasado recibía el azufre que desde la mina La Casualidad distante a unos aproximados 80 kilómetros le surtían con fuerte tránsito que inclusive obligó a hacer un pavimento de una mano. En la actualidad pasan por ella trenes con mineral, que es destinado a Chile y desde allí, vaya a saber donde.
Seguíamos masticando caramelos para nuestro tanque, y como era pasado el mediodía y tan sólo habíamos avanzado 100 kilómetros más, decidimos almorzar en esta bella estación que parece haberse detenido con sus instrumentos e implementos en el tiempo, en un pasado no tan lejano, pero ya superado.

Mina La Casualidad.

Otra vez arriba de nuestro familiar Unimog, nos desviamos del camino a Socompa que apuntaba al Oeste y continuamos hacia el Sur, rumbo a la mina La Casualidad.
Llegamos a ella luego de un aún buen camino, donde ya el polvo no nos molestaba tanto.
Al contemplarla, nos sobrecogió la escena de abandono. Eran grandes instalaciones y casas totalmente vacías, y nos pareció imaginar espíritus que desde su cementerio iban y venían transitando sus callejas, como en el pasado. Todo era mortecino, salvo una manada de vicuñas que comenzó a escapar al vernos.
Pasamos directamente a su alrededor, encarando una fuerte subida que nos elevó rápidamente en altura, con gran sufrimiento del vehículo, y total silencio de nuestra parte, mientras mentalmente lo empujábamos, en una absurda ayuda que tal vez necesitaba.
Pronto empezamos a transitar sendas con alturas superiores a los 4.200 metros y ascendiendo de a poco. Sabíamos que aún nos restaban unos aproximados 70 kilómetros hasta nuestro destino

Descubrimos el Llullaillaco.

Pronto en nuestro desplazamiento a tales altura, apareció hacia el Noroeste la inconfundible silueta del Llullaillaco. Verlo desde lejos nos producía sobrecogimiento, pero a medida que nos acercábamos nuestra mente no dejaba de galopar regresando fantasiosamente quinientos años atrás, e imaginando las profundas huellas que en él y su entorno, dejarían los movimientos y la actividad imperial de los Incas.
Pronto apareció a nuestra vista, la Salina del Llullaillaco, no salar, por poseer agua, y también algunas colectividades de flamencos distribuidas en su extensión. Debimos bordearlo, notando con alegría, -por lo que pudiera pasar-, que esporádicamente y en algunos lugares , recibía pequeñas afluencias de agua que presumimos dulce por ser filtraciones que accedían a ella por desnivel, desde glaciares altos. Luego de un rato comenzamos un leve ascenso alrededor del cerro Rosado de 5.480 m, por su parte sur, y en dirección hacia el Oeste, en pos de la base del Llullaillaco.
Muy cerca de su faldeo sur, constituido por empinados acarreos, y a unos 15 kilómetros que aún nos restaban, ya que queríamos bordear un largo brazo que proyecta esta montaña hacia el oeste, con alturas que superan la cota de los 5.000 metros, y para poder así penetrar por un valle que acaricia su ladera noroeste, debimos armar, dado la hora de la tarde , nuestro campamento. Estábamos a 4.300 metros de altura, pero seguir podía significar perder el camino apenas nos cubriera la obscuridad, por lo que pernoctar aquí era lo mas prudente.
Lo hicimos dentro y alrededor de los despojos de un anterior campamento utilizado, (luego lo averiguamos), por un equipo fílmico que recorre la Argentina y pasó por allí, pero dejando elementos y materiales que constituyen una agresión visual para el medio.

Campamento Base.

El martes 7 de Noviembre partimos con el sol, hacia la prefijada base del Volcán y llegar nos tomó dos largas horas. Nuestro vehículo siguió ascendiendo por un valle que se abría sobre la parte norte del brazo este del Llullaillaco, hasta que alcanzamos la cota de los 4.600 metros sobre un fino acarreo levemente nivelado, y a partir del cual ya era imposible para el camión poder seguir ascendiendo por comenzar un borde con un ángulo mas pronunciado de pendiente.
Habíamos llegado a nuestro Campamento Base. Aquí quedaría nuestro automotor, al que se le sacaría el agua y el gas-oil para evitar congelamientos. De paso nuestro chofer, el Principal Corvera, aprovecharía para reparar el tanque de combustible.
Una inevitable vuelta a los alrededores nos permitió descubrir un importante pircado inca, y cerca de él, a unos 50 metros, el cementerio donde encontraron 16 esqueletos distribuidos en varias tumbas. Lamentablemente de alguna exhaustiva investigación o depredación, aún quedaban huesos esparcidos sobre la superficie de piedras. Era el primer cementerio en la falda de una muy alta montaña del que tomábamos noticia, lógicamente a excepción del que está en el Valle de las Cuevas, en Mendoza.
El lugar era el lógico. El que habían utilizado los indios para su asentamiento, protegido en sus costados y con una amplia vista hacia el Noreste. Este era el sitio.
Armamos nuestras carpas, y nerviosamente comenzamos a distribuir todo el equipo que utilizaríamos para la ascensión, también el que quedaría en el campamento base para nuestro regreso.
Se trazó la estrategia de ataque y se resolvió realizarlo en cotas diarias superiores a los 550 metros e inferiores a los 800, tratando de que así venciésemos la tremenda puna y garantizar para todos la llegada a la cumbre. Partiríamos con el sol del próximo día.

Hacia el Campamento I.

El Miércoles 8 de Noviembre a
bandonamos temprano nuestro Campamento Base, bañadas nuestras espaldas con un suave calor solar y en una fila semejante a laboriosas hormigas, comenzamos a ascender en medio de un maravilloso paisaje y de un enrarecido aire que no llenaba nuestros cansados pulmones. Cada paso era un pensamiento y cada uno marchaba ensimismado en ellos.
Entre los 5.100 y 5.150 metros encontramos un pequeño valle circular, preñado por un glaciar de penitentes, al pié del cual y ya en el fondo del lugar, se desparramaba una circular lagunita de deshielo.
Estábamos en condiciones de seguir más metros, pero el hecho de no tener que derretir hielo para el agua y de observar el resguardo que el lugar nos daba, nos decidió a armar el Campamento 1 en ése lugar.
Dedicamos la parte libre de la tarde que nos quedaba para hacer descansadoras relaciones sociales, armar con tranquilidad nuestras tiendas, tomar infusiones y mate y ponernos muy temprano a dormir, tratando de reponer y juntar fuerzas para las próximas jornadas. El viento arrulló suavemente nuestro sueño.
La mañana nos volvió a encontrar con la caricia del sol en las carpas, y con laguna helada en el momento de buscar agua, la que por suerte habíamos repuesto.

Pircas y hallazgos camino al Campamento II.

Proyectamos visualmente la ruta a seguir, y pronto comenzamos a atravesar glaciares y antiguos otrora cauces de ya inexistentes glaciares que esparcieron sus energías dejando sólo huellas de su lento acabar.
De pronto un fuerte grito nos sacó de nuestras meditaciones de marcha. Alejandro, el presidente del Club Janajman de Salta, había descubierto, con un envidiable ojo, una pirca mimetizada entre un montículo de roca, a unos 100 metros de distancia y casi paralela a nuestro camino. De inmediato nos dirigimos para allí.
No lo podíamos creer. Al dado de una gran roca una bellísima construcción pircada florecía en medio de la soledad. Comenzamos a los gritos a advertir a los compañeros que nos precedían. y Aprovechamos para levantar la vista y dar una mirada a todo el entorno. Estábamos a los 5.300 metros de altura.
La pirca tenía una fina entrada y paredes que superaban el metro y medio de altura, no había sido hollada y apreciamos que su techo se había derruido en su interior, tal vez por el paso del tiempo y el peso de la nieve.
Con sumo cuidado y reponiendo cada cosa en su lugar, investigamos superficialmente su piso interior. Aparecían todos de pasto y maderamen del techo, lo que demostraba que estas construcciones eran techadas, por lo tanto habitadas con cierta comodidad ya que su fina puerta permitía pasar perfilando el cuerpo y tal vez estuviese protegida por una tejida cortina que unido a su posición geográfica hacia el sur, evitaba la entrada el viento, a la vez en el interior, probablemente en el centro se hacía el fuego, según apreciamos por los restos carbonizados.
Como por arte de magia y mientras escarbaba superficialmente la esquina noreste, apareció en las manos de Juan una preciosa pala inca de madera, con restos de cuero en la parte anterior de su mango. No lo podíamos creer, teníamos en nuestras manos una herramienta para nieve inca, confeccionada vaya a saber en que parte del imperio, con una madera vaya a saber de que lugar y árbol obtenida, y con seguramente cerca de 500 años de antigüedad.
Nuestra expedición no podía dejarla ahí. Había huellas en otros lugares de vandalismo e investigación agresiva, además el acceso de expediciones particulares es incontrolable, ya que hasta las que provienen del vecino país a veces lo hacen por el nuestro, ya que Chile tiene minados por su ejército dos sectores, uno al sur y otro al norte, en zonas estratégicas que se suponen pasos accesibles de frontera de este Volcán, y sirva de paso como aviso y advertencia este importante párrafo para expediciones que desde nuestro país, por algún tipo de motivo o por parecerles mas fácil, decidan hacerlo por el otro lado de los límites. Por lo expuesto y por otras consideraciones, decidimos relevar fílmicamente lo actuado con la consigna y así se hizo, que ése material sería donado al Museo antropológico de Salta.
Con mucho cuidado volvimos a ubicar cada cosa en su lugar y situación original.
Miradas a nuestro entorno nos hicieron descubrir otra pirca, derruida. Un sector cercano con restos carbonosos que nos indicaron que era el lugar en que se encendía un fuego de mayor tamaño, y por la protección pircada del sector de viento que tenía nos indicaba que era para señales. Otra pirca cercana un poco mas arriba, también virgen, ya con maestría por nuestra parte en cuanto a la distribución de hábitos de vida en su interior, nos permitió obtener otra pala. Esta por acuerdo se decidió sería para el Museo del Aconcagua de Mendoza. Mientras todo esto sucedía, con nuestros ojos que parecían radares observando todo, pudimos ver, levantando la vista hacia el norte, al volcán Socompa, y bajándola, en estribaciones de tonalidad rojiza y a los lejos ladeando montañas, largos tramos del camino inca que discurre por nuestro país.
Pero debimos superar rápidamente toda esa borrachera de imágenes y emociones. Teníamos que continuar nuestra marcha hacia una cota cercana de ser posible a los 6.000 metros.

Campamento II.

Continuamos ascendiendo trabajosamente, ya que la pendiente aumentaba en cada paso. Al llegar a los 5.650 metros de altura, en el último glaciar visible, .y unos 100 metros arriba de otra pequeña laguna de agua de deshielo en la que no quisimos parar por no ser la altitud fijada para el día, armamos nuestro Campamento II.
Con mucho trabajo nivelamos lo mejor que pudimos el piso inclinado para acomodar nuestras carpas. La puna se hacía sentir en grado extremo. Apuramos el trabajo, ya que la idea era derretir hielo para tener abundante agua y lograr así una buena hidratación y reservas para el día siguiente, en el que tendríamos una larga jornada para cubrir los poco mas de 1.000 metros que nos separaban de la cumbre.
Observando hacia ella, ilusamente, y por el juego de las sombras, creemos ver una zigzageante línea gris que trepaba. No ocultamos la alegría con Alejandro, ¡habíamos encontrado el camino inca de ascenso! ¡Sería mucho mas fácil acceder a la cima!. Mañana lo seguiríamos.
Ese atardecer, desde el interior de la carpa, nos logramos comunicar con dos radioaficionados de Chile, precisamente por la repetidora de Chuquicamata. Por fin podrían saber algo de nosotros en la civilización. Les pedimos informaran a Mendoza donde estábamos y que al día siguiente encararíamos la última etapa de la expedición, con suerte, les llamarías desde la cumbre a eso de las 14 horas. Nos alegró poder reportarnos a alguien.
El objetivo de cumbre exigía que saliésemos a las 5 de la mañana. Todos tratamos de conciliar el sueño, el que se hace pesado y se interrumpe con tenues dolores de cabeza y miles de sueños imposibles de recordar. Teníamos muy poco oxígeno y el fuerte frío impedía abrir la carpa.

Hacia la Cumbre.

El Viernes 10, dejando un destellador en las carpas, que quedaron en el Campamento II y un poco pasadas las cinco comenzamos a ascender una abrupta pendiente de acarreo y sin que lamentablemente apareciera el camino que creímos ver el día anterior. Seguramente estaría, pero con las frontales sería imposible hallarlo.
Continuamos ya con luz y luego de ascender una pirámide de acarreo, una travesía hacia el sur, donde apareció un acarreo de piedra mayores, que en su parte final iba a morir en la parte sur del Llullaillaco, y en su parte ascendente se metía entre dos afilados morros verticales que alcanzaban los 6.4oo metros aproximadamente
Entre ellos nos fuimos metiendo, observando que a medida que ascendíamos aparecían leños. Leña de los incas, que las tormentas y el. viento había diseminado por la empinada subida. Ibamos bien, muy bien.

Leños incas durante el ascenso al Llullaillaco



Cercano a 6.300m de altura aparece contra el morro sur, casi en su fin y apoyada en el fin de la subida, una pirca derruida. Tal vez un observatorio, ya que desde ella se apreciaba el cerro Rosado y la salina del Llullaillaco, entre otras importantes vistas hacia el sureste. Un poco más y en el abra entre los dos morros, todo un complejo pircado que incluía un sector para la leña y desde donde se podía apreciar el sector noreste, y anteriormente observado camino inca. La construcción del pircado es inclusive con desnivel y sólidas paredes. La mano humana demostraba en ellas su paso. Han sido exhaustivamente revisadas. Lo confirmó luego un pico de acero, abandonado a un costado, casi nuevo en su aspecto, y perteneciente a alguna de las expediciones que nos precedieron, tal vez en la década del 50.
Un breve descanso y a continuar. La cima parece no existir. Otro acarreo ya mas fino, pero no menos pesado y ascendente. Lo superamos y llegamos al pié de un glaciar, ya en vías de achicamiento y que cae desde morros superiores, encaramos su borde derecho, el norte, y aparece visible aunque derruido, en un simétrico zig-zag, el camino inca a la cumbre. Inclusive sus bordes están con mojones de piedras indicando sus angulaciones. Se ve algo de calzada, pero en vías de destrucción; el implacable paso del tiempo y la falta de trabajo hará que desaparezca. Imaginamos que existió un tránsito que necesitó comodidad en ése sector. Continuamos el ascenso y por encima de los 6.600 aparece el gran espectáculo: un sistema de 2 pircas compartiendo un muro en común. Estabamos ante la construcción humana habitada mas alta del planeta. La hipnosis de cumbre nos cegaba, decidimos pasar de largo ante estas rudimentarias y prácticas bellezas arquitectónicas. A la vuelta las veríamos, nos preocupaba la cumbre que ya vislumbrábamos, pero se encontraba en una muy empinada pared de grandes piedras que como un coloso se erguía ante nosotros y las pircas.

La Cima.

Dejamos los bastones, dispuestos a asirnos piedra a piedra, y escalamos metro a metro. Pronto apareció la cima. Como inmensos adoquines que formaban una pequeña meseta de 2 metros y medio por casi 6, y en su frente una pequeña piedra rectangular parada. ¿Sería para ceremonias especiales? Pronto nos olvidamos de esto. Comenzaron a llegar nuestros compañeros y todos a abrazarnos alborozados. Alguna lágrima brilló en más de un rostro.
La ansiada meta había sido alcanzada. El Llullaillaco nos había abierto amigablemente su espíritu y nos había dejado vislumbrar impenetrables misterios que dejaban nuestra mente pensando.
Eran las 2 de la tarde. Se había cumplido incluso la premonición de la hora de llegada. Con la radio nos comunicamos con el radioaficionado Nelson de Chile, brindándole la primicia de nuestra llegada a la cumbre. Su felicitación nos hizo sentir nuevamente acompañados, en este lugar donde sólo había inmensidad de cielo y piedra, había silencio, a pesar de nuestra alegría y el ruido del viento. Silencio de espíritu. Silencio de Dios. Silencio que gritaba.
De una caja metálica sacamos el cuaderno de cumbre que procedimos a llenar con nuestros datos, también una curiosa bandera del ejército de Chile, revistas, caramelos, y varias pequeñas cosas que integrantes de otras expediciones depositaron en su interior. En el cuaderno leímos que otra expedición de Gendarmería y Ejército Argentino había subido también, todas ellas en la búsqueda de un andinista norteamericano que se daba por extraviado desde Marzo de este año, al no haber regresado de su ascenso en solitario, realizado por el lado chileno, a esta montaña.
Procedimos a filmar todos los detalles y a sacar las acostumbradas fotografías. Podíamos contemplar los Andes Chilenos, el Nevado Inca, al norte el familiar ya Volcan Socompa, y todo un entorno de volcanes cerrados, cuyas laderas se enterraban en los salares que bordean.
Estuvimos largo rato contemplando extasiados todo. Largo rato que no me atrevo a determinar, pero que nos parecieron sólo segundos a todos.

En las construcciones más altas del mundo:




LLULLAILLACO, las construcciones más altas del mundo, cercanas a la cumbre



Bajamos con cuidado hasta llegar al collado en que encontraban las últimas pircas, ahora sí dispuestos a contemplarlas. Tienen casi la altura de un hombre, y se apreciaban parte de finos pero resistentes troncos que sostenían en el pasado su techo, que también se había derrumbado en el interior de las mismas, también por la nieve, y el tiempo. Sus estrechas aberturas de puerta tenían todavía el dintel, en la forma de una piedra chata y larga. Con los troncos se mezclaban también largueros de cactus, prácticos por su estructura y resistencia, que también formaban parte del techado.
Unos metros alejados y siguiendo el crestado, un muro en forma de C dejando la abertura hacia el sur se erguía a mediana altura, seguro que sería para observadores que se protegían así del fuerte viento que proviene por lo general de los restantes puntos cardinales, especialmente del norte. Un poco mas adelante y siguiendo nuevamente la cresta que terminaba en un leve montículo un lugar con restos de carbono, seguramente para hacer señales u ofrendas.

Bajamos...

Con pena tuvimos que continuar bajando. Regresábamos paso a paso, reviviendo emoción a emoción, tanto en lo andinístico, como en apreciar el trabajo inca sobre esta montaña y sacando mil conjeturas.
Regresamos hasta el campamento II, y luego de un cambio de opiniones lo desarmamos, ya que algunos querían bajar y otros quedarse a recuperar fuerzas, pero considerando la altura en que nos encontrábamos y el deseo de comer caliente y descansar con más oxígeno, nos decidió a llegar como fuese al campamento base.
Así lo hicimos luego de una larga y agotadora marcha, pero con la satisfacción al llegar de que éramos invitados a un guiso preparado por el principal Corvera, quién nos esperaba.
Luego de la cena, un descontrolado sueño.
La mañana siguiente fue en preparativos para partir de regreso a Salta. Sabiendo que nos esperaban dos días de larga marcha en el Unimog, el que hasta último momento se resistió a arrancar. Pero no podía fallar. Al fin, ante la alegría de todos, y luego de un empuje cuesta abajo, ronroneó alegremente.
Comenzaba otra aventura. Dios dirá.

12 julio, 2006

PISSIS, segunda cumbre de Occidente


El Nevado Pissis, reflejándose en la Laguna Verde




Preciosa vista del Pissis, descendiendo de la cumbre del Tres Cruces


Expedición 1999 a la cumbres CAM y Cardenal Samoré
Expedición 1994 a la cumbre Ejército Argentino.





REGRESO AL PISSIS
(1999)
Macizo Pissis
6.882
m. s. n.


INTRODUCCIÓN:

Cerro Pissis – Origen de su nombre
Tras la Guerra del Pacífico, en el año 1879, Chile conquista al Perú dos de sus departamentos sureños que limitan con la República de Bolivia, al mismo tiempo, que con esta última nación, hará lo propio con dos de sus departamentos, privándole con ello su antigua salida al mar; por este motivo trata de explorar todas las tierras ganadas y además de comprobar sus límites con los países vecinos, es por todo esto, que decreta, la conformación de una Comisión de Exploración del Desierto, en abril de 1883.
Como segundo objetivo establecerá relevar las características morfológicas de su suelo y determinar cuan rico eran sus montañas.
Se designa como jefe de la Comisión al explorador chileno don Francisco José San Román (1838-1902), quien es acompañado para esta tarea por el geólogo noruego-chileno, don Lars Sundt y por un grupo de ayudantes.
La comisión toma como base de operaciones la localidad chilena de Copiapó y realiza entre los años 1883 y 1889, once campañas, de las cuales cinco son hacia la cordillera, recolectando nombres, datos, etc., sobre cumbres y pasos, entre ellos el del volcán Pissis de 6.882 metros, el pico más alto de América después del Aconcagua.
Con este nombre se bautiza en el año 1885, al volcán inactivo más alto del mundo, en honor al geógrafo francés al servicio de Chile, Pedro José Amadeo Pissis; este volcán se encuentra totalmente en territorio argentino, a unos 28 kilómetros de la frontera, y en el límite de Catamarca con la Rioja.
El mencionado volcán, ya conocido por arrieros y nativos con los nombres autóctonos de “Nevado de Pillánhuasi” o “Nacimientos del Jagüel”, a partir del momento de la publicación en dos tomos de los relevamientos realizado por la comisión de San Román, toman estado públicos su nueva denominación, “Pissis”, y se comienza a llamar así, a partir de ese momento.

Primera ascensión
Ya en el añomil novecientos treinta y cuatro, un grupo de montañistas polacos hace historia en el andinismo de la Argentina, conquistando una serie de cumbres en la Alta Cordillera de San Juan y Mendoza, entre ellos, el “Techo de América” y el “Mercedario” y otros cerros aledaño al segundo.
Stefan Osiecki, uno de los integrantes de aquel destacado grupo, vuelve en el año 1937, ahora acompañado por otros colegas de aquel lejano país, conformando una homogénea cordada integrada por: Justyn Wojsznis, Witold Paryski y Jan Szczepanski, quienes coronarán la segunda cima de Occidente, el volcán “Pissis”.
Para la conquista de este cerro además de estos pioneros andinistas polacos irán acompañados por dos arrieros y veinticinco mulas, todos ellos partirán de la localidad catamarqueña de Tinogasta, Argentina, hacia las desconocidas montañas.
Pese a lo escabroso y desértico del terreno montañoso circundante, sin vegetación, con aguas saladas y hasta contaminadas con minerales tóxicos y tendrán que enfrentar otro factor importante a resolver, la logística, que con las distancias a recorrer hacia más difícil el éxito de la expedición, pero estos inconvenientes serán superados por sus capacidades de previsión, premisa fundamental en aquella época, para solucionar este tipo de problema y que les permita permanecer durante un período de casi dos meses y medio en aquella agreste suelo y poder cosechar como lo habían hecho en el año 1934, una serie de cumbres vírgenes.
Es así que el 7 de febrero de 1937, luego de un agotador esfuerzo conquistan Stefan Osiecki y Jan Szczepanski, la cima de la segunda montaña de Occidente, el volcán Pissis de 6.882, si bien no se sabe a ciencia cierta, cuál de sus cinco cumbres fue a la que arribaron, son ellos los portadores de tener el privilegio de ser los primeros el llegar a la cima.
Esta comisión polaca, se trasladará luego a la vecina localidad de Copiapó, Chile, a aproximadamente trescientos kilómetros del paso San Francisco, Argentina, la que con posterioridad a una larga estadía y ante el llamado de su patria, que se encuentra en guerra, retornarán a Polonia, para poner sus servicios a disposición de la Nación.

Denominación de las cinco cumbres del cerro Pissis
En el año 1994, uno de los objetivos anuales propuestos para alcanzar por la Unión Panamericana de Asociaciones de Montañismo y Escalada, U.P.A.M.E, entidad que aglutina a casi todas las federaciones de Latinoamérica, era la de conquistar la cima del cerro Pissis, teniendo este un carácter internacional por el personal participante y siendo un integrante de la Argentina, el responsable de coordinar y organizar el evento.
Es así que, dieciocho integrantes pertenecientes a las siguientes entidades participantes del evento, se congregan y aunan esfuerzos, ellas son: Club Andinista Mendoza, Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada, Unión Panamericana de Montañismo y Escalada y por el Ejército Argentino, representado por la Brigada de Montaña VIII, conforman la sexta expedición que intentarán pisar la cima del volcán.
El 18 de noviembre de 1994, tras una ardua jornada coronan la cima diez integrantes, cinco civiles y cinco militares, dentro de los cuales una mujer, que tiene el privilegio de ser la primera en hollar la cumbre, no sólo tienen la oportunidad de realizar la cumbre, sino les cabe a ellos y muy especialmente al coordinador de la expedición el señor Jaime Suárez Gonzalez, quien al descubrir que cuenta con un sistema de cumbres, tiene la responsabilidad de bautizarlas con los siguientes nombres en sentido Este-Oeste, la primera cumbre Ejército Argentino, continuando hacia el Oeste, la segunda UPAME, la siguiente Cardenal Samoré, la cuarta que es la más alta CAM y la quinta, Gendarmería Nacional, nombres que a partir de ese momento fueron divulgadas conjuntamente con fotos a las distintas instituciones de montaña y a quienes requieren mayores precisiones.

JOSE HERMINIO HERNANDEZ
Coronel – Ejército Argentino
Profesor de la Universidad del Salvador


5 principales cumbres de Nevado Pissis

Bibliografía consultada:
1. PUNZI, Orlando Mario, UGARTE, Valentín y DE BIASEY Mario: “Historia del Aconcagua, Cronología heroica del Andinismo”. Buenos Aires. 2 de septiembre de 1953.
2. Enciclopedia Espasa Calpe – Madrid – España. Datos obtenidos por el Subteniente Ezequiel Argones.
3. ECHAVARRIA, Evelio: “Chile Andinista, su Historia”. Santiago de Chile. 1994.
4. OSTROWSKI, Victor: “Más Alto que los Cóndores”. Editorial Albatros. Buenos Aires . Argentina. 30 de octubre de 1954.
5. SUAREZ GONZALEZ, Jaime: Revista Cordada Nro 2 – Junio 1995. Pissis , 6.882, El final del altiplano.
6. PONS SANJINES, Jordi: Articulo sobre: “Volcán Pissis"


LA EXPEDICIÓN (1999)
Por Jaime Suárez González

Integrantes:

p/ UPAME, FAE, C.A.M.,CONICET, Esc.Guías Cnl V. Ugarte;
Jaime Suárez G.
Mirta Sarmiento
Hans Siebenhaar
David Flores
Nancy Silvestrini
Beatriz Orellana
Constanza Ceruti
Adriana Dominguez
Gerardo Mauricio Castillo
Oscar Daher
Gonzalo Martín Del l Agnola

p/EJERCITO ARGENTINO;
Tcnl. José Herminio Hernández
Tte. 1ro Marcelo Farina
Subof.Pr. Ricardo González
Srg.Ay. Mario Calivar
Sarg. 1ro. Gustavo Cordera
Sarg. Claudio Marengo
Sarg. Rodolfo Mamani
Cbo. 1roMarcos Walter
Cbo. 1ro Pedro Rodriguez
Cbo. 1ro. Germán Zugasti
Cbo. 1ro. Juan Baez
Cbo. 1ro. Ricardo Acevedo
Sold. Vol. Hector MaestreSubt. Ezequiel Argones
Sarg. Ay. Enf. Raúl Moyano
Sarg. Cond.Mot. Barceche
Sarg.Cond. Mot. Vicente Troncoso
Sarg. Coc. Gustavo Vargas

p/ POLICIA DE MENDOZA ( PATRULLA DE RESCATE);
Oficial Ayudante José Altamirano
Oficial Ayudante Francisco Cordon

Fecha de inicio: 12 de Noviembre de 1999.
Fecha Finalización: 21 de Noviembre de 1999.
Cumbres: C.A.M. .6.882 m . y Cardenal Samoré.
Ubicaciones: Sur 27°45´266 y Oeste 068° 47´909; y 27°45´500 y 68°46´700 resp.
Fecha de Cumbres: Viernes 19-11-99, entre las 12 h y 12,30 horas.
Denominación Ruta Escalada: rutas p/ Glaciar de los Argentinos.




Nevado Pissis, uno de los más bellos sistemas de montaña de América


Antecedentes y Objetivos:
El volcán Pissis, se encuentra en la República Argentina, en el límite de las provincias de La Rioja y Catamarca, y a poco más de veintiocho kilómetros de la frontera con Chile. Su cumbre más alta alcanza los 6.882 metros sobre el nivel del mar constituyéndose en la segunda de Occidente después del Aconcagua. Su posición aproximada es 27°45´200 S y 68°47´900 O.
Fue considerado objetivo de UPAME para el año 1994, en que una expedición integrada por miembros de la mencionada institución, del Club Andinista Mendoza y Ejército Argentino alcanzó la cumbre el día 18 de Noviembre, de ese año.
Sin embargo no fue fácil, más aún en una época de escasa información y donde sólo cuatro expediciones más aparte de la de los polacos del año 37 habían hecho cumbre.
Durante la expedición de 1994 hubo un andinista congelado al regresar de la cumbre y consecuentemente una dificultosa evacuación desde los 6.400 metros. En base a la gesta desarrollada y todas las circunstancias vividas, y en honor a las instituciones intervinientes en el acontecimiento, se decidió nominar las cinco cumbres principales de este sistema de montañas que componen al Pissis.



Pissis, atardecer de verano.




Pissis, fotografía obtenida en 1993, durante una segunda expedición


Pissis, fotografiado en marzo 2009




Nevado Pissis
Visto desde el Norte, de izquierda a derecha sus nombres son: Ejercito Argentino 6.875 m., U.P.A.M.E, Cardenal Samoré, C.A.M. 6.882 m, y Gendarmería Nacional. La denominación de Cardenal Samoré a la cumbre del medio se hizo en honor a este religioso que tan importante participación y protagonismo tuvo para la paz entre Argentina y Chile.

Si bien existió, a fines de la década del 70 un posible conflicto limítrofe entre Argentina y Chile, que se resolvió entre otras cosas por la especial gestión de este prelado, vemos con preocupación que no faltan problemas de límites entre las naciones hermanas de Latinoamérica, como sucedió años más tarde entre Perú y Ecuador. Por tal motivo y con la idea de hermanar más a nuestro continente y sus hombres, se cursó invitación a todas las federaciones de montañismo para participar en ella en pos de estos objetivos:

· Ascender su cumbre principal, la C.A.M. de 6.882 m.
· Ascender la cumbre Cardenal Samoré, aún virgen y realizar en ella un acto de homenaje.

En pos de los objetivos:

Desde Mendoza a Pastos Largos
El día viernes 12 de Noviembre, a las 8 de la mañana, luego de un prolongado acomodamiento de cargas, mochilas y personas en dos vehículos 4x4, salimos desde Mendoza, David, Gonzalo, Gerardo, Oscar, Nancy, Beatriz, Mirta, Adriana, Constanza y yo.
El domingo anterior habían partido desde Uspallata dos Unimog y un 4x4 del Ejército y Hans con su vehículo 4x4.
La idea de este grupo de avanzada era escalar el Cerro San Francisco (6.008 m) ubicado en la frontera con Chile del Paso San Francisco, a fin de lograr una mejor aclimatación para el posterior ascenso al Pissis.
Era una expedición delicada, ya que encarar una montaña de apenas 80 metros menos que el Aconcagua, ubicada en el corazón de la Cordillera de Los Andes y lejos de la civilización, no dejaba de ser una importante aventura, a pesar que todos los miembros de la expedición contábamos con experiencia.
A las 9 de la noche, luego de pasar una vez más por La Rioja, Tinogasta, Fiambala, y en la ruta internacional al Paso San Francisco, superamos Chaschuil llegando a nuestra meta del día, Pastos Largos, S27°38´447 y O68°09´112, a 950 km. del punto de partida y en los 3.250 m.
A dormir y a esperar juntarnos con el grupo que nos había precedido, ya que ése sería también el punto de encuentro de toda la expedición.
A la mañana siguiente, sábado 13 y mientras esperábamos, aprovechamos para juntar toda la basura del refugio de Pastos Largos, que embolsamos para proceder a retirarla durante el regreso, para dejarla en Fiambalá. Quedó hecho un espejo. A ver cuanto duraría.
El resto del día lo dedicamos a lograr aclimatación ascendiendo dunas cercanas y caminando por las márgenes del río Guanchín. Al atardecer se reunieron los dos grupos. El de avanzada había conseguido ascender con éxito el San Fracisco, logrando una muy buena aclimatación en la zona de Las Grutas.
Al día siguiente partiríamos todos hacia el Campamento Base del Volcán Pissis, ingresando por Las Coipas que se encuentra a la izquierda de la Ruta al Paso San Francisco y frente a nuestro actual refugio.


Hacia el primer Campamento Base
Comenzó al día siguiente, a las 8,30 de la mañana, un avance por una huella para 4x4, la cual luego de importantes cuestas;


jaime suarez


Ascendiendo hacia el Portezuelo de las Lágrimas


jaime suarez


...asciende hasta el Portezuelo de las Lágrimas, así llamado por las lágrimas que el viento hace brotar a los arrieros que intentan superarlo. En una parte del camino hubo que romper una lengua de hielo duro que se cruzó caprichosamente como diciendo “hasta aquí nomás”. Tras un arduo trabajo de 10 piquetas quedó expedito el camino.
Al llegar al Portezuelo de la Lágrimas, ubicado a 27°39´478 y 68°18´314, y por sobre los 4.500 metros, pudimos contemplar la imponencia del Bonete, en su faz noreste y el Pissis en la lejanía. Luego el descenso, al final del cual debimos superar con algunos pequeños cuidados un sector de unos 300 metros de arena pura, para luego llegar por un suelo firme a la Laguna de los Aparejos, vieja mina y construcción abandonada a 27°41´078 y 68°26´554 y a 4.260 m de altura.


jaime suarez





Foto de familia de todo el grupo en la Laguna de los Aparejos



Tras un repaso de planes y una fotografía del grupo, continuamos cruzando importantes manchones de nieve y de hielo sobre la huella y trepamos una fuerte subida en lo que llamamos la Subida Brava a 27°36´597 y 68°28´740 u a 4.630 m., donde algunos vehículos debieron hacer maniobras extras para superarla. Llegamos recién a las 3 y media de la tarde al borde de la bella Laguna Azul, a 27°34´272 y 6832´078 y 4.450 m de altitud, que impuso al ser contemplada y tocar sus aguas unos minutos de sosiego en nuestra trabajosa marcha.
Un poco más adelante llegamos al borde de la larga depresión que contiene por más de 35 kms ,de Norte a Sur, a la Laguna de la Salina Verde. Desde ahí la vista del Pissis, a unos 35 km. de distancia y en sentido Sudoeste, era impresionante. No dejó de empezar a preocupar a más de uno su nívea imponencia sobre todo el marco de montañas que desde decenas de kilómetros la rodean.
Bajamos por largos zig-zags que hacía la huella los 200 metros de desnivel que hay hasta el borde de la laguna, la rodeamos con un poco de altura en su sector sur, pasamos al lado del cerro Negro de la Laguna Verde (5.764 m), aproximadamente a. 27°42´370 y 68°32´600, llegando finalmente a las 17,30 al que sería nuestro Campamento Base, con una altura cercana a los 4.150 metros y a 27°38´324 y 68°38´653, ubicado al final del Valle Ancho.
Armamos nuestras carpas junto un importante cauce de agua que corría hacia la laguna verde del Pissis, color marrón, que provenía del valle. En mis viajes anteriores este curso de agua estaba seco, a excepción del realizado en el año 1994, donde durante unas pocas horas en el día, las de calor, venía un poco de agua.
Constanza, la experta arqueóloga de la expedición, solicitó ir a la cumbre del Cerro Negro para ver la posibilidad de encontrar vestigios de culturas precolombinas. No hubo problemas al conseguir que la acompañase Gerardo, por lo que a las 18 horas los trasladé hasta la base, desandando unos 8,7 kilómetros de distancia. El plan que fijaron era descansar allí hasta las 2 de la mañana, hora en que comenzarían el ascenso de los aproximadamente 1.700 metros de desnivel existentes hasta la cima más alta, investigarían las tres cumbres y regresarían al camino donde los dejaría, proximadamente a las 16 horas del día siguiente.
Regresé al campamento base y pronto junto a los demás y luego de una reparadora cena, una comunicación por radio a Uspallata y desde ahí a Mendoza, procedimos a dormir. Habían sido unos 80 kilómetros la distancia recorrida desde la ruta internacional.
El día siguiente Lunes 15 sería de descanso y aclimatación en el campamento base. Pero a algunos no nos faltaron tareas.

Prospección desde el Campamento Base
Nos levantamos temprano. Todos estábamos con un buen nivel de aclimatación. Un fuerte desayuno y luego de controlar nuestras cartas y GPS, decidimos ante la presencia de tanta agua realizar una caminata avanzando hacia el próximo objetivo que sería el campamento base Mar del Plata, al pie del coloso, del que nos separaban en línea recta poco más de 10 Kilómetros. La idea era estudiar el suelo por el que al día siguiente transitarían nuestros vehículos. Salimos a las 10 de la mañana , conjuntamente con Nancy, David, José y Hans y luego de 8 kilómetros de caminata y haber estudiado todas las irregularidades y supuesto las del resto del camino, regresamos al punto de partida por concretas exigencias de nuestros estómagos. A las catorce y treinta estábamos de vuelta en el Campamento Base tras haber caminado 16 kilómetros. El resto del grupo hizo también aclimatación por los alrededores del campamento.
Nos estábamos acomodando para comer cuando por radio nos notificó Gerardo que estaban bajando del cerro Negro de la Laguna Verde, luego de haber alcanzado su cumbre y pidió si podíamos buscarlos en el sitio convenido el día anterior.
Suspendimos con José el almuerzo tardío y nos dirigimos en un vehículo a encontrarlos. Ambos grupos nos juntamos simultáneamente donde los habíamos dejado el día anterior. Habían ascendido los tres principales picos de esa montaña, y a pesar del esfuerzo y del nocturno ascenso, con un poco de pena nos dijo Constanza que no había hallado nada importante.
A volver y ahora sí podríamos almorzar.


Hacia el Campamento Mar del Plata
Diez de la mañana del martes 16 de Noviembre. Ya estaba desarmado el campamento y acomodados los bártulos, mochilas y bolsas en los vehículos, que calentaban sus motores y listos para la partida. Tras una precioso trayecto, en que atravesamos varios cauces de agua no muy profundos, y superamos y bajamos varios desniveles algunos de los cuales tenían nieve, llegamos al Campamento Mar del Plata. Sería nuestro segundo campamento base. Habíamos recorrido por odómetro 14,5 kilómetros en 1 hora y 15 minutos y nos hallábamos a los 4.600 metros de altura. 27°42´860 y 68°42´600. Había un cantarino cauce con agua pura de deshielo que bajaba desde el Glaciar de los Argentinos. Allí quedarían nuestros vehículos. Armamos nuestras carpas y nos preparamos para hidratarnos, comer y descansar.
El día siguiente continuaríamos para alcanzar uno cota donde armar nuestro campamento uno. Quedarían en este campamento los componentes de grupo de apoyo del ejército.

Hacia el uno de altura
A las 8 y media, con toda la carga, incluidas las carpas y los elementos de cocina que se habían repartido entre los miembros de cada grupo para distribuir peso, iniciamos la marcha hacia las cumbres. Inicialmente bordeando el cauce de un glaciar helado, en cuyo fondo corría el pequeño río que pasaba más adelante vecino a nuestro campamento, y posteriormente caminando sobre la nieve del glaciar. A las 15 horas, y con dos abandonos, llegamos a los 5.350 metros, posición 27°44´434 y 68°45´518, donde armaríamos nuestras carpas, en medio de grandes piedras, en una gran pero bien nivelada cornisa. Procedimos al almuerzo, visitas a carpas vecinas, la última cena cómoda y a dormir, previo derretir un poco de nieve para tener agua al día siguiente. No dejó de constituir un poco de preocupación no tener noticias de los que habían regresado.

Hacia el dos
Pasamos una estupenda noche, sin mayores problemas por el frío y dilatando el horario de salida por considerar que la altura alcanzada para un campamento uno era bastante buena.
El objetivo del día era superar unos 800 metros de desnivel, lo que no parecía una larga jornada ya que se desarrollaría por el glaciar de los argentinos en su sector derecho hasta alcanzar un descanso que se observaba a lo lejos en un montículo anterior a la cumbre de nuestros anhelos.
A las 10 de la mañana el grupo de civiles, militares y policía salió para el próximo campamento, produciéndose prontamente la división del mismo para poder cumplir con los objetivos. El Teniente Coronel José H. Hernández junto con el Subof. Pr. Ricardo González y los Cbo. 1ros. Pedro Rodriguez y Germán Zagusti, formaron una cordada que encaró en línea recta por el Glaciar de los Argentinos el camino hacia la cumbre central del sistema Pissis, la Cardenal Samoré.
Ellos intentarían coronarla y hacer el homenaje en representación de toda la expedición. El otro grupo, constituído por Mirta, Constanza, Adriana, Nancy, Gerardo, Hans, Sgto. Ay. Mario Calivar, Sgto. Rodolfo Mamani, Cabos 1Ro Oscar Maidana y Marcos Walter, Sgto.Cond. Vicente Troncoso y los Oficiales Ay. José Altamirano y Francisco Cordón, irían a la cumbre C.A.M.
La imposibilidad de confirmar el posible ascenso hasta nuestra actual posición, de uno de los que había bajado al campamento base, y la ausencia de noticias respecto a ellos, nos hizo quedar a Gonzalo, Oscar y a mí en el campamento I , esperando respuesta a nuestros llamados de radio, con problemas por lo accidentado del relieve montañoso desde ese punto al campamento Mar del Plata. Recién a las 12 horas pudieron captar los grupos que ascendían, la comunicación, que nos retrasmitieron sin problemas, indicando que los integrantes que habían descendido habían llegado muy bien y que se quedaban en el campamento Mar del Plata.
Ya tranquilos, decidimos seguir tras el grupo que iba a la cumbre C.AM. y partimos inmediatamente, pero sabiendo que esa cordada nos llevaba mucha ventaja. Los veíamos dibujarse como procesión de pequeñas hormigas sobre el perfil de las crestas que superaban y recortados por el azul cielo, pero demasiado lejos. Apuramos la marcha, pero a costa de llegar extenuados al campamento dos. Todas las carpas estaban armadas, a excepción de la que yo ocupaba con Hans, el motivo era muy simple, yo tenía en mi mochila las varillas. Una vez completado el trabajo caí fulminado sobre la bolsa de dormir. Un poco después y luego de almorzar procedimos a tomar la altura y posición de nuestro campamento. La altura era estupenda, ahí comprendí mejor mi cansancio, 6.350 metros. La posición 27°44´871 y 68°47´300. Las comunicaciones por radio salían con total claridad. Así pudimos coordinar ambos grupos detalles para al día siguiente proceder a los intentos de cumbres.
Nos separaba, a nuestra cordada, unos 530 metros hasta la cumbre C.A.M. No era necesario en consecuencia salir durante la madrugada y soportar el tremendo frío que a esa altura produce el amanecer, que es el momento más crucial. Se fijó la salida para las 7,30 horas.

Hacia la cumbre
Noviembre 19, con brillante puntualidad todo el mundo estaba dando, fuera de las carpas, los preparativos finales a su equipo de altura a las 7,30 horas. Unos tímidos rayos de sol cubrían el campamento y la falta de movimiento nos hacía sentir frío en los pies y manos.
Partimos para la cumbre dejando armadas nuestras carpas, con abundante agua y bolsas de dormir listas para el retorno.
Desde el Campamento Uno había una distancia de poco más de 4 km. en línea recta hasta la cumbre, por lo que estimábamos, descontando lo recorrido y en base a las nuevas lecturas, que nos restaban casi 1, 2 km. de distancia en línea recta, desde el dos, pero sabiendo que esa distancia se incrementaba al tener que subir un desnivel de un poco más de 500 metros.
Cada uno del grupo, sin dejar de establecer contacto visual entre todos, fue tomando su mejor paso posible y su aire. Al comienzo costó un poco lograrlo pero luego de una hora era un cansado pero efectivo grupo en pos de la cumbre. Enfilamos lentamente al portezuelo que une la cumbre CAM con la Gendarmería Nacional. Un poco mas tarde apareció la pirámide de la cumbre C.A.M. totalmente diferenciada de las demás. La encaramos en una corta travesía por el lado izquierdo. Restaban unos 200 metros de desnivel, pero a pesar de verla tan cerca costaba dar cada pequeño paso en la nieve. A las 12 llegan los primeros a la cumbre, y en los 10 y 20 minutos posteriores los demás.
Habíamos demorado entre 4 horas y media y 5 horas en coronar la cumbre. La posición 27°45´200 y 68°47´500. Y a pesar del fuerte viento no molestaba a nuestra vista ninguna nube.
Estábamos todos.Besos, abrazos, fotos, y más de una lágrima en varias mejillas festejando el tremendo esfuerzo. Pronto el grupo se distribuyó en la cima y pronto también los militares, comenzaron a bajar, ya que debían regresar urgente a Mendoza. Hacia el este se veían las cumbres Ejército Argentino, apenas 7 metros más baja que la nuestra, la UPAME y más cercana la Cardenal Samoré, a casi un kilómetro y medio, donde se encontraría el grupo del Teniente Coronel José Hernández.
Con Mirta y Hans no pudimos dejar de recorrer con la mirada y la imaginación las cumbres que nos rodeaban y que habíamos visitado y compartido cimas en anteriores expediciones. Al Sur la imponencia del Bonete ( 6.759 m) a 29 km., más a la derecha la sierra del Veladero, con su cumbre de 6.436 m. y su solitaria construcción inca, a 41 km.. Mirando al Norte en una línea recta casi perfecta el Tres Cruces (6.749m) a 72 km., luego el Walter Penck (6.658m) a 65 km., tras él el Ojos del Salado (6.882m) a 75 km., un poco más cercano (60 km.) el Nacimiento (6.436m), y al fondo, a la derecha del horizonte, el Inca Huasi (6.638 m) a 93 km. de distancia.. Muchas de las principales montañas de América estaban a nuestro derredor, y nosotros parados sobre la segunda mole de Occidente.
Siempre la cumbre produce una inadvertida borrachera. A pesar de haber estado más de una hora contemplado la Cordillera de los Andes y los rostros cansados pero jubilosos de mis compañeros, los minutos parecieron haber pasado como agua en una mano. ¡Fue tanto lo que dejamos de hacer y mirar y tanto lo que vimos!









Constanza y Jaime en la cumbre CAM del Pissis (foto de Constanza Ceruti)




La cumbre Ejército Argentino, parecía más alta que la C.A.M. El mismo efecto que tuvimos al mirar años atrás desde ella a la que hoy hollábamos.

El regreso
A la 13,30 horas y empujados por el viento que soplaba más fuerte, comenzamos a bajar con mucho cuidado y cansancio. Tres horas más tarde llegábamos al campamento dos. Decidimos dormir allí. Los militares habían desarmado sus carpas y regresado al campamento Mar del Plata.
Establecimos contacto por radio y nos reportamos todos los grupos. José y su cordada habían llegado un poco antes que nosotros a su objetivo, la cumbre Cardenal Samoré. Realizaron un pequeño acto en nombre de todos y retornaron también por el Glaciar de los Argentinos en una directa al campamento Mar del Plata. Había sido un numeroso pero efectivo grupo que pudo con gran esfuerzo cumplir los objetivos de la expedición.
Esa noche luego de más salutaciones radiales durmió todo el mundo. Y a todos nos costó despertarnos y levantarnos al día siguiente, sábado 20 de Noviembre.
Bajamos, recuperando oxígeno paso a paso, y tras 4 horas recorrimos los aproximados 9 kilómetros que nos separaban del campamento Base Mar del Plata. Tras un muy rápido almuerzo y brindar con las 2 botellas de champaña que nos había dejado José antes de encarar su retorno, nos acomodamos en nuestros vehículos e iniciamos la marcha hacia el Campamento Base próximo a la Laguna Verde. En rápidos 45 minutos llegamos, ya que conocíamos perfectamente el camino y sus accidentes. Recogimos la basura de ambos campamentos que embolsamos con cuidado y continuamos hacia Pastos Largos, donde llegamos tras 3 horas de marcha. Nuevamente aprovechamos para recoger la basura de ese campamento (volvíamos con más bultos de los que habíamos llevado), y dirigimos nuestros vehículos hacia Fiambalá.

Baños termales en Fiambalá
Llegamos al anochecer y tras tal vez la más importante (y única) decisión democrática del grupo nos encaminamos hacia las termas, a unos 15 kilómetros de la ciudad.
Mientras bajo la luz de las estrellas nos bañábamos en las calientes aguas de las termas, e imaginábamos el sabor de las milanesas y bifes que nos estaban preparando, no podíamos dejar de pensar que tan sólo unas horas atrás nos estábamos sacudiendo de frío mientras desarmábamos las carpas en el campamento dos para regresar. Parecía imposible.

jaime suarez



Gerardo, Gonzalo, Oscar, Mirta, Adriana, Constanza, Beatriz, Jaime

David y Nancy Silvestrini en Termas de Fiambala



El domingo 21 a las 10 de la mañana iniciamos el regreso hacia Mendoza, donde llegaríamos pasada la medianoche.

Jaime Suárez G.





Pissis, pared sur, desde La Rioja






Pissis, pared sur, desde la Caldera del Inca Pillo - La Rioja





PISSIS
El final del altiplano (1994)


David y Jaime en la cumbre Ejército Argentino, del Nevado Pissis
fotos: diapositivas Joan Rovira

(primer informe - 1994)

Por Jaime Suárez

Si bien pertenece al grupo de montañas acariciadas
por los deseos de muchos andinistas, su importancia cobró fuerza a partir de los nuevos relevamientos, los cuales le asignaron el primer lugar detrás del Aconcagua.

El Nevado Pissis se encuentra en la República Argentina en el límite de las provincias de La Rioja y Catamarca, en pleno corazón de la Cordille­ra de Los Andes, a poco más de 20 kilómetros del límite con Chile, en la latitud 27°47' y longitud 68°51'.
Su nueva altura, según el I.G.M. fue cotada en 6882 mts. s.n.m.
Así se convirtió en la segun­da cumbre de Occidente, tras el Aconcagua y despla­zando a un tercer lugar al Ojos del Salado, quien sigue siendo el volcán más activo y más alto del mundo, ya que el Pissis conforma un sis­tema de altas cumbres que sobresalen y resaltan al bor­de de un enorme cráter de aproximados 25 kilómetros que se encuentra a su fal­deo sur.
Es mucho aún lo que tiene que revelar, él y toda su zo­na circundante. En su ladera norte termina el Altiplano.
Fue ascendido por primera vez en febrero de 1937 por una expedición polaca que tan destacada actuación tuvo en nuestra cordillera. Posteriormente cuatro as­censiones más, siendo la últi­ma de ellas en el año 1991 ­cuyo comprobante baja­mos y cuando aún se la con­sideraba cumbre de menor altura.
En base a su importancia la Unión Panamericana de Asociaciones de Montañis­mo la impuso como objetivo y evento oficial UPAM para el año 1994 entre las conclu­siones de su VI Asamblea General Ordinaria, con carácter de evento internacio­nal, con participación limita­da y siendo Argentina país organizador.
Se formalizó en septiembre la invitación a las federacio­nes de América y España, fi­jándose la fecha de salida desde Mendoza para el día 10 de noviembre de 1994.
Dicho mes, es el ideal -consi­derando también octubre ­por las condiciones climáti­cas, ya que esta montaña se encuentra a unos 100 km. de distancia desde el camino que conduce al Paso San Francisco, el que hay que abandonar luego de haber pasado Chaschuil, más pre­cisamente frente a Pastos Largos y rumbo al oeste. Atravesándose una zona con agua en su comienzo, hasta antes del Portezuelo de las Lágrimas, pero luego este vital elemento es muy difícil de encontrar, depen­diéndose sólo de las reser­vas que se trasladen y del agua que obtengamos de los glaciares que recién ten­dremos al pie del Pissis y cer­cano a los 5.000 metros de altura.
Hay que pasar -por esta ru­ta- por la laguna de Los Aparejos, llegando hasta la laguna Negra (vecina a la Verde) pudiéndose hacer el Campamento Base a unos casi 30 km. de distancia del Cerro, al lado de un arroyo que en horas discontinuas traslada un poco de agua. Todas las lagunas son sala­das y con poblaciones de flamencos rosados, que em­bellecen el fuerte paisaje por el que nos movemos. Cabe destacar que febrero y marzo son meses con dificultades de orden climá­tico para acceder a la zona
y con fuertes tormentas que incluyen nevadas pasado el mediodía y luego de impre­sionantes formaciones de nubes.

Las Coipas, aprovisionamiento de agua (Joan Rovira)


Se montó esta importan­te expedición, con la partici­pación del Ejército Argenti­no con gente de su VIII Bri­gada de Infantería de Mon­taña con sede en Mendoza, y medios del Regimiento 17 de Infantería con sede en Catamarca, miembros de la UPAM, de la Federación Española de Monta­ñismo y Escalada y también del Club Andinista Mendoza que también la instituyó como Expe­dición oficial y en consideración a los sesenta años de vida social que cumplía esta institución.
Partió así un grupo de 18 personas que luego de un campamento en Pastos Largos


Preparando charqui en Pastos Largos (Joan Rovira)

y otro en la Laguna de Los Aparejos, para ir logrando aclimatación, estableció el Campamento Ba­se en la cota de los 4.000 metros en la parte su­roeste de la Laguna Negra.

Pissis, campamento Base en 1994. (Joan Rovira)


Desde este campamento, siguieron dos más, ganando altura y llegando finalmente el día 17 a los 6.000 metros, desde donde se decidió, al día siguiente atacar la cumbre este, apa­rentemente la mayor de las cinco principales que componen el sistema del volcán. Luego veríamos que no era así.
A las 5 de la mañana del día 18 se inició la su­bida de más de 800 metros que nos separa­ban de la cumbre, atravesándose en forma ascendente un inmenso glaciar que domina la parte este, siguiendo luego una inclinada y lar­ga ladera tapizada de pie­dras movedizas de todos los tamaños que dificultaban el as­censo al igual que el acarreo existen­te en el final del Aconcagua.
Minutos antes de las 12 coro­naron la cima los dos prime­ros andinistas, siguiendo lue­go sucesivamente en cortos lapsos, ocho más.





David y Jaime en la cumbre Ejército Argentino del Pissis. Al fondo la más alta.

Se constituyó asÍ, esta sexta expedición, en la primera en ascenderla considerándola como la Segunda cumbre de Occidente y que incluye a la primer mujer que la con­quista, como así también en que diez andinistas accedie­ran a ella, para mayor deta­lles cinco civiles y cinco mili­tares, cuyos nombres trans­cribimos: David Flores, Lauro Suárez, Juan Herrero (CAM), Joan Rovira (FEDM y E), He. Primero Claudio González, Subteniente Carlos Fraqueli, Sgto. Primero Fernando Roux, Sargento Ramón Roque Rei­mann, Cabo Primero Este­ban Montoya (Ejército Ar­gentino) y quien esto escri­be, Jaime Suárez (UPAM­CAM),


Jamás un informe de expedi­ción logra realizar un total re­conocimiento a las personas que participan de ella, ni tampoco de las que permi­ten, desde el llano, que se concrete la misma, especial­mente cuando ella es gran­de y han habido -como en éste - innumerables actos de sacrificio, apoyo y valentía. Uno de los participantes su­frió congelamiento en sus pies, al regresar tardíamente desde la cumbre, y debió ser evacuado desde los 6.300 metros, parti­cipando en ella personas e instituciones,



Evacuando a Claudio desde el último campamento al Pissis, 6000 m (foto Joan Rovira)

En base a ello, y en honor a las instituciones a las que pertenecen esas personas, y también cumplimentando requerimientos pendientes, por el hecho de haber acce­dido a la cima del volcán Pis­sis, sistema de cumbres, don­de sobresalen cinco, y por estar todas ellas innomina­das, se formalizó la nomina­ción, realizando las comuni­caciones al respecto, según detalle: En sentido este ha­cia el oeste, la primer cum­bre, que hasta la fecha regis­tró -salvo mejor información y a excepción del ascenso de los polacos, ­todas las ascensiones,
jaime suárez

Desde la cumbre Ejercito Argentino pudimos apreciar las demás cúspides; la UPAME, Cardenal Samoré, prevaleciendo la CAM, y Gendarmería Nacional al fondo


...se la bautizó Ejército Argentino; continuando hacia el Oeste, la segunda cumbre UPAM; si­guiendo ese sentido, la ter­cer cumbre (la del medio) Cardenal Samoré; la cuarta ­tal vez la más alta de todas­ CAM, y finalmente la quinta Gendarmería Nacional.

jaime suarez


Existen algunas formaciones y cumbres menores interme­dias y adyacentes, pero de­berá entenderse la nomina­ción descripta para las cinco cumbres sobresalientes del perfil de Pissis y en sentido es­te-oeste.
En breve, las Federaciones y Clubes vinculados a la UPAM dispondrán de la película en video que desarrolla con de­talles visuales toda la empre­sa y su geografía,
Dicha información es conve­niente apreciarla, ya que en poco tiempo, serán muchas las expediciones que enca­rarán el ascenso de esta im­portante montaña, y es una zona bastante desconocida y de difícil acceso, debiendo considerarse especialmente la puna y la provisión de agua.


Jaime Suárez
1994 - borrador primer relato

--------------------------------------------------------------



Cronologia de ascensos a la cumbre más alta de Pissis, compilada por Guillermo Almaráz.




Primeros ascensos a la cumbre Principal (CAM)

1ºPolaca H.Scepanski - S. Oscieki07-02-37 CAB 1950 pag 75.

2ºReinhard Johan Reinhard (USA) Louis Glausser (Suiza) 25-01-85.

3ºItaliana S. Simoni, L. Gadenz, G. Zugliani, R. Corona Ene-90.

4ºReinhard (V.Inf)Sverre Aarseth. (Gran Bretaña) 27/12/1994.

5ºPolaca Greg Horne (Canadá) 26-03-95.

6ºReinhard John Biggar, Gordon Biggar, Richard Wilkins 10-11-96.

7ºReinhard Stu Richie - Kent Pierce (USA) Feb-97.

8ºArg. (V.Glaciar) Rolando Linzing (Argentina) 13/11/1998.

9ºArgentina Expedición Mendocina (Argentina) 01-01-99.

10ºArgentina Exp. Jaime Suárez, Cnel. J.Hernandez y grupo relatado en informe precedente. CAM, UPAME, EA, CONICET, PM. 19-11-99.

11ºArgentina Expedición Femenina La Plata Ene-00.

12ºArgentina Exp. Vasca, Juanjo Aramburu 01/01/2000.

13ºArgentina A. v. Götz, M. Unterholzner, K. Mosbacher 01-03-00.

14ºArgentina Exp. USA. D. y W. Benegas, F. Grajales (Arg) 18-03-00.

siguen otras..., muchas más.


-


-


-